“Muchos me dicen aquello de que el mundo no es más que un”Valle de Lágrimas” y que hemos venido aquí para llorar y sufrir. Lamento que crean eso y se conformen con dicha perspectiva, porque yo me niego a admitirlo y, aunque sé que el sufrimiento es una realidad humana, sostengo que no hemos venido aquí para sufrir sino para ser felices, para hacer que otros también lo sean y para transformar nuestro mundo en un lugar mejor, haciendo que ese supuesto «Valle de Lágrimas» se convierta en el “Valle del Amor, la Felicidad y el Perdón”, ¿por qué no?” (ANF)
autodesarrollo
Recoger lo sembrado
“Cuando un campesino recoge su cosecha no suele preguntarse qué semilla planté, pues resulta una obviedad ya que siempre se recoge lo que se siembra. Por tanto, deberíamos plantearnos el modo en el que vamos a plantar en nuestra vida semillas de felicidad para que, llegado el momento, podamos recoger los frutos que deseamos” (ANF)
Las semillas de la vida
“Todo lo que sucede en la vida, tanto si nos gusta como si no, no son más que semillas para nuestra evolución, siempre que nosotros, el terreno que las recibe, las acoja del modo apropiado, las cuide como debe y permita que fructifiquen tanto para nuestro beneficio como para el de todos los seres que nos rodean.” (ANF)
La práctica de la meditación incrementa las conductas compasivas
“Un interesante y reciente estudio realizado por David DeSteno y publicado en la revista Psycological Science, aporta unos interesantes y nuevos resultados acerca de la meditación y los efectos que produce en relación con ciertas conductas.
Hasta ahora, los diversos estudios realizados sobre este tema resaltan, sobre todo, los enormes beneficios recibidos por el propio sujeto practicante, tanto a nivel corporal como mental, pero lo realmente sorprendente de este estudio mencionado es que evalúa el efecto de la meditación sobre la conducta del sujeto en lo que se refiere a incrementar el número de conductas solidarias o virtuosas.
Los participantes en el estudio se entrenaban durante 8 semanas mediante prácticas meditativas, y se comprobó que había un incremento de lo que los autores del estudio denominan “comportamientos compasivos”, como por ejemplo ayudar a otras personas que aparentemente se encontraban sufriendo, respecto al grupo tomado como control.
Como he comentado en ocasiones anteriores, los estudios actuales acerca de la meditación y temas afines, no hacen sino confirmar lo que desde hace miles de años se conoce en este ámbito, en concreto que las prácticas meditativas, además de saludables para el sujeto, son beneficiosas para quienes le rodean ya que se produce un aumento de las conductas compasivas y solidarias”. (ANF)
Somos seres para el encuentro
“Los seres humanos estamos creados para el encuentro, por eso establecemos vínculos que nos conectan. Algunos de ellos se mantienen a través del tiempo y superando toda distancia, otros, en cambio, se disuelven como el humo cuando el viento sopla. Los primeros nacen del corazón, los segundos de las efímeras palabras” (ANF)
Saber alimentarse
“Nadie duda hoy día de la importancia que tiene en nuestras vidas el modo en el que comemos y nos alimentamos, así como la repercusión de dichos hábitos dietéticos en el mantenimiento y la conservación de la salud, la mejora de los procesos de envejecimiento y la calidad de nuestra vida.
A pesar de todo ello, con frecuencia, recibo pacientes a los que tras el diagnóstico de una enfermedad o después de una operación se les dice “usted puede comer lo que quiera”. Pero cuando dichos paciente lo hacen, porque se lo ha indicado su médico, constatan que dicho consejo no es el más apropiado y en lugar de sanar se encuentran peor.
Recuerdo un día en el que visitaba a una querida amiga que había sido sometida a una complicada operación abdominal. Tras despertar de la anestesia no tuvieron otra idea para comenzar la alimentación que servirle tortilla a la francesa y pescado en adobo, ¡quien sería el lince que diseñaba el menú!
Y es verdad que los seres humanos tenemos una gran capacidad de adaptación a la hora de consumir distintos tipos de alimentos y probablemente sea la especia que tiene más variabilidad alimentaria, pero si tenemos en cuenta que no existe especie alguna en el planeta que sea capaz de comer cualquier cosa, en cualquier cantidad, y en cualquier época del año o momento del día, habremos de reflexionar acerca de si nosotros podemos hacerlo o no.
Si damos a un perro el alimento del canario, enfermará gravemente. Igual si hacemos lo contrario. Pero tenemos la idea que los seres humanos, al ser “omnivoros”, podemos comer “de todo”, en cualquier momento y en cualquier cantidad.
Para los humanos el acto de comer es más que la mera satisfacción de una necesidad biológica, para nosotros es un hecho social y cultural, pero el proceso íntimo de la nutrición no deja de ser más que un acto fisiológico y, por tanto, sigue unas reglas según nuestra propia naturaleza. Eso no deberíamos olvidarlo. Somos naturaleza y hemos de seguir sus leyes.
Por otro lado, el arte de bien comer, tampoco debiera convertirse en una especie de tortura cotidiana en la que quedamos atrapados entre distintas elecciones culinarias y sentimos un cierto remordimiento en caso de ingerir algo poco apropiado.
A veces no podemos elegir lo que sería ideal, pero siempre podemos tener ciertas opciones respecto a cómo alimentarse más correctamente. Con frecuencia escucho la excusa de “es que yo como mucho fuera”, y ciertamente eso puede entrañar una determinada dificultad, pero en mi caso, que he comido también mucho fuera, no recuerdo nunca que un camarero me obligase a tomar lo que no quería sino que siempre me sirvieron lo que les pedí. Así que en última instancia, y dentro de lo posible, fui yo quien decidió que tomar.
Así que, como en la mayoría de las cosas que nos atañen, una gran parte de responsabilidad hemos de asumir respecto al modo en el que nos alimentamos.
Desde mi punto de vista no existe una dieta única y universal que sirva para todas las personas. Lo que comemos nosotros en verano con temperaturas próximas a los 40º y con un trabajo sedentario, debiera ser distinto de lo que consume un minero que habita en climas fríos. Es de sentido común.
Por eso, tener en cuenta la edad, el tipo de trabajo, el clima y las peculiaridades individuales de cada persona son factores fundamentales a la hora de elegir una buena alimentación.
Existen una serie de consejos generales, pero siempre hay que individualizarlos. Una dieta apropiada ha de ser rica en frutas y verduras, preferentemente ecológicas y de temporada. Las legumbres y los cereales, salvo que exista alguna contraindicación, debieran estar presente y el pescado, la carne y los huevos, si no se es vegetariano, podrían consumirse de 1-2 veces a la semana. Otros aportes de proteínas como el tofu, el temphe, etc, pueden estar indicados en ciertos casos.
Evitar los productos envasados, de sobres, precocinados, así como el uso de conservantes y exceso de aditivos químicos también es algo a considerar.
Por último, la calidad del agua no ha de olvidarse, ya que es aconsejable ingerir unos dos litros al día de agua de buena calidad para el correcto funcionamiento del organismo.
Algunos se preguntarán que no he mencionado los lácteos. ¿Qué sucede con ellos? ¿Qué ocurre con el famoso calcio y el miedo a perderlo?…. Este es un bonito y complejo asunto al que dedicaré unas palabras en otro momento.” (ANF)
El amor no es poesía, son hechos
Humanidad y salud
“Los grandes avances de la ciencia en general y de la medicina en particular, que se han producido en los últimos tiempos han logrado salvar muchas vidas. Eso es indudable, además de meritorio y digno de tener en cuenta y agradecer. Discrepo con las voces que no reconocen esta evidente realidad, y hablan siempre de la medicina convencional o de los hospitales de un modo despectivo. Lo curioso del caso es que, algunos que conozco, cuando van de viaje a países lejanos y con una sanidad prácticamente inexistente, viajan con su seguro médico para que lo repatríen y lo atiendan en esos hospitales a los que critican y detestan en lugar de permanecer enfermos en ese otro lugar. Una evidente contradicción. No obstante lo dicho, quiero indicar que considero que, en lo que a la salud se refiere, las cosas podrían hacerse mejor, y que a pesar de todo este alarde técnico, con demasiada frecuencia, el enfoque convencional carece de un importante aspecto, la humanización del sistema. Por tanto, dicha tecnología debiera ser complementada con una visión más humana y cercana del paciente y sus circunstancias, ganando así en humanidad y, por qué no, en eficacia. Obviamente lo uno no quita a lo otro. No son cuestiones de alternativa sino de complementaridad. Entiendo que la salud en el siglo XXI ha de ser el resultado de la integración de la ciencia y la tecnología más actual, por un lado, junto a los enfoques más humanistas y espirituales que permiten no sólo hacer frente a la enfermedad, sino también promover la salud y la calidad de vida en las personas. Salud y felicidad son términos demasiado próximos para no ser tenidos en cuenta, al igual que salud y desarrollo humano. Más bien forman aspectos distintos de un único concepto, siempre que entendamos la salud como algo más que el equilibrio fisiológico o la integridad estructural de las meras funciones o tejidos corporales. Indudablemente somos seres emocionales. Muchos neurocientíficos discuten acerca de si es el pensamiento lo primero o si lo inicial es la emoción. Unas veces se pone de moda una tendencia, y tiempo después la otra. Lo cierto es que conozco a poca gente que desee más un pensamiento que una caricia, una buena frase que una mirada de ternura. Los pacientes, cuando agradecen los servicios a un hospital o a un centro médico, después de haber pasado una penosa enfermedad, siempre lo hacen agradeciendo las atenciones, los cuidados, el trato amable o las muestras de cariño. Nunca he visto que agradezcan el uso del más moderno aparato de ultrasonido o si las pruebas analíticas eran de última generación. Se agradece lo humano por encima de lo técnico (que también es de suma importancia). Quiero indicar con esto que, en el fondo de nuestras entrañas, aspiramos más a una vida con amor que a una vida llena de maravillosos y sofisticados aparatos. Las ciencias de la salud del nuevo siglo XXI deberían tener en cuenta este aspecto y procurar ganar en humanidad, en comprensión y en comunicación empática, para ser verdaderamente saludables.” (ANF)
La mano amiga
Lo que enseñan los pacientes
“Dispongo de una privilegiada plataforma para crecer y desarrollarme. Cada día recibo lecciones por parte de muchos de mis paciente pacientes, en un sentido o en otro. Unos enseñan lo que hacer y otros lo que no.
Los primeros, son personas admirables, capaces de afrontar su enfermedad, en muchas ocasiones procesos graves y/o dolorosos, no sólo de una manera digna sino de un modo que yo llamaría ejemplar. Son como luces que nos alumbran y nos enseñan que, a pesar del dolor, el deterioro, el sufrimiento y, en muchos casos la certeza de una muerte próxima, es posible vivir el presente de un distinto a como lo hace la mayoría.
Hablan con normalidad de lo que tienen, son conscientes de la gravedad del proceso y de su posible evolución y, a pesar de eso, mantienen una actitud positiva ante la vida, una actitud de agradecimiento por lo que han recibido y son capaces de gozar y de disfrutar, en la medida de sus posibilidades, de todas las opciones de las que disponen y que la vida les presenta a cada instantes. Son maestros a la hora de aprovechar el aquí y el ahora
Alguna que otra vez, al escuchar sus relatos, tuve que hacer un esfuerzo por contener las lágrimas de emoción y de respeto que luchaban por salir, lagrimas que eran como una especie de agradecimiento por recibir las enseñanzas que, desde la enfermedad, me encontraba recibiendo y por la sensación de encontrarme con personas de nivel superior.
Otros, por el contrario, como ya dije, me enseñan lo que no he de hacer, como no he de actuar y son un ejemplo para mí de todo lo contrario. Y aunque trato de revertirles esta tendencia por todos los medios a mi alcance, he de confesar que no siempre tengo éxito.
No obstante a pesar de todo, a los unos y a los otros, mi agradecimiento y mi respeto, como grandes maestros que son del arte de sufrir y del arte de vivir” (ANF)


