“Tener presente la ilusión por las cosas nos aportará alegría en el camino y la fortaleza necesaria para conseguir nuestras metas, por eso hemos de mantener despiertos en nuestro corazón al Guardian de la Llama de la Ilusión, para que esta no se extinga y lleguemos a ser exitosos con nuestros propósitos, ahora y siempre”. (ANF)
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Palabra y salud
Algunos pacientes me han contado alguna anécdota en la que han sentido una profunda decepción tras haber recibido cierto tipo de noticias respecto a su salud, o también tras determinados comentarios desafortunados por parte de algunos profesionales sanitarios, dichos estos sin ninguna mala intención, pero con un profundo desconocimiento de la comunicación humana.
Y es que la palabra, aunque no lo creamos, tiene la capacidad de que puede enfermar o que puede sanar, según como se use. Por tanto, cada vez que dos personas establecen un vínculo de relación de ayuda, disponen de una herramienta curativa de especial potencia que es la palabra. Sigue leyendo
Valor
Un cuento sobre la motivación
Al escribir la reflexión de hoy, sobre la motivación, he pensado que esta palabra tiene diversas acepciones y se utiliza mucho como sinónimo para generar una buena disposición tanto en el ámbito empresarial como en el deportivo. Pero la motivación de la que yo hablo se refiere a un concepto de Psicología Budista, que no a todo el mundo le resulta familiar y es una cualidad que nace del corazón, algo así como la intención genuina del acto que realizamos.
Para ilustrar esta noción voy a relatar uno de los cuentos de mi primer libro «Cuentos y parábolas sofrológicas», que hable de ello:
«El Maestro solía contarles algunos ejemplos al tiempo que les preguntaba y hacía observaciones sobre los mismos. Un día les hizo esta pregunta:
-Imaginad que estamos en una calle y vemos que un hombre aparentemente rico y bien vestido da una moneda a otro aparentemente pobre y con peores ropas. ¿Cómo podríamos decir que es esta acción positiva o negativa?
Esta vez si que era una pregunta fácil, pensaron todos, mientras contestaban casi al unísono, -positiva, positiva-.
Imaginad ahora que nuestra mente hubiera podido conocer exactamente lo que dicha persona pensaba en ese momento exacto.
Tal vez habríamos observado la posible existencia de muy diferentes pensamientos y un solo modo aparente de obrar. Por ejemplo, el hombre rico podría haber pensado:
–“Oh, le daré una moneda a ese desgraciado para que no me moleste más”.
Pero, tal vez, también podría pensar:
– “Tiene mala pinta, mejor le doy algo porque si no puedo tener problemas”.
Quizás, también, podría haber pensado algo así:
-”Perfecto, ahora que me ve mucha gente en la calle le daré unas monedas, así verán lo generoso que soy”.
O tal vez,
-”Pobre diablo, menos mal que hay en el mundo personas como yo capaz de dar limosnas”.
Pero, puede que pensara:
– “Lastima que sólo tenga estas monedas, me gustaría poder darle algo más, quizás pueda ofrecerle un trabajo…”
¿Seguís creyendo ahora – dijo el maestro- que es tan fácil decir que una acción es positiva o negativa, simplemente por la observación de la misma?
Obviamente no. Es la motivación la que califica al acto. Si la motivación es positiva la acción lo será también y si la motivación es negativa también la acción será negativa.
Pero, ¿quién puede conocer la verdadera motivación de cada ser?
Es por eso que, como dicen todos los libros sagrados, no debemos juzgar los actos de los demás, ya que sólo percibimos las conductas, que es lo más externo de cada acción. La motivación es interior y permanece oculta para la mayoría de las personas.
Cultivar felicidad
El propósito de la vida humana
Algunas veces nos planteamos cuestiones que podríamos llamar especulativas a las que dedicamos tiempo y esfuerzo mental, otras muchas veces le damos vueltas a la cabeza para responder a asuntos de tipo práctico que tienen una inmediata traducción en la vida diaria.
Hay quienes piensan que reflexionar sobre el sentido de la existencia entra dentro del primer grupo, de los aspectos especulativos porque les suena a algo filosófico, incluso metafísico, y alejado de la vida diaria.
Sin embargo, sabemos que encontrar el sentido de la existencia no es nada especulativo, sino una necesidad básica para el ser humano. Pero son demasiados quienes evitan abordar este asunto como debieran, quienes hacen oídos sordos o piensan que no les merece la pena “comerse tanto el coco”.
Tal vez por eso, como respuesta a esa mayoritaria tendencia, tal vez haya que remarcar con suficiente énfasis que encontrar el sentido de la vida es una de las cuestiones más prácticas que podamos hacer, ya que incide directamente en todo lo que pensamos, sentimos y, por supuesto, hacemos.
Desde tiempos remotos, todas las culturas y civilizaciones han tratado de dar respuestas a este asunto, muchas veces a través de las llamadas Tradiciones Espirituales.
En nuestra cultura, uno de los grandes exploradores del sentido de la existencia humana, ha sido el psiquiatra austriaco Víctor Frankl, creador de la Logoterapia. Para él, el sentido de la existencia no era algo conferido al ser humano, sino que debía ser descubierto a través de un trabajo de tipo personal.
Durante su experiencia como prisionero en un campo de concentración nazi, descubre y afirma que nuestra única posesión es “nuestra existencia desnuda”. La sensación de vacío existencial, es decir, el desconocimiento o la pérdida de contacto con lo que la vida significa, es uno de los males que con mayor intensidad aquejan a los seres humanos de esta época. Evidentemente encontrar el sentido de nuestra vida es el mejor antídoto que pudiéramos conseguir para hacer frente a dicha sensación de vacío existencial.
Para Frankl la esencia íntima de la existencia humana está en su capacidad de ser responsable de su propia vida,
decidiendo cada cual ante su consciencia, la sociedad o ante Dios, en el caso e los creyentes.
Pero el sentido de nuestra vida no es sólo una cuestión intimista, sino que el verdadero sentido de la existencia debe ser encontrado, no sólo dentro de nosotros mismos, sino también en relación con el mundo.
Pero nos topamos con el hecho de que este sentido no es algo fijo, ni siquiera para la misma persona, ya que cambia de un individuo a otro e incluso de una época de la vida a otra.
Si partimos del hecho de que cada vida es única e irrepetible, nos daremos cuenta de que nuestra tarea también es única y no podemos, en este sentido, ser reemplazados por nadie para que realice lo que sólo nosotros hemos de llevar a cabo.
Muchas personas tienen la creencia de que tendrán que verse sumidos en largas reflexiones y meditaciones hasta llegar a descubrir el sentido de su vida. Sin embargo, descubrir el propósito de la existencia es de las respuestas menos teóricas que podamos dar ya que, de hecho, aunque no lo sepamos, no podemos dejar de darla. Lo que cada día, cada uno de nosotros hace, piensa y siente, eso constituye para esa persona, aunque no lo sepa, el sentido real y práctico de su vida.
Diariamente estamos dando respuesta al enigma de nuestra existencia, pero al mayor parte de las veces lo hacemos de manera no consciente. Tal vez por eso puede que a algunos no nos guste tomar consciencia acerca del sentido que ha elegido dar a su vida.
Empezar a explorar este asunto es algo realmente fascinante pero, a mi juicio, debe ir realizándose al mismo tiempo que el sujeto profundiza en otros aspectos básicos del desarrollo humano.
Es necesario, pues, un cierto nivel de trabajo en los escalones previos, mientras más mejor. Soy de la opinión de que las cosas no pueden decirse todas de golpe, al igual que no podemos comernos toda la comida del día a la hora del desayuno. Sólo cuando el terreno está preparado es cuando la semilla germina.
Una creencia que puede resultarnos muy útil en este momento es mantener “la confianza en que la vida nos ofrece los medios para encontrar la felicidad” , las personas religiosas han llamado a esto “esperanza”. Ello implica, al mismo tiempo, la confianza en que, globalmente, nuestra existencia tiene un sentido; la confianza, también, en que ese sentido puede ser encontrado; y por último, la confianza en que se nos van presentando los mejores instrumentos para conseguir lo anterior, a cada uno en función de su nivel y sus necesidades.
Y esto último conviene remarcarlo. Muchos de nosotros confundimos “lo que deseamos” con “lo que necesitamos”. La gran queja de muchas personas es acerca de la infelicidad que padecen porque no obtiene lo que desean, cuando, sin darse cuenta, diariamente, están dejando pasar lo que necesitan.
El gran regalo de la vida es responder a nuestras necesidades pero no a nuestros deseos. Ser capaces de reconocer y discriminar esto, es adquirir un tipo de “sabiduría de alto nivel”.
La presencia como ayuda
“Quien no sabe usar sus palabras de un modo curativo más le valdría guardar un respetuoso silencio en lugar de hablar de lo que desconoce, cuando de ayudar a alguien se trata. Porque la compañía y la presencia cercana son remedios más poderosos y eficaces que las propias palabras, sobre todo cuando estas nacen de la ignorancia y no de la sabiduría”. (ANF)
El dueño del Palacio
Voy a contaros una historia sobre la naturaleza humana y el funcionamiento de la mente. Es una de esas historias tan antiguas que se pierde en la noche de los tiempos; un relato cuya finalidad consiste en transmitir valiosas enseñanzas a aquellos que la leen con la debida atención y curiosidad . Sigue leyendo
Inteligencia Espiritual
Hoy día sabemos que eso a lo que llamamos inteligencia no es un fenómeno simple ni uniforme. Más bien es algo complejo y difícil de definir.
La psicología actual admite la existencia de distintos tipos de inteligencia, cuyo número varía en función del autor que las plantee. Quizás, de las clasificaciones más conocidas sobre inteligencias sea aquella de las Inteligencias Multiples de Gadner, que distingue seis clases diferentes.
No obstante, yo prefiero clasificar los diferentes tipos de inteligencias en tres grupos distintos, cada uno de ellos compuestos por varias subclases.
La primera de estas inteligencias, a la que podríamos llamar Inteligencia Cognitiva, que es lo que mide el Cociente de Inteligencia, está constituida por todos aquellos aspectos mentales que nos ayudan a adquirir conocimientos técnicos principalmente enfocados para el desempeño de nuestras tareas profesionales. Forman parte de ella el razonamiento matemático, espacial, abstracto, lingüístico, etc.
Por otro lado, hablamos también de una Inteligencia Emocional, que fue divulgada a partir de los años noventa por Daniel Goleman en su famosa obra del mismo nombre. Gracias a ella podemos relacionarnos mejor con nosotros mismos y con los demás. La Inteligencia Emocional nos permite interacccionar mejor con el mundo y sentirnos más a gusto con nosotros mismos.
Por último, tenemos la llamada Inteligencia Espiritual, dada a conocer de la mano de Dana Zohar e Ian Marshall. Pero ¿de qué estamos hablando cuando decimos Inteligencia Espiritual (IEs)?
Pues cuando hablamos de IEs, nos estamos refiriendo a aquel aspecto de nuestra mente que nos permite acceder a la parte profunda de nuestro ser, a nuestras fuentes. La IEs es aquélla que conecta con el sentido de nuestras vidas o, mejor dicho, nos ayuda descubrirlo y realizarlo. Es, pues, una inteligencia global, asociativa y unificativa.
Según parece, la IEs es una herramienta imprescindible para comenzar, promover, mantener y realizar el auténtico proceso de Desarrollo Humano.
Necesitamos, por tanto, entender bien de qué se trata, así como ser capaces de generar una auténtica “pedagogía espiritual”, es decir una disciplina que nos facilite y nos abra la posibilidad de acceder a las llamadas “experiencias espirituales”.
La neurofisiología actual nos enseña que, a medida que nuestra experiencia crece a través de los diferentes acontecimientos que vamos viviendo, nuestros circuitos neuronales se van enriqueciendo, aumentando el número de conexiones entre las distintas neuronas del cerebro. Por eso, a pesar de que, cuando vamos envejeciendo, el número de neuronas es menor que cuando somos más jóvenes, gracias a ese enriquecimiento entre sus conexiones, deberíamos se capaces de crecer en “sabiduría” con la edad. Una vida que esté enfocada a vivir los acontecimientos cotidianos o extraordinarios de un modo espiritual, debiera llevarnos a una gran sabiduría interior.
Hay que dejar bien claro que, en este contexto, la palabra espiritual no se está refiriendo a ninguna
creencia religiosa en concreto. La IEs no nos habla pues de una vía religiosa propiamente dicha, sino más bien una vía mística. La palabra espiritual, aquí, es sinónimo de lo humano elevado a su máximo potencial de autorrealización, lo cual es, al mismo tiempo, la propia meta de cualquier religión auténtica.
Hoy día, no obstante, se nos plantea un tremendo reto: ¿cómo llegar a ser espiritualmente inteligentes en una cultura que no lo es? Creatividad, compromiso, valentía, constancia, disciplina… son, entre otras, cualidades que deberemos desarrollar para responder a dicho reto.
Si eres de la opinión de que el mundo está mal ¿quieres a formar parte del problema o de la solución?, ¿qué vas a hacer para ello?. Una buena posibilidad sería comenzar a ser conscientes y comprometerse a desarrollar nuestra Inteligencia Espiritual.
Las enseñanzas del sentido común-IV
HACER MUCHAS COSAS NO GARANTIZA QUE AVANCES HACIA DONDE QUIERES
He conocido personas que funcionan a modo de una especie de “cursillistas profesionales”. Dedican mucho tiempo, dinero y energía a realizar un curso tras otro. Comienzan el siguiente antes de haber asimilado el anterior. Suelen estar a la última. Conocen un poco, o un mucho, de todo lo que se oferta en el mercado a propósito de crecimiento y desarrollo humano. ¡Vaya, que no se pierden una! Hasta aquí, nada que objetar. Incluso admiro su entusiasmo.
Pero cuando años después los vuelvo a encontrar, frecuentemente, he experimentado la sensación (que desgraciadamente luego verifico) que se encuentran igual o peor que antes de hacer todas estas cosas. El progreso no se les ve ni por los forros. Parece como que los cursos y talleres que han realizado les hubiese servido para bien poco. Porque acumular conocimientos no significa necesariamente crecer en sabiduría.
Entonces, ¿qué ha sucedido aquí? ¿Es esto normal después de tanto esfuerzo?
Pues según constato, una cosa es el esfuerzo práctico y otra bien distinta el activismo exagerado. Hay dos errores fundamentales que se puede dar al mismo tiempo. El primero no respetar tu ritmo personal de asimilación. El segundo, funcionar sin criterio aceptando propuestas contradictorias simplemente porque suenan bien.
Enredarte con más cosas de las que realmente puedes digerir, obviamente, te llevarán a la indigestión (mental en este caso).
En lo que a dietética se refiere, sabemos que lo que realmente nos alimenta es aquello que absorbemos, no todos los alimentos que ingerimos. De la misma manera, en términos de desarrollo humano, lo que nos hace crecer es también lo que asimilamos y no toda la retahíla de cursos y libros que deglutimos a veces compulsivamente.
Por eso, debes buscar y respetar tu propio ritmo de aprendizaje y asimilación, de la misma forma que hacen los buenos ciclistas cuando suben un duro puerto de montaña. Ellos buscan su propio pedaleo, aquel que les permite avanzar a una velocidad sostenible y que puede ser mantenida en el tiempo. Saben bien que quienes se pasan de rosca acaban pagándolo caro.
No se trata, pues, de hacer mucho sino hacer lo adecuado, del mismo modo que para llegar a un lugar no basta con correr en todas direcciones sino en seguir el camino correcto que te lleva a alcanzar tu objetivo.
Para formar tu criterio, primero habrás de saber qué es eso de “criterio”. Para ello debieras tratar de discernir hacia dónde has de dirigir tu esfuerzo, preguntándote también por tu motivación auténtica: ¿para qué haces lo que haces? Esto te enseñará lo qué has de hacer y cómo hacerlo en cada momento.
Si quieres avanzar en dirección a tus metas, habrás de preguntarte y responder honestamente a los interrogantes anteriores, antes de involucrarte en muchas direcciones que, si no lo remedias, te llevarán a no se sabe donde.


