Desde hace décadas se ha mantenido la creencia errónea de que comer sano es comer sin grasas. Nada mas apartado de la realidad. En estos últimos años están apareciendo una serie de estudios y evidencias científicas que hacen replantear esta punto de vista y aportan una nueva perspectiva sobre el consumo de las grasas en la dieta equilibrada. Uno de estos nuevos cambios de opinión se ha producido con el aceite de coco. Sigue leyendo
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Propósitos saludables para el 2015
Cada comienzo de año parece que fuese el momento más apropiado para formular los nuevos propósitos que, con demasiada frecuencia, volverán a repetirse al año siguiente, pues muchos de ellos no se habrán cumplido.
Unas veces por pereza, otras por falta de tiempo, otras veces por circunstancias externas, el hecho es que no suelen faltar buenas razones para decirnos cada 31 de diciembre que de este año no pasa que…
Bueno, sea como fuere, lo suyo es volverlo a intentar, con la esperanza de que en algún momento se hagan realidad.
Para quienes tiene muy claro sus nuevos propósito, simplemente, desearles ánimo, firmeza y constancia, a ver si este año de verdad se cumplen.
Para los que no lo tienen claro, me gustaría aportarles unas cuantas ideas sencillas que, sobre todo, tienen la finalidad de contribuir a una vida más saludable y, gracias a ello, también a una vida más feliz.
Si recordamos los pilares tradicionales de nuestra salud, la alimentación, el ejercicio, y el equilibrio mental y emocional, no cabe duda de que encontramos una interesante fuente de inspiración para nuestros propósitos.
Pero a estos principios tradicionales yo añadiría un par de pilares más: las buenas compañías y los suplementos nutricionales apropiados.
Con estos ingredientes, os propongo el siguiente listado de propósitos para 2015:
1.- Cuidar y mejorar nuestra alimentación, eligiendo productos saludables y consumiéndolos con alegría y agrado, disfrutando del placer de disponer de dichos productos y compartir nuestra mesa con nuestros amigos y seres queridos. Recuerda que tanto nutre lo material como lo afectivo.
2.- Buscar momentos para realizar un ejercicio físico moderado y de acuerdo a nuestra edad y condición. No es necesario prepararse para las olimpiadas. A veces es suficiente con bajarse una parada antes del autobús o aparcar el coche un poco más lejos del destino al que queremos llegar.
3.- Hacer de nuestra mente nuestro mejor amigo. Dejar de transportar la pesada losa del pasado y aprender a amar nuestro lado oscuro tanto como el luminoso. Para ello habremos de buscar momentos para el silencio, la meditación y el contacto con nuestro interior. Si no sabes como hacerlo, este año te ofrece la oportunidad de aprenderlo. Hay muchas opciones disponibles para ello.
4.- Procura disfrutar de buenas compañías. Es cierto que existen lugares donde no las elegimos, pero en todo aquello que esté en nuestra mano procuraremos buscar las personas y los ambientes más nutricios, así como a quienes nos ayuden a desarrollar lo mejor de nosotros mismos.
5.- Cumplir años es lo mejor que nos puede pasar porque significa que seguimos vivos. Pero para amortiguar lo que el envejecimiento natural trae consigo, así como para otras muchas enfermedades, podemos acudir a los nutracéuticos y a los suplementos nutricionales apropiados. Muchos de ellos marcan la diferencia entre un estado más o menos saludables. Es conveniente elegir el apropiado para cada persona en función de su edad y de sus predisposiciones patológicas, y para ello también puedes encontrar el consejo profesional apropiado.
Seguir estas cinco propuestas es aumentar la salud y mejorar nuestra vida. Si te parece bien puedes intentar seguirlas, en caso contrario, no le hagas caso.
¡Que el 2015 nos traiga toda la felicidad que anhelamos!
¿Problemas o dificultades?
Me resulto curioso cuando hace años escuché decir a Lama Gangchen Rimpoché que la primera palabra que había aprendido al venir a occidente fue la palabra “problema”.
Cada uno que se acerca a mí me dice, “Lama, tengo un problema”- comentaba Rimpoché, mientras sonreía.
Me resultó extraño comprobar como los occidentales, con su alto nivel de vida, sentían que tenían muchos problemas- continuó diciendo.
No había reparado hasta entonces en este hecho, pero lo cierto es que a partir de fijarme en ello un poco más, no pude sino constatar cuánta razón tenía Lama Gangchen. Sigue leyendo
El arte de dar significados
En el mundo ocurren cosas ante las cuales tratamos de crear nuestras propias comprensiones para poder ajustar las respuestas de la lo mejor manera posible. Eso quiere decir que, ante cada hecho que sucede, nosotros le atribuimos un significado, lo cual nos permite darle una interpretación que nos ayuda a entender lo que pasa y a responder lo más apropiadamente que podamos.
Pero el asunto es que, ante cada acontecimiento, no existe un significado único, verdadero y objetivo, sino que cada persona construirá el suyo propio. Por eso vemos el mundo de una forma tan diferente unos de otros. No vemos el mundo como es sino como nos “parece” que es.
Dicho de otro modo, cada acontecimiento tendrá tantas significaciones como las que le quieran atribuir las diferentes personas implicadas en el mismo. Esto es una obviedad, pero muchos no reparan en ello y creen que su interpretación de las cosas es la única y verdadera, lo cual, como puede deducirse, causa más problemas que beneficios.
Ciertamente, los seres humanos somos “constructores” de significados, ya que, en función de nuestro modelo del mundo, un acontecimiento querrá decir para nosotros una cosa y, sin embargo, para las demás personas significará otra cosa diferente. Porque los significados que atribuimos a cada acontecimiento no son dados al azar, sino que se encuentran condicionados por nuestras creencias, pensamientos, emociones, etc.
El hecho de dar significado a lo que sucede puede servirnos para crecer, y entonces decimos que la significación es potenciadora. Pero también puede llevarnos al estancamiento o incluso al sufrimiento, en cuyo caso decimos que es una significación limitante.
Cuando somos capaces de construir significaciones potenciadoras incrementamos, también, nuestra capacidad para establecer conductas resilientes. Es decir, el hecho de ser capaces de fabricar “buenos significados” nos hace resistir mejor la adversidad cuando esta se presenta. Al contrario sucede si nuestro modo de dar significados a los acontecimientos es predominantemente limitante. Entonces nuestra capacidad para afrontar la adversidad, disminuye, es decir, seremos menos risilientes.
Pero la mayoría de las veces no somos conscientes del modo en el que atribuimos significados a los acontecimientos. Como se indicó anteriormente, normalmente lo hacemos en función de nuestro propio “modelo del mundo”, es decir, según la peculiar manera que tenemos para interpretar la realidad. Esta depende de nuestra capacidad sensorial, de nuestro sistema de creencias, del tipo de experiencias del pasado y el modo en el que las hemos etiquetado, así como de las expectativas que hemos generado hacia el futuro.
Si nos referimos a nuestra capacidad sensorial, ésta, a su vez, se encuentra matizada por la agudeza de nuestros sentidos, así como por el llamado “patrón de reconocimiento” que es la capacidad que tenemos para reconocer y discriminar entre distintos estímulos. También dependerá del modo en el que focalizamos nuestra atención así como del estado emocional que tengamos en esos momentos.
Si tomamos en cuenta lo explicado y añadimos que aquello que recordamos no constituye una reconstrucción exacta del hecho acontecido, sino que es una nueva recreación por parte del sujeto en la que se eliminan algunos aspectos y se aportan otros inexistentes, hemos de concluir que toda información acerca de cualquier objeto es siempre relativa, es decir, cambiará en función de quien observe dicho objeto y también desde donde lo observe.
Tomando como base todo lo anterior, podríamos deducir que una buena estrategia para mejorar nuestra vida sería la de aprender a dar significados potenciadores a los acontecimientos nuevos, así como aprender a resignificar, volver a dar significado, los antiguos.
Para hacernos más resistentes a las contrariedades propias de la vida es muy importante resignificar potenciadoramente nuestra propia historia personal. Porque dicha estrategia posee un gran poder transformador de nuestro mundo interior y un gran valor terapéutico en general.
Resignificar nuestra historia personal no tiene nada que ver con perseguir los supuestos traumas infantiles, sino con desarrollar, desde el presente, una manera más potenciadora de abordar los acontecimientos pasados y actuales, así como una forma de generar expectativas apropiadas orientadas hacia el futuro.
Lo que hemos de evitar para ser resilientes
La resiliencia es una capacidad que tenemos los seres humanos para hacer frente a la adversidad y salir indemnes de ella, afrontándola de una manera apropiada.
Esta capacidad es universal y puede ser incrementada mediante el correcto aprendizaje. Pero para ello hemos de aprender a evitar algunas de las creencias limitantes que hacen que muchas personas no sean capaces de desarrollar una conducta resiliente.
Desde el punto de vista genérico, nos convendría abandonar todas aquellas creencias que nos limitan y nos condicionan negativamente.
Si observamos un enfoque más particular del asunto, es posible enumerar aquellas creencias o actitudes que con más frecuencia tenemos instaladas y que deberíamos saber identificar y transformar, si queremos ser resilientes.
1.- Evitar jugar ciertos roles en la vida, sobre todo el de mártir y el de víctima.
Sabemos que cada uno de nosotros asume e interpreta un cierto papel en la vida. Dicho papel condiciona nuestro modo de estar en el mundo de tal manera que hay algunos roles que nos potencian y otros que nos limitan.
Dos de los más limitantes es asumir el papel de víctima o el de mártir. Ambos impiden el aprendizaje de una sana resiliencia.
2.- Abandonar ciertas ideas preconcebidas acerca del sufrimiento, como por ejemplo que tras la pérdida de seres queridos, lo normal ha de ser la depresión o la desesperación.
Las personas que creen lo anterior piensan que “cuando te pasa esto, ya tu vida no tiene sentido, se ha acabado.”
Recuerda que lo que pensamos acerca de la felicidad o del sufrimiento puede condicionar el rumbo de nuestra vida.
3.- Evitar creer que cualquier evento doloroso conlleva siempre un trauma.
Está ampliamente demostrado que lo importante no es lo que acontece, sino el modo en el que lo afrontamos y lo que somos capaces de hacer con ello.
4.- Evitar creer que nuestro sufrimiento actual es la consecuencia de un trauma previo.
Quienes se dedican con ahínco a bucear en el pasado para encontrar las causas del sufrimiento presente, con frecuencia olvidan tomar las riendas de su vida en el “aquí y en el ahora”.
Hay personas que experimentan un trauma ante eventos mínimos, o incluso ante sucesos que no han pasado en la realidad sino sólo en su imaginación. No es necesario un daño para generar un trauma, sino una mente con tendencia a fabricarlos.
5.- Evitar dejarse arrastrar por los prejuicios y las creencias del entorno. En situaciones complicadas es frecuente que el ambiente social adquiera una gran fuerza, pudiendo incluso contagiarnos emocionalmente.
Hemos de conectar con nuestro “Centro” y con nuestras profundas convicciones para permanecer estables.
6.- Abandonar la creencia de que si no sufres mucho ante los acontecimientos traumáticos eso significa que los niegas o los reprimes.
Hemos de recordar que disponemos de muchas más estrategias para evitar o disminuir el sufrimiento, además de la represión o la negación.
7.- Abandonar la creencia de que “un niño herido será un adulto fracasado”, porque los estudios científicos actuales nos muestran lo contrario.
Nuestra vida se escribe en el presente, en cada instante que elegimos un camino u otro. No podemos seguir quedando prisioneros de nuestro pasado.
8.- Evitar la tentación de esperar una vida en la que no ocurra nada traumático o doloroso, porque en la vida suceden cosas.
9.- Abandonar la creencia de que el mundo es un lugar seguro, previsible y controlable. La realidad nos muestra que vivimos en un universo probabilístico y no en un universo de certezas. Eso quiere decir que podemos llegar a sentirnos seguros en él cuando somos capaces de descubrir la sabiduría que la inseguridad lleva implícita.
10.- Sobre todo, evita rendirte.
¿Qué hace un pájaro cuando el viento le tira su nido?, lo vuelve a construir de nuevo.
¿Qué deberíamos hacer nosotros cuando las adversidades frustran nuestros planes?
El camino de los sentidos

Un camino es un medio para ir de un lugar a otro.
En el ámbito del desarrollo humano, decimos que un camino es la vía que hemos de seguir para conquistar las metas que nos hayamos propuesto.
Desde el punto de vista de la Sofrodynamia®, existen tres caminos principales en el proceso de desarrollo humano, que no sólo no son excluyentes sino que se complementan mutuamente: el camino del cuerpo, el camino de los sentidos y el camino de la mente.
Si nos referimos al camino de los sentidos, podría decirse que es una herramienta mediante la cual, y utilizando los recursos que nuestra sensorialidad nos ofrece, podemos crecer como personas y alcanzar nuestros objetivos, en lo que a desarrollo humano se refiere.
Esto quiere decir que los sentidos, además de captar la información procedente del mundo exterior, pueden ser utilizados también para alcanzar un mayor grado de crecimiento interior mediante el cultivo apropiado de su increíble potencial.
Los sentidos son como las ventanas de la consciencia que nos permiten aprehender el mundo exterior.
Pero debemos recordar que no son sólo meros receptores fisiológicos de la información, sino que funcionan como entidades participantes, lo cual quiere decir que, influídos por nuestro estado emocional y nuestro modelo del mundo, se orientan a captar aquella parte de la realidad que consideramos significativa para nosotros.
Es por eso que no todas las personas perciben los mismos datos del mundo exterior.
Recordemos que existen procesos neurológicos que condicionan el tipo de información que recibimos, haciendo que ciertos datos sean relevantes mientras que otros no. Sin embargo, no somos conscientes de cómo realizamos dicho proceso. Entonces, ¿cómo “decidimos” captar lo que captamos”? Esta es una buena pregunta que conviene investigar.
Nuestra atención, consciente o inconscientemente, hace que nuestros sentidos se orienten intencionalmente para tratar de percibir aquello que habitualmente confirma nuestro modelo del mundo. Por eso nuestra percepción habitual suele estar sesgada y cada uno de nosotros percibe el mundo según su propia manera de hacerlo.
Entre la consciencia y los sentidos se establece una especie de bucle bidireccional, de tal manera que se influyen mutuamente. Así, el estado de consciencia en el que nos encontremos modificará la percepción sensorial que tengamos, de la misma manera que una información sensorial determinada podrá modificar un estado de consciencia previo. Eso quiere decir que la sensorialidad va a influir tanto en el estado como en los contenidos de consciencia a los que accedemos.
Dicho de otro modo, algo sucede por ahí afuera y una parte de ello lo recogen mis sentidos. A partir de aquí procesamos la información según nuestro propio modelo y procedemos a dar interpretación de lo sucedido.
Todo lo anterior no debiera constituir un problema si después de todo no tuviésemos la pretensión de creer que captamos la realidad nítidamente, ni de que nuestra interpretación sobre las cosas es la única y verdadera.
Un paso importante consiste en reconocer la subjetividad de nuestras percepciones sensoriales y de nuestros contenidos mentales, que son netamente individuales. Admitirlo, es algo que nos permite ser más operativos y flexibles con la realidad, con los demás y con nosotros mismos.
Sea como fuere, el mundo de los sentidos nos permite seguir trabajando en nuestro desarrollo personal para lograr un mayor bienestar.
Entender los sentidos de una manera activa, atenderlos, cuidarlos y cultivar nuestra dimensión sensorial, va a tener más repercusiones sobre nuestra salud y sobre nuestro desarrollo que de las que pudiéramos imaginar.
Estrategias de sanación
Sanar la vida es un proceso ligado al autoconocimiento y al desarrollo humano mediante el cual trascendemos nuestros sufrimientos habituales y somos capaces de vivir una vida más plena y pacífica.
A pesar de lo atractivo de la propuesta y de los beneficios que pueden alcanzarse con ella, no todas las personas están dispuestas a recorrer dicho camino, ya que conlleva necesariamente ciertas cualidades como el valor, la responsabilidad y el sacrificio, capacidades, estas, no demasiado populares en un mundo como el que vivimos. Sigue leyendo
Aprender a disfrutar de los pequeños momentos
A la hora de proponer ciertos consejos o estrategias sobre algún tema de envergadura, parece ser que tratar de elaborar un listado con la pretensión de que sea completo, se antoja una tarea bastante comprometida, incluso poco factible, ya que, por mucho que lo intentemos, suele quedar la impresión de que algo falta.
Máxime cuando dicho listado se refiere a un tema tan amplio y profundo como es el de aprender a disfrutar de la vida y de los pequeños momentos.
A pesar de lo anterior, voy a a atreverme a enumerar algunas estrategias sobre el tema anteriormente citado, sabiendo que lo que sigue no sólo no es en modo alguno un listado exhaustivo sobre el tema, sino un conjunto de ideas para ayudarnos a recordar, en caso de que lo hayamos olvidado, o para poner más énfasis, si es que ya lo tenemos presente, sobre algunos elementos que nos pueden ayudar a mejorar la capacidad para disfrutar los pequeños momentos de la vida diaria.
Dichas estrategias, y algunas otras más, las solemos trabajar en los grupos de Sofrodynamia® como medio de ayudar a los alumnos a llevar una vida más placentera, es decir, cargada de disfrute y de emociones positivas.
1.- Recuerda que cada momento es único e irrepetible y, por tanto, especialmente valioso. Tú también eres único e irrepetible. Toma consciencia de tu incalculable valor y vive conforme a lo que ello significa.
2.- Cultiva tu pasión. Una pasión es algo que surge del interior, algo que nos moviliza hacia una acción y que, cuando la cultivamos, nos permite disfrutar gozosamente de hacerlo.
3.- Desarrolla la generosidad, puesto que ser generoso y solidario aumenta la capacidad de disfrutar más de la vida. Se ha demostrado que ciertas sensaciones de armonía y paz se incrementan con los actos altruistas.
4.- Aprender a reencuadrar los acontecimientos vitales, especialmente aquellos que no salen como teníamos previsto. Tomarlos como un aprendizaje en lugar de como un fracaso nos permite disfrutar de las cosas, incluso cuando los resultados no son los esperados.
5.- No corras tras metas erróneas. Las metas erróneas te harán sufrir, por tanto, cada cierto tiempo revisa si estás siguiendo el camino que has elegido para alcanzar tus propósitos de felicidad y de desarrollo.
6.- Aprender a buscar los aspectos potenciadores de cada acontecimiento. En cada uno de ellos, incluso en los más oscuros, es posible descubrir un poco de luz.
7.- Para poder disfrutar de la vida es necesario saber disfrutar, también, de nuestra soledad. Aprender a estar solos es uno de los mejores modos de aprender a estar con los demás, sin adicciones ni apegos.
8.- Identifica tus habilidades y talentos, sobre todo aquellos que aún no has sacado a la luz. Procura descubrirlos y disfruta del placer de cultivarlos y compartirlos con otras personas.
9.- Aprende a dar gracias por todo lo que tienes, pues un corazón agradecido es un corazón feliz.
10.- Procura descubrir en cada momento y en cada situación la alegría y la bondad que sustenta la vida. Observa tu respiración y recuerda que sigues vivo.
Autocontrol no es ser controlador
Muchas veces nos damos cuenta de que a nuestro alrededor existen personas que prefieren dedicar sus esfuerzos a tratar de controlar a los demás en lugar de afanarse en la difícil, pero provechosa tarea, de aprender a controlarse ellos mismos.
Obviamente, se trata de una estrategia psicológica, a veces no consciente, que desarrollan estos sujetos en un intento de amortiguar sus propias angustias e inseguridades, pero sucede que dicha maniobra acarrea más problemas que otra cosa.
Con frecuencia, se puede constatar que los comportamientos que persiguen la finalidad de mantener el control de los demás, no obtienen buenos resultados, sino más bien lo contrario, de tal manera que su uso continuado llegará a crear tensiones en el ambiente y en las personas sobre las que se ejerce, y, en bastantes ocasiones, suele generar otros conflictos mayores que aquellos otros que se pretendían evitar o aliviar.
Sin embargo, si esta energía que dedicamos erróneamente a tratar de controlar a los demás, la gestionásemos de modo más apropiado en orden a seguir avanzando en la senda de nuestro propio autocontrol, otro gallo cantaría.
Autocontrol es sinónimo de autogestión. Esto incluye el saber gestionar nuestras conductas, nuestros pensamientos y emociones, así como el modo en el que adoptamos ciertas decisiones vitales. Todo ello parece ser muy necesario a la hora de armonizar nuestra vida y de mejorar nuestra relación con los demás, por lo que podríamos afirmar que, avanzar en dicho autocontrol, es equivalente a aseverar que vamos creciendo como seres humanos.
En cierto modo, la práctica del autocontrol está relacionada con la batalla interior que cada uno de nosotros ha de librar para desarrollar el potencial que todos tenemos y, también, para evitar caer en las inercias de la vida diaria que tanto nos condicionan.
Dentro del concepto de autocontrol se incluye la capacidad de ejecutar una acción y, también, la de ser capaz de dejar de llevarla a cabo, es decir, supone tanto un hacer como un dejar de hacer algo, siempre que se considere que eso es lo que más conviene.
Se relaciona, pues, con nuestra fuerza de voluntad y con nuestra libertad para elegir entre distintas opciones. Es una muestra del dominio que ejercemos sobre nosotros mismos, pero en nada tiene que ver con la negación, la represión o la ausencia de respuesta.
Habrá quien confunda autocontrol con una cierta rigidez o con la idea de que todo ha de estar previsto. Nada más lejos de la realidad, ya que la habilidad para controlarnos, no es algo que deba estar en oposición con la noción de fluir con la vida, ni con la natural espontaneidad que ha de presidirla.
Un auténtico autocontrol, sólo será apropiado cuando somos capaces de permanecer abiertos a aquellas sorpresas que la vida nos depara, dejándonos asombrar por lo inesperado y acogiendo con frescura aquello que está por venir.
Existen muchos instrumentos que nos ayudan a mejorar nuestro autocontrol, pero citaré sólo tres estrategias que me parecen fundamentales:
- Entrenar la respiración consciente, ya que es una de las más potentes herramientas de actuación sobre nuestro sistema nervioso, sobre los procesos de atención, concentración, el pensamiento, etc.
- Aprender a dejar pasar. Evitando entrar en todas las batallas (hay situaciones que es mejor dejarlas pasar). Así evitaremos entrar en el ciclo limitante de acción-reacción.
- Ciertas Prácticas mentales: El entrenamiento en relajación, visualización y meditación promueven un nivel de serenidad que favorece la tolerancia a situaciones estresantes y mejoran el autocontrol.
Editorial de octubre de 2014
Reconozco que me ha costado ponerme a escribir estas lineas después de varias semanas de viaje fuera de España. En mi disculpa aduciré que a la vuelta me he encontrado con tantas cosas a las que atender que apenas he tenido un rato para sentarme y hacer lo que habitualmente hago cada mes, escribir unas reflexiones orientadas hacia la salud y conectadas temporalmente con el momento que vivimos.
Obviamente, en estos últimos días, el asunto prioritario sobre la salud en nuestro país es el tema del Ébola.
He leído muchas cosas y escuchado opiniones diversas. Algunas de ellas acertadas, otras no tanto, incluso algunas otras que a mi juicio parecían rayar en lo mezquino, pues ante una situación de tal importancia, trataban de sacar beneficio partidista del asunto, cuando lo requerido en estos momentos es, sobre todo, una visión técnica del mismo, que además contemple la faceta humana de la situación, y la aplicación de criterios actuales de salud pública.
Supongo que la mayoría de dichas opiniones fueron escritas por militantes o simpatizantes de uno u otro bando. Esto es sólo una suposición.
¿Superaremos algún día en España eso de las izquierdas y las derechas?
Aquí, si mete la pata uno de tu partido te haces el tonto y te vas silbando, simulando como que no has visto nada, pero si el que se equivoca es del otro bando, entonces a darle leña esgrimiendo una indignación, a veces impostada, pero que de tanto repetirla llega incluso a ser creida.
A mi, personalmente, me da igual que quien se equivoque sea de un partido o de otro, más bien desearía que ambos acertaran. Sería lo mejor para todos.
También me gustaría que fuésemos capaces de pedir responsabilidades, tanto cuando son de los nuestros como cuando no lo son.
Por desgracia, eso todavía no sucede, pero mantengo la esperanza de que algún día lleguemos a ello, aunque es bastante probable que yo no lo vea.
Dicho esto, por lo que he leído hasta ahora, me da la impresión de que hay cosas que no se han hecho bien, y sería bueno que, llegado el momento, se pidiesen las responsabilidades correspondientes. Creo que alguna dimisión no estaría mal. Pero aquí no se dimite ni cuando te pillan con las manos en el dinero que no es tuyo.
El hecho de que en estos últimos días se haya contagiado también una enfermera en Texas, no ha de ser un eximente para no revisar lo que se ha hecho mal, pero sí ha de ser una alerta para que, en colaboración con expertos de otros países, se rediseñen los protocolos de actuación hasta conseguir que estos lleguen a ser los más seguro posible.
Por otro lado, creo que las voces que se han levantado escandalizadas porque se repatriaron a los misioneros me parecen fuera de lugar. Pienso que tal vez se hubiesen escandalizado menos si los repatriados hubiesen sido, por ejemplo, un periodista, un cooperante o un funcionario del cuerpo consular, incluso cualquier ciudadano que pasaba por allí. Pero he escuchado opiniones tales que pudiera parecer que ser misionero en África es poco menos que un delito.
Sin entrar a valorar la tarea humanitaria que esas personas venían desarrollando desde muchos años atrás, ahora es cuando nos hemos enterado que estaban allí, opino que ser misionero no ha ha de ser un handicap para que tu gobierno trate de prestarte los cuidados que prestaría igualmente a cualquier otro ciudadano en condiciones similares. Me gustaría creer que si algún día, yo o alguien de mi familia, nos encontramos en una situación complicada en un lejano país, mi gobierno (del partido que sea) procurará atenderme como ciudadano español y hará por mi todo lo humanamente posible.
Tengo la esperanza, también, de que algún día en este país los cargos de importancia sean ocupados por personas con perfiles profesionales acordes con las exigencias que el desempeño de su tarea les impone. De momento no es así. A veces la asignación de los cargos parece que viniese de la mano del grupo “amiguetes sin fronteras”.
En el caso del Ministerio de Sanidad, hemos tenido la desgracia de que, salvo la excepción de la ministra Ana Pastor, médico, Master en Salud Pública y Master Gestión Sanitaria, y con experiencia en el ámbito de la gestión sanitaria en varios cargos en Galicia, las últimas ministras, y cito dos del PP y dos del PSOE, (Celia Villalobos, Trinidad Jimenez, Leyre Pajin, Ana Mato), accedieron al cargo con la misma experiencia sanitaria que la que tengo yo en el noble arte del rejoneo, es decir ninguna. Y así se cubrieron de gloria.
Te piden un curriculum para trabajar de dependiente pero puedes llegar a Presidente de Diputación, Director General o Ministro sin la más mínima experiencia de nada. Con estar bien situado en el partido en el momento justo, es suficiente.
No es el de Sanidad un ministerio que debiera ser tomado a la ligera, ni adjudicado por el cupo de género, o porque alguien controla los votos de un cierto sector del partido, ni como devolución de antiguos favores.
Algún día, espero, los ministerios, el de Sanidad y los demás, se adjudicarán a personas capaces, me da igual de qué partido, así como también del ministro para abajo (Directores Generales, Secretarios, Subsecretarios, etc.), se lleguen a adjudicar a personas con el perfil técnico adecuado. Seguro que entonces la cosa nos irá mejor.
Al hilo del Ébola, hay un aspecto que no me gustaría dejar de lado y es reflexionar sobre el modo en que pueden estar viviendo este proceso, tanto la auxiliar española, como la americana, como todas aquellas personas que se encuentran en observación por si estuviesen contagiadas. ¿Cómo lo viviríamos nosotros si estuviésemos en su lugar?
Hay gente que se ha ensañado con la auxiliar, diciendo que si mentía, que si ocultó datos al médico de familia, etc. No sé exactamente lo que pasó, sólo lo conozco por la prensa, pero sí sé que me importa bastante aquello que hay más allá de las noticias, más allá de las declaraciones partidistas de los políticos, y más allá de los titulares de prensa. Me importan las personas, sus miedos, sus angustias y la de sus familias…
Quiero pensar que Teresa y los demás saldrán adelante, sobre todo porque me parece que sería el desenlace más justo para aquellas personas que se arriesgan diariamente para cuidar a otros.
Algunos dirán que es su trabajo y cobran por ello. Y es verdad, pero en todo trabajo asistencial hay algo que no se incluye en el sueldo, tal vez porque sea difícil de cuantificar y sobre todo difícil de pagar con dinero. Me refiero a la dedicación, a la entrega y a la actitud de servicio que se da en ciertas profesiones de riesgo.
En estos momentos me acuerdo de los héroes de Fukushima, aquellos que entraban diariamente al reactor sabiendo lo que les esperaría luego, y que posiblemente estén casi olvidados por muchos. Me acuerdo también de los sanitarios que actualmente se encuentran en África ayudando y cuidando a los pacientes de esta epidemia de Ébola, a pesar del grave riesgo para sus vidas. Quiero tener presente a otras tantas profesiones que diariamente exponen sus vidas para ayudar a otros (no quisiera olvidarme de ninguna y doy por incluidos aquí a todos).
Obviamente, hay algo que no está en el sueldo, aunque haya gente que no lo entienda.
Desde aquí, mi admiración y mi respeto a todos ellos.
¡Feliz octubre!
