Cada vez que comienza un nuevo año nos da la impresión de que es un punto de partida para iniciar o desarrollar nuestros proyectos y para hacer realidad nuestras ilusiones. Es también un momento para realizar el balance del año que termina y anotar aquello que no se ha cumplido y que, por lo tanto, queda pendiente y, como no, también para agradecer todo lo que ha resultado exitoso.
Un año finaliza y otro comienza. Cada momento para nosotros constituye un punto de llegada y un punto de salida. Venimos de alguna parte y en ese mismo instante nos dirigimos hacia otra. Los filósofos griegos lo llamaron a esto el devenir de las cosas, mientras que en oriente se le denominó impermanencia. Nada queda, todo cambia, todo fluye. Sigue leyendo






