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Todo tú eres respiración

Respirar para vivir con plenitud

La práctica de la respiración consciente es uno de los aprendizajes más significativos de nuestra vida

Aprender a respirar conscientemente es uno de los mejores y más significativos aprendizajes que pudiéramos realizar en nuestra vida. Es un regalo para nosotros mismos y para los demás.

Sin embargo, con mucha frecuencia, no se le da la importancia que realmente tiene, quizás porque la respiración es un fenómeno fisiológico sencillo, asequible, y, en cierto modo, humilde, ya que no posee ni la complejidad ni la vistosidad de otros procesos más llamativos, como por ejemplo los procesos mentales.

Pero, ¿Qué sería de la mente sin la respiración?… Imagina la respuesta…. Sigue leyendo

La maravilla de nuestra respiración

Respiración como camino hacia el interior

Descubrir al Ser Interior

Hoy me gustaría dejaros un pequeño relato.

Hace años que lo escribí después de que surgiera de forma espontánea en una de las clases de Sofrodynamia®, cuando les explicaba a los alumnos sobre la respiración.

Les decía que la respiración individual no es más que un pálido reflejo de la gran respiración cósmica del universo, en la que todos los seres nos encontramos conectados y de la cual participamos. Sigue leyendo

El Patrón Respiratorio Personal

Respiración Consciente

Necesitamos aprender a respirar de forma correcta

La Respiración Consciente no sólo es una técnica que se utiliza  en el marco de la psicología convencional para ayudar a los pacientes a relajarse mejor, sino que también constituye una herramienta imprescindible para la conservar y recobrar la salud del ser humano. Además de todo ello, también se usa en el contexto de las técnicas meditativas para lograr acceder a determinados niveles de consciencia y experiencias meditativas más profundas. Sigue leyendo

Los autocuidados en Sofrodynamia®

El autocuidado en sofrodynamiaNo cabe duda que las personas que se cuidan física, mental y espiritualmente viven mejor y más felices que quienes no lo hacen, pero habría que señalar que es diferente asumir el protagonismo de proporcionarse dichos cuidados de esperar que otros lo hagan por ti.

El proceso de maduración humana lleva consigo la exigencia de aprender a satisfacer nuestras necesidades, físicas, emocionales, afectivas, etc., así como también la habilidad necesaria para saber aplicarnos los autocuidados necesarios.

Entendemos como autocuidado todas aquellas actividades o conductas que los individuos realizan para el mantenimiento de su propia salud y bienestar.

Aunque sea algo que hacemos para nosotros mismos es conveniente recordar que, de forma indirecta, también tendrá repercusiones beneficiosas sobre los demás.

En el caso particular de las personas que, por trabajo o por circunstancias familiares, cuidan de otros, se hace especialmente necesario que aprendan a cuidar de ellos mismos, ya que se ha demostrado que el “contagio emocional”  que surge en estas relaciones fruto de la interacción entre el cuidador y la persona receptora de los cuidados, da lugar a repercusiones desfavorables para la salud del cuidador.

Para avanzar en el aprendizaje del autocuidado desde el punto de vista de la Sofrodynamia®, proponemos adquirir una serie de conocimientos sobre nuestro mundo interior, así como alcanzar el dominio de ciertas herramientas prácticas, como por ejemplo:

1) Adquirir un modelo mental más saludable

2) Mejorar y armonizar la consciencia de la corporalidad, para detectar signos precoces de afectación y aplicar estrategias correctoras

3) Disponer de un correcto patrón respiratorio que nos sirve, entre otras muchas cosas, para amortiguar las consecuencias del estrés y serenar la mente

4) aprender a comer bien, a dormir bien, a tener paz interior y a sonreír.

5) Una ineludible porción de sentido común

La corporalidad como campo de experiencia

corporalidad como campo de experienciaEn cualquier sistema de crecimiento personal y de desarrollo humano, hemos de considerar con especial atención el modo en el que nuestro cuerpo participa de dicho proceso, porque no es posible avanzar armónicamente si la mente y el cuerpo se encuentran desconectados.

Experimentamos nuestros pensamientos y emociones a través del cuerpo. Se puede decir que, gracias a nuestra corporalidad, no sólo hacemos cosas, sino que, además, pensamos y sentimos el mundo, porque cualquier acción que realicemos en el mundo es ejecutada a través del cuerpo.

Podemos afirmar, pues, que nuestro cuerpo forma parte del “Campo de Experiencia”, es decir,  del modo peculiar en el que cada uno de nosotros experimenta la vida.

Por tanto, para poder disfrutar de una vida armónica, gratificante y gozosa, necesitaremos un cierto tipo de condiciones corporales.

En el modelo sofrodynámico disponemos del Entrenamiento Gyalpo para tratar de lograr dichas condiciones.

Este entrenamiento ha surgido y está diseñado con la intención de que sea beneficioso para cualquier persona y, especialmente, para quienes más lo necesitan, aquellos seres estresados y llenos de obligaciones laborales y personales que forman parte de nuestro medio cotidiano.

De qué herramientas disponemos, pues, para aprender a vivenciar nuestra corporalidad como un “Campo de Experiencia”. Pues las más importantes son las siguientes:

1.- Presencia: Es hacer posible que la conciencia habite plenamente el cuerpo y que el cuerpo se haga presente a la consciencia.

2.- Postura Justa: Decimos que la Postura es Justa cuando establecemos nuestra verticalidad atendiendo a los ejes apropiados y evitamos cualquier exceso de tensión innecesaria, eliminando bloqueos energéticos y  emocionales.

3.- El cuerpo como Mandala: Podemos experimentarlo cuando tomamos conciencia de  que nuestro cuerpo es una representación simbólica del universo y, a través de dicha toma de consciencia, atendemos a la corporalidad para establecer la conexión entre el microcosmos y el macrocosmos.

4.- Consciencia de la respiración: Es uno de los elementos esenciales ya que a través de ella, armonizamos el cuerpo y serenamos la mente.

5.- Identificar las emociones en nuestro cuerpo: Poco a poco, en la medida que el alumno avanza en su entrenamiento, por medio de la observación atenta, la agitación dará paso a la calma y podrá comenzar a percibir la verdadera relación entre las emociones y corporalidad, tomando como base un cuerpo en distensión.

5.- Consciencia de la energía: Gracias a diferentes ejercicios es posible percibir los distintos centros energéticos, los canales y las manifestaciones del flujo de la energía que por ellos discurre.

Entrenar y experimentar todo lo anterior, nos permite transformar un cuerpo pasivo, doliente o mudo en un cuerpo vivo, sentido y experimentado con alegría, y que además participa activamente en el fascinante camino del desarrollo de nuestro potencial.

Poder curativo del Espacio Interior

Espacio interior“Durante el entrenamiento sofrodynámico hacemos hincapié en la importancia de experimentar el Espacio Interior. Para algunas personas, esto, constituye un concepto algo abstracto y, en cierto modo, lejano. Tan abstracto y lejano como lo son las nociones de amistad o amor, que suenan sorprendes y oscuras para quienes no las han vivido.

Con el Espacio Interior pasa algo parecido, pero basta sólo una pequeña porción de experiencia para que se torne claro, luminoso y sugerente. Cualquier persona que tenga una cierta experiencia en prácticas de tipo meditativo podrá dar testimonio de dicha experiencia pero, obviamente, es un terreno desconocido para el no practicante.

Desde el punto de vista sofrodynámico, una de las experiencias más importantes para cualquier persona es, pues, el descubrimiento mediante su propia experiencia de dicho Espacio Interior.

Podría decirse que el Espacio Interior es un espacio de consciencia sutil y muy sutil, cuyas características principales son: Esencia, Sabiduría y Gozo.

Se encuentra más allá de los contenidos mentales y podríamos definirlo como “un espacio de pura consciencia”.

En realidad es bastante más difícil de definir que de experimentar, lo cual suele suceder cuando calmamos la agitación superficial de la mente y, a través de técnicas meditativas, accedemos a dicha dimensión del ser.

En el Espacio Interior somos y, por eso, una vida plenamente humana no puede llegar a desarrollarse sin realizar su apertura.

Con una respiración controlada, una vez eliminadas las tensiones corporales, y calmada y sosegada la mente, más allá de los pensamientos y emociones perturbadoras se encuentra una experiencia nítida, transparente y pacífica, de consciencia eternamente presente, y todo problema o turbación parece disolverse en su propia naturaleza, el espacio vacío.

Avalado por numerosos estudios actuales, es posible afirmar que dicha práctica es sanadora, ya que es capaz de armonizar diversas funciones biológicas, entre ellas la del sistema inmunitario, pero además del bienestar personal que produce, se ha constatado también que puede ayudar a mejorar las relaciones interpersonales incrementando el número de actos compasivos hacia los demás.” (ANF)

Apaciguar la mente

calmar la mente“No se alcanza la paz interior sólo porque lo desees. Además de querer hay que saber hacerlo. Porque tratar de calmar la agitación mental pensando a cerca de ella es como querer apagar un fuego añadiendo gasolina. Pero si mantienes tu atención en la respiración consciente y eliminas el exceso de tensiones musculares de tu cuerpo, el flujo incesante de pensamientos que te perturban acabarán apaciguándose.” (ANF)

Sofrodynamia® y autocontrol

¿Quién no ha sufrido en sus propias carnes, por parte de otra persona, alguna explosión colérica desproporcionada o fuera de tono en relación a algún asunto nimio o trivial. Y quién de nosotros podría afirmar que jamás en su vida ha sido el protagonista de algo como lo anterior?. Ciertamente, con mayor o menor frecuencia hemos experimentado lo que es perder el control, unas veces como sujeto pasivo y otras como protagonistas. Y, en general, no nos suele gustar dicha experiencia.

La pérdida de control, cuando adquiere ciertas proporciones, se asemeja a una erupción volcánica, brusca y violenta que se lleva por delante todo aquello que encuentra a su paso. Es como si algo dentro de nosotros cobrase vida propia y actuara de forma autónoma sin regirse por los dictados de la voluntad.

Cuando nos descontrolamos en cualquier situación perdemos la capacidad de establecer conductas apropiadas, por lo que nuestros actos pueden resultar ridículos, grotescos o desproporcionados. Nuestras  palabras salen como un torrente desbordado y a veces decimos lo que deberíamos haber callado, o cargamos nuestra ira sobre quienes menos culpa tienen.

La vivencia del descontrol nos lleva a que nuestras emociones y pensamientos se  mezclen y atropellen, y acabamos no sabiendo muy bien qué pensamos o qué sentimos y mucho menos cómo hemos llegado hasta allí.

En resumen, cuando perdemos el control en cualquier situación de nuestra vida tenemos la impresión de que nos hemos pasado o de que hemos metido la pata.

Me estoy refiriendo, claro está, a situaciones puntuales en las que parece que algo rebosa incontroladamente, como cuando se deja un cacillo de leche sobre el fuego durante más tiempo del que debiera.

Pero existe otra forma de pérdida de control menos explosiva y a más largo plazo que la que he descrito anteriormente. Me refiero a la pérdida de control de nuestra vida de forma global. Como cuando nos sentimos como una especie de veleta que gira en función de por donde soplen las circunstancias, de tal manera que parece que nuestra felicidad depende de circunstancias o personas que están fuera de nuestro control.

En ese caso puede que realmente no tengamos el control global de nuestra vida en términos de que ésta transcurre por otros derroteros diferentes de los que realmente deseamos. Es como haber perdido las riendas de la propia existencia. O tal vez como si navegásemos sin brújula y sin rumbo fijo, dirigiéndonos en cada momento hacia un destino que no es el deseado.

En mi opinión esta forma de pérdida de control es más grave que la primera, aunque seguramente también menos evidente y menos llamativa, incluso hasta para quien lo padece. Por esas mismas razones es posible que pase más desapercibida y que, por tanto, resulte más complicado establecer las modificaciones y ajustes necesarios para su corrección.

Cuando perdemos el control de manera brusca y explosiva podemos  cometer errores, enturbiar relaciones, desperdiciar oportunidades o incluso perder amistades. Pero en el caso de la pérdida global de control de la existencia lo que perdemos es la vida misma.

Estas dos formas de merma del control no son excluyentes y algunas personas sufren los dos aspectos de la misma.

Afortunadamente la moría suelen sentirse incómodos cuando se descontrolan, y desde esa incomodidad surge el deseo de hacer algo, de actuar al respecto. Son muchos a los que les gustaría ser capaces de controlar mejor sus vidas y mejorar su capacidad de autocontrol, sólo que no saben muy bien como hacerlo.

Tenemos esa inquietud de mejorar y cambiar porque tenemos la creencia de que si aprendemos a gestionar mejor la capacidad de autocontrol, seremos más capaces de adaptarnos mejor a las circunstancias vitales de nuestro ambiente, evitaremos también muchas de las meteduras de pata que suceden cuando nos descontrolamos y, en definitiva, armonizaremos la vida un poco más.

La palabra control en castellano posee diferentes acepciones. Unas veces tiene el sentido de vigilar o inspeccionar, como por ejemplo en los controles de aduanas, controles sanitarios, etc. Otras veces indica sensación de dominio o poder sobre algo, como controlar los mandos de un vehículo, o el modo en el que algo sucede, por ejemplo.

Pero en el contexto en el que nos estamos desenvolviendo, la palabra control adquiere un matiz determinado y específico. Viene a significar una forma de regulación voluntaria del modo en el que nos comportamos, sentimos o pensamos y, en un nivel más amplio, indica la capacidad de dirigir nuestra vida hacia aquellas metas que deseamos.

El prefijo auto hace referencia a que es uno mismo quien realiza la acción. Por consiguiente, cuando hablo de autocontrol me estoy refiriendo a la “capacidad de la conciencia humana para establecer aquellos ajustes voluntariamente elegidos en orden a llevar a cabo conductas adecuadas y obtener un mejor equilibrio emocional y en nuestras relaciones”.

El hecho de que el autocontrol sea una capacidad de la conciencia permite ser entrenada y desarrollada, de la misma forma que podemos desarrollar la memoria o enriquecer nuestro lenguaje.

Cuando mejoramos el autocontrol nos damos cuenta de que acrecentamos la posibilidad de realizar conductas más eficientes y eficaces. Es decir, establecemos respuestas más adaptativas en relación al ambiente en el que nos desenvolvemos. Normalmente todo ello vendrá acompañado de una mejor comunicación y un incremento de la capacidad para comprender mejor al otro y sus circunstancias, con lo cual la comunicación empática se verá mejorada y reforzada.

Obviamente, cuando sabemos controlarnos mejor el ambiente en el que vivimos se armoniza. Podría decirse que se pacifica un poco más, y como consecuencia de todo lo anterior nuestra autoestima también mejora.

Aprender a gestionar la capacidad de autocontrol es un modo de disminuir parte de nuestras desazones y angustias.

Pero ya sabemos que no basta con decirle a alguien que hemos encontrado un lugar maravilloso y que en él existe un tesoro. Si realmente queremos ayudarle tendremos que entregarle el mapa en el que se indica cómo llegar hasta allí.

El mapa al que hago referencia simboliza el camino que cada persona ha de seguir, es decir el método eficaz que una vez conocido y puesto en práctica nos lleva al lugar deseado, en este caso a un mejor autocontrol.

Para que el mapa o el método, según se quiera denominar, sea fiable y seguro ha de tener una serie de características.

Debe poseer una base psicobiológica suficientemente fundamentada. O dicho de otro modo, ha de tener en cuenta aquello que realmente somos desde el punto de vista biológico así como las reglas que siguen nuestros procesos psicológicos. Cualquier metodología que no tenga en cuenta estos aspectos se encontrará fuera de la realidad.

Por otro lado. Ha de ser un método integral, es decir, que  además de lo anterior contemple también la dimensión relacional y social del ser humano así como sus aspectos energéticos.

Además es muy importante que la secuencia didáctica mediante la cual se realiza el proceso de aprendizaje posea los elementos necesarios como para que cualquier persona, independientemente de cual sea su punto de partida, pueda ser capaz de aprender y mejorar.

Y por último no debemos olvidar que todo proceso de aprendizaje que sea largo y requiera un esfuerzo mantenido es conveniente, asimismo, que sea divertido. Si el sujeto se divierte al tiempo que aprende tenemos más posibilidades que mantenga su esfuerzo a lo largo del tiempo y no abandone  precozmente.

Pero además de un buen método con todas las características que anteriormente he citado, necesitamos que cada persona que quiera aprender a gestionar mejor su capacidad de autocontrol renuncie y elimine una serie de  pensamientos y creencias que suelen ser perjudiciales. Estas creencias son dañinas porque impiden a aquellos que las tienen que se pongan manos a la obra.

Habremos de evitar pensar cosas como que “eso es muy difícil” , o que “a mi edad es complicado cambiar”. No nos interesa si es difícil o es fácil sino si nos merece la pena o no. Sabemos que cuando nos parece suficientemente valioso entonces somos capaces de salvar grandes obstáculos. En esos casos parece que no existirá nada que nos detenga, y nuestra voluntad se torna poderosa.

Por eso, cuando realmente queremos conseguir algo con la misma determinación con la que una persona con la cabeza bajo el agua tiene la exigencia de respirar aire fresco, entonces no habrá dificultad alguna que nos frene.

Otro de los pensamientos que suelen interferir a la hora de decidirse a cambiar y a mejorar es pensar que “con la edad que tengo es muy difícil realizar cambios”. Creerse que somos tan viejos que ya no podemos aprender  nada es simplemente un error y una falsedad. Una de las preciosas maravillas de todo ser humano es precisamente su capacidad para seguir aprendiendo. Si nos preguntamos ¿cuál es el techo del  ser humano, cuál es su límite?. ¿Quién tendría una respuesta certera para esa pregunta?.  Tal vez los límites estén en algún lugar, pero da la impresión que se encuentran más lejanos de lo que ni siquiera podamos imaginar.

También hay algunos se desaniman porque piensan que “son muy lentos o torpes” a la hora de establecer ciertos aprendizajes. Y llegan a esta conclusión porque comprueban que otras personas son más rápidos o más hábiles que ellos a la hora de aprender.

Para evitar esta nueva creencia limitante es importante que tengamos claro que no conviene compararse con el ritmo de aprendizaje de nadie. Todos sabemos que cada cual tiene su propia velocidad, unos más rápidos y otros más lentos. Tal vez conviene recordar que en la vida no se trata de llegar el primero a la meta, como esta sociedad altamente competitiva en la que vivimos trata de inculcarnos, sino que lo importante es simplemente llegar. E incluso, en muchos casos, darse cuenta de que el camino recorrido forma parte también de la propia meta.

Por ello no debemos desanimarnos si otros van por delante, como tampoco hemos de sentir una absurda vanidad de contemplar a otros por detrás nuestra. Cada cual debe ser responsable sólo de su propio proceso personal. La competición, por decirlo de alguna forma, es consigo mismo y no con los demás.

Por eso es importante insistir en que no hemos de tener prisa por conseguir resultados. No hay que querer cocinar antes de saber como se manejan los utensilios de cocina y cuales son las propiedades y características de los ingredientes.

Entonces ¿cuáles son los ingredientes en los que participan en el proceso de mejorar nuestro autocontrol? Dichos elementos podemos deducirlos fácilmente.

En primer lugar, la mayoría de las personas tienen interés en controlar sus conductas. Pero la conducta es lo más periférico y externo de sujeto. Es algo observable  desde fuera. Sabemos que las conductas se apoyan en otros componentes del sujeto, por un lado los pensamientos, por otro las emociones.

Dicho de otra forma, el hacer, el pensar y el sentir se encuentran estrechamente conectados.

Hay conductas que son relativamente fáciles de controlar. Todos los días lo estamos haciendo continuamente. No solemos meter las manos en el plato de otra persona aunque tengamos hambre, como tampoco ejecutamos otros muchos impulsos que suelen ser modulados o regulados por la voluntad del sujeto, aplazándolos para otro momento o para realizarlos en otro contexto.

Pero cuando nos introducimos en el mundo de los pensamientos o las emociones, la noción de control se vuelve algo más complicada.

Si, como dije antes, controlar ciertas conductas puede resultar sencillo, no podemos decir lo mismo a propósito de los pensamientos o de las emociones. Eso es así porque no son procesos simples sino que más bien son fenómenos bastante complejos y que se fundamentan en otros elementos.

Si queremos buscar un ingrediente que armonice la conducta ejecutada a través de la corporalidad, los pensamientos y las emociones, descubrimos que  dicho componente es la respiración.

Normalmente sabemos muy poco de ella. Es muy próxima e íntima de cada persona y, sin embargo, no deja de ser una gran desconocida. Si algo se puede decir de ella es que representa una metáfora de nuestra vida. “Dime cómo respiras y te diré como vives”.

La respiración es una potente herramienta de transformación interior, de encuentro con nosotros mismos y el primer factor que debemos considerar a la hora de establecer un programa de aprendizaje para mejorar el autocontrol.

El patrón muscular y visceral, el uso correcto de la atención y la concentración, serán otros de los elementos esenciales en nuestro aprendizaje.

Son muchos y diversos los métodos de entrenamiento mediante los cuales podemos mejorar nuestro autocontrol.

El primero que mencionaría no puede ser otro que el conocimiento y adiestramiento de la respiración. Considero que es el fundamento sobre el cual se apoyan los demás.

Entre otros métodos cabe mencionar aquellos que priorizan la relajación (como el Entrenamiento Autógeno de Schultz, o la Técnica de Jacobson entre otros).

También serán de gran utilidad todas aquellas disciplinas orientales como el Yoga, Qi Gong, Tai Chi, etc. Un buen practicante de dichas disciplinas, con tiempo y dedicación, llegará a mejorar notablemente su autocontrol.

Igualmente, los diferentes enfoques y escuelas de meditación aportan un valioso conocimiento que a través de la práctica permite que el alumno desarrolle progresivamente un mejor autocontrol. Sirvan como ejemplo de las múltiples opciones con las que contamos la Meditación Vipassana, el Zen, la Meditación Trascendental, entre otras.

Existen, además, un sin fin de disciplinas de las que podemos obtener el beneficio de un mejor autocontrol. Como por ejemplo las técnicas Cuerpo- Consciencia, El Método Alexander, el Método Feldenkrais, la Sofrodynamia®, etc.

La Sofrodynamia®, entendida como un entrenamiento integral del ser humano, trata fundamentalmente de ayudarnos a armonizar y pacificar nuestra existencia un poco más. Y para ello dispone de diversas herramientas ensambladas en un didáctico sistema de entrenamiento integral del ser humano. Entre las más destacadas podemos señalar las siguientes: el entrenamiento de la respiración, el entrenamiento de la atención y concentración, la aproximación a los modelos de cambio, el entrenamiento cognitivo y emocional, el conocimiento de nuestra corporalidad tanto estática como en movimiento y, por último, la experiencia sobre los aspectos energéticos del sujeto.

En cualquier caso es seguro que a través de un proceso de entrenamiento aprenderemos mejor a gestionar mejor nuestra capacidad para el autocontrol. Pero ojo, tampoco debemos sobre valorar lo que el autocontrol significa. No debemos confundirlo con una forma de reprimir los impulsos, ni tampoco de negar la realidad. El autocontrol en ningún modo es ausencia de respuesta a los diferentes estímulos de un mundo cambiante.

Debemos evitar, por tanto, caer en el error de sobredimensionar en demasía lo que significa controlar las cosas y a nosotros  mismos, lo cual nos puede llevar a una verdadera idolatría de lo que el control significa, corriendo el peligro de ahogar y asfixiar nuestra natural espontaneidad.

Personalmente me gusta utilizar la palabra gestión, lo cual excluye los aspectos cuantitativo del asunto. Es decir, no debemos plantear las cosas en términos de un mayor o menor control, sino que más bien debemos enfocarlos en términos de cómo ser capaces de elegir la forma y la intensidad en la que ejercemos libremente nuestros mecanismos de control según la circunstancia.

Entendido de este modo es tan importante aprender a controlar como aprender a dejarse descontrolar en el momento oportuno.

Esa es la razón por la que dentro del entrenamiento en Sofrodynamia® nos interesa no sólo mejorar nuestro autocontrol, sino también aprender a discernir cuando éste debe estar reducido al mínimo para permitirnos fluir libre y espontáneamente.

Editorial abril 2012

Podría decirse que la primavera, en lo que a opiniones se refiere, es una estación de extremos. Los hay muy partidarios, tanto es así que cuando llega notan como si les cambiase la vida, y se sienten cargados de energía y de una especial alegría durante esos días cada vez más largos y luminosos.

Sin embargo, para otros muchos, la primavera constituye un verdadero calvario, un obstáculo para su salud que cada año se encuentra mermada en estas fechas, una especie de chino en el zapato que no hay modo de quitárselo hasta que no refresquen de nuevo las temperaturas.

Incluso los hay que refieren sobrellevar mejor los rigores del caluroso verano que la más suave y apacible estación primaveral.

Por qué ocurre esto es algo curioso sobre lo que me gusta reflexionar. He de decir que a lo largo de los más de treinta años de experiencia clínica, he observado que dicha estación primaveral les sienta peor a ciertos tipos de personas: aquellos que tienen problemas en los meridianos de hígado y vesícula biliar con todo lo que ello conlleva; las personas de fuerte fondo alérgico; los que se encuentran muy desconectados de la naturaleza y las personas con bloqueos entre su psique y su corporalidad.

Obviamente, en el primero de los casos, el problema en meridiano de hígado y vesícula biliar, el mecanismo que explica por qué estas personas empeoran en primavera, es perfectamente descrito desde el punto de vista de la Medicina Tradicional China (MTCH), ya que ambos meridianos pertenecen al Elemento Madera que, según dicha tradición médica, es el que sufre la transición energética y una cierta sobrecarga durante la estación primaveral. Así, al ocurrir la mencionada sobrecarga, si los meridianos no se encuentran en buen estado, la persona responderá con ciertos desajustes, disfunciones y patologías, tanto a nivel físico como mental.

En el segundo de los casos, aquellos que tienen un fuerte fondo alérgico, también se entiende que la primavera resulte una estación complicada, ya que encontramos muchos más alérgenos y pólenes en el ambiente. Además, existen, también, conexiones importantes entre las alergias y el meridiano de hígado según la MTCH, lo cual contribuye a reforzar lo anteriormente expuesto.

Pero quizás, lo que resulte más difícil entender para la mayoría de nosotros, es eso de la desconexión con la naturaleza y el bloqueo entre psique y corporalidad.

He de decir que esto que manifiesto son simples observaciones clínicas sobre las que podemos especular aportando distintas teorías acerca de por qué sucede esto. Pero no olvidemos que una cosa es el fenómeno observable y otra bien distinta el modo en el que explicamos los mecanismos que intervienen en dicho fenómeno.

Una vez dicho esto, expondré de modo resumido mi hipótesis al respecto. El primer punto es entender que el ser humano no es que viva en la naturaleza, sino que es naturaleza. Tiene sus mismos constituyentes y también tiene sus mismos ciclos, los cuales debieran estar en armonía con los ciclos naturales.

La antigua Medicina Hipocrática originaria de la Grecia clásica hablaba de una physis, con minúscula, para referirse a la naturaleza particular de cada ser, mientras que designaba como Physis, con mayúscula, a la naturaleza en sentido universal, la cual guardaba un “orden bello”, que en griego se denominaba con la palabra “Kosmos”, que ha llegado hasta nuestro lenguaje actual. Y añadían ellos que la physis (particular) participaba de la misma esencia que la Physis universal, de tal manera que debiera haber también en el ser humano un “orden Kósmico”. Es curioso lo que sabían nuestros antepasados de hace 2500 años.

Tal vez por esa razón, los seres humanos desde tiempos ancestrales siempre se han preocupado por organizar, tanto su vida personal como comunitaria, en torno a dichos ciclos mediante la celebración de determinas fiestas y la realización de determinados rituales. Esto ayudaba a que hubiese entre ellos una cierta ritmicidad y un cierto sentido de conexión entre el microcosmos y el macrocosmos.

Con el paso del tiempo, la conversión de los seres humanos en “civilizados urbanitas”, trajo consigo la pérdida de la conexión con “la madre tierra” y el “padre cielo”, llegándonos a creer que somos seres independientes del medio natural, que nuestra relación con la naturaleza es, simplemente, de dominio o de explotación y que somos seres que en cierto modo podemos vivir aislados del entorno.

Este grupo de creencias, paradigma podríamos decir, se instaló en lo más profundo de nuestra mente no consciente y desde ahí operó dando lugar a todas sus inexorables consecuencias, entre las que destaca la sensación de separatividad del ser humano con respecto a la naturaleza y un modo paradójico de experimentar los cambios en los ciclos estacionales.

También he observado que muchas de estas personas tienen dificultad en la gestión de sus ciclos energéticos personales, ya no sólo en un año, sino también durante un mismo día. Me explico. Estos sujetos sienten mucho cansancio cuando debieran estar activos o su mente se encuentra agitada e inquieta en las horas del día en las que debieran descansar. Parece como si marcharan por la vida con el paso cambiado, y en cierto modo es así. La desconexión con nuestro medio natural tiene estas y otras muchas consecuencias.

Entonces surge la pregunta, ¿qué podríamos hacer para reconectar, para sanar, para volver a recordar lo que nunca debiéramos haber olvidado, y es que “somos naturaleza”?

Pues lo primero es tomar consciencia, darse cuenta, de la existencia de  nuestra desconexión. Lo segundo generar el deseo y la intención de volver a reconectar con esa energía universal. Lo tercero descubrir mediante la práctica  que uno de nuestros principales enlaces y conectores con la energía cósmica es la Respiración Consciente. También, la realización de ejercicios energéticos tipo Qi Gong, Gyalpo, etc. que se fundamentan en el respeto y reequilibrio de los ciclos naturales, puede ser muy conveniente.

Además de lo anterior, puede resultar muy beneficioso realizar actividades de contacto con la naturaleza del tipo de cuidar plantas (un huerto, un arriate o una maceta si no hay otra posibilidad), trabajar la tierra directamente o pasear por el campo o la playa, no como lo hace un turista cualquiera sino con  consciencia y permeabilidad de los sentidos.

Todas estas prácticas traen consigo, también, otros muchos beneficios para nuestra salud en general, por lo que, sea cual sea nuestra situación actual, debiéramos animarnos a aprovechar estos días de primavera en los que las flores brotan en su esplendor y la naturaleza parece desperezarse después de un largo letargo invernal, para volver a sintonizar esa energía de vida que nos envuelve, nos inunda y que en su esencia no es distinta de nuestra propia energía personal.

Feliz abril

Respiración y desarrollo humano

Respiración y desarrollo humano

La respiración es uno de los elementos clave en el proceso de desarrollo humano

Más allá de las consideraciones meramente fisiológicas acerca de la respiración, las cuales nos enseñan la importancia vital que dicha función tiene para el ser humano, podemos aproximarnos a ella desde un enfoque en el que la armonización de la  respiración se considera como uno de los elementos fundamentales en el camino del desarrollo personal.

Si nos atenemos al esquema sofrodynámico de entrenamiento y lo aplicamos a la respiración, nos daremos cuenta que el primer nivel del mismo está dedicado a la toma de consciencia del Patrón Respiratorio Personal y a la eliminación de bloqueos. Sigue leyendo