“Durante un proceso de profundo desarrollo interior suelen refinarse los sentidos y se incrementa la percepción, por eso es posible ver lo que otros pasan por alto, escuchar lo que otros no oyen, acceder a un universo de recuerdos en cada olor, y a una indescriptible melodía en cada sonido, mientras que por el contacto con la piel se pueden conocer aspectos que incluso la otra persona ignora de sí misma, pero si nos falta la ternura de corazón, todo ello será de poco valor” (ANF)
bienestar
Somos cuerpo, consciencia y energía
“El ser humano puede ser considerado como un complejo sistema que realiza intercambios energéticos con el entorno y que tiene diferentes niveles de manifestación.
Hablamos de un nivel de manifestación corporal, otro psicológico y otro energético. De tal manera que cuerpo, consciencia y energía se encuentran interconectados de forma que no es posible escindirlos. Dicha interconexión explica por qué en ciertas disciplinas con enfoque energético y espiritual, como por ejemplo el yoga, el cuerpo intervine como soporte fundamental del trabajo de desarrollo de la consciencia a través de un trabajo corporal y energético al mismo tiempo.
En el ser vivo, cuerpo, consciencia y energía forman una unidad indisoluble que sólo es quebrada en el momento de la muerte.
Por tanto, el ser humano, pues, no es una suma de partes diferentes conectadas entre sí de alguna manera, sino de un sistema único, global y perfectamente interrelacionado entre sus distintos niveles.
Si nos referimos más específicamente a la dimensión corporal, se podría diferenciar entre la corporalidad en acción y el cuerpo como materia sin más, tal y como se encuentra presente en el cadáver. La diferencia entre lo uno y lo otro es que el primero está interpenetrado por la consciencia y la energía mientras que el segundo es sólo materia.
La noción actual de salud a nivel corporal, además de los consabidos parámetros biológicos, incluye además que la consciencia habite el cuerpo y que el cuerpo informe a la consciencia de un modo armónico, así como la existencia de un equilibrio apropiado de sus movimientos energéticos.
Cuando hablamos de energía incluimos dentro del mismo término a los diferentes tipos que podemos encontrar en el organismo. Todas ellas no son más que manifestaciones diferentes de la única energía primordial esencial, la Energía Vital. Podemos encontrar pruebas de dicha energía en el calor corporal, la energía mecánica necesaria para el movimiento, al energía metabólica expresada en unidades de ATP (Adenosin trifosfato), la energía electromagnética que se produce debido al continuo movimiento de los electrones, etc.
Desde el punto de vista de la salud nos interesa considerar la energía bioeléctrica. como elemento fundamental para la conservación y el mantenimiento de la salud del individuo Dicha energía es captada en algunos órganos por aparatos como el EEG, ECG, etc. Para ciertos maestros chinos, el movimiento del Qi en el cuerpo, es lo más parecido a la circulación de la energía bioeléctrica por todo el organismo a través de los canales y puntos.
Desde un punto de vista energético, llamamos salud al correcto equilibrio entre cuerpo, consciencia y energía, ya que el bloqueo de la circulación de dicha energía, el desequilibrio de la misma, así como los nudos emocionales y contaminaciones mentales, afectarán al cuerpo, de tal modo que se deteriorará la salud y la armonía vital de una persona, y aparecerá la enfermedad.
Por esa razón, cuando queremos armonizar la salud del ser humano necesitamos armonizar apropiadamente los diferentes constituyentes del sistema que lo integra, esto es: cuerpo, consciencia y energía.
Para realizar todo ello de forma adecuada necesitamos un método que nos enseñe a darnos cuenta de dónde estamos, hacia dónde queremos ir y qué caminos hemos de seguir para ello.
La Sofrodynamia® pretende ser un método de entrenamiento integral del ser humano para armonizar la existencia un poco más, disminuir el sufrimiento y poner las bases para una mayor felicidad en la vida a través de la armonización del cuerpo, la consciencia y la energía.” (ANF)
Aprovechar lo que la vida nos da
“Ser optimista no significa ver blanco lo negro, sino ser capaz de crear nuevas opciones a partir de cada acontecimiento, sabiendo qué puedes hacer algo ocurra lo que ocurra. Por eso un día soleado puede ser tan ilusionante y motivador como uno lluvioso, siempre que no te quedes atrapado en la queja de lo que no pudiste hacer y enfoques tu energía en disfrutar de las nuevas opciones que te ofrece la vida a cada instante” (ANF)
Emociones inteligentes
“Siempre me ha fascinado el tema de las emociones y la repercusión que éstas tienen para nuestra vida en general y para la salud en particular.
De pequeño me contaron aquello de que los seres humanos somos “animales racionales”, ya lo dijo Aristóteles, y todos sabemos cuanta razón solía tener el estagirita cuando hablaba sobre sesudos asuntos.
Pero un día, llamó mi atención sobremanera, tanto que aun lo recuerdo, que mi profesora de Filosofía en sexto del bachiller antiguo, al comentarnos dicha frase, musitó con la mirada algo ensimismada, “a saber lo que quiso decir el bueno de Aristóteles con esto”. Y lo cierto es que pensé que tenía toda la razón, “a saber lo que Aristóteles quiso decir”.
Durante mucho tiempo, sobre todo tras la victoria del pensamiento dualista cartesiano, se enfatizó la vía del pensamiento racional, pues se afirmaba con rotundidad “pienso, luego existo”, elevando el pensamiento a núcleo fundamental de la existencia. Esto, unido al triunfo de la razón y a la exaltación del método científico como única vía de conocimiento de la realidad, nos llevaron a creer, de modo erróneo según mi modesta opinión, que es el pensamiento racional el que preside nuestra vida, el motor de nuestro destino y el culmen de todo lo humano.
A pesar de las tímidas voces que de vez en cuando se alzaban planteado una visión diferente, no fue hasta la década de los 80, sobre todo a partir de que Goleman y su libro “La inteligencia emocional” llegara al gran público, que comenzara a cobrar importancia la esfera emocional en aspectos tan fundamentales como la toma de decisiones, el aprendizaje o la búsqueda de la felicidad, por citar sólo algunos de los más relevantes.
Pero la principal dificultad en este asunto radica en que la mayoría de las personas no tienen demasiado claro qué es una emoción, y mucho menos qué papel desempeñan en nuestra vida o cómo gestionarlas apropiadamente.
Muchos autores han tratado de definir la emoción. Así tenemos que para el profesor Guirao una emoción es “un estado de conmoción afectiva con claro componente corporal y participación somática, de súbita presentación y de cierta intensidad”, o lo que es lo mismo, “un estado no aprendido de agitación interior”.
Para otros como Le Doux, la emociones son “funciones biológicas fundamentales, productos de la evolución, que permiten al organismo sobrevivir en entornos hostiles, por lo que se han conservado prácticamente intactas a través de la historia evolutiva”.
Pero hay quienes simplemente las definen como “energía en movimiento”.
No trato aquí de buscar la definición más certera, ni tampoco la académicamente más exacta, sino de reflexionar acerca de la importancia de las emociones en nuestras vidas.
Así, podríamos decir que a nivel corporal, las emociones se perciben como una conmoción más o menos intensa de algunas de sus funciones. A nivel psíquico las experimentamos como un sentimiento, un afecto o una sensación.
Lo cierto es que las emociones no existen aisladamente, sino que lo hacen como elementos que forman parte de un sistema, de tal manera que a través de los mecanismos de somatización influyen en nuestra biología realizando cambios que, en función de su naturaleza, pudieran enfermarnos o sanarnos.
Todas ellas tienen una finalidad biológica que es útil llegar a comprender. La mayoría están diseñadas para conseguir la supervivencia del sujeto o de la especie, así como la mejor adaptación a un medio cambiante, es decir, existe una cierta inteligencia en sus propósitos y forman parte del proceso de desarrollo humano.
Personalmente soy de la opinión que los seres humanos somos seres especialmente emocionales, ya que nuestra reacción primaria ante cualquier acontecimiento es de tipo emocional (que posteriormente racionalizamos), y, además, aquello que consideramos valioso en nuestra vida suele estar ligado a la esfera emocional. Para la mayoría de las personas lo que nos hace verdaderamente felices son cosas como amar y ser amados, lo cual, para muchas personas, constituye un asunto más importante que aquellos logros que pudieran obtener a otros niveles.
Pero como seres humanos en proceso de crecimiento y desarrollo, las emociones no sólo han de ser vividas, experimentadas e integradas, sino que, sobre todo, han de ser trascendidas y desde ellas, en comunión con la esfera racional, ha de surgir un nivel más alto y sutil de inteligencia profundamente humana.
Es por eso que soy mas partidario de la “emoción inteligente” que de la llamada “inteligencia emocional”. Pareciera lo mismo, pero no lo es. La propuesta de la “Inteligencia emocional” prioriza los pensamientos y trata de conectarlos con las emociones, y es algo que está muy bien, no trato de menospreciarlo o desvalorizarlo, solo quiero exponer que mi camino es otro bien distinto, va por otros derroteros.
Entiendo que somos seres básicamente emocionales y desde ahí, desde la emoción, una vez somos capaces de gestionarlas de modo apropiado, hemos de hacer surgir el pensamiento que las module y matices. Es algo así como que la emoción pone el impulso y el pensamiento la dirección, pero nunca el pensamiento ha de tornarse frío o distante, ni tampoco olvidar la verdadera ruta que nos enseña y nos marca la esfera emocional, “el camino del corazón”, ya que por él han de transitar todos aquellos que aspiran a despertar y tienen como meta su propia Autorrealización. (ANF)
Somos seres emocionales
“Es curioso que sigamos considerándonos seres predominantemente racionales cuando son las miradas, las sonrisas, las caricias… lo que desde el punto de vista humano resulta más valioso para nosotros, porque nos estremecen en lo más profundo de nuestra alma, conmueven nuestro corazón y llenan de alegría nuestras vidas, de un modo mucho más intenso y placentero que cualquier sofisticada reflexión científica” (ANF)
Aprender de la célula
“En ocasiones he aprendido mucho atendiendo al funcionamiento fisiológico de esas estructuras básicas que conforman nuestro cuerpo, las células. Y digo que he aprendido, para referirme no sólo a lo biológico, sino también a otro tipo de enseñanzas que me han ayudado en la vida en otro nivel totalmente diferente del meramente material.
Desde mis tiempos de estudiante me ha maravillado, y me sigue maravillando, esa capacidad que tiene cada célula de escoger lo que necesita y eliminar lo que le sobra, en orden a mantener su propio equilibrio interno, la llamada homeostasis celular.
Es en cierto modo sorprendente la capacidad que posee su membrana para realizar esta función. La llamamos “permeabilidad selectiva” y parece guiada por una especie de inteligencia natural que permite mantener lo que necesita y eliminar lo tóxico o superfluo.
Así, cada célula, a través de su pared, deja pasar una cosas y otras no, de la misma forma que elimina lo que no quiere mientras mantiene lo necesario para su supervivencia.
Obviamente, todo ello sucede cuando se trata de una célula saludable. Precisamente la perdida de esta capacidad hace que la célula enferme o muera.
Hasta aquí, no he dicho nada que la mayoría de las personas que tengan unos conocimientos básicos de biología no conozcan, pues he descrito un fenómeno meramente fisiológico.
Pero demos un salto, apliquemos dicho principio vital, el de la “permeabilidad selectiva”, a otra dimensión del ser, como por ejemplo la esfera emocional.
¡Que bueno sería que todos tuviésemos la inteligencia que tiene una membrana celular!
Dejaríamos entrar lo que nos conviene al tiempo que rechazaríamos todas aquellas emociones negativas y perjudiciales que cada día rondan a nuestro alrededor. Además, conservaríamos lo bueno, lo positivo, mientras que nos desprenderíamos de lo inútil y de lo dañino.
Pero por desgracia, según parece, la mayoría de nosotros es menos hábil en estos asuntos de lo que lo es una simple membrana celular en los suyos. Parece mentira que una membrana tenga más inteligencia práctica que muchas de las personas que conozco, ya que ellas suelen hacer justo lo contrario, dejan entrar lo nocivo, son poco permeables a lo positivo y mantienen durante años las toxinas mentales que poco a poco le corroen y le destruyen internamente.
Afortunadamente, cada día son las los enfoques psicológicos occidentales, ya que el Budismo lo planteó hace 2500 años, que enseñan a las personas a ser selectivos con lo que reciben, y se basan en un sencillo principio “si te ayuda lo tomas, si te daña lo dejas”.
Igualmente, modernos enfoques psicológicos nos dicen, suelta tus toxinas internas, no tienes la obligación de retenerlas por más tiempo, “mantén lo útil, elimina lo que no sirva”.
Pero por algún extraño motivo, nuestra mayor complejidad cerebral y nuestra mayor “inteligencia” no nos ha servido para ser más felices sino, en muchos casos, para liarnos un poco más y perdernos en bucles recursivos generados por preguntas y afirmaciones tales como: “por qué me pasa esto a mi”, “he de descubrir la causa”, “no he de olvidar lo que me han hecho”, “es que los demás no me dejan ser feliz”… y tantos y tantos pensamientos inútiles.
Hay algo que me parece de sentido común y por ello trato de practicarlo, me refiero a fijarme en como lo hacen las personas que funcionan bien en la vida, para aprender de ellos, al tiempo que también observo a aquellos “sufridores profesionales” para identificar y no caer en lo que ellos hacen. De todos podemos aprender, de unos en un sentido y de otros en otro.
Y yo, que soy tan simple mentalmente como una membrana celular, hace mucho tiempo que elegir ser selectivo emocionalmente: “si me ayuda entra, si me limita se queda fuera”. (ANF)
Generar felicidad
Protegerse del ruido
“Según muestran los datos, vivimos en una sociedad, la española, que es la segunda más ruidosa del mundo. Desde el punto de vista de la salud esto no resulta nada beneficioso, como tampoco lo es para la calidad de vida, pues son muchos los estudios que confirman las repercusiones negativas que produce en el organismo el exceso de ruido.
Padecemos en muchas de nuestras ciudades un exceso de contaminación acústica que supera en ciertos lugares el límite máximo admitido por la OMS, que es de 65 decibelios. Se admite, también, que en nuestras ciudades el 80% de la población padecen una cierta forma de sordera ligada a la contaminación acústica. Además se han realizado estudios que demuestran que los jóvenes entre 15 y 25 años, en su mayoría tienen afectada la integridad de su capacidad auditiva.
El transporte, la construcción y la industria suelen ser los principales responsables de dicha contaminación, aunque en ciertos lugares aparecen otros elementos generadores de ruido como son los bares nocturnos o determinadas actividades relacionadas con el ocio en las que se concentran un número muy elevado de personas.
Muchas de los trastornos producidos por la contaminación acústica están relacionados con la esfera psicológica, como el insomnio, trastornos de la atención, de la memoria, ansiedad o exceso de irritabilidad, pero otras afectan a otros órganos y sistemas como es el caso de la tensión arterial, las contracturas musculares y los procesos digestivos entre otros.
Paras luchar contra el ruido es fundamental la concienciación ciudadana y la toma de medidas efectivas por parte de la administración correspondiente, situando vallas de protección acústica, utilizando materiales aislantes sonoros en las construcciones o regulando la intensidad o los horarios de actividades acústicamente contaminante.
Por nuestra parte, podemos aportar nuestro granito de arena tratando de ser un poco menos ruidosos, evitando poner música, televisión, etc. a un volumen excesivamente elevado y buscando momentos de silencio y de contacto con la naturaleza, cuyos sonidos ejercen un efecto relajante y sedante sobre el organismo” (ANF)
Sensibilidad y fortaleza
Artritis reumatoide
“La Artritis Reumatoide (AR) es una enfermedad inflamatoria crónica que se manifiesta en todo el cuerpo pero que afecta principalmente a las membranas sinoviales y articulares. Afecta aproximadamente a un 1% de la población triplicando el número de mujeres respecto a los hombres. Puede afectar a diversas articulaciones, aunque las más frecuentes son las manos, pies, muñecas y tobillos y su progresión puede llevar a deformidades articulares. El mecanismo por el que se producen estas alteraciones se debe a un proceso autoinmune, es decir, son las propias defensas del organismo las que atacan a los tejidos sanos afectándolo, incluso llegando a destruirlos.
La medicina convencional ha utilizado para su tratamiento diversos remedios como las sales de oro, aunque actualmente utiliza sobre todo los antiinflamatorios, los corticoides y los inmunosupresores (como el methotrexato). Actualmente se están empleando también los anticuerpos monoclonales y otros agentes biológicos para tratar de frenar esta enfermedad degenerativa.
Desde el punto de vista de la Medicina Integrativa, otros factores han de ser tenidos en cuenta.
La dieta adecuada, como siempre, es bastante importante. Sabemos que una alimentación con predominio de alimentos crudos, frutas, verduras y fibra con un buen aporte de ácidos grasos poliinsaturados, juegan un papel fundamental. Se han hecho estudios que demuestran la importancia de una alimentación vegetariana en pacientes con esta problemática. Es importante también el aporte de algunas substancias antioxidantes como la vitamina C.
Es interesante, además, el uso de MSM, gran aportador de azufre y detoxificador hepático que ha demostrado una disminución de la sensibilidad al dolor.
Existen estudios que constatan la utilidad de aportes de EPA (Ácido eicosopentanioco) y de otras substancias como el Condroitin sulfato y la Glucosamina.
Otros factores a tener en cuenta son el estado de la flora microbiana del intestino, la cual habrá que cuidar, así como la detección y eliminación de las alergias e intolerancias alimentarias, para las cuales ciertos métodos como la Biorresonancia están especialmente indicados.
Entre las plantas medicinales que pueden ser útiles para estos enfermos tenemos la Cúrcuma, que posee importantes efectos antioxidantes y antiinflamatorios; el Jengibre, que inhibe la síntesis de substancias proinflamatorias que son responsables de ciertos fenómenos articulares; la Raíz de Bupleuri, planta china que se utiliza en algunas fórmulas magistrales para el tratamiento de esta enfermedad; el famoso Harpagofito con un importantísimo efecto a nivel articular o la Boswelia, así como un largo etc. de plantas coadyuvantes tales como la ulmaria, fresno, regaliz, etc.
También se están utilizando los enzimas proteolíticos como la Bromelaina, para tratar no sólo el componente inflamatorio en fase aguda sino también los efectos crónicos de esta patología.
Terapias físicas como los masajes, la movilización cuidadosa de las articulaciones afectadas, y otras ayudas terapéuticas como la Psicoterapia de apoyo, pueden ser también importantes herramientas a tener en cuenta.” (ANF)


