Mente vieja y mente nueva

Mente vieja y mente nueva

menta vieja y mente nuevaTodos nosotros, lo sepamos o no, hemos realizados muchos cambios a lo largo de nuestras vidas. Algunos de ellos han sido conscientes, otros, en cambio, no. A estos últimos los llamamos “cambios ciegos”, y se caracterizan porque, en estos casos, nos encontramos imposibilitados para poder programarlos convenientemente en la dirección adecuada, simplemente ocurren.

Pero para alguien que quiera desarrollar su potencial, para alguien que decida poner toda la carne en el asador en lo que se refiere a crecer como ser humano, es necesario realizar los cambios de forma voluntaria, libre y programada.

Sea como fuere, lo que parece evidente es que no podemos sustraernos a los procesos de cambio en la vida, aunque no nos demos cuenta de ello.

Para los seres humanos, uno de los cambios más importante que podamos llevar a cabo es el que se produce cuando elegimos involucrarnos en un proceso de autorrealización.

Esto significa que decidimos transformar nuestra mente desde un estado limitado hacia otro más puro, armónico y feliz, algo totalmente imprescindible para cualquier persona que anhele vivir mejor. Podríamos describir este proceso como el cambio de la “mente vieja” a la “mente nueva”.

Hemos leído que en la simbología cristiana existe una metáfora similar, la del paso de “hombre viejo”, que viene representado por Adán, al “hombre nuevo”, que se refiere a los nacidos en Cristo mediante el Bautismo.

Este mismo fenómeno de transformación de la mente hacia un estado más puro se encuentra, también, simbolizado y representado de forma parecida en otras tradiciones espirituales, y siempre aparece ligado a ritos de muerte y renacimiento: morir a lo viejo y nacer a lo nuevo.

Así, el paso de “la mente vieja” a la “mente nueva”, ha de significar una especie de muerte simbólica, de renuncia a lo que nos sobra y limita, para dar lugar al nacimiento de aquello que nos desarrolla.

Por tanto, no podemos perder de vista que en dicha transformación será necesario un esfuerzo. Cambiar voluntariamente hacia las metas elegidas es algo que cuesta, al igual que también cuesta todo aquello que tiene un cierto valor en la vida.

Así que deberíamos prestar especial atención al hecho de que en todo cambio hay pérdidas, y que si eso no se tiene en cuenta o las pasamos por alto, pueden dificultar la transformación hacia el nuevo estado.

El paso, pues, de tener “mentes viejas” a tener “mentes nuevas”, lleva implícito el dolor de la pérdida de lo antiguo, y también la dificultad del “parto” hacia lo que ha de nacer.

Pero dichas dificultades se soslayan cuando nos damos cuenta de que, al mismo tiempo, nuestra transformación interior contiene implícitamente la alegría que emerge de forma espontánea cuando realizamos nuestra verdadera naturaleza y nos liberamos de nuestros miedos, incertidumbres y antiguas limitaciones.

Para Francesco Alberoni, sociólogo italiano,  este tipo de cambio es denominado “estado naciente”, a propósito del cual dice: “no es un modo de ser estable, duradero, sino como un nacimiento, un despertar, un descubrimiento de que lo posible se abre ante nosotros”.

Este estado naciente de Alberoni, que equivale a la concepción de nuestra “mente nueva”, se produce cuando rompemos las barreras de aquello que nos sujeta, los convencionalismos, las culpas, los miedos y emergemos a un estado del ser mucho más pacífico, sereno y amoroso.

Pero no olvides que todo tiene un coste, y quizás debieras preguntarte ¿cuál es tu elección, si mantenerte en el “dulce sueño de la mente vieja” o decidir correr el riesgo de nacer en la luz?

Editorial de junio 2014

Editorial de junio 2014

editorial de junioNos encontramos a las puertas del verano y resulta francamente extraño comenzar con lluvia los primeros días de un mes como junio.

Pero así ha sido. Cada vez el tiempo está más raro, aunque recordemos que los antiguos decían aquello de que “hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo”. ¡Por algo sería!

Supongo que estas lluvias no sean más que una cosa esporádica y a partir de ahora, previsiblemente, las temperaturas tenderán a aumentar, como es normal en esta época del año. No obstante, con aquello del cambio climático cada vez resulta más difícil realizar predicciones certeras acerca del tiempo y de las temperaturas.

Para algunas familias estos días de junio son una fechas emocionalmente intensas, pues muchos alumnos acaban el bachiller y se gradúan en sus respectivos colegios o institutos. Y casi sin solución de continuidad, comenzarán su preparación para los exámenes de selectividad que tendrán lugar a mediados de mes (más o menos).

A partir de ahí se incrementa la incertidumbre de si entrarán o no en la carrera que quieren realizar o en la facultad en la que desean estudiar.

En mis tiempos todo esto era bastante más fácil. Al menos no lo recuerdo con ese estrés con el que se vive ahora.

Cuando finalicé COU, fui al Instituto, me dieron las notas y ya está. Ni fiesta, ni ceremonia de graduación, ni nada de nada. Después te examinabas de selectividad y tenías menos nervios para elegir ya que, por un lado no había nota de corte, así que entrabas donde solicitabas, y, por otro lado, había menos carreras para elegir, así que la elección planteaba menos dificultades que ahora.

Además, la mayoría de los alumnos solían estudiar en su ciudad de origen, a menos que no existiese allí la carrera elegida o que la familia tuviese una buena posición económica y enviase a sus hijos a alguna prestigiosa facultad nacional o foránea.

Ahora, cuando hablo con chavales de segundo de bachiller siempre les pregunto, y qué quieres hacer. Hay de todo, quien lo tiene muy claro y quienes a pocos días de tener que rellenar su solicitud aún no saben qué carrera elegir.

Alguno me ha preguntado acerca de que le aconsejaba yo, por aquello de que los conocía desde pequeños. Mi respuesta es siempre la misma, “elige aquello por lo que sientas pasión”.

Porque estoy totalmente convencido de que la pasión es un ingrediente fundamental del éxito y de la felicidad, ya que aquellas personas que disfrutan con lo que hacen, más tarde o más temprano son exitosas y viven más felices.

Claro está que tendría que aclarar un poco qué es lo que entiendo yo por éxito, porque mi comprensión no es la habitual.

Para la mayoría de las personas, ser exitosos en la vida significa triunfar con un buen puesto de trabajo y, como dicen ahora los chavales jóvenes, “estar forraos a los treinta y cinco o cuarenta”.

Es posible que muchos de los que consiguen lo anterior se sientan afortunados y exitosos. Yo no tengo nada en contra de ello. Más bien tengo algunas preguntas y ciertos matices.

Desde mi punto de vista el éxito no lo mide el nivel socioeconómico alcanzado, aunque esto pueda ser importante, sino más bien el nivel de satisfacción personal que encuentras con lo que haces.

El éxito, según entiendo, tampoco tiene que ver con la fama alcanzada, sino con la coherencia interna con la que vivas y con la experiencia de estar viviendo una vida significativa para ti y para quienes te rodean.

Si además de esto, “estás forrao”, pues mejor. Pero si para conseguir más dinero has de traicionar tus ideales, enterrar tus sueños o vivir de un modo que no quisieras, pues entonces habrías de replanteártelo, a menos que quieras vivir “exitosamente infeliz”.

Porque, posiblemente, al final de nuestros días no pensemos en cuanto dinero hemos ganado o en cuantas medallas nos colgaron, sino que habremos de enfrentarnos desnudos y sin equipaje al más implacable de los jueces, nuestra propia consciencia, para dar buena cuenta de sí realmente vivimos con amor y con honor. Entonces sabremos, sin lugar a dudas, si fuimos exitosos o no.

Personalmente estoy convencido de que es difícil sentirse exitoso si no te honras a ti mismo. Y nos honramos cuando seguimos nuestras profundas convicciones, nuestros sueños e ideales, en lugar de renunciar a ellos por un puesto más seguro o por un sueldo más alto.

Tal vez para conseguir lo anterior debamos de aprender a correr algún riesgo, cosa que parece poco popular hoy día. Y también tener presente que quizás pasemos por momentos difíciles y que nos hagan dudar de si realmente mereció la pena el esfuerzo realizado y los sacrificios vividos.

En esos momentos, la esperanza, la disciplina, la perseverancia y otras muchas cualidades mentales vendrán en nuestra ayuda para confirmar que quien sigue su voz interior y lucha honestamente, con convicción, por seguir su propio camino, más tarde o más temprano, conseguirá el éxito que tanto ansía.

Por todo ello, cuando, como dije antes, me preguntan acerca de que les aconsejaría estudiar, siempre les digo “sigue tu pasión, trabaja en lo que te guste y en lo que te sientas realzado”.

Algunos ponen cara rara y me dicen, “es que me han dicho que lo que yo quiero hacer tiene pocas salidas”. Entonces les respondo, “para alguien que ama su trabajo, se apasiona con ello y enfoca su energía en hacerlo lo mejor posible, la salida siempre aparece”.

Pero has de tener presente que este no es el camino de los mediocres, sino de los guerreros.

Así que la pregunta crucial no es qué carrera has de elegir, sino si estás dispuesto a luchar por tus sueños, es decir, si quieres ser un guerrero.

Porque cuando respondas a esas preguntas, el camino se abrirá claro y nítido frente a tus ojos.

Cambiando de tema, en otro orden de cosas, recordar que este año el Solsticio de Verano caerá el 21 de junio, momento en el que debido a la posición del sol el día alcanzará su máximo de duración y la noche el mínimo, marcando el comienzo del verano.

Las fiestas solares de San Juan, con su simbología de fuego y las numerosas tradiciones y rituales en los diferentes puntos de nuestro país, nos recuerdan cada año la importancia de la purificación y de la renovación. La importancia, también, de eliminar, en este caso a través de las hogueras, lo viejo y lo caduco, para dejar espacio a lo nuevo que ha de venir.

Comenzamos un tiempo, pues, para aprender a soltar lastre y a aligerar peso, así como para volver a renovar nuestras ilusiones y proyectos.

Aprovechemos la energía de este mes para aprender a brillar como la luz del sol y poder así, iluminar nuestro camino y hacer posible que también que dicha luz ilumine a quienes nos rodean.

¡Feliz Junio!

Fluir con la vida

Fluir con la vida

El cambio es inherente a la vida. Tratamos de buscar estabilidad en un mundo que es cambiante al tiempo que tú y los demás, también cambian. Sin embargo, encontramos muchas personas que sufren porque tienen dificultad para gestionar dichos cambios, sobre todo porque les faltan recursos para hacerlo. A ellos va dedicado este post.

Piensa que la mente común, en lugar de fluir con la vida, trata de buscar la estabilidad mediante la errónea pretensión de que nada cambie, que nada se modifique. Esto nunca sucede, y el mecanismo de defensa que  estructuran suele acabar en una neurosis. La mente común  también mantiene una especie de deseo obsesivo de congelar cada instante en lugar de permitirse fluir con los acontecimientos. Esta manera de abordar los cambios genera rigidez mental y malestar emocional. Sigue leyendo

Acoger nuestros contenidos mentales

Acoger nuestros contenidos mentales

Acogida ecuanimeUna de las cosas más importantes que el alumno que ha comenzado a aproximarse al entrenamiento sofrodynámico ha de aprender es a diferenciar entre el qué y el cómo. Porque una cosa es lo “qué” uno hace y otra bien distinta es “cómo lo hace”. Esta diferencia es fundamental, pero no todo el mundo es consciente de ello.

Con mucha frecuencia tenemos más dificultades en gestionar el cómo que en  darnos cuenta de el qué. Por ejemplo, muchas personas meditan, pero cómo meditan es otro asunto.

Lo realmente importante, y lo que marca la diferencia, es la motivación y la actitud con la que realizamos cada acción.

Se dice que existen diferentes tipos de actitudes, de la misma forma que también existen diferentes tipos de motivaciones.

Desde mi propia experiencia, puedo afirmar que una de las actitudes más importantes para nuestro desarrollo personal y que a su vez es más sanadora, es la llamada actitud de Acogida Ecuánime.

Trataré de explicarla brevemente.

Normalmente nos pasamos la vida queriendo mantener cerca aquello que nos agrada y rechazando aquello otro nos molesta. Esto nos parece bastante lógico y normal, ya que pretender lo contrario sería calificado como enfermizo.

Y para ciertas cosas de la vida es útil dicho planteamiento. Preferimos sentarnos en una silla cómoda que hacerlo en una incómoda. Nos gusta llevar una ropa agradable al tacto en lugar que otra que nos oprime o molesta. Y así podríamos comentar un sin fin de situaciones cotidianas.

De entrada, no hay nada extraño en querer disfrutar de lo agradable y alejar lo que no lo es. Más bien es una tendencia normal y saludable.

El punto crucial radica en los mecanismos mentales que ponemos en juego para hacerlo, porque en lo referente a los procesos del mundo interior la cosa ya no está tan clara.

Las actitudes de apego y rechazo provocan tensión interior, para mantener lo que nos gusta y evitar lo que nos desagrada. Por tanto, mediante los extremos de apego y rechazo no generamos satisfacción sino sufrimiento.

Llamamos apego al deseo de mantener algo agradable, y aversión a querer rechazar lo que no nos gusta.

Curiosamente parece como si la vida jugase con nosotros, porque lo que deseamos se nos escapa y lo que no queremos suele aparecer, con lo cual generamos frustración y sufrimiento innecesario.

Según la doctrina que enseño Sidharta Gautama, el Buda, esta polaridad dualista de nuestra mente se encuentra en la base del sufrimiento humano.

Según las enseñanzas budistas, alcanzamos la liberación del sufrimiento cuando somos capaces de trascender dicha tendencia de la mente. Eso es algo que han demostrado, no sólo mediante la especulación filosófica, sino con numerosos ejemplos prácticos de personas que así lo han hecho.

Si se ha demostrado ampliamente que el aferramiento y la aversión nos hacen sufrir, entonces ¿por qué cultivarlos?

Para aquel que quiera dejar de sufrir inútilmente, se hace necesario aprender a gestionar los mecanismos que nos hacen apegarnos a ciertas situaciones o rechazar otras. Pero, ¿cómo hacerlo?

Pues mediante el cultivo de la actitud de Acogida Ecuánime.

El estado deseable de la mente que se conoce como ecuanimidad es aquel que se genera cuando nos situamos más allá del apego por unos objetos y de la aversión por otros.

Ecuanimidad significa no aferramiento y no rechazo. Es un dejar fluir sin agarrase a los contenidos mentales ni al diálogo interior que continuamente nos bombardean.

Algunas personas pensarán que dicho estado de ecuanimidad es algo así como la pasividad ante los acontecimientos. Hay quien ha creído erróneamente que desarrollar la ecuanimidad es sinónimo de hacerse un pasota de todo. Esto es una comprensión bastante limitada e inexacta  del asunto.

Ser pasota significa que no nos interesa nada. Sin embargo, somos ecuánimes porque nos interesa nuestra felicidad y la de los demás. La diferencia es notable entre uno y otro estado.

Ser ecuánime no significa que nos quedemos parados sin hacer nada ante las situaciones conflictivas, sino que es una actitud interior que nos libera del sufrimiento porque afrontamos dichas situaciones desde un modelo mental diferente, de tal manera que podríamos decir que desarrollar la ecuanimidad es como aprender a aplicar inteligentemente las leyes que rigen nuestros procesos mentales.

La ecuanimidad es pues el mejor método que se conoce para matar de hambre al sufrimiento.

Imaginemos que estamos en una pista de frontón y que la pelota es un contenido mental que no nos gusta. Si tratamos de rechazar la pelota para alejarla de nosotros, encontraremos que mientras más fuerte la golpeemos mas fuerte nos volverá. Si seguimos utilizando la estrategia de querer mandarla lejos, no funcionará, porque tenderá a volver con más fuerza. Si queremos que la pelota pare, simplemente, hemos de dejar de rechazarla. Si no la volvemos a golpear, seguirá botando durante un tiempo hasta que finalmente se parará sola.

De la misma manera sucede con los contenidos mentales. Si no nos aferramos ni los rechazamos, ni utilizamos el diálogo interno para alimentarlos, poco a poco, se pararán y se disolverán.

Durante el entrenamiento en Sofrodynamia® se propone al alumno que desarrolle la actitud de “Acogida Ecuánime” de los contenidos que aparecen en su consciencia, es decir, el no aferramiento y el no rechazo, tanto si los contenidos mentales nos gustan como si no.

Este es uno de los mejores mecanismos para calmar el torbellino de nuestra mente, y aunque no es sencillo, es bastante efectivo y, por supuesto, merece la pena intentarlo.

Cultivar la Acogida Ecuánime es el primer paso que se ha de dar para alcanzar la felicidad que anhelamos, porque esta actitud es una maravillosa herramienta que nos aleja de la agitación mental y nos permite alcanzar un estado de mayor serenidad y paz.

 

Vivir apasionadamente

Vivir apasionadamente

vivir con pasiónSer sabio significa que somos capaces de saborear la vida, de disfrutar de lo más profundo de su esencia, y eso sólo se consigue cuando se vive apasionadamente.

Siempre he admirado a las personas que ponen pasión en todo aquello que hacen, a quienes son unos enamorados de sus tareas, a quienes imprimen en su vida un sello tan especial que contagia a los demás sólo con mirarlos, porque transmiten su amor y su entusiasmo por todo aquello que hacen, ya sean las cosas más grandes o las más sencillas.

La pasión es aquella característica que transforma algo corriente en algo especial, porque cuando descubrimos y seguimos nuestra pasión nos transformamos en unos seres únicos y especiales.

Aunque no seamos consciente de ello, siempre podemos elegir entre vivir una vida mediocre o desarrollar nuestro potencial al máximo para dar al mundo aquello que hemos venido a aportar.

Para eso habremos de comprometernos con nuestros propios sueños, con aquello que nos permite florecer y dar frutos, y esto hará que nuestra vida posea un significado diferente.

Los apasionados son quienes luchan y persiguen sus sueños, ya que hacen lo que aman. Son personas brillantes y magnéticas porque enfocan su esfuerzo hacia aquello en lo que creen.

Hoy día la pasión se relaciona con la felicidad y se considera que es un elemento imprescindible para conseguirla.

Por tanto, en algún  momento de la vida habremos de preguntarnos si realmente hacemos lo que amamos o si, por el contrario, nos encontramos viviendo una vida rutinaria y sin apasionamiento.

Vivir con pasión es como dar un sí incondicional a la vida, pero, realmente ¿nos encontramos preparado para ello?

Poner pasión en la vida también se relaciona con alcanzar la excelencia, porque cuando nos apasionamos hacemos las cosas de la mejor manera posible y con la mejor calidad.

Con frecuencia, vivir con pasión, marca la diferencia entre quienes son exitosos y quienes no, porque también tiene mucho que ver con el entusiasmo, y gracias a ese entusiasmo somos capaces de perseverar incluso cuando las condiciones resultan adversas.

Por eso, si quieres saborear la vida en toda su profundidad y ser fiel a tu propio destino,

es importante que descubras y sigas tu pasión, porque seguir la pista de aquello que realmente nos apasiona, lo que nos hace vibrar y nos permite sentir la vida de un modo especial y único, es lo que marcará la diferencia entre vivir con plenitud o vegetar en una vida rutinaria y mediocre.

 

A propósito del cambio

A propósito del cambio

a propósito del cambioAprender a gestionar adecuadamente los procesos de cambio es una de la principales habilidades implicadas en el proceso de desarrollo humano.

A continuación expondré una serie de reflexiones que nos ayudarán a entender mejor dichas cuestiones.

 

1.- ESTAMOS SIEMPRE EN CONTINUO PROCESO DE CAMBIO: Todo el universo cambia y los seres humanos no escapamos a dicha ley inexorable. El cambio es el único fenómeno permanente y constante, siendo inmanente a la naturaleza humana, ya que, lo queramos o no, seamos conscientes o no, estamos siempre en continuo cambio en todos los diferentes niveles de nuestro ser, físico, mental y espiritual.

 

2.- EN TODO PROCESO PUEDEN APARECER CAMBIOS NO DESEADOS: Todo está en permanente cambio, sin embargo unas veces somos conscientes de ellos y otras veces no. En muchas ocasiones nos sentimos incapaces de gestionarlos de una forma adecuada, de tal manera que, con frecuencia, se producen aquellos cambios que no queremos y somos incapaces de llevar a cabo aquellos otros que sí deseamos.

 

3.- APRENDER ES CAMBIAR: El aprendizaje implica un cambio.  Aprender es pasar de un estado de menor a otro de mayor conocimiento. Cada vez que aprendemos una nueva habilidad o destreza estamos realizando un cambio en nuestra ,manera de entender y afrontar la realidad. Así que, sin lugar a dudas, podemos afirmar que aprender es cambiar.

 

4.- PARA CRECER NECESITAMOS CAMBIAR: En un contexto de crecimiento y desarrollo nos interesan todos aquellos aprendizajes que nos permiten generar cambios en sentido potenciador.  Sabemos que cada tipo de cambio distinto requerirá un tipo determinado de aprendizaje diferente, pero quizás el mejor aprendizaje de todos es el que nos enseña a “aprender a aprender”.

 

5.- DESARROLLARSE ES MODIFICAR NUESTRO MODELO DEL MUNDO: Es imprescindible saber que no experimentamos directamente lo que el mundo realmente es, sino que experimentamos solamente aquellas representaciones mentales que poseemos según nuestro modelo.

También es importante darse cuenta de que aquello a lo que llamamos aprender no es un mero absorber información sino que más bien será un continuo crear y recrear nuestros modelos mentales. Muchos sufrimientos se producen porque nuestro modelo no responde apropiadamente a la realidad o porque dicho modelo no tiene recursos suficientes para actuar en el mundo de una manera eficiente. Así que cualquier aprendizaje potenciador tendrá como característica un enriquecimiento de nuestro modelo.

 

6.- EL DESARROLLO NO ES UN PROCESO LINEAL: El desarrollo humano raramente es un proceso lineal, más bien es un proceso de tipo espiral, en el que en cada una de sus vueltas retomamos, básicamente, los mismos asuntos pero asumiendo nuevos y diferentes puntos de vistas con una perspectiva más global.

 

7.- CAMBIAR PUEDE SER UN PROCESO CON ALTIBAJOS: También se puede decir que el cambio puede ser un proceso en el que existen picos y valles. Habrá momentos en los que nos sentimos plenos y llenos de vitalidad y, junto a esos momentos, existen otros de gran dureza y en los que, en algunos casos, perdemos un poco el sentido de las cosas y el rumbo de la vida. Es por ello que una cierta guía y un acompañamiento de alguien que conozca estos asuntos puede ser bastante eficaz como compañero en este viaje.

 

8.- TODO CAMBIO TIENE SUS PEGAS: En todos los procesos de cambios existen pegas. Pensar que no existen o pasarlas por alto puede hacer que el cambio no funcione, pero en ningún caso ha de ser un obstáculo lo suficientemente fuerte como paraque nos instalemos en el estancamiento.

 

¿De qué trata la Sofrodynamia®?

¿De qué trata la Sofrodynamia®?

herramientas mentalesCon mucha frecuencia escucho preguntas como estas, ¿qué es eso de la Sofrodynamia®? ¿Es una especie de técnica de relajación? ¿Es algo oriental? ¿Tiene que ver con el desarrollo humano? ¿Se puede aprender?…etc.

Así que voy a tratar de aclarar algunas ideas.

Decidir arriesgarse a vivir una vida mejor que la que actualmente tenemos es algo sumamente importante, valioso y, en cierto modo, arriesgado.

Posiblemente sea ésta una de las decisiones más serias que podamos realizar en nuestra vida, ya que requiere un serio compromiso por parte de quien así lo decide. Dicho compromiso es siempre consigo mismo, nada que ver con algo o con alguien exterior o ajeno.

En el caso de que aceptes asumir el reto de vivir mejor, vas a necesitar valor, coraje, disciplina, constancia y, tal vez, algunas otras cualidades más, pero, sin lugar a dudas,  puedes confiar en que el esfuerzo que realices merecerá la pena. Al menos así lo han constatado quienes en su día decidieron emprender este camino.

En el mundo material, cuando queremos mejorar el funcionamiento de algo, parece evidente que es importante conocer la naturaleza de dicho objeto, así como las reglas que rigen su funcionamiento. Es decir, aprender acerca de lo que hace que funcione mejor, así como las posibles causas de avería y el modo de reparar el objeto cuando no funciona como es debido.

Si trasladamos esta idea al Mundo Interior, nos daremos cuenta  de que es a través del autoconocimiento que se va produciendo la progresiva transformación que nos hace más hábiles y competentes en lo referente a alcanzar nuestras metas. Es pues un asunto de autoconsciencia ligado al aprendizaje.

Un ser humano es un sistema bastante complejo sobre el que inciden simultáneamente diferentes tipos de estímulos físicos, químicos, biológicos, psicológicos y energéticos como para intentar controlarlos todos en cada instante. Sin embargo, a pesar de dicha complejidad, existen algunas reglas de funcionamiento bastante sencillas, tanto que, cuando las conoces y las aplicas, con un poco de práctica puedes mejorar tu funcionamiento.

Dicho con un ejemplo, aprender Sofrodynamia® es como descubrir de manera práctica el manual de uso de la mente, una “guía rápida” que te permitirá obtener el mejor rendimiento en un tiempo no demasiado largo.

De esto trata la Sofrodynamia®, de aprender sobre nosotros mismos y sobre las reglas que nos permiten mejorar.  En resumen, y por decirlo de una manera muy breve, la Sofrodynamia® trata de enseñarte a gestionar mejor los procesos mentales para aprender vivir más plenamente.

 

La paciencia

La paciencia

2812643Normalmente creemos que paciencia es sinónimo de aguante. Hay quienes piensan que es paciente aquella persona que es capaz de soportar determinadas situaciones por un tiempo prolongado, incluso cuando estas son injustas, pero yo me pregunto si éste es el auténtico sentido de la paciencia.

Porque si admitimos eso, entonces, podría decirse que son muy pacientes los pasivos, quienes no se rebelan, los sumisos, o cualquier persona que carece de la voluntad y la determinación suficiente como para ser capaz de realizar cambios en su vida, manteniendo indefinidamente situaciones que a veces no debiera.

Sinceramente pienso que ser paciente no significa aguantar, sin más.

Tener paciencia no es sinónimo de soportar, ni tampoco de incapacidad para la acción. Entonces, ¿qué es la paciencia?

Hace tiempo alguien me enseñó que paciencia es la “capacidad para entender la verdadera realidad de cada situación y obrar conforme a ello”.

La paciencia, al menos desde el punto de vista sofrodynámico, implica una “consciencia diligente”, y esto no tiene nada que ver con la pasividad.

Ser paciente es, como dije antes, “saber entender” y ser capaz de buscar el momento apropiado para realizar cada acción evitando precipitaciones.

En cierto modo, la paciencia, es una capacidad de la mente que nos permite trascender los automatismos no conscientes, las respuestas del tipo acción-reacción.

Paciencia es, pues, una actitud mental que nos permite establecer “espacio” en nuestro mundo interior para comprender cada situación con mayor nitidez y claridad, sabiendo discernir entre las ocasiones en las que debemos actuar y aquellas otras en las que hemos de demorar la respuesta. A partir de dicha comprensión seremos capaces de elegir actuar o no, evitando con ello caer prisionero de nuestras reacciones automáticas.

La estrategia del «como si»

La estrategia del «como si»

La estrategia del %22como si%22Tenemos al tendencia a repetir patrones mentales, de tal manera que, casi sin que nos demos cuenta, vamos construyendo una mente que funciona de una forma rígida y previsible.

Pero es posible invertir esta tendencia. Para ello, lo primero que debiéramos hacer es  comenzar a plantearnos las cosas de un modo diferente.

Por ejemplo, preguntándonos ¿qué sucedería si nos asomásemos a la calle desde un balcón con una orientación diferente a la habitual, aunque dentro de la misma casa?

Pues sucedería que veríamos un panorama distinto. Esto no le extrañaría a nadie, porque todo el mundo asume que si miramos desde otro ala de la casa es lógico observar cosas diferentes.

¿Pero y si hiciésemos eso mismo desde los “balcones” de nuestro mundo interior? ¿Y si tratásemos de captar un mismo acontecimiento desde dos aspectos bien distintos de nuestro modelo?

Pues en este caso nos daríamos cuenta de que somos capaces de captar nuevas informaciones, las cuales ni siquiera imaginamos, y estas nuevas informaciones nos permitirían tener una comprensión distinta del acontecimiento.

A esta herramienta mental que amplia nuestro conocimiento la llamamos cambiar de perspectiva, y nos ayuda a disponer de  nuevos puntos de vista y, gracias a ello, a la posibilidad de acceder a una información mucho más completa. Un cambio de perspectiva significa, pues, que es posible contemplar los eventos de un modo diferente al habitual, lo cual, como ya se ha indicado, da lugar a que accedamos a matices que de otro modo pasaríamos por alto.

De este hecho se deducen varias cosas. Una de ellas es que, de manera común, toda información que manejamos acerca de cualquier evento es siempre relativa, ya que cambiará en función de quién lo observe y desde dónde lo observemos. Así que cualquier conclusión que saquemos tras una experiencia en la vida es también relativa.

Recuerda que es importante no perder de vista la posibilidad de aprender y avanzar incluso cuando los acontecimientos a los que nos enfrentamos sean adversos, a condición de que seamos capaces de cambiar de perspectiva y de obtener informaciones más relevantes y potenciadoras.

Visto esto, podríamos hacernos una pregunta algo más profunda y algo más teórica, ¿podría existir un determinado punto de observación privilegiado desde el cual fuese posible captar simultáneamente toda la información de un evento?

Porque si existiese dicho punto de observación, se podría afirmar entonces que existiría también un estado de consciencia desde el cual podríamos trascender las limitaciones de los procesos psicológicos habituales, accediendo, desde dicho punto, a todo el conocimiento acerca de la esencia de lo que las cosas son en realidad. Sería como tener acceso a un “Balcón de Sabiduría”.

Encontramos la respuesta en las diferentes tradiciones espirituales, las cuales sostienen la existencia de dicho estado de consciencia. Es lo que se ha venido llamando la “Mente Despierta” o la “Mente Búdica”, o en la cultura cristiana “la Mente Divina”, un aspecto omnisciente de la consciencia clara y lúcida.

De momento, usamos nuestra mente de una forma mucho más limitada, pero ¿podemos albergar la esperanza de acercarnos al logro de una “Mente Despierta”?

Se cuentan numerosos relatos de seres que lo han conseguido, y según parece es cuestión de tiempo, esfuerzo y dedicación.

Para aquellas personas implicadas en un proceso de desarrollo y crecimiento humano, dicho trabajo tendría, pues, una dirección bien clara, la de acercarse a este tipo de mente y, a la vez, alejarse de las percepciones propias de una mente limitada.

¿Cees posible trascender tus limitaciones para continuar avanzando por la “Senda del Despertar”?

Si hemos entendido correctamente todo lo que se ha expuesto hasta ahora, concluiremos que sí, que es posible.

Y si realmente sentimos el deseo de avanzar y desarrollarnos, entonces, una de las herramientas que deberíamos aprender a desarrollar es la de aprender a observar la realidad desde diferentes perspectivas.

Y para ello podemos comenzar utilizando la estrategia del “como si”.

Me explico. Dicha estrategia consiste en tratar de captar los acontecimientos imaginando como lo haríamos si nuestra mente estuviese despierta ya. También podríamos imaginar como aprehendería la información de dicho evento un Ser de Sabiduría.

El uso de esta estrategia, a la vez que potente es también divertida.

Podemos, pues, tomar la propuesta anterior como una especie de juego mental, pero es bastante probable que, si lo intentas, te sorprenda la capacidad de dicho “juego” para producir en nosotros transformaciones potenciadoras.

¡Acuérdate pues! Si tu anhelo es alcanzar un estado de la mente en el que predomine la sabiduría, ¿por qué no comenzar a ejercitarlo desde ya?

 

No dejes que la memoria te engañe

No dejes que la memoria te engañe

memoriaEn aquellas ocasiones en las que he expuesto algunas ideas acerca de la memoria y el modo nada fidedigno en el que recordamos nuestro pasado, muchas personas se   han sentido sorprendidas, incluso me han parecido algo incrédulas al respecto.

Quizás porque hasta ese momento pensaban que sus recuerdos eran una especie de “acta notarial de su pasado”, y se desilusionan al saber que no son tan fiables como hasta entonces creían.

Veamos esto más despacio.

Hoy día sabemos que nuestro cerebro es un órgano mucho más plástico y maleable de lo que en un principio se pensaba, de tal manera que cada día se crean, modifican y destruyen numerosas conexiones neuronales, con todo lo que ello implica.

Salvo en caso de enfermedad neurológica, siempre es posible aprender nuevas destrezas, a pesar de la edad que tengamos. Y todo ello se produce gracias a la creación de nuevas redes neuronales. Para lograr esto, la repetición y la constancia, es decir, el entrenamiento, es una herramienta clave.

También es posible mejorar y modificar lo que ya sabíamos, porque nuestro cerebro está especialmente dotado para el aprendizaje.

Hasta aquí, podríamos decir que disponemos de una fantástica herramienta para tratar de entender la realidad tanto de mundo exterior como del interior.

Sin embargo, parece que “no es oro todo lo que reluce”. Porque el cerebro también es un gran experto a la hora de crear falsas interpretaciones, ya que le encanta inventar historias y, en cierto modo, podría decirse que nos manipula.

Un ejemplo claro de esto es la memoria.

Hoy día sabemos que aquello que recordamos, muchas veces no tiene nada que ver con aquello otro que sucedió realmente. Se han realizado numerosos estudios que lo confirman.

De forma coloquial y menos académica, para comprobar lo anterior, basta con tratar de evocar un evento compartido de nuestro pasado para comprobar, en una reunión de amigos o familiares, las diferentes interpretaciones y discrepancias al respecto que pueden presentarse de ese mismo recuerdo. Porque cada cual lo recordará según su “peculiar manera”. Todos creerán que la correcta es la suya y que el otro está equivocado.

Lo cual quiere decir que una cosa es lo que experimentamos en un momento dado y otra bien distinta la que aparece en nuestra consciencia cuando queremos recordarla un tiempo después.

Pudiera parecernos extraña la afirmación de que aquello que recordamos no son más que construcciones mentales realizadas a partir de nuestra experiencia pasada, pero la cosa es así, tanto si nos gusta como si no.

Por consiguiente, sería bueno que comprendiéramos que nuestros recuerdos no son, pues, evocaciones literales históricas de nuestro pasado, como mucha gente cree de forma algo ingenua, sino que son “reconstrucciones” de los acontecimientos que han sido modificadas por el paso del tiempo y por nuestro propio modelo del mundo.

Si a esto le sumamos que, como he comentado en otros artículos, lo que llamamos “nuestras experiencias” no son más que otro tipo de construcciones mentales que también realizamos a partir de los fenómenos vividos, pues no cabe duda de que la cosa se complica un poco.

Por si fuera poco, ademas de todo ello, en cada observación que realizamos también nos encontramos limitados por la perspectiva desde la que accedemos a ella. Así que, tomando como base lo anterior, tal vez deberíamos plantearnos seriamente que, puestos a hacer construcciones mentales, ¿qué tal si aprendiésemos a realizarlas de la mejor manera posible?