“El aparato locomotor está formado por huesos, músculos y articulaciones junto a todo el componente ligamentario y tendinoso, los cuales conforman una unidad funciona cuya finalidad es mantener la postura y proporcionar movimiento a nuestro cuerpo. Los huesos constituyen la parte más dura, y además de ser el armazón sobre el que se construye la forma corporal, aportan además protección a ciertos órganos delicados como es el caso del cerebro y los pulmones. Los huesos son estructuras vitales en continua remodelación. la velocidad con la que estos procesos se desarrollan se van modificando con el paso de los años, de tal manera que a partir de cierta edad se destruye más hueso que el que se construye, lo cual hace que aparezcan patologías como la osteoporosis, con pérdida de la masa ósea. Se dice que un sujeto joven remodela completamente su esqueleto cada siete años, pero no envejecen a la misma velocidad el hueso de la mujer que el del hombre. Cada década una mujer pierde un 8% de masa ósea total, mientras que un hombre suele perder en torno a un 3%. Si realizamos los cálculos a lo largo de la vida, la pérdida de densidad mineral total es de un 30% para las mujeres y un 15% para los hombres. Dichas pérdidas comienzan en torno a los 30 años, pero se aceleran en caso de la menopausia y en situaciones de ciertas enfermedades o reposo prolongado. Hay en estos casos un aumento de la fragilidad y una disminución de su resistencia. Para mantener una salud ósea que contrarreste el proceso normal de envejecimiento se recomienda la realización de ejercicio regular y continuado durante toda la vida junto con una nutrición adecuada. La mayoría de las personas tienen claro que han de aportar un nivel apropiado de calcio apropiado en su dieta para nutrir los huesos, pero olvidan la presencia de otros minerales sin los cuales el calcio no puede cumplir su función. Los más importantes son el magnesio, el fósforo, el azufre y el silicio, y en menor cantidad encontramos otros como el boro. En una alimentación normal solemos tener asegurado el aporte de azufre y tampoco suele haber problemas con el fósforo, pero no tanto el de magnesio y bastante menos el de silicio, por lo que a partir de cierta edad, aportar suplementos de magnesio y silicio pueden ser bastante conveniente. Un error importante es pensar que el calcio en la dieta de un adulto ha de venir vehiculado por la leche y los lácteos. Nada más erróneo. Ningún mamífero lo hace y no se descalcifican. Es importante que el aporte de calcio se realice a través de alimentos que aporten un calcio bioasimilable en las cantidades apropiadas. En caso de que esto, por las razones que sea, no se pueda llevar a cabo a través de la dieta, es entonces cuando están indicado los suplementos.” (ANF)
Medicina Integrativa
Antioxidantes y alimentación
Cada vez más frecuentemente llama nuestra atención el mundo de los antioxidantes. Hoy día, dicho término, ha conseguido penetrar en la población de tal manera que, aunque uno no posea la más mínima noción de química básica, la palabra “antioxidante” suele sonar a algo bueno, algo que hay que tomar, sobre todo a ciertas edades o que hay que ponerse en la piel para retardar el proceso natural de envejecimiento cutáneo.
Y, podría decirse que no les falta algo de razón en esas afirmaciones, pero también es conveniente aprender a separar el trigo de la paja, es decir, ser capaz de discernir entre lo que son las realidades científicas más o menos constatadas y la presión mediática de ciertos laboratorios en los que la mayoría de las veces su objetivo es conseguir los máximos beneficios expresados en una buena cuenta de resultados a final de cada ejercicio contable, más que la salud como tal. Por eso soy partidario de tomar nuestros antioxidantes a través de la alimentación y suplementar cuando sea necesario con ciertos productos de garantía y calidad. Sigue leyendo
La palabra curativa
“De cuando en cuando vuelvo a retomar el tema de la importancia que tienen nuestras palabras, no sólo en el ámbito de la comunicación interpersonal sino también sobre la capacidad de intervenir en la salud de una manera activa, unas veces fomentando procesos curativos y otras entorpeciéndolos o, incluso, generando un daño.
Siempre he considerado que a los estudios convencionales de medicina en las facultades de nuestro país les faltan muchas materias importantes, al tiempo que le sobran algunos otros contenidos que poco o nada aportan a la práctica médica diaria. Al menos a mí nunca me enseñaron una buena base de dietética práctica, la tuve que aprender luego; ni me hablaron de diferentes enfoques médicos en el ámbito de las medicinas complementarias, también los estudié por mi cuenta; ni tampoco me explicaron la forma de hacer que el propio acto médico fuese curativo en sí mismo, ni el efecto que tiene lo que decimos los médicos sobre los pacientes, también tuve que aplicarme en aprender sobre ello una vez finalicé la carrera.
Gregori Bateson hablaba del “médico genosaludable”, para referirse a los profesionales que son generadores de salud, no ya por la prescripción medicamentosa o por su buena técnica quirúrgica, sino por su mera presencia y su impecable forma de interactuar con los pacientes.
Sin los profesionales de la medicina nos convirtiéramos en personas “genosaludables”, como decía Bateson, sería lo mismo que admitir que es posible que la curación comience en el mismo momento de la consulta médica. Nos habríamos convertido, pues, en “personas medicina”.
Pero para ello se hace imprescindible decir adiós a la mayoría de los discursos médicos habituales, ya que muchos compañeros no han entendido todavía que promover la salud es distinto de evitar la enfermedad (muchas personas son incapaces de reconocer la diferencia).
Con frecuencia escucho el relato de pacientes que refieren cómo han salido asustados, preocupados o, incluso, emocionalmente chocados, tras una consulta médica en la que la comunicación se enfoca en términos de riesgos, peligros y posibilidades de desenlaces infaustos. Piensio que cada paciente debería salir del consultorio algo mejor de como entró.
En ningún caso digo que haya que ocultar información, decir que lo negro es blanco, ni falsear los datos evidentes. Quienes me conocen saben lo poco partidario que soy de «dorar la píldora». El asunto es otro bien distinto. Más bien se trata de tomar consciencia de la importancia del «arte de comunicar», porque ¿de cuántas manera diferentes se puede dar una mala noticia? Seguro que descubrimos que hay formas que nos hunden más y otras que, diciendo el mismo contenido, hacen que nos sintamos esperanzados.
Si los médicos fuésemos conscientes del terrible daño que produce en el sistema inmunológico ciertas emociones como el miedo, o los bloqueos a la curación que aparecen por un estado emocional alterado, nos ahorraríamos muchos problemas y también los pacientes se ahorrarían algunos malos ratos.
Soy de la opinión que ayudamos más al paciente generando una actitud positiva que metiéndole miedo para conseguir que haga algo. También soy de la opinión que la palabra dicha por el médico ha de ser usada como «la primera medicina», que no por ser más sutil e inmaterial es menos poderosa que otras.
Así que, entre las muchas tareas que propongo mejorar es la ser cada vez más «genosaludable» y utilizar cada día mejor «la palabra curativa» para promover el proceso de sanación» (ANF)
Cuidados naturales para la piel
“La piel no es solamente un mero envoltorio de otros órganos y tejidos más nobles, sino que es en sí misma es un órgano bastante más importante de lo que normalmente imaginamos para el mantenimiento de la salud global del individuo.
Formado por una compleja estructura con distintos tipos de capas y células, es rico en diferentes clases de terminaciones nerviosas que son capaces de establecer un intercambio sensorial con el entorno gracias al sentido del tacto. La importancia de su papel en el ámbito de la comunicación humana y en lo referente a las implicaciones emocionales está fuera de toda duda. Además, es fundamental para otras funciones tales como la termorregulación, la absorción de substancias o la excreción de toxinas, funcionando como un verdadero riñón extra.
Por lo general, la mayoría de las personas enfocan los cuidados de la piel desde un punto de vista estético, pretendiendo eliminar manchas, arrugas, flacidez y demás consecuencias del envejecimiento de la misma. Todo ello está muy bien, pero no debemos de perder de vista las otras importantes funciones que dicho órgano posee, además de la estética.
Existen muchos productos naturales que pueden ayudarnos a mantener una piel joven y saludable, evitando los efectos nocivos, sobre todo, de la radiación solar y protegiendo, también, de las consecuencias negativas de la polución y otros agentes tóxicos.
Todo ello ha de basarse en una correcta alimentación y una hidratación adecuada, sin las cuales poco o nada se podría lograr. Una vez establecidas dichas bases, podemos aportar a la piel interesantes suplementos tales como:
Vitaminas
– Vitamina E: Nos defiende contra el estrés oxidativo. Se puede usar localmente y por vía general.
– Vitamina C: Tópicamente aplicada, junto a la vitamina E y el Ácido Lipoico, es un buen antioxidante cutáneo que protege contra la radiación solar y ayuda a sanar las heridas. También mejora la formación de colágeno, lo cual permite mantener la piel con aspecto joven debido a que mejora la laxitud y proporciona una piel más firme.
– La Vitamina D3: Ayuda a la proliferación y diferenciación de ciertas células cutáneas. También se ha comprobado que tiene un efecto antiinflamatorio de la piel, protegiendo de los efectos de las radiaciones solares, incluso de los efectos cutáneos por quimioterapia.
– Vitamina A: Junto con otros carotenoides Tales como el Licopeno (tomate), la Luteina (pigmento amarillo de la yema de huevo), la Zeaxantina (pigmento amarillo presente en algunas plantas), ayudan a proteger y regenerar la piel.
– El Ácido Pantoténico (englobada dentro del complejo B): Mejora el contenido de glutatión (antioxidante) y previene la muerte celular ligada a las radiaciones ultravioletas.
FIitoterapia
– Romero: El Romero aplicado tópicamente sobre la piel se ha comprobado que tiene un potente efecto antioxidante.
– Aceite esencial de limón; En aplicaciones tópicas favorece la regeneración cutánea y protege contra la oxidación celular.
– Hamamelis virginica: Planta muy utilizada para mejorar la circulación a nivel general. Aplicada en la piel es capaz de aliviar los eritemas producidos por radiación solar.
– Genisteina (componente derivado de la soja): Aplicada tópicamente inhibe el envejecimiento cutáneo, previene la carcinogénesis en la piel y favorece la regeneración del colágeno.
– Te verde: Administrado por vía oral es conocido por sus efectos antioxidantes a nivel general debido a su riqueza en polifenoles, tiene acción beneficiosa sobre la piel protegiéndola contra el efecto de los rayos UV.
– El Cardo mariano: Planta muy util para el hígado debido a su riqueza en silimarina, ayuda a prevenir el efecto cutáneo de diferentes elementos carcinogetícos.
– Cúrcuma: Debido a uno de sus componentes, la curcumina, ejerce sobre la piel un efecto fotoprotector, antiinflamatoio y antimutagénico.
Otros productos
– Ácido láctico: Aplicado tópicamente ayuda a proteger la piel contra el envejecimiento
– Coenzima Q-10: Ayuda a neutralizar los radicales libres. Localmente aplicada penetra en las capas de la epidermis y disminuye la profundidad de las arrugas. También protege el ADN ayudando a prevenir el fotoenvejecimiento
– Zinc: Mejora la cicatrización y es una ayuda importante para prevenir el estrés oxidativo.
– Selenio: Conocido antioxidante, por vía oral tiene una gran importancia como foto protector cutáneo frente a los rayos UV.
– N-acetil cisteína: Aplicado tópicamente protege contra los radicales libres, mejora los niveles de glutatión, y ayuda a mejorar los desórdenes proliferativos como la ictiosis.
– Ácidos grasos poliinsaturados (Omega -3 y Omega-6): Son substancias que realizan un gran número de funciones en el organismo. Son los encargados de mantener las membranas celulares en buen estado y proporcionan flexibilidad a la piel. Evitan, también, la pérdida de humedad manteniendo una piel flexible y previenen y reducen los eczemas.” (ANF)
Saber alimentarse
“Nadie duda hoy día de la importancia que tiene en nuestras vidas el modo en el que comemos y nos alimentamos, así como la repercusión de dichos hábitos dietéticos en el mantenimiento y la conservación de la salud, la mejora de los procesos de envejecimiento y la calidad de nuestra vida.
A pesar de todo ello, con frecuencia, recibo pacientes a los que tras el diagnóstico de una enfermedad o después de una operación se les dice “usted puede comer lo que quiera”. Pero cuando dichos paciente lo hacen, porque se lo ha indicado su médico, constatan que dicho consejo no es el más apropiado y en lugar de sanar se encuentran peor.
Recuerdo un día en el que visitaba a una querida amiga que había sido sometida a una complicada operación abdominal. Tras despertar de la anestesia no tuvieron otra idea para comenzar la alimentación que servirle tortilla a la francesa y pescado en adobo, ¡quien sería el lince que diseñaba el menú!
Y es verdad que los seres humanos tenemos una gran capacidad de adaptación a la hora de consumir distintos tipos de alimentos y probablemente sea la especia que tiene más variabilidad alimentaria, pero si tenemos en cuenta que no existe especie alguna en el planeta que sea capaz de comer cualquier cosa, en cualquier cantidad, y en cualquier época del año o momento del día, habremos de reflexionar acerca de si nosotros podemos hacerlo o no.
Si damos a un perro el alimento del canario, enfermará gravemente. Igual si hacemos lo contrario. Pero tenemos la idea que los seres humanos, al ser “omnivoros”, podemos comer “de todo”, en cualquier momento y en cualquier cantidad.
Para los humanos el acto de comer es más que la mera satisfacción de una necesidad biológica, para nosotros es un hecho social y cultural, pero el proceso íntimo de la nutrición no deja de ser más que un acto fisiológico y, por tanto, sigue unas reglas según nuestra propia naturaleza. Eso no deberíamos olvidarlo. Somos naturaleza y hemos de seguir sus leyes.
Por otro lado, el arte de bien comer, tampoco debiera convertirse en una especie de tortura cotidiana en la que quedamos atrapados entre distintas elecciones culinarias y sentimos un cierto remordimiento en caso de ingerir algo poco apropiado.
A veces no podemos elegir lo que sería ideal, pero siempre podemos tener ciertas opciones respecto a cómo alimentarse más correctamente. Con frecuencia escucho la excusa de “es que yo como mucho fuera”, y ciertamente eso puede entrañar una determinada dificultad, pero en mi caso, que he comido también mucho fuera, no recuerdo nunca que un camarero me obligase a tomar lo que no quería sino que siempre me sirvieron lo que les pedí. Así que en última instancia, y dentro de lo posible, fui yo quien decidió que tomar.
Así que, como en la mayoría de las cosas que nos atañen, una gran parte de responsabilidad hemos de asumir respecto al modo en el que nos alimentamos.
Desde mi punto de vista no existe una dieta única y universal que sirva para todas las personas. Lo que comemos nosotros en verano con temperaturas próximas a los 40º y con un trabajo sedentario, debiera ser distinto de lo que consume un minero que habita en climas fríos. Es de sentido común.
Por eso, tener en cuenta la edad, el tipo de trabajo, el clima y las peculiaridades individuales de cada persona son factores fundamentales a la hora de elegir una buena alimentación.
Existen una serie de consejos generales, pero siempre hay que individualizarlos. Una dieta apropiada ha de ser rica en frutas y verduras, preferentemente ecológicas y de temporada. Las legumbres y los cereales, salvo que exista alguna contraindicación, debieran estar presente y el pescado, la carne y los huevos, si no se es vegetariano, podrían consumirse de 1-2 veces a la semana. Otros aportes de proteínas como el tofu, el temphe, etc, pueden estar indicados en ciertos casos.
Evitar los productos envasados, de sobres, precocinados, así como el uso de conservantes y exceso de aditivos químicos también es algo a considerar.
Por último, la calidad del agua no ha de olvidarse, ya que es aconsejable ingerir unos dos litros al día de agua de buena calidad para el correcto funcionamiento del organismo.
Algunos se preguntarán que no he mencionado los lácteos. ¿Qué sucede con ellos? ¿Qué ocurre con el famoso calcio y el miedo a perderlo?…. Este es un bonito y complejo asunto al que dedicaré unas palabras en otro momento.” (ANF)
Humanidad y salud
“Los grandes avances de la ciencia en general y de la medicina en particular, que se han producido en los últimos tiempos han logrado salvar muchas vidas. Eso es indudable, además de meritorio y digno de tener en cuenta y agradecer. Discrepo con las voces que no reconocen esta evidente realidad, y hablan siempre de la medicina convencional o de los hospitales de un modo despectivo. Lo curioso del caso es que, algunos que conozco, cuando van de viaje a países lejanos y con una sanidad prácticamente inexistente, viajan con su seguro médico para que lo repatríen y lo atiendan en esos hospitales a los que critican y detestan en lugar de permanecer enfermos en ese otro lugar. Una evidente contradicción. No obstante lo dicho, quiero indicar que considero que, en lo que a la salud se refiere, las cosas podrían hacerse mejor, y que a pesar de todo este alarde técnico, con demasiada frecuencia, el enfoque convencional carece de un importante aspecto, la humanización del sistema. Por tanto, dicha tecnología debiera ser complementada con una visión más humana y cercana del paciente y sus circunstancias, ganando así en humanidad y, por qué no, en eficacia. Obviamente lo uno no quita a lo otro. No son cuestiones de alternativa sino de complementaridad. Entiendo que la salud en el siglo XXI ha de ser el resultado de la integración de la ciencia y la tecnología más actual, por un lado, junto a los enfoques más humanistas y espirituales que permiten no sólo hacer frente a la enfermedad, sino también promover la salud y la calidad de vida en las personas. Salud y felicidad son términos demasiado próximos para no ser tenidos en cuenta, al igual que salud y desarrollo humano. Más bien forman aspectos distintos de un único concepto, siempre que entendamos la salud como algo más que el equilibrio fisiológico o la integridad estructural de las meras funciones o tejidos corporales. Indudablemente somos seres emocionales. Muchos neurocientíficos discuten acerca de si es el pensamiento lo primero o si lo inicial es la emoción. Unas veces se pone de moda una tendencia, y tiempo después la otra. Lo cierto es que conozco a poca gente que desee más un pensamiento que una caricia, una buena frase que una mirada de ternura. Los pacientes, cuando agradecen los servicios a un hospital o a un centro médico, después de haber pasado una penosa enfermedad, siempre lo hacen agradeciendo las atenciones, los cuidados, el trato amable o las muestras de cariño. Nunca he visto que agradezcan el uso del más moderno aparato de ultrasonido o si las pruebas analíticas eran de última generación. Se agradece lo humano por encima de lo técnico (que también es de suma importancia). Quiero indicar con esto que, en el fondo de nuestras entrañas, aspiramos más a una vida con amor que a una vida llena de maravillosos y sofisticados aparatos. Las ciencias de la salud del nuevo siglo XXI deberían tener en cuenta este aspecto y procurar ganar en humanidad, en comprensión y en comunicación empática, para ser verdaderamente saludables.” (ANF)
La medicina del futuro
“Hemos de recordar que la concepción que tengamos acerca del ser humano y su funcionamiento constituyen la base sobre la que se asienta el modo de comprender los procesos de salud y enfermedad, así como las terapias que elegimos para sanar. Podría decirse que el modelo de ser humano que poseamos orientará, sin lugar a dudas, el rumbo de nuestra práctica médica.
Cuando consideramos que cada persona es sólo una forma material en la que hay que tener en cuenta la estructura la función y los niveles de substancias químicas circulantes, entonces los diagnósticos que hacemos y los tratamientos que elegimos para sanarla estarán relacionados con dicha concepción, y se orientarán hacia los niveles antes descritos. Terapias como por ejemplo la acupuntura o el shiatsu, quedarían fuera de dicho modelo, ya que no se considera en él la dimensión energética de cada sujeto.
Pero hace ya mucho tiempo que sabemos que además de lo anterior, los seres humanos estamos influidos por diversos tipos de campos físicos. Por ejemplo, somos sensibles a un gran número de radiaciones, tanto ionizantes como electromagnéticas, respondemos también a variaciones del campo magnético, así como a otros fenómenos físicos tales como sonidos, ultrasonidos, luz pulsada, etc.
Por lo tanto, el modelo de estructura-función-química, ha de ser ampliado hoy día con un cuarto factor, los campos físicos.
Pero, además, sabemos también que somos sensibles a las variaciones producidas por una serie de fenómenos diversos que podríamos denominar como “campos de energía sutil”, como por ejemplo el pensamiento, las emociones, los estados meditativos, etc. Cada vez existen más datos que lo confirman.
Eso quiere decir que habrá que seguir ampliando los modelos anteriores para incluir también, tanto en el diagnóstico como en la terapéutica, dichos “campos de energía sutil” que, cada día más, se están investigando y comprobando experimentalmente. Disciplinas como la Psiconeuroinmunología tiene mucho que decir al respecto.
Experimentos que demuestran cómo se bloquea del sistema inmunitario disminuyendo la secreción de IgA, tras ver imágenes de miedo o violencia, o por el contrario, el modo en el que repercute positivamente sobre dicho sistema los estados de relajación y meditación, son una pequeña muestra de las posibilidades que nos abre esta nueva vía.
La medicina del futuro ha de mirar más allá de la mera estructura material y abrirse al estudio serio y científico de todas aquellos factores, sean de la naturaleza que sean, que de una u otra manera influyen en la salud y el bienestar de los seres humanos.” (ANF)
El poder de la bondad
Nuestro increible cerebro
“Es nuestro cerebro un órgano con un alto consumo de energía en comparación con su tamaño. Gasta, aproximadamente, el 20% del consumo total del organismo y es bastante sensible a deficiencias en la oxigenación y en los niveles de glucosa, por tanto, en el aporte sanguíneo.
Hoy día sabemos que además de las neuronas, otras células cerebrales, las Células de la Glia que hasta ahora se consideraban como que solamente tenían una función de soporte, juegan un papel fundamental en los procesos neurológicos. Recientemente se les está teniendo en más consideración en las investigaciones actuales.
Para mantener nuestro cerebro en buena forma y evitar en la medida de lo posible los procesos de deterioro por el envejecimiento, se ha comprobado que además de los nutrientes necesarios que ingerimos a través de la alimentación, es especialmente importante evitar hábitos tóxicos como el tabaco o el consumo excesivo de alcohol, y se ha demostrado especialmente eficaz para el buen funcionamiento del cerebro la realización de ejercicio físico moderado llevado a cabo de forma habitual y el entrenamiento de las distintas habilidades mentales, tanto intelectuales como motrices.
Recientes investigaciones vienen a confirmar lo que tradicionalmente ya enseñaban las distintas tradiciones espirituales y que cualquier persona con cierto sentido común podía sospechar, y es que para un correcto funcionamiento cerebral es de suma importancia algunos aspectos como el contacto con la naturaleza, la interacción positiva con otras personas, el silencio, el ritmo sueño-vigilia ligado a los ritmos solares y la práctica de los estados de meditación, entre otros factores.
Curiosamente se ha constatado un aumento de la dopamina, neurotransmisor cerebro relacionado con los estados de felicidad, en los estados de enamoramiento y cuando la persona practica acciones altruistas.
Tal vez sea por eso que el amor y la generosidad sean dos buenas medicinas, en muchos sentidos, para todos los seres humanos.” (ANF)
La salud, ese apreciado bien
“La salud es un apreciado bien que hemos de saber cuidar, promover y administrar para hacer nuestra vida más humana, próspera y significativa, y, además, promover la felicidad y el bienestar de quienes nos rodean» (ANF)
En el Día Mundial de la Salud quisiera tener un especial recuerdo para aquellas personas enfermas y que padecen alguna clase de sufrimiento corporal, psíquico o espiritual, así como también para sus familias que lo comparten y sirven de apoyo y consuelo, para los cuidadores y para todas aquellas personas que día a día se esfuerzan para promover la salud y disminuir el dolor propio y el de los demás seres.

