Salud y enfermedad en Medicina Tibetana

Salud y enfermedad en Medicina Tibetana

medicina tibetanaLa Medicina Tibetana (MT) es una gran desconocida en occidente. Existen razones de peso para ello. La primera es que hay muy pocos médicos tibetanos si lo comparamos con los profesionales que existen en otros tipos de medicinas.

La segunda es que los medicamentos tibetanos no se encuentran homologados por las autoridades sanitarias en occidente y son difíciles de conseguir, ya que se fabrican sólo en ciertos países orientales.

Por último, la dificultad de entender una medicina que es inseparable de la espiritualidad del pueblo tibetano.

Aunque no practico este tipo de medicina si que me he acercado a sus fundamentos y he estudiado algunos de sus aspectos, llegando a la conclusión de que son sumamente interesantes y podrían aportarnos un enfoque diferente respecto a los procesos de sanar y enfermar.

Hay un aspecto que no se debe olvidar cuando hablamos de MT, y consiste en entender que para los tibetanos toda actividad vital, y con ella la medicina, no es separable del Dharma. Se conoce como Dharma a aquel conjunto de enseñanzas transmitidas desde Buda Sakyamuni y que constituyen la esencia de la práctica budista.

Por tanto Dharma y medicina, al igual que los conceptos de curación e iluminación, son aspectos inseparables desde el punto de vista de la mentalidad tibetana.

Cuando nos acercamos a la MT, lo primero que habría que considerar es que nos encontramos frente a una medicina que podríamos denominar “sagrada”. Por eso, la práctica médica puede ser considerada como una forma elevada de práctica religiosa, ya que mediante ella tratamos de beneficiar a los seres humanos y aliviarles del sufrimiento, finalidad compartida con el Dharma budista.

Según la tradición tibetana, la enseñanza de la medicina provienen del mismo Buda Sakyamuni, el cual, en forma de Bhaisajyaguru (Sam-la), enseñó dicho arte a cuatro grupos de discípulos: los rishis, los no budistas, los dioses y los budistas.

Las enseñanzas de Buda fueron recogidas en dos diferentes sistemas: los Sutras y los Tantras. En lo referente a la medicina, podemos decir que los Sutras recogen el aspecto somático o corporal del tratamiento de las enfermedades, mientras que los Tantras recogen el aspecto alquímico o transformacional del ser.

Así, desde los orígenes de su práctica, los médicos tibetanos utilizaron la medicina somática para tratar aspectos comunes de las enfermedades y el Sistéma Tántrico de curación para tratar los aspectos sutiles de las mismas.

Históricamente el aspecto técnico de la MT fue tomando cuerpo a finales del siglo VII de nuestra era, gracias al monarca tibetano Songtsen Gampo, el cual se propuso la tarea de reunir en el Tíbet lo mejor del conocimiento científico de la época en el campo de la salud.

Para ello se organizó un gran encuentro entre todos los más destacados representantes de la ciencia médica de entonces, una especie de lo que hoy sería un congreso multidisciplinar, con los mejores expertos de las diferentes culturas vecinas e incluso lejanas. Reunidos en Tíbet durante un largo periodo, compilaron todo el saber médico de la época.

La MT está formada, pues, por un complejo sistema de conocimientos diversos en los que se agrupan los elementos más destacados de las medicinas tradicionales cercanas. Es por eso que se encuentran contenidos elementos tan dispares como la anatomía y fisiología humoral de la Medicina Griega, los conocimientos del Prana de la Medicina Ayurvédica, así como descripciones sobre la circulación energética y gran cantidad de remedios de la medicina China, incluso el concepto del Yin y del Yang y una peculiar forma de moxa y acupuntura. También encontramos aportaciones de las terapias externas de la medicina Nepalí y de Mongolia.

El conjunto de las enseñanzas médicas se encuentran recogidos en los llamados Cuatro Tantras. Estos escritos se redactaron en India, aproximadamente hacia el siglo V a.C., siendo posteriormente traducidos al tibetano y corregidos en el siglo VIII d.c. por Yuthok Yonten Gompo.

Según la tradición tibetana, de la garganta de Buda Sakyamuni emanó Amithaba, uno de los Dhyani Budas, quien conociendo el sufrimiento de las personas le pidió al Buda que diera enseñanzas sobre medicina, como una forma de aliviar el sufrimiento de los seres. Cada uno de estos cuatro Tantras fue escrito por uno de los otros cuatro Dhyani Budas (Amogashidi, Ratnasambava, Aksobya y Vairochana).

La MT está formada por un conjunto de conocimientos en los que una gran parte están basados en una minuciosa observación clínica y el seguimiento empírico de los casos y, por otra, y sin que pueda diferenciarse, los elementos creenciales con los que forman una auténtica unidad.

Según la MT existen 84.000 diferentes enfermedades que pueden ser clasificadas en 404 grupos. Cada uno de esos grupos se dividen en bloques de 101 padecimientos.

La MT se basa en una concepción energética del ser humano y una fisiología de tipo humoral. Para MT existen tres humores: bilis, flema y viento, cuya correcta combinación va a permitir el estado de salud del ser humano, y cuya perturbación nos conduce a la enfermedad.

Estos humores corresponden a tres tipos de energía que al mezclarse constituyen la base de los cinco agregados en los que se compone el ser humano (el agregado de la forma, el agregado de las sensaciones, el agregado de la consciencia, el agregado   de la discriminación y el agregado de los factores composicionales).

Cada uno de los humores pueden verse afectados por la acción de los llamados “venenos raíces” (odio, Ignorancia y apego), denominados de esta manera por ser las causas básicas o raíces en las que se fundamenta el sufrimiento de la existencia humana. Así el odio afecta a la bilis, la ignorancia a la flema y el apego al viento.

Por la combinación de los anteriores aparecen los celos y el miedo, y el orgullo y avaricia. La combinación de todos ellos va a dar lugar a todos los demás venenos mentales.

Desde este punto de vista podemos resumir que por la acción de un veneno mental se produce una perturbación en uno de los humores, lo cual repercute en el equilibrio de los demás y esto da lugar a un estado de perturbación y enfermedad en el ser humano.

Por esto, desde el punto de vista de la tradición tibetana, si queremos volver a recuperar nuestra salud desde los aspectos más profundos, no es suficiente con que tratemos los síntomas correctamente, sino que hay que llegar hasta las causas últimas, es decir, hay que neutralizar los venenos mentales que van a causarnos el problema.

Sabemos que para neutralizar un veneno, lo más correcto es utilizar un antídoto. Así, según la tradición budista, disponemos de cinco antídotos principales: la compasión, la sabiduría, la satisfacción, la generosidad y el regocijo.

Es por esto que trabajar en el desarrollo de cada una de estas cualidades nos va a alejar cada vez más del veneno correspondiente.

Desarrollar cada cualidad hasta su potencialidad máxima es equivalente a desarrollar el aspecto sanador de cada uno de los cinco Budas Dhyani con los que se relaciona. En esto se basa la PANg- Autocuración-II del Sistema Ngalso.

Las cualidades que tratamos de desarrollar mediante dicha práctica son:

El desarrollo de la sabiduría que corresponde a Vairochana,

La satisfacción que corresponde a Amithaba,

La compasión que corresponde a Aksobya,

La generosidad que corresponde a Ratnasambava

El regocijo que corresponde a Amogasidhi.

 

Podemos entender que en cierto nivel, cada Dhyani Buda, representa un estado purificado de la consciencia donde predomina dicha cualidad y purifica totalmente el veneno mental correspondiente.

Llegado a este punto es muy importante advertir que debemos diferenciar entre lo que es el contenedor y el contenido, es decir, el recipiente en el que se contiene una enseñanza y la esencia de las enseñanzas en sí.

En este caso el contenedor es la tradición y la cultura tibetana, y el contenido un conjunto de preciosas enseñanzas que, sin necesidad de asumir total o parcialmente el contenedor, nos pueden ayudar al desarrollo personal y a nuestra salud, aquí, ahora, en nuestra cultura y en nuestro mundo.

Considero fundamental no caer en el error que se ha venido repitiendo a lo largo de la historia de la humanidad que por desconocer o por no compartir el recipiente se ha perdido también el contenido.

Así, en un formato ancestral y con un lenguaje que nos puede resultar extraño, ha llegado hasta nosotros una tradición médica en la que la curación física, emocional y espiritual caminan de la mano. Si somos capaces de superar las barreras culturales que nos separan, podremos encontrar en la Medicina Tibetana un profundo tesoro de sabiduría y de paz.

 

Editorial de febrero 2014

Editorial de febrero 2014

Editoral febrero-14Dejamos atrás un mes, enero, que además de frío, nieve, lluvia y cuadros catarrales y gripales, nos ha traído también algunos datos esperanzadores sobre una supuesta recuperación de la economía.

La prima de riesgo se estabiliza a la baja, el último trimestre del año se cierra en positivo, el turismo alcanza niveles históricos, los datos de la Encuesta de Población Activa parecen marcar un cambio de tendencia, incluso se escuchan voces que nos hablan del comienzo de la salida de la crisis.

Sin embargo, hay algo que no me cuadra. Porque con todos esos buenos datos, que lo son, los trabajadores siguen ganando menos, pagando más impuestos, nos suben la electricidad, el agua y no sé cuántas cosas más… y entonces me pregunto ¿recuperación para quién?

¡Ah, sí!, no me acordaba que hace poco el señor Botín les comunicó a sus accionistas del Banco de Santander que había duplicado sus beneficios en el 2013 (año éste de crisis por cierto, ¿pero de crisis para quién?). El montante asciende a unos 4.370 milloncillos de euros de nada. ¡La de cosas que se podrían arreglar sólo con esos “beneficios de más”!

En fin, ya saben ustedes que tengo pocos conocimientos de economía y por eso tal vez no llegue a comprender ciertas cosas muy profundas, pero hasta donde mi mente alcanza, la cosa queda como sigue: cuando falta dinero pagamos nosotros, pero cuando sobra se lo llevan otros.

En este punto me viene a la memoria unas coplas de Baguala que cantaba el mítico grupo Quilapayún, que más o menos decía así en una de sus estrofas:

 

Si no protesto me explotan

y si protesto voy preso,

pa’ los de abajo la caja

y pa’ los de arriba el queso.

 

Claro que eso se lo oíamos cantar allá por los años setenta. Y cuando lo escuchábamos pensábamos entonces que esa especie de “canción protesta” se refería a Chile de Pinochet, a la Argentina de Videla o a la España de Franco. Lo que no podíamos imaginar por entonces es que estas estrofas, cuarenta años después, y de más de treinta y cinco años de democracia, pudieran seguir siendo vigentes en la España actual.

Pero ahora toca centrarse en reflexionar sobre aquello que nos traerá el nuevo mes que comienza, febrero.

Conocido como “el loco” por sus inesperados y bruscos cambios de tiempo, unas veces hace honor a su nombre y otras en cambio no, y transcurre como una especie de preludio de la primavera. A ver como se presenta este año.

A nivel sanitario, los medios de comunicación han insistido en un posible repunte respecto al número de casos de cuadros gripales en este mes, alertando o, mejor dicho, alarmando, sobre los efectos de la misma.

Sin embargo, cuando recurrimos a los datos epidemiológicos oficiales y los comparamos con las estadísticas anuales, nos encontramos que la incidencia es menor o igual a la de años anteriores. Entonces, ¿a qué viene tanta alarma se preguntará alguno?  Pues eso mismo me pregunto yo.

¿Acaso normalmente salen cada día en las portadas de prensa o en las noticias de radio y televisión las personas que mueren o están en la UCI por un accidente vascular cerebral o por cualquier otra enfermedad?, la respuesta es sencilla, ¡no! Entonces, ¿por qué sale en la primera página de los periódicos y abriendo los informativos nacionales, esos mismos datos referidos a la gripe? Esto no hace mas que generar miedo y alarma en la población.

Pues posiblemente por una sencilla razón. Porque hay una vacuna que vender y muchas dosis osemtalvir (Tamiflu®) almacenadas que habrá que gastar, ¿no?, las cuales se compraron cuando lo de la tomadura de pelo de la famosa pandemia de Gripe A del 2010.

Con esto no estoy quitando importancia a la posible gravedad de muchos cuadros, ni tampoco negando la aparición de casos mortales. Lo único que digo es que son los mismos que en cualquier otro año normal, como afirmaba en una entrevista al diario Sur la Jefa de Salud de la Delegación Provincial de Málaga. Y repito, entonces ¿a qué tanta alarma?

Tengo una hipótesis. La patente del osemtalvir (Tamiflu®), producto que se recomienda para tratar la gripe A, le caduca al laboratorio Roche en el 2016. Eso quiere decir que a partir de esa fecha otros laboratorios podrían fabricarlo, abaratar el precio y competir en el mercado en la venta de ese producto, medicamento, por cierto, de más que dudosa eficacia.

Por tanto, de aquí a esa fecha, es decir, este año y los dos que vienen, intuyo que nos van a intentar asustar  por todos los medios para que se consuma más. Porque ya se sabe, una buena dosis de miedo hacia una enfermedad es un fantástico medio para incrementar la venta de ciertos productos.

Creo que además de protegerse de las enfermedades tendríamos que plantearnos promocionar la salud. Parece lo mismo pero no lo es.

Desde mi punto de vista, es muy importante cuidar la alimentación incrementando la cantidad de frutas, verduras y alimentos ricos en productos antioxidantes. Realizar ejercicio físico moderado, cuidar nuestros ciclos de descanso y mantener una actitud mental positiva. Éstas son herramientas especialmente útiles para mantener un buen nivel de salud.

En los momentos de mayor incidencia de patologías virales es bastante aconsejable tomar ciertos productos que incrementan la eficacia de nuestro sistema inmunitario frente a ellos.

Existen productos de alta calidad para ayudarnos a mantener una buena salud en el ámbito de la fitoterapia, de los oligoelementos, de la micoterapia y también conocidos medicamentos homeopáticos que han mostrado su eficacia en miles de pacientes en la prevención y el tratamiento de cuadros virales.

Por tanto, tenemos más herramientas de las que a veces pensamos para mejorar nuestras defensas y mantener un buen estado de salud.

Un conocido estudio demostró que el miedo bloquea el sistema inmunitario. A unos estudiantes se les proyectó una película de risa, mientras que a otros les pusieron una de miedo. Después se midieron los niveles de IgA, que es la inmunoglobulina que se encuentra en las secreciones y las mucosas, y que nos protegen contra las agresiones que padecemos por vía respiratoria o digestiva, antes de que penetren a la sangre. Los que vieron la película de risa incrementaron sus niveles, mientras que quienes vieron la de miedo lo disminuyeron.

Por tanto, no deberíamos olvidar el hecho comprobado de que el miedo debilita nuestras defensas y nos hacen más susceptibles de padecer ciertas patologías, mientras que reír y disfrutar de la vida nos hace más resistentes.

Así, quienes pretendan cuidar su salud un poco más habrán de procurar alejar de sus mentes el miedo y procurarse actividades, lecturas y compañías con las que disfrutar.

Feliz Febrero

¡Coma usted de todo!

¡Coma usted de todo!

coma usted de todoCon cierta frecuencia atiendo pacientes que me comentan lo siguiente: “Me ha dicho el especialista que puedo comer de todo, pero cuando lo hago me sienta fatal, y si se lo comento, se extraña y me dice que son tonterías, que no tengo nada que me lo impida.”

Lo curioso de este caso es que hay dos cosas que son verdad. Una, que es cierto que se lo ha dicho el especialista y, la otra, que también es cierto que cuando come de todo se siente fatal. Pero respecto a que no hay nada que se lo impida, la cosa no está tan clara. Pero lo que resulta todavía más curioso es que, con frecuencia, el médico que le comenta estas cosas sea especialista en aparato digestivo, que algo debería tener en cuenta la alimentación, vamos, digo yo.

Casos como el anterior hace que me pregunte, ¿es cierto que los seres humanos podemos comer de todo sin importar el origen, la cantidad o la conveniencia o no de determinados alimentos, y todo ello hacerlo impunemente? 

Reflexionemos al respecto.

¿Hay alguna especie animal que sea capaz de comer cualquier cosa, a cualquier dosis, en cualquier momento del día y en cualquier época del año?

Pues parece que no. 

Mas bien sucede lo contrario, que cada animal come, según su propia naturaleza, lo más adecuado para su especie, y siempre en una cantidad determinada y siguiendo un cierto ritmo alimentario apropiado. Cuando no lo hace así, enferma.

¿Por qué pensamos, entonces, que nosotros, que no somos más que unos mamíferos evolucionados, hemos de ser diferentes en este aspecto?

Tal vez porque siempre nos han dicho aquello de que somos “ominvoros”, y eso se ha traducido habitualmente como la capacidad para comer cualquier cosa, en cualquier cantidad y en cualquier momento. Y eso no es así.

Frente a dicha creencia, es posible constatar que la evidencia empírica y los estudios actuales sobre dietética y nutrición nos hablan de otra cosa. Nos hablan de la trascendencia de no comer cualquier alimento sino, más bien, de la importancia de seguir una correcta alimentación tanto en calidad, como en cantidad y variedad, adaptada a las necesidades nutricionales del sujeto y considerando factores tales como la edad, el tipo de clima, la patología de base de cada persona o la clase de trabajo que desempeña. Hoy día sabemos bastantes cosas al respecto y existe literatura científica suficiente para respaldarlo de forma contundente.

Nadie dudaría en la actualidad sobre la importancia de la alimentación adecuada para el mantenimiento de la salud y para la prevención, e incluso el tratamiento, de ciertas enfermedades.

Sin embargo, ciertos “especialistas” le siguen diciendo a sus pacientes, “usted puede comer de todo”.

Lo más llamativo, al menos para mi, es cuando esta afirmación viene realizada por parte de un oncólogo. A pesar de los años, no me acostumbro a escucharla, porque me demuestra que todavía en el siglo XXI, la medicina convencional con todos su avances y evidentes ventajas, sigue manteniendo una imagen fragmentada y parcial del ser humano, de tal manera que cada especialista sabe de lo suyo y no solamente ignora sino que, en cierto modo, desprecia otras áreas del saber.

Pareciera, en este caso, como si más allá de la quimioterapia o de la radioterapia, una correcta alimentación no tuviera nada que aportar a la salud de quien padece un cáncer. Como dirían hoy día los jóvenes ¡qué fuerte!, ¿no?

Hace muy poco me comentaba un paciente oncológico: “cuando le he preguntado sobre alimentación a mi oncólogo, me ha mirado con cara rara y me ha dicho que coma lo que quiera, que la alimentación no tiene nada que ver con mi cáncer”. Y es posible que fuese así en lo que a etiología se refiere. Sin embargo, según afirman los estudios científicos actuales, existen un cierto número de cánceres relacionados con determinados hábitos dietéticos, y, por otro lado, existe evidencia científica suficiente como para fundamentar, sin lugar a dudas, la importancia de la dieta en relación con la salud. Incluso entre las recomendaciones de organismos internacionales sobre el estilo de vida como medida preventiva de la aparición de un cáncer, se preconizan bastantes puntos relacionados con la alimentación.

Por tanto, desde el punto de vista de la Medicina Integrativa, entiendo que, si ya es importante el modo de alimentarse cuando se está sano, es mucho más importante hacerlo cuando la persona se encuentra enferma, y todavía mucho más si es el caso, como sucede en los pacientes oncológicos, que le están suministrando medicamentos altamente tóxicos y que producen efectos indeseables en órganos vitales como el hígado, los riñones o el corazón, entre otros. ¿No sería importante cuidar la alimentación en estos casos y aportar al organismo una cantidad suficiente de nutrientes adecuados para cada caso?

No estoy diciendo que la comida cure el cáncer, aunque sabemos que existen alientos con un alto potencial antioncogénico, simplemente afirmo que, cuando alguien padece una enfermedad, lo más razonable es cuidar lo que ingiere, y si además podemos ayudarle a recuperar la salud utilizando una dieta apropiada, pues mucho mejor.

No hay que insistir demasiado, porque es una obviedad, que un paciente bien alimentado se recuperará mejor que otro que no lo está, y que si aportamos nutrientes que favorezcan la detoxificación o que ayuden a la integridad del sistema inmunológico, es probable que todo funcione mejor.

En el campo de la nutrición recientemente se ha desarrollado una nueva disciplina conocida como Inmunonutrición, gracias a la cual se está estudiando no sólo el aporte nutricional de los alimentos sino sus efectos sobre el sistema inmunológico.

Sabemos que el 70-80% del tejido linfoide relacionado con los procesos inmunológicos se encuentran en la luz intestinal, por lo que una buena nutrición y un buen mantenimiento del equilibrio intestinal se postula como algo bastante importante para el mantenimiento de la salud.

Frente a estas evidencias, el “coma usted de todo” no parece ser ni demasiado preciso ni demasiado acertado.

Es posible que dentro de unos años, no sé si yo lo veré, llegue el momento en que los especialistas no le digan a los pacientes aquello de “coma usted de todo, que no pasa nada”.

 

Editorial de diciembre de 2013

Editorial de diciembre de 2013

diciembre 2013Más tarde que pronto llegaron por fin los fríos propios de esta época otoñal, y pronto nos visitará un nuevo invierno que habrá de acentuar, aún un poco más, las gélidas temperaturas que se han alcanzado en algunos lugares durante estos últimos días.

Casi sin darnos cuenta, y hablo por mí, vamos acabando el año con la esperanza de que el próximo 2014 se comporte con nosotros un poco mejor de lo que lo ha estado haciendo su predecesor 2013.

He escuchado que dicen que ocurrirá eso, que 2014 será mejor, pero como nos han mentido tantas veces, ha habido tantos “brotes verdes” fallidos y tantas “luces al final del túnel” que luego no fueron más que meros espejismos, resulta difícil creerse algo de modo convincente en lo que al futuro económico se refiere.

Y es que, ya lo he comentado otras veces, la economía y la meteorología son maravillosas disciplinas que te explican lo que sucedió en el pasado, pero son bastante menos rigurosas y certeras en lo que se refiere a realizar predicciones hacia el futuro, sobre todo cuando los datos los manejan los políticos, especialistas en camuflar la realidad para que ésta se adapte a sus conveniencias.

No obstante, algunos insisten en que 2014 será el año de la recuperación de la crisis, pero lo que no me queda muy claro del todo es “¿de la recuperación para quién?” ¿Tal vez para quienes ya tienen mucho, para que así puedan incrementar su capital un poco más?

Me temo que será más raro constatar un cambio de tendencia que permita que quienes van más apurados puedan darse el respiro que se merecen. No obstante, quiero suponer que no hay que perder la esperanza y seguir trabajando para ello.

Sea como fuere, lo realmente indiscutible es que ha llegado Diciembre, un mes bastante peculiar desde su comienzo hasta su final.

Y digo esto porque nada más comenzar, a los pocos días de su inicio, tenemos uno de los puentes más largos y esperados del año, y  que, además, esta vez coincide de una de las mejores maneras posibles para quienes gustan de hacer viajes o necesitan disponer de unos días libres para asuntos personales o familiares, ya que este año nos coge de jueves a martes.

Siguiendo el mes, más tarde, llegarán los días festivos de Noche Buena, Navidad y  Fin de año, con todo lo que ello implica: fiestas, vacaciones, viajes, reuniones, etc.

Pero además, diciembre, es un momento de cambio estacional. Oficialmente comienza el invierno, independientemente de lo que digan las temperaturas, que como hemos podido comprobar últimamente andan un poco locas, cambiando del calor al frío y viceversa de un modo súbito y poco normal.

En el hemisferio norte pasaremos del otoño al invierno a partir del solsticio de invierno que astronómicamente sucede en el espacio comprendido entre el 20 y el 23 de diciembre, momento del año en el que la noche alcanzará su máxima duración y el día la menor.

Es justo a partir de ese momento, cuando la luz comienza a ganarle terreno a las tinieblas, para igualarse en la primavera y llegar a su máximo en el verano, manteniendo ese perpetuo y cíclico movimiento de los cambios estacionales.

Por eso, a partir del solsticio de invierno podríamos decir que es el momento justo en el que podemos percibir el triunfo de la luz sobre la oscuridad, acontecimiento éste que ya venía celebrándose desde la más remota antigüedad, y que quedó señalado en el calendario por la realización de diferentes celebraciones y rituales, desde los más antiguos de tipo chamánico, pasando por los de carácter druídico en las culturas céltica y germánica, hasta los más recientes en el Imperio Romano con las fiestas del Sol Invicto.

En nuestra cultura, la llegada de la luz al mundo y la victoria de ésta sobre la oscuridad, se ha venido representando mediante la celebración de la Navidad. Como sabemos, allá por el siglo III de nuestra era, se eligió la fecha del 25 de diciembre como momento para la celebración del nacimiento de Jesús con la intención de cristianizar las más antiguas celebraciones paganas, haciéndolas coincidir con el nacimiento del Niño Dios.

Estos aspectos históricos no merman la importancia real de estos días, sino que, muy al contrario, la resaltan y destacan, haciendo de la Navidad un acontecimiento cósmico que trasciende el tiempo y las culturas.

Para celebrarlo, en estas fechas, las calles y los hogares se visten de fiesta, de luces y de adornos navideños, se pueden escuchar villancicos por muchos lugares, y los comercios, los que todavía quedan después de la crisis, se dispondrán de la mejor manera posible para aprovechar este último tirón comercial y procurar vender todo lo que puedan en estos días, intentando compensar así un año no demasiado bueno para la mayoría de ellos. Tal vez, para algunos constituya el último intento de salvar la temporada.

También, tradicionalmente, es propio del mes de diciembre que las empresas de todo tipo promuevan con sus empleados una comida grupal en la que, disfrutando de un ambiente distendido y lúdico, se estrechen lazos y sirvan como punto de encuentro y celebración. Estas reuniones festivas suelen aprovecharse, además, para felicitar, para agradecer y como una forma de consolidar la sensación de grupo y desarrollar una motivación  que incentive el deseo de superación de cara al futuro.

Pero en estos últimos años, según me han comentado, parece que la cosa ha aflojado un poco, bien porque algunas empresas, literalmente, han desaparecido, o bien porque las que quedan disponen de menos recursos económicos para este tipo de celebraciones.

No puedo dejar de señalar que me gusta disfrutar de lo que la vida me va ofreciendo, y diciembre siempre  me ha proporcionado muchas oportunidades para ello. Podría decirse que diciembre es un mes generoso para quienes buscan oportunidades en lo que se refiere a retomar las amistades y los encuentros. Pero quiero matizar, en mi opinión, para disfrutar  de la vida no son necesarias grandes cosas materiales, ni deslumbrantes o complicados eventos sociales, tal vez lo más importante sea la compañía de quienes te rodean y la disposición interior de cada cual a elegir ser feliz con lo que se tiene.

Tal vez por eso, muchas veces, una modesta infusión con unos buenos amigos, o una simple tarde de charla hogareña con personas queridas, sin más, sea algo que en otros momentos del año cuesta más trabajo realizar por falta de tiempo y que, sin embargo, diciembre con sus fiestas nos permite llevar a cabo.

Pero diciembre es, también, el mes de los nostálgicos. El mes de aquellos que eligieron vivir en el pasado más que en el presente. De quienes se enfocan más en quienes les faltan que en quienes le quedan. De quienes que un mes antes andan diciendo aquello de “a mi es que la Navidad me sienta muy mal”.

Y digo esto desde la experiencia, porque a esta altura de mi vida he de decir que son muchas las ausencias. Faltan mis padres, dos de mis hermanos, la madre de dos de mis hijos y un sin fin de personas muy queridas que, aunque no se encuentran físicamente a mi lado, nunca se fueron del todo de mi corazón.

Así que puedo hablar con total propiedad de cómo gestionar las ausencias. Y mi elección es clara,  ya que elijo habitar en el presente, siendo consciente de lo que tengo en estos momentos y de lo que la vida me regala a cada instante, al tiempo que recuerdo con cariño a las personas que se fueron y doy gracias por el tiempo que me fue dado compartir con ellos.

Otros seguramente elegirán un camino diferente y otra manera de ver la vida, ¡somos tan distintos!. Si les va bien, será apropiado que lo sigan, pero si les hace sufrir más de lo necesario ¿por qué continuar fomentándolo?

Pero además de todo lo anterior, diciembre es también el mes de los regalos. Y he de decir que me gustan los regalos, tanto regalar como que me regalen. Por eso quizás me gusta tanto este mes, ya que en estos días es bastante frecuente el intercambio de presentes incluso a veces por parte de quienes menos te lo esperas.

Tradicionalmente, mucha gente elige diciembre para tener algún tipo de detalle con otras personas que han sido significativas a lo largo del año, sobre todo como muestra de cariño y agradecimiento. En este momento me acuerdo de la anécdota de un compañero, que cuando sus pacientes le decían “Ay, no sé cómo agradecérselo”, él le contestaba medio en broma medio en serio, “pues acuérdese de mí en Navidad”. Desconozco si le hacían caso o no, pero el detalle me resulta jocoso.

Así que, como dije antes, no cabe duda de que  diciembre es un mes peculiar en muchos aspectos. Un mes en el que se suele comer y beber más de lo habitual, incluso los más comedidos tiene sus extras.

Tengo pacientes que cuando vuelven en enero con unos kilos de más, me dicen como extrañados, “¿qué raro?, a mí que no me gustan los dulces de Navidad”. Pero claro, no tienen en cuenta de que además de dulces de Navidad hay otros muchos tipos de comidas y bebidas (jamón, embutidos, quesos, vinos, champán, etc.), aunque a ellos les parezca que sólo engordan los turrones, la verdad es que solemos comer más de lo habitual.

Otros comentan “¿no sé cómo he engordado, ya ves, sólo comí un mantecado…?” Me imagino entonces al paciente sentado en la mesa frente a un único mantecado de 2-3 kg de peso, puesto que eso es lo que ha aumentado en la báscula. Y es que el que no se consuela es porque no quiere.

Finalmente, me viene a la cabeza una reflexión algo más “científica”, y es que las ciencias psicológicas nos han enseñado que no percibimos el mundo de una forma objetiva, tal cual es, sino que lo vemos a través de una mirada, la nuestra, que es participante y que captamos la realidad según nuestro modelo y nuestra propia manera de concebir el mundo.

Por eso, cuando contemplo (y aquí encaja muy  apropiadamente la palabra contemplar en todas sus dimensiones) un Belén (El Misterio que dicen algunos) con sus figuras de barro, no percibo una representación escultórica más o menos edulcorada de un acontecimiento especial de hace dos mil años, y que es patrimonio exclusivo de una religión en concreto, sino que siento que estoy admirando un regalo para toda la humanidad, una forma simbólica de expresar el amor, la humildad, la fe y la esperanza; una buena noticia, un regalo de la luz que, como el sol en el solsticio, viene a iluminar nuestras tinieblas y a guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Espero que, a pesar de todas las eventualidades, y a veces sinsabores de cada día, podamos disfrutar lo más posible de este mes con el que acaba el año.

¡Feliz diciembre y Feliz Navidad!

Mantener la «mente del estudiante»

Mantener la «mente del estudiante»

mente del estudianteLa Mente del Estudiante consiste en mantener la actitud de reconocerse como alumno en continuo proceso de aprendizaje, y tratar de acercarse a cada materia con curiosidad y deseo de aprender, como si si todo fuese nuevo.  Es algo así como lo opuesto a la mirada rutinaria que bloquea la capacidad para dejarse sorprender e imposibilita el aprendizaje que subyace en cada acontecimiento o en cada enseñanza, por muchas veces que la hayas escuchado.

Sabemos que es posible leer el mismo texto varias veces y descubrir en cada lectura un nuevo universo, siempre que se haga desde esta actitud mental, porque cada uno de nosotros va cambiando momento a  momento y nuestra capacidad para comprender y asimilar va, también, variando.

Por tanto, todo aquel que quiera mantenerse en continuo proceso de aprendizaje ha de mantener activa la “Mente del Estudiante”, lo cual significa renunciar renunciar al “ya me lo sé” o “esto ya lo he dado”, para acercarse a cada enseñanza desde “la mirada de la primera vez”. 

 

Las Técnicas de Visualización

Las Técnicas de Visualización

tecnicas visualizaciónSe llaman Técnicas de Visualización a aquellos ejercicios mediante los cuales aprendemos a crear imágenes mentales con la finalidad de conseguir un efecto deseado.

De una manera sencilla y comprensible, se puede decir que visualizar no es más que  la capacidad que tenemos todas las personas para crear imágenes en nuestra mente. Dichas imágenes pueden ser de tipo visual, de tipo auditivo y de tipo kinestésico (que incluye las sensaciones táctiles, el gusto y el olfato).

Cada persona posee una mayor facilidad para generar mejor un cierto tipo de imágenes que otras, pero todos creamos dichas imágenes ya que éstas constituyen uno de los elementos básicos del funcionamiento mental. 

Las imágenes forman archivos de memoria y crean los mapas mentales. Por eso no podemos comprender el mundo, ni tampoco actuar en él, si no es a través de las imágenes mentales. Esta es una de las razones por la que aprender a visualizar (a crear imágenes mentales adecuadas) tiene tanta importancia.

Las Técnicas de Visualización nos permiten desarrollar el tipo de pensamiento que está más en relación con el funcionamiento del cerebro derecho, más artístico y más creativo. 

Según estudios realizados, las Técnicas de Visualización son capaces de modificar las funciones fisiológicas, lo cual tiene una gran utilidad para usar dichas técnicas en el campo de a salud.

Diferentes investigaciones en el campo de la psicología confirman que la imágenes mentales se producen más fácilmente con ojos cerrados y musculatura relajada. 

No es necesario tener ninguna creencia especial o fe en ninguna doctrina para realizar estas prácticas, pero si el deseo positivo de enriquecer nuestra propia experiencia. Es por eso muy importante generar una motivación y disposición adecuada. 

El uso adecuado de estas técnicas nos permiten obtener resultados notables en ciertos tipos de problemas, por lo que son muy recomendadas en diversas patologías, siendo también muy útiles en todas aquellas las profesiones que tengan un componente creativo importante, ya que se ha comprobado como producen un efecto positivo sobre la creatividad.

Las Técnicas de Visualización, también pueden ser utilizadas como métodos para preparar un acontecimiento futuro o mejorar nuestras relaciones, ya que hace que las relaciones interpersonales se vivencien de modo diferente. 

Existen otras aplicaciones de las Técnicas de Visualización, tales como tratar de conseguir las metas que deseamos o aprender a profundizar en nosotros mismos por medio de la apertura de canales de comunicación con los contenidos profundos de nuestra consciencia.

Existen un gran arsenal de técnicas diferentes, aunque se distinguen dos grandes grupos, uno de ellos en el que se pueden realizar ejercicios en el que la visualización es dirigida y otros en los que se dan unas sugerencias generales y es la propia persona quien construye su historia.

Finalmente decir que suelen ser ejercicios gratificantes y con un alto contenido simbólico en el que los niveles psíquicos más profundos acceden a la consciencia gracias a dichas imágenes.

Aunque pueden practicarse de forma autodirigida, siempre es más conveniente, sobre todo para comenzar, hacerlo guiado de la mano de alguien experto en el tema.

Jamón y colesterol

Jamón y colesterol

jamón de bellotaHay quienes añoran ya el típico jamón que por estas fechas, próximas  a las navideñas, algunas familias solían comprar. Y digo añoran, porque en vista de cómo van las cosas últimamente, habrá muchas personas que por desgracia tendrán que prescindir de esta costumbre tan navideña y tan española para sustituirla, si llega el caso, por alguna otra exquisitez menos gravosa para su economía.

Con respecto a este asunto, una de las cosas que con frecuencia se plantean, en términos de salud, es la perpetua controversia respecto a  si los pacientes con niveles altos de colesterol pueden comer jamón serrano o no.

Bien, analicemos la cuestión en función de parámetros nutricionales conocidos hoy día.

Sabemos que la carne de cerdo posee menos colesterol total por cada 100 gr. que las de ovino, caprino o bovino. Es altamente digestible y posee grasas que son beneficiosas para la salud.

La carne del jamón del cerdo contiene, aproximadamente, un 55% de agua, 30% de proteínas y un 15% de grasa. Pero posee una especial característica, y es que su grasa difiere en función del tipo de cerdo del que provenga el jamón, es decir, que su composición varía en relación con la alimentación y el tipo de crianza que haya tenido el cerdo a lo largo de su vida. No es lo mismo el que se cría en libertad y come bellotas y raíces que el que se lo hace en estabulación y se alimenta a base de piensos.

Según parece, las bellotas con las que se alimenta el cerdo ibérico de mejor calidad, proporcionan a su carne hasta un 59% de ácido oleico, el cual es muy apropiado para las personas que padecen de colesterol alto, mientras que si la alimentación del animal es de otro tipo, dicha proporción es notablemente inferior.

El ácido oleico propicia un incremento de la tasa del colesterol beneficioso (HDL) y reduce la del colesterol perjudicial (LDL). Recordemos que sólo el aceite de oliva virgen tiene un contenido de ácido oleico superior al del jamón de bellota, por lo que dicho jamón sería un alimento apropiado para estos pacientes. Pero ojo, ¡sólo el de bellota!

El hecho de que el animal, además de comer bellotas, se crie en libertad y coma también hierbas y raíces, le proporciona a la carne una serie de substancias también beneficiosas para la salud, siendo ésta rica en antioxidantes, vitamina E y vitaminas de grupo B, magnesio, fosforo y ciertos minerales como el cobre, esencial para los huesos y cartílagos, el calcio, hierro, zinc, magnesio, y selenio, este último muy ligado a procesos de prevención de patologías oncológicas y muy utilizado por parte de la Medicina Antienvejecimiento.

Como todo, la moderación es crucial y nunca se debe abusar, ni de este ni de otros muchos productos, pero tal vez, su principal inconveniente sea el elevado precio, ya que una buena ración de jamón ibérico de bellota no se encuentra al alcance de todos los bolsillos.

No obstante, llegado el caso, además de disfrutar de su incomparable sabor, podemos tranquilizarnos, también, sabiendo que ingerimos un alimento que posee propiedades beneficiosas desde el punto de vista nutricional.

Es posible que algunas personas al leer este texto, sobre todo vegetarianas  y veganas, pongan el grito en el cielo. Es comprensible, ya que si analizamos otro tipo de aspectos, como si debemos matar animales para comer o no, encontraremos que habrá quienes opinen que no se debe consumir esta ni ninguna otra carne. Respeto dicho planteamiento, pero no entro ni a valorarlo ni mucho menos a discutirlo, sólo quiero indicar que este breve comentario sólo trata de abordar el aspecto meramente dietético, sin entrar en otras consideraciones de tipo ideológico, filosófico o moral.

Consejos dietéticos para la menopausia

Consejos dietéticos para la menopausia

alimentación menopausiaEs importante resaltar que la menopausia no constituye en sí misma ninguna enfermedad, como algunos parecen entender, sino una etapa más de la vida de la mujer. Como quiera que dicha etapa coincide con una edad en torno a los cincuenta años, y con ciertas modificaciones hormonales, se produce un aumento del riesgo de padecer ciertos procesos, cosa que, por otro lado, también sucede en los varones de la misma edad como fruto del proceso propio de envejecimiento.

Es por eso que, como en cualquier otra etapa de la vida, una alimentación sana y adaptada a las circunstancias fisiológicas, será bastante conveniente para mantener una buena salud.

A continuación expondré algunas sencillas indicaciones en relación con la alimentación aconsejable en la menopausia:

  • Llevar a cabo una adecuada ingesta de fibra a través de los alimentos integrales
  • Tomar abundantes frutas y verduras frescas, unas cinco raciones al día.
  • Siempre que no estén contraindicados, es aconsejable tomar alimentos ricos en fitoestrógenos, tales como el tofu, miso, lino, dátiles, cerezas, etc.
  • Aumentar el consumo de ácidos grasos omega-3 (pescados azules, nueces)
  • Utilizar otras fuentes de calcio alternativas a los lácteos, tales como semillas de sésamo, frutos secos, nabos, salmón, almendras, algas, etc.
  • Limitar, también, la ingesta de productos que podrían desencadenar sofocos, tales como el café, los picantes, alimentos muy calientes, etc.
  • Limitar el consumo de alimentos ricos en grasas saturadas (carnes, lácteos, aceite de coco, etc.)
  • Mantener una buena hidratación
  • Limitar la ingesta de sal
  • Evitar los azúcares refinados y la bollería industrial

En realidad, si reflexionamos un poco, dichos consejos dietéticos, son aplicables también, con alguna matización, para cualquier persona que quiera mantenerse un adecuado aporte nutricional.

Reflexiones sobre la medicina oriental

Reflexiones sobre la medicina oriental

medicina orientalEl campo de la salud y el bienestar es, sin lugar a dudas, una de las áreas del conocimiento humano por la que solemos sentir una mayor curiosidad y atracción, ya que el hecho de vivir una vida suficientemente saludable y longeva no deja indiferente a la mayoría de las personas. 

Actualmente, en los albores del siglo XXI, y disponiendo de los medios de comunicación con los que contamos, cada vez nos resultan más cercanas ciertas expresiones tales como la energía Qi, la moxibustión o la Medicina Ayurvédica, términos estos que hasta hace bien poco sólo estaban al alcance de un escaso y selecto grupo de personas. Sin embargo, hoy día quién no ha escuchado hablar de cosas como la acupuntura, las bayas de Goji o el Masaje Tailandés.

Pero más allá de esta especie de fascinación por “lo oriental” que podemos percibir en ciertos ambientes, y que bien podría tratarse simplemente de una moda más, subyace una profunda curiosidad hacia este tipo de sabiduría ancestral que sustenta una sorprendente visión del ser humano, así como de la salud y la enfermedad, que al mismo tiempo seduce a los occidentales que accedemos a ellas.

Obviamente, nosotros hemos nacido y crecido en nuestro mundo occidental, y por tanto nos encontramos impregnados, consciente o inconscientemente, de toda suerte de creencias y valores que constituyen el paradigma de lo que podríamos denominar la cultura occidental, tanto para bien como para mal 

En el ámbito de la salud nos sentimos orgullosos de los magníficos avances tecnológicos conseguidos sobre todo en las últimas décadas, y que han logrado encontrar solución a muchas enfermedades, mejorar la calidad de vida de gran número de personas y permitir un incremento de la duración de la vida hasta no hace mucho impensable.

En cierto modo es lógico que sintamos un lícito orgullo, pero si esta legítima emoción se convirtiese en sensación de superioridad, y nos impidiese percibir las carencias de nuestro propio modelo, o generase un pensamiento de tipo narcisista y etnocéntrico sin más, habría que decir, entonces, que estaríamos profundamente equivocados.

Desde muy joven me han interesado las disciplinas orientales como la acupuntura, de la cual leí mi primer libro cuando tenía quince años de edad. Posteriormente profundicé en el estudio de la Medicina Tradicional China, el Qi Gong, la Medicina Tibetana, el Reiki, el Shiatsu y los principios de la Medicina Ayurvédica, el Yoga y algunas otras ciencias orientales.

En estos momentos, tras más de treinta y dos años de experiencia de ejercicio profesional en el campo de la Medicina Integrativa, mi comprensión del asunto podría resumirse fácilmente, y es que todos nos enriqueceríamos si occidente aprendiese de oriente y oriente de occidente.

Permítaseme con fines didácticos utilizar el constructo de “Medicina Oriental” sabiendo que dicha expresión es un tanto ambigua y poco “científica”, ya que en ella se incluyen un conjunto de medicinas distintas pero con un indudable tronco común, al que quiero hacer referencia. Sin embargo voy a utilizar dicha expresión, ya que no podemos obviar el aspecto eminentemente didáctico y práctico que tiene.

Dentro de esta Medicina Oriental podríamos resaltar tres sistemas médicos que superan con mucho a todos los demás de la zona: la Medicina Ayurvédica de la India, la Medicina Tradicional China y la menos conocida Medicina Tibetana. 

De estas tres grandes medicinas se han nutrido otros muchos enfoques médicos más locales y de menos difusión e influencia que los anteriores. Estimo que estas tres grandes Medicinas Orientales, por su profunda complejidad y características, así como por la influencia que hoy día tienen en el mundo occidental, bien merecerían un tratamiento particular que podría explicitarse en futuros artículos. 

He de decir, también, que cuando hablo de Medicina Occidental, me estoy refiriendo a la medicina convencional y oficial que se practica en los centros hospitalarios y de salud de los países occidentales avanzados. Pero hay que recordar que cada vez más está apareciendo en occidente una nueva corriente con una manera diferente de entender la salud, y que posee profundos vínculos con las medicina orientales, como es el caso de la Medicina Integrativa, que asume los avances de la medicina científico-técnica moderna, pero que además incluye los aspectos psicológicos y espirituales del ser humano, y, además, entre su arsenal utiliza diversas terapias provenientes de oriente como la acupuntura o el shiatsu, entre otras.

Para alguien ajeno al campo de la salud me gustaría comentar algunas de las principales diferencias existentes entre el modo de concebir la salud y de tratar la enfermedad que existen entre occidente y oriente.

Lo primero que habría que decir es que en todo sistema médico hay tres pilares fundamentales: La técnica, la visión antropológica y el criterio de aplicación.

La medicina occidental ha avanzado mucho por el camino de la técnica. Hemos conseguido grandes logros, pero hemos quedado muy atrás en otros aspectos. Mucho de los problemas con los que nos encontramos hoy día se deben a que no existe una visión antropológica clara y el criterio de aplicación de los remedios ha sido limitado a la pura estadística.

Hace tiempo que suelo hablar del “Modelo Frankenstein” para expresar el enfoque fragmentario con el que Medicina Occidental convencional (la alopatía), considera al ser humano habitualmente. Aunque en teoría todos los médicos sabemos que somos un todo y que existe una unidad inseparable entre la mente y el cuerpo, a nivel práctico, en la sanidad del día a día, se funciona bajo el esquema de las especialidades y las superespecialidades, en las que un profesional muy cualificado en un ámbito desconoce casi todo de todo lo demás. 

Pero sucede que un ser humano no es, desde mi punto de vista, un trozo de carne anexo a un ojo, o a un hígado, sino toda una unidad que enferma y sana globalmente.

A modo de diferencia, la Medicina Oriental, posee una visión antropológica mucho más holística y global. Posee un núcleo común, a pesar de las diferencias culturales entre los distintos países orientales, que podríamos denominar visión holística y energética del ser humano.

En oriente se considera que el ser humano es energía, al igual que todo lo es también todo el universo. El ser humano no se entiende, pues, como algo aislado y separado de su entorno, sino como un ser en continuo intercambio con las energías ambientales. Curiosamente esta noción está muy próxima a los postulados ecológicos occidentales actuales. Los distintos padecimientos y enfermedades, por tanto, poseen una base  de desequilibrio energético y es posible recobrar la salud mediante aquellos procedimientos que ayuden a restaurar el equilibrio perdido dentro de cada persona y a devolver el equilibrio entre ésta y el macrocosmos. 

Hace miles de años que la interrelación entre los aspectos mentales y el cuerpo físico se tiene en consideración en el mundo oriental a la hora de abordar la salud y la enfermedad.

Podríamos decir que la Medicina Oriental posee un enfoque más global del ser humano,  considerándolo tanto en sus aspectos físicos, emocionales y espirituales, mientras que el enfoque occidental es predominantemente materialista. 

Muchas de las Medicinas Orientales están inseparablemente conectadas con la dimensión espiritual, con todo lo que ello implica. También se fundamentan en los antiguos y milenarios pensamientos filosóficos de las culturas en la que se han venido expresando. Gran parte de sus conocimientos actuales han surgido de una amplia base empírica de observación a través de los tiempos de los fenómenos de la naturaleza. 

Pero lo que en estos momentos en los que la ciencia occidental ha logrado mandar sondas especiales que van más allá del sistema solar, nos resulta realmente sorprendente es que estos conocimientos empíricos ancestrales que nos muestran las medicinas orientales, puedan ser tan precisos en muchos casos, de tal manera que la ciencia occidental ha podido hoy día constatar la utilidad de muchos de estos sistemas terapéuticos y, aunque todavía desconocemos bastantes de los mecanismos en los que se sustentan ciertas curaciones, lo realmente fascinante es pensar el modo en el que los sabios de la antigüedad llegaron a desarrollar una clara comprensión de cómo ayudar a las personas de su entorno a luchar contra la enfermedad y a conservar su salud.

Ahora, las actuales generaciones de jóvenes estudiantes occidentales, poseen un escenario privilegiado para establecer una síntesis necesaria entre ambas visiones del mundo, la oriental y la occidental. Mantengo la convicción y la esperanza de que de ese nuevo conocimiento más global y comprensivo, surgirán las semillas de un mundo mejor, porque no olvidemos que la salud y el bienestar es un anhelo y una aspiración que todos los seres humanos deseamos.

Ejercicio físico, calidad de vida y longevidad

Ejercicio físico, calidad de vida y longevidad

ejercicio, calidad de vidaLa importante relación entre ejercicio físico, calidad de vida y longevidad es conocida desde la antigüedad. Se ha demostrado inequívocamente que quienes hacen ejercicio desde edades tempranas y lo mantienen a lo largo del tiempo, tienen tasas de mortalidad más bajas en comparación con aquellas otras personas de vida sedentaria.

A nivel de investigación se ha constatado, también, que quienes mejoraban su forma física reducían el riesgo de muerte  en un 44% en comparación con quienes no lo habían mejorado.

Otro estudio ha tratado de relacionar el ejercicio físico con la supervivencia. En dicho estudio se demostró que los varones que comenzaron a hacer alguna actividad física de intensidad moderada durante los 15 años que duró la investigación, tenían un riesgo de muerte 23% más bajo que los que no hicieron deporte.

Hay quien siente que ya es demasiado tarde para comenzar su práctica deportiva. A estas personas habría que decirles que existen suficientes pruebas que avalan lo contrario, que nunca es demasiado tarde para comenzar a hacer ejercicio. Las personas que realizaron ejercicio ganaron de 3-5.7 años de vida, dependiendo de la frecuencia con la que lo hacían, viviendo estos años extras con menos discapacidades que el resto de la población.

Hay que resaltar que el ejercicio físico no sólo ayuda a vivir más, sino también a vivir mejor, mejorando nuestra salud física, mental y emocional, incluso nuestra productividad y nuestras relaciones íntimas.

Las personas mayores que llevan una vida activa pueden mantener sus niveles cardiovasculares, musculares y de metabolismo similares a personas sedentarias más jóvenes. Las personas activas más mayores tenían el doble de posibilidades de acabar sus vidas sin discapacidades en comparación con las sedentarias.

Ciertos estudios demuestran que el ejercicio físico puede contrarrestar los efectos del envejecimiento a nivel del estado cardiovascular. Se constató que en personas que habían estado sometidas a un programa de ejercicio intenso durante 6 meses, volvían a su estado cardiovascular cuando dicho programa se repetía 30 años después.

También parece ser beneficioso tras sufrir ciertas patologías, como por ejemplo los pacientes cardiacos. Aquellos que eran sometidos a programas de ejercicios, vivían más tiempo que los que sólo habían hecho tratamiento médico.

La recomendación es realizar ejercicio moderado 5-6 veces por semana durante 30 minutos. Este nivel de ejercicio en el que se queman 1000 calorías, reduce el riesgo de muerte entre 20-30%. Parece que un nivel de esfuerzo mayor da lugar a mejores resultados, pero todavía no está claro el límite a partir del cual dejamos de beneficiarnos por hacer más ejercicio.

No obstante, he de recordar que la buena salud no se basa únicamente en la práctica del ejercicio físico, sino que hemos de tener en cuenta también los otros dos pilares básicos para una vida saludable: cuidar nuestra alimentación y el aspecto psíquico, cultivando las emociones positivas y el equilibrio mental.