En más de una ocasión me han preguntado cómo se me ocurrió crear esto de la Sofrodynamia®. La respuesta no es sencilla porque en realidad no fue ninguna ocurrencia, ni tampoco una especie de invento cualquiera, sino que tuvo y tiene mucho que ver con mi proceso personal de crecimiento y desarrollo humano y, como tal, es una cuestión larga y compleja para explicar, debido sobre todo a que a estas alturas son ya muchos los años vividos que he dedicado a estos asuntos. Sigue leyendo
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Editorial de febrero 2014
Dejamos atrás un mes, enero, que además de frío, nieve, lluvia y cuadros catarrales y gripales, nos ha traído también algunos datos esperanzadores sobre una supuesta recuperación de la economía.
La prima de riesgo se estabiliza a la baja, el último trimestre del año se cierra en positivo, el turismo alcanza niveles históricos, los datos de la Encuesta de Población Activa parecen marcar un cambio de tendencia, incluso se escuchan voces que nos hablan del comienzo de la salida de la crisis.
Sin embargo, hay algo que no me cuadra. Porque con todos esos buenos datos, que lo son, los trabajadores siguen ganando menos, pagando más impuestos, nos suben la electricidad, el agua y no sé cuántas cosas más… y entonces me pregunto ¿recuperación para quién?
¡Ah, sí!, no me acordaba que hace poco el señor Botín les comunicó a sus accionistas del Banco de Santander que había duplicado sus beneficios en el 2013 (año éste de crisis por cierto, ¿pero de crisis para quién?). El montante asciende a unos 4.370 milloncillos de euros de nada. ¡La de cosas que se podrían arreglar sólo con esos “beneficios de más”!
En fin, ya saben ustedes que tengo pocos conocimientos de economía y por eso tal vez no llegue a comprender ciertas cosas muy profundas, pero hasta donde mi mente alcanza, la cosa queda como sigue: cuando falta dinero pagamos nosotros, pero cuando sobra se lo llevan otros.
En este punto me viene a la memoria unas coplas de Baguala que cantaba el mítico grupo Quilapayún, que más o menos decía así en una de sus estrofas:
Si no protesto me explotan
y si protesto voy preso,
pa’ los de abajo la caja
y pa’ los de arriba el queso.
Claro que eso se lo oíamos cantar allá por los años setenta. Y cuando lo escuchábamos pensábamos entonces que esa especie de “canción protesta” se refería a Chile de Pinochet, a la Argentina de Videla o a la España de Franco. Lo que no podíamos imaginar por entonces es que estas estrofas, cuarenta años después, y de más de treinta y cinco años de democracia, pudieran seguir siendo vigentes en la España actual.
Pero ahora toca centrarse en reflexionar sobre aquello que nos traerá el nuevo mes que comienza, febrero.
Conocido como “el loco” por sus inesperados y bruscos cambios de tiempo, unas veces hace honor a su nombre y otras en cambio no, y transcurre como una especie de preludio de la primavera. A ver como se presenta este año.
A nivel sanitario, los medios de comunicación han insistido en un posible repunte respecto al número de casos de cuadros gripales en este mes, alertando o, mejor dicho, alarmando, sobre los efectos de la misma.
Sin embargo, cuando recurrimos a los datos epidemiológicos oficiales y los comparamos con las estadísticas anuales, nos encontramos que la incidencia es menor o igual a la de años anteriores. Entonces, ¿a qué viene tanta alarma se preguntará alguno? Pues eso mismo me pregunto yo.
¿Acaso normalmente salen cada día en las portadas de prensa o en las noticias de radio y televisión las personas que mueren o están en la UCI por un accidente vascular cerebral o por cualquier otra enfermedad?, la respuesta es sencilla, ¡no! Entonces, ¿por qué sale en la primera página de los periódicos y abriendo los informativos nacionales, esos mismos datos referidos a la gripe? Esto no hace mas que generar miedo y alarma en la población.
Pues posiblemente por una sencilla razón. Porque hay una vacuna que vender y muchas dosis osemtalvir (Tamiflu®) almacenadas que habrá que gastar, ¿no?, las cuales se compraron cuando lo de la tomadura de pelo de la famosa pandemia de Gripe A del 2010.
Con esto no estoy quitando importancia a la posible gravedad de muchos cuadros, ni tampoco negando la aparición de casos mortales. Lo único que digo es que son los mismos que en cualquier otro año normal, como afirmaba en una entrevista al diario Sur la Jefa de Salud de la Delegación Provincial de Málaga. Y repito, entonces ¿a qué tanta alarma?
Tengo una hipótesis. La patente del osemtalvir (Tamiflu®), producto que se recomienda para tratar la gripe A, le caduca al laboratorio Roche en el 2016. Eso quiere decir que a partir de esa fecha otros laboratorios podrían fabricarlo, abaratar el precio y competir en el mercado en la venta de ese producto, medicamento, por cierto, de más que dudosa eficacia.
Por tanto, de aquí a esa fecha, es decir, este año y los dos que vienen, intuyo que nos van a intentar asustar por todos los medios para que se consuma más. Porque ya se sabe, una buena dosis de miedo hacia una enfermedad es un fantástico medio para incrementar la venta de ciertos productos.
Creo que además de protegerse de las enfermedades tendríamos que plantearnos promocionar la salud. Parece lo mismo pero no lo es.
Desde mi punto de vista, es muy importante cuidar la alimentación incrementando la cantidad de frutas, verduras y alimentos ricos en productos antioxidantes. Realizar ejercicio físico moderado, cuidar nuestros ciclos de descanso y mantener una actitud mental positiva. Éstas son herramientas especialmente útiles para mantener un buen nivel de salud.
En los momentos de mayor incidencia de patologías virales es bastante aconsejable tomar ciertos productos que incrementan la eficacia de nuestro sistema inmunitario frente a ellos.
Existen productos de alta calidad para ayudarnos a mantener una buena salud en el ámbito de la fitoterapia, de los oligoelementos, de la micoterapia y también conocidos medicamentos homeopáticos que han mostrado su eficacia en miles de pacientes en la prevención y el tratamiento de cuadros virales.
Por tanto, tenemos más herramientas de las que a veces pensamos para mejorar nuestras defensas y mantener un buen estado de salud.
Un conocido estudio demostró que el miedo bloquea el sistema inmunitario. A unos estudiantes se les proyectó una película de risa, mientras que a otros les pusieron una de miedo. Después se midieron los niveles de IgA, que es la inmunoglobulina que se encuentra en las secreciones y las mucosas, y que nos protegen contra las agresiones que padecemos por vía respiratoria o digestiva, antes de que penetren a la sangre. Los que vieron la película de risa incrementaron sus niveles, mientras que quienes vieron la de miedo lo disminuyeron.
Por tanto, no deberíamos olvidar el hecho comprobado de que el miedo debilita nuestras defensas y nos hacen más susceptibles de padecer ciertas patologías, mientras que reír y disfrutar de la vida nos hace más resistentes.
Así, quienes pretendan cuidar su salud un poco más habrán de procurar alejar de sus mentes el miedo y procurarse actividades, lecturas y compañías con las que disfrutar.
Feliz Febrero
Editorial enero 2014
Comenzamos el 2014 con cierta expectación y, sobre todo, con el deseo de que las estimaciones que sobre él se han hecho públicas en los distintos medios de comunicación, de verdad se parezcan luego a la auténtica realidad. ¡Ya veremos!
Y es que nos han dicho muchas veces que éste será el año del fin de la crisis, el año de la recuperación, el de la creación de empleo… y no sé de cuantas cosas más. Pero como quienes lo han dicho tienen una palabra más falsa que un billete de diecisiete euros, tal vez por eso, a los ciudadanos, siempre nos queda una duda más que razonable al respecto.
No obstante, espero y deseo que esta vez los acontecimientos venideros se parezcan a las predicciones realizadas, y que el 2014 signifique todo un cambio de tendencia que marque la salida de unos años llenos de dificultades, sobre todo de tipo económico.
Por otro lado, a parte de las estimaciones económicas, los aficionados a las predicciones astrológicas se encuentran de enhorabuena, ya que hablan de un año marcado por el tránsito de Plutón, el cuál será el responsable, según ellos, de cambios profundos, de renovación y de importantes modificaciones a distintos niveles. Plutón desata energías transformadoras y es el encargado de acabar con lo viejo para hacer surgir lo nuevo.
Además de lo anterior, los amantes de la numerología también se encuentran de suerte, ya que 2014 representa al número 7, (2+0+1+4=7), siendo éste, el siete, un número considerado místico y auspicioso. Se le relaciona con la consciencia, con la espiritualidad y con la sabiduría. Representa la Héptada.
En el terreno esotérico se habla de la Héptada, con un amplio y profundo significado a distintos niveles. Según el Génesis, Dios creó el mundo en siete días; tenemos siete chakras principales; hay siete días en la semana; los ciclos lunares son múltiplos de siete; etc.
Si nos asomamos a la ancestral sabiduría del Tarot, el Arcano número siete, representa el Carro de Osiris, lo cual se relaciona con el éxito, la victoria, la verdad, la justicia, etc.
Hago estas distintas consideraciones no porque sea partidario de ellas, sino para indicar que desde distintos puntos de vista nos vaticinan que el 2014 podrá ser un buen año.
Sabemos que existen diferentes maneras de acercarse a la realidad, y según parece todas ellas tienen, más o menos, la misma posibilidad de acertar sobre el futuro que nos depara 2014 que los muy calculados y estudiados datos económicos elaborados por nuestros sesudos políticos y los avezados economistas bajo su dirección. Pero existe una notable diferencia: al contribuyente nos sale más barato consultar la bola de cristal de la “bruja piruja” para saber qué pasará este año, que el enorme pastizal que se llevarán (si no se han llevado ya) nuestras luminarias políticas y los “augures” económicos que les asesoran.
Sea como fuere, lo cierto es que ya ha comenzado el 2014 y hay quienes dicen que cada nuevo año es como una especie de página en blanco en la que es posible escribir cualquier tipo de nueva historia. De ser verdad tendríamos un gran número de oportunidades para vivir la vida que anhelamos. El refranero popular nos dice “año nuevo, vida nueva”, proponiéndonos la opción de que el nuevo año que comienza sea el inicio, también, de una “nueva vida”.
Y en cierto modo, pienso que es verdad, que cada nuevo año es una nueva oportunidad, pero habría que decir que no sólo para cada año, sino también para cada día y para cada instante, ya que todo momento es único e irrepetible y en él, de un modo consciente o no consciente, elegimos vivir nuestra propia vida o nos dejamos arrastrar por las circunstancias que nos rodean.
Qué sucede, pues, para que en lugar de ser los protagonistas de nuestra propia historia, en lugar de llevar las riendas de nuestro propio destino, acabemos viviendo una existencia que no nos agrada ni nos satisface.
Pienso que son muchos los factores implicados, y profundizar en ellos nos llevaría a escribir un libro y no unos cuantos párrafos como es mi intención, pero si tuviese que destacar uno de entre todos ellos, yo me decantaría por hablar acerca de la fuerza de la inercia.
Por eso, cada año nuevo realmente representa una nueva oportunidad, a condición de que seamos capaces de vencer la inercia que nos impulsa y nos dirige, muchas veces, hacia donde no queremos.
¡Ojalá que cada año nuevo llegue a ser verdaderamente una nueva oportunidad!
Pero qué sucede con esa inercia plasmada en la fuerza de las costumbres y en la tendencia a mantener los automatismos en nuestras vidas. Pues que cuando dichas inercias funcionan nuestra vida se asemeja a un tronco a la deriva sobre la corriente de un río, de tal manera que acabamos llegando a destinos no deseados y a vivir una vida que no queríamos.
Tal vez por eso sea que, año tras año, repetimos los mismos patrones y los viejos comportamientos, y sólo de vez en cuando aparece la chispa necesaria para realizar los cambios que necesitamos para hacer que nuestra vida sea verdaderamente significativa.
Así que, más que decir que el nuevo año se parece a una página en blanco para escribir sobre ella, habría que admitir que el año nuevo se asemeja más a una semilla, es decir, a algo que encierra dentro de sí la potencialidad de llegar a generar frutos, siempre que seamos capaces de superar las mencionadas inercias y los ancestrales automatismos.
Surge entonces la cuestión de si existe o no un modo eficaz de llevarlo a cabo, o no.
Pues parece que sí. Que la clave de todo ello reside, como siempre, en la consciencia humana.
Es decir, en la cantidad de consciencia que seamos capaces de introducir en nuestras vidas y en el aspecto discriminativo de la misma, ya que éste es el factor determinante para realizar los cambios necesarios para pasar de una vida rutinaria a una experiencia única y creativa de la misma. A esto lo llamamos, “darse cuenta”.
Pero el “darse cuenta” es el primer paso para vencer las inercias, no el único, ni el suficiente, pero sí el primero e imprescindible.
Una vez que nos damos cuenta de ello, se nos plantea una nueva cuestión, ¿seguir haciendo lo mismo o introducir un patrón nuevo de conducta, con todo lo que ello implica?
Como siempre, la respuesta adecuada no está tan clara como pudiera parecer, sino que dependerá de hacia dónde quieres dirigirte, es decir, de cuál es tu propósito en la vida o de qué dirección has elegido seguir.
Así que para este nuevo año, si has decidido que sea un año de cambios significativos en tu vida, habrás de desarrollar la inquebrantable determinación de hacer que tu consciencia, clara y nítida, asuma las riendas de tus decisiones y, además, enfoques tu poder personal y tu energía para conquistar aquellas metas que de verdad te has propuesto.
¡Feliz enero y Feliz 2014!
Felicidad, autorrealización y trascendencia
Cuando le preguntamos a alguna persona que es lo que más desea en la vida, solemos encontramos con respuestas como “lo que yo más quiero es estar bien y que los míos también lo estén”; o “lo que quiero es ser feliz…” o respuestas similares. Todos los seres humanos queremos ser felices, pero la mayoría de las veces conseguimos más sufrimiento que felicidad. Es evidente que hay algo que no hacemos del todo bien.
Evidentemente, una de las claves del asunto reside en que existen una gran cantidad de maneras diferentes de definir qué es la felicidad, según cada persona. Sigue leyendo
Semillas de autorrealización
Siempre hemos considerado al ser humano como la cúspide de la creación, sin embargo, si miramos la prensa o escuchamos las noticias, nos entran las dudas al respecto, ya que ninguna criatura sobre el planeta ha causado tanto daño a sus semejantes y al resto de los seres, incluyendo el medio ambiente, como el que hemos producido los seres humanos.
Pero, por otro lado, al mismo tiempo que manifestamos esta nefasta capacidad de destrucción, tanto personal como ajena, el ser humano posee en su interior la semilla de la bondad y del amor, siendo capaces de realizar por sus semejantes los mayores sacrificios que podamos imaginar, llegando incluso al extremo de dar la vida por ellos desinteresadamente.
¡Realmente somos unos seres curiosos, especiales y fascinantes!
Además, también hemos sido los artífices de la creación de verdaderas maravillas, tanto en el campo del conocimiento científico y tecnológico como en el de las artes y las letras. Esto es algo que no podemos negar, ni debemos perder de vista.
Entonces, ¿cómo entender que convivan en nosotros estas dos tendencias tan extremas?, porque parece claro que en nuestro interior tenemos lo uno y lo otro, la capacidad de odiar y la de amar, la de destruir y la de crear, etc.
Podríamos compararnos, pues, a una especie de terreno en el que se encuentran múltiples y diferentes semillas, pero en el que sólo brotarán aquellas que se cuiden y se mimen. Así que hemos de aprender a elegir con esmero aquellas semillas o tendencias que queremos que crezcan y den fruto en el futuro.
A todo este conjunto de posibilidades que residen en nuestro interior desde el momento mismo de nuestro nacimiento, las llamamos potencial humano. Y al desarrollo de dicho potencial lo llamamos autorrealización.
Así que, por un lado, tenemos semillas de autorrealización, pero, por otro lado, todavía no somos seres plenamente realizados, de tal modo que podríamos decir que “ya somos, pero todavía no.”
Esto es una paradoja que necesitamos resolver, y esto lo conseguimos si dedicamos tiempo y esfuerzo para ello. Esa es nuestra responsabilidad aquí y ahora, es decir, asumir el compromiso radical de poner los medios y el esfuerzo necesario para actualizar dicho potencial, porque sabemos que en cualquier ámbito de la vida, los resultados no llegan así porque si, sino como consecuencia del compromiso y del esfuerzo consciente.
Aunque constatamos que hay personas que son capaces de realizar este proceso de manera espontánea, fluida y exitosa, los demás vamos a necesitar una cierta “Pedagogía del Mundo Interior,” es decir, una disciplina cuyas herramientas nos enseñe de manera sencilla, sistemática y asequible, de qué forma activar y poner en marcha el proceso de crecimiento y desarrollo humano.
Son muchos los que tienen buenas intenciones, pero a su vez se encuentran enredados, al igual que yo, en una vida demasiado compleja y ajetreada como para disponer de tiempo suficiente para trabajar en conseguir la famosa autorrealización.
En realidad, a muchos les parece más urgente pagar las facturas a fin de mes, así como dedicarse con esmero a la educación de los hijos, a la vida familiar y lo social que utilizar ese tiempo en otras cosas menos urgentes y más inmateriales.
Obviamente, negar que tenemos compromisos con la familia, con los amigos o con la sociedad, o huir de dichos compromisos, no suele traer buenas consecuencias.
¿Entonces qué hacer?, ¿es posible hacer algo asumiendo esta realidad?
Pues, por supuesto que habrá muchos cambios que se puedan llevar a cabo. Pero lo que no debemos permitir es que sean nuestras propias limitaciones mentales o nuestras restricciones autoimpuestas quienes nos marquen el camino.
Hace tiempo desarrollé una metodología, la Sofrodynamia®, pensando precisamente en aquellas personas de vida ocupada pero con intención de mejorar su existencia.
He de aclarar que la Sofrodynamia®, como todo proceso de crecimiento y desarrollo, no está exenta de dedicar tiempo y esfuerzo para conseguir logros. Este imperativo es inevitable y hemos de asumirlo desde el principio, teniendo la certeza de que el resultado que obtendremos será proporcional al esfuerzo realizado y seguro que descubrimos que vale la pena.
He de aclarar, también, que las estrategias que propone la Sofrodynamia® no están pensadas para meditadores avanzados o para quienes ya tienen su propio camino de desarrollo interior, sino para quienes tienen una vida ocupada, trabajan, estudian, tienen familia y tienen un tiempo escaso o limitado, pero quieren crecer y desarrollarse como seres humanos.
Uno de los planteamientos sofrodynámicos pasa por comprender que “todo lo que acontece en nuestra vida en cada momento forma parte del camino de desarrollo.” Por tanto, sea lo que sea lo que estés viviendo aquí y ahora, lo podemos utilizar como parte del camino de desarrollo.
Este cambio de actitud respecto a nuestra vida ordinaria, llegará a ser el primer impulso que nos permita despegar hacia límites más elevados.
Lo primero, por tanto, es tomar consciencia de nuestra situación vital personal en estos momentos, es decir, nuestro punto de partida. A partir de ahí, podremos incorporar los cambios vitales necesarios para empezar a realizar el trabajo de transformación interior que nos llevará a desarrollar nuestro potencial. Y eso pasa por una mayor consciencia de nuestro mundo interior.
Uno de los frutos del desarrollo de nuestras potencialidades será conseguir un mayor bienestar personal, con una repercusión directa sobre nuestra salud y nuestro bienestar. Por eso, dedicarnos a desarrollar nuestro potencial, tal vez sea la mejor inversión que podamos hacer en nuestra vida.
Con esta visión y con este sentido, el entrenamiento en Sofrodynamia®, propone estrategias, enseñanzas, prácticas y modelos operativos diseñados y pensados para quienes viven en una sociedad moderna y en un mundo como el actual, combinando la sabiduría ancestral y los conocimientos científicos actuales, con el propósito de ayudar a a las personas a mejorar su vida a través del desarrollo de su potencial de autorrealización.
¡Coma usted de todo!
Con cierta frecuencia atiendo pacientes que me comentan lo siguiente: “Me ha dicho el especialista que puedo comer de todo, pero cuando lo hago me sienta fatal, y si se lo comento, se extraña y me dice que son tonterías, que no tengo nada que me lo impida.”
Lo curioso de este caso es que hay dos cosas que son verdad. Una, que es cierto que se lo ha dicho el especialista y, la otra, que también es cierto que cuando come de todo se siente fatal. Pero respecto a que no hay nada que se lo impida, la cosa no está tan clara. Pero lo que resulta todavía más curioso es que, con frecuencia, el médico que le comenta estas cosas sea especialista en aparato digestivo, que algo debería tener en cuenta la alimentación, vamos, digo yo.
Casos como el anterior hace que me pregunte, ¿es cierto que los seres humanos podemos comer de todo sin importar el origen, la cantidad o la conveniencia o no de determinados alimentos, y todo ello hacerlo impunemente?
Reflexionemos al respecto.
¿Hay alguna especie animal que sea capaz de comer cualquier cosa, a cualquier dosis, en cualquier momento del día y en cualquier época del año?
Pues parece que no.
Mas bien sucede lo contrario, que cada animal come, según su propia naturaleza, lo más adecuado para su especie, y siempre en una cantidad determinada y siguiendo un cierto ritmo alimentario apropiado. Cuando no lo hace así, enferma.
¿Por qué pensamos, entonces, que nosotros, que no somos más que unos mamíferos evolucionados, hemos de ser diferentes en este aspecto?
Tal vez porque siempre nos han dicho aquello de que somos “ominvoros”, y eso se ha traducido habitualmente como la capacidad para comer cualquier cosa, en cualquier cantidad y en cualquier momento. Y eso no es así.
Frente a dicha creencia, es posible constatar que la evidencia empírica y los estudios actuales sobre dietética y nutrición nos hablan de otra cosa. Nos hablan de la trascendencia de no comer cualquier alimento sino, más bien, de la importancia de seguir una correcta alimentación tanto en calidad, como en cantidad y variedad, adaptada a las necesidades nutricionales del sujeto y considerando factores tales como la edad, el tipo de clima, la patología de base de cada persona o la clase de trabajo que desempeña. Hoy día sabemos bastantes cosas al respecto y existe literatura científica suficiente para respaldarlo de forma contundente.
Nadie dudaría en la actualidad sobre la importancia de la alimentación adecuada para el mantenimiento de la salud y para la prevención, e incluso el tratamiento, de ciertas enfermedades.
Sin embargo, ciertos “especialistas” le siguen diciendo a sus pacientes, “usted puede comer de todo”.
Lo más llamativo, al menos para mi, es cuando esta afirmación viene realizada por parte de un oncólogo. A pesar de los años, no me acostumbro a escucharla, porque me demuestra que todavía en el siglo XXI, la medicina convencional con todos su avances y evidentes ventajas, sigue manteniendo una imagen fragmentada y parcial del ser humano, de tal manera que cada especialista sabe de lo suyo y no solamente ignora sino que, en cierto modo, desprecia otras áreas del saber.
Pareciera, en este caso, como si más allá de la quimioterapia o de la radioterapia, una correcta alimentación no tuviera nada que aportar a la salud de quien padece un cáncer. Como dirían hoy día los jóvenes ¡qué fuerte!, ¿no?
Hace muy poco me comentaba un paciente oncológico: “cuando le he preguntado sobre alimentación a mi oncólogo, me ha mirado con cara rara y me ha dicho que coma lo que quiera, que la alimentación no tiene nada que ver con mi cáncer”. Y es posible que fuese así en lo que a etiología se refiere. Sin embargo, según afirman los estudios científicos actuales, existen un cierto número de cánceres relacionados con determinados hábitos dietéticos, y, por otro lado, existe evidencia científica suficiente como para fundamentar, sin lugar a dudas, la importancia de la dieta en relación con la salud. Incluso entre las recomendaciones de organismos internacionales sobre el estilo de vida como medida preventiva de la aparición de un cáncer, se preconizan bastantes puntos relacionados con la alimentación.
Por tanto, desde el punto de vista de la Medicina Integrativa, entiendo que, si ya es importante el modo de alimentarse cuando se está sano, es mucho más importante hacerlo cuando la persona se encuentra enferma, y todavía mucho más si es el caso, como sucede en los pacientes oncológicos, que le están suministrando medicamentos altamente tóxicos y que producen efectos indeseables en órganos vitales como el hígado, los riñones o el corazón, entre otros. ¿No sería importante cuidar la alimentación en estos casos y aportar al organismo una cantidad suficiente de nutrientes adecuados para cada caso?
No estoy diciendo que la comida cure el cáncer, aunque sabemos que existen alientos con un alto potencial antioncogénico, simplemente afirmo que, cuando alguien padece una enfermedad, lo más razonable es cuidar lo que ingiere, y si además podemos ayudarle a recuperar la salud utilizando una dieta apropiada, pues mucho mejor.
No hay que insistir demasiado, porque es una obviedad, que un paciente bien alimentado se recuperará mejor que otro que no lo está, y que si aportamos nutrientes que favorezcan la detoxificación o que ayuden a la integridad del sistema inmunológico, es probable que todo funcione mejor.
En el campo de la nutrición recientemente se ha desarrollado una nueva disciplina conocida como Inmunonutrición, gracias a la cual se está estudiando no sólo el aporte nutricional de los alimentos sino sus efectos sobre el sistema inmunológico.
Sabemos que el 70-80% del tejido linfoide relacionado con los procesos inmunológicos se encuentran en la luz intestinal, por lo que una buena nutrición y un buen mantenimiento del equilibrio intestinal se postula como algo bastante importante para el mantenimiento de la salud.
Frente a estas evidencias, el “coma usted de todo” no parece ser ni demasiado preciso ni demasiado acertado.
Es posible que dentro de unos años, no sé si yo lo veré, llegue el momento en que los especialistas no le digan a los pacientes aquello de “coma usted de todo, que no pasa nada”.
Editorial de diciembre de 2013
Más tarde que pronto llegaron por fin los fríos propios de esta época otoñal, y pronto nos visitará un nuevo invierno que habrá de acentuar, aún un poco más, las gélidas temperaturas que se han alcanzado en algunos lugares durante estos últimos días.
Casi sin darnos cuenta, y hablo por mí, vamos acabando el año con la esperanza de que el próximo 2014 se comporte con nosotros un poco mejor de lo que lo ha estado haciendo su predecesor 2013.
He escuchado que dicen que ocurrirá eso, que 2014 será mejor, pero como nos han mentido tantas veces, ha habido tantos “brotes verdes” fallidos y tantas “luces al final del túnel” que luego no fueron más que meros espejismos, resulta difícil creerse algo de modo convincente en lo que al futuro económico se refiere.
Y es que, ya lo he comentado otras veces, la economía y la meteorología son maravillosas disciplinas que te explican lo que sucedió en el pasado, pero son bastante menos rigurosas y certeras en lo que se refiere a realizar predicciones hacia el futuro, sobre todo cuando los datos los manejan los políticos, especialistas en camuflar la realidad para que ésta se adapte a sus conveniencias.
No obstante, algunos insisten en que 2014 será el año de la recuperación de la crisis, pero lo que no me queda muy claro del todo es “¿de la recuperación para quién?” ¿Tal vez para quienes ya tienen mucho, para que así puedan incrementar su capital un poco más?
Me temo que será más raro constatar un cambio de tendencia que permita que quienes van más apurados puedan darse el respiro que se merecen. No obstante, quiero suponer que no hay que perder la esperanza y seguir trabajando para ello.
Sea como fuere, lo realmente indiscutible es que ha llegado Diciembre, un mes bastante peculiar desde su comienzo hasta su final.
Y digo esto porque nada más comenzar, a los pocos días de su inicio, tenemos uno de los puentes más largos y esperados del año, y que, además, esta vez coincide de una de las mejores maneras posibles para quienes gustan de hacer viajes o necesitan disponer de unos días libres para asuntos personales o familiares, ya que este año nos coge de jueves a martes.
Siguiendo el mes, más tarde, llegarán los días festivos de Noche Buena, Navidad y Fin de año, con todo lo que ello implica: fiestas, vacaciones, viajes, reuniones, etc.
Pero además, diciembre, es un momento de cambio estacional. Oficialmente comienza el invierno, independientemente de lo que digan las temperaturas, que como hemos podido comprobar últimamente andan un poco locas, cambiando del calor al frío y viceversa de un modo súbito y poco normal.
En el hemisferio norte pasaremos del otoño al invierno a partir del solsticio de invierno que astronómicamente sucede en el espacio comprendido entre el 20 y el 23 de diciembre, momento del año en el que la noche alcanzará su máxima duración y el día la menor.
Es justo a partir de ese momento, cuando la luz comienza a ganarle terreno a las tinieblas, para igualarse en la primavera y llegar a su máximo en el verano, manteniendo ese perpetuo y cíclico movimiento de los cambios estacionales.
Por eso, a partir del solsticio de invierno podríamos decir que es el momento justo en el que podemos percibir el triunfo de la luz sobre la oscuridad, acontecimiento éste que ya venía celebrándose desde la más remota antigüedad, y que quedó señalado en el calendario por la realización de diferentes celebraciones y rituales, desde los más antiguos de tipo chamánico, pasando por los de carácter druídico en las culturas céltica y germánica, hasta los más recientes en el Imperio Romano con las fiestas del Sol Invicto.
En nuestra cultura, la llegada de la luz al mundo y la victoria de ésta sobre la oscuridad, se ha venido representando mediante la celebración de la Navidad. Como sabemos, allá por el siglo III de nuestra era, se eligió la fecha del 25 de diciembre como momento para la celebración del nacimiento de Jesús con la intención de cristianizar las más antiguas celebraciones paganas, haciéndolas coincidir con el nacimiento del Niño Dios.
Estos aspectos históricos no merman la importancia real de estos días, sino que, muy al contrario, la resaltan y destacan, haciendo de la Navidad un acontecimiento cósmico que trasciende el tiempo y las culturas.
Para celebrarlo, en estas fechas, las calles y los hogares se visten de fiesta, de luces y de adornos navideños, se pueden escuchar villancicos por muchos lugares, y los comercios, los que todavía quedan después de la crisis, se dispondrán de la mejor manera posible para aprovechar este último tirón comercial y procurar vender todo lo que puedan en estos días, intentando compensar así un año no demasiado bueno para la mayoría de ellos. Tal vez, para algunos constituya el último intento de salvar la temporada.
También, tradicionalmente, es propio del mes de diciembre que las empresas de todo tipo promuevan con sus empleados una comida grupal en la que, disfrutando de un ambiente distendido y lúdico, se estrechen lazos y sirvan como punto de encuentro y celebración. Estas reuniones festivas suelen aprovecharse, además, para felicitar, para agradecer y como una forma de consolidar la sensación de grupo y desarrollar una motivación que incentive el deseo de superación de cara al futuro.
Pero en estos últimos años, según me han comentado, parece que la cosa ha aflojado un poco, bien porque algunas empresas, literalmente, han desaparecido, o bien porque las que quedan disponen de menos recursos económicos para este tipo de celebraciones.
No puedo dejar de señalar que me gusta disfrutar de lo que la vida me va ofreciendo, y diciembre siempre me ha proporcionado muchas oportunidades para ello. Podría decirse que diciembre es un mes generoso para quienes buscan oportunidades en lo que se refiere a retomar las amistades y los encuentros. Pero quiero matizar, en mi opinión, para disfrutar de la vida no son necesarias grandes cosas materiales, ni deslumbrantes o complicados eventos sociales, tal vez lo más importante sea la compañía de quienes te rodean y la disposición interior de cada cual a elegir ser feliz con lo que se tiene.
Tal vez por eso, muchas veces, una modesta infusión con unos buenos amigos, o una simple tarde de charla hogareña con personas queridas, sin más, sea algo que en otros momentos del año cuesta más trabajo realizar por falta de tiempo y que, sin embargo, diciembre con sus fiestas nos permite llevar a cabo.
Pero diciembre es, también, el mes de los nostálgicos. El mes de aquellos que eligieron vivir en el pasado más que en el presente. De quienes se enfocan más en quienes les faltan que en quienes le quedan. De quienes que un mes antes andan diciendo aquello de “a mi es que la Navidad me sienta muy mal”.
Y digo esto desde la experiencia, porque a esta altura de mi vida he de decir que son muchas las ausencias. Faltan mis padres, dos de mis hermanos, la madre de dos de mis hijos y un sin fin de personas muy queridas que, aunque no se encuentran físicamente a mi lado, nunca se fueron del todo de mi corazón.
Así que puedo hablar con total propiedad de cómo gestionar las ausencias. Y mi elección es clara, ya que elijo habitar en el presente, siendo consciente de lo que tengo en estos momentos y de lo que la vida me regala a cada instante, al tiempo que recuerdo con cariño a las personas que se fueron y doy gracias por el tiempo que me fue dado compartir con ellos.
Otros seguramente elegirán un camino diferente y otra manera de ver la vida, ¡somos tan distintos!. Si les va bien, será apropiado que lo sigan, pero si les hace sufrir más de lo necesario ¿por qué continuar fomentándolo?
Pero además de todo lo anterior, diciembre es también el mes de los regalos. Y he de decir que me gustan los regalos, tanto regalar como que me regalen. Por eso quizás me gusta tanto este mes, ya que en estos días es bastante frecuente el intercambio de presentes incluso a veces por parte de quienes menos te lo esperas.
Tradicionalmente, mucha gente elige diciembre para tener algún tipo de detalle con otras personas que han sido significativas a lo largo del año, sobre todo como muestra de cariño y agradecimiento. En este momento me acuerdo de la anécdota de un compañero, que cuando sus pacientes le decían “Ay, no sé cómo agradecérselo”, él le contestaba medio en broma medio en serio, “pues acuérdese de mí en Navidad”. Desconozco si le hacían caso o no, pero el detalle me resulta jocoso.
Así que, como dije antes, no cabe duda de que diciembre es un mes peculiar en muchos aspectos. Un mes en el que se suele comer y beber más de lo habitual, incluso los más comedidos tiene sus extras.
Tengo pacientes que cuando vuelven en enero con unos kilos de más, me dicen como extrañados, “¿qué raro?, a mí que no me gustan los dulces de Navidad”. Pero claro, no tienen en cuenta de que además de dulces de Navidad hay otros muchos tipos de comidas y bebidas (jamón, embutidos, quesos, vinos, champán, etc.), aunque a ellos les parezca que sólo engordan los turrones, la verdad es que solemos comer más de lo habitual.
Otros comentan “¿no sé cómo he engordado, ya ves, sólo comí un mantecado…?” Me imagino entonces al paciente sentado en la mesa frente a un único mantecado de 2-3 kg de peso, puesto que eso es lo que ha aumentado en la báscula. Y es que el que no se consuela es porque no quiere.
Finalmente, me viene a la cabeza una reflexión algo más “científica”, y es que las ciencias psicológicas nos han enseñado que no percibimos el mundo de una forma objetiva, tal cual es, sino que lo vemos a través de una mirada, la nuestra, que es participante y que captamos la realidad según nuestro modelo y nuestra propia manera de concebir el mundo.
Por eso, cuando contemplo (y aquí encaja muy apropiadamente la palabra contemplar en todas sus dimensiones) un Belén (El Misterio que dicen algunos) con sus figuras de barro, no percibo una representación escultórica más o menos edulcorada de un acontecimiento especial de hace dos mil años, y que es patrimonio exclusivo de una religión en concreto, sino que siento que estoy admirando un regalo para toda la humanidad, una forma simbólica de expresar el amor, la humildad, la fe y la esperanza; una buena noticia, un regalo de la luz que, como el sol en el solsticio, viene a iluminar nuestras tinieblas y a guiar nuestros pasos por el camino de la paz.
Espero que, a pesar de todas las eventualidades, y a veces sinsabores de cada día, podamos disfrutar lo más posible de este mes con el que acaba el año.
¡Feliz diciembre y Feliz Navidad!
Equilibrio entre teoría y práctica
Siempre me ha interesado adentrarme por aquellos vericuetos del mundo interior por los que he intuido que podrían esconderse las claves de los misterios de nuestra existencia. Pero he de decir que dicha exploración no la vengo realizando al azar, sino que, por el contrario, he procurado seguir algún tipo de guía que hiciera más provechosa mi búsqueda y que, al mismo tiempo, me ayudase a no perderme por las encrucijadas y laberintos de nuestra propia mente.
Sabemos que toda disciplina acerca del ser humano que pretenda ser útil para la vida diaria, ha de contar con una adecuada proporción entre la teoría y la práctica. En términos tradicionales, lo anterior, se ha venido expresando mediante la imagen de “un perfecto equilibrio entre el método y la sabiduría.”
En lo que se refiere al proceso de crecimiento y desarrollo humano, hemos comprobado que mucha teoría desconectada de la acción práctica es tan poco útil como mucha acción que no se encuentre fundamentada por un profundo conocimiento.
Para ilustrar dicha idea, nos puede servir el siguiente relato:
“Cuentan que hace mucho tiempo, en un perdido monasterio de un lejano país, los discípulos más aventajados en la meditación discutían con aquellos otros más hábiles en el estudio y memorización de los textos sagrados, sobre la verdadera importancia de una u otra actividad de cara a conseguir sus logros en el camino que habían elegido.
Los primeros defendían la importancia de la práctica, frente a los segundos que acentuaban la inexcusable necesidad de conocer perfectamente los fundamentos teóricos y los discursos de los sabios y eruditos.
Un día, al caer la tarde, desde las terrazas del monasterio, mientras descansaban de sus tareas y jugaban haciendo volar sus llamativas cometas de colores a gran altura, vieron a uno de sus maestros intentando arar sobre una zona pedregosa.
– Allí no se puede plantar nada- se reían.
– El maestro es demasiado anciano y quizás esté perdiendo la cabeza, no es la primera vez que hace cosas raras- decían otros.
Otro día, desde esas mismas terrazas, observaron como aquel anciano monje paseaba sobre unos campos fértiles recién plantados pisando los surcos mientras distraídamente leía un libro.
Ciertamente, parecía que a este maestro le había llegado la edad en la que anciano y niño se distinguen sólo por las canas y las arrugas de la piel.
Tiempo después, cuando los discípulos se encontraban reunidos en uno de los salones del monasterio, les dijo:
– Si un campesino trata de sembrar sus campos sin saber dónde, ni cómo, ni qué habrá de poner en cada estación del año, todo su trabajo será estéril. Pero si ese mismo campesino se dedica a estudiar sobre la agricultura pero no planta nada, también su estudio habrá sido estéril.
– Por eso, mis queridos monjes, -continuó diciendo- un conocimiento sin práctica es sólo pura teoría inservible, del mismo modo que una práctica sin conocimiento es sólo activismo inútil.
Dicho esto, se levantó en silencio y dirigiéndose hacia la puerta, salió de la estancia.
Ese día, todos los discípulos recibieron una gran enseñanza.
Mantener la «mente del estudiante»
La Mente del Estudiante consiste en mantener la actitud de reconocerse como alumno en continuo proceso de aprendizaje, y tratar de acercarse a cada materia con curiosidad y deseo de aprender, como si si todo fuese nuevo. Es algo así como lo opuesto a la mirada rutinaria que bloquea la capacidad para dejarse sorprender e imposibilita el aprendizaje que subyace en cada acontecimiento o en cada enseñanza, por muchas veces que la hayas escuchado.
Sabemos que es posible leer el mismo texto varias veces y descubrir en cada lectura un nuevo universo, siempre que se haga desde esta actitud mental, porque cada uno de nosotros va cambiando momento a momento y nuestra capacidad para comprender y asimilar va, también, variando.
Por tanto, todo aquel que quiera mantenerse en continuo proceso de aprendizaje ha de mantener activa la “Mente del Estudiante”, lo cual significa renunciar renunciar al “ya me lo sé” o “esto ya lo he dado”, para acercarse a cada enseñanza desde “la mirada de la primera vez”.
Las Técnicas de Visualización
Se llaman Técnicas de Visualización a aquellos ejercicios mediante los cuales aprendemos a crear imágenes mentales con la finalidad de conseguir un efecto deseado.
De una manera sencilla y comprensible, se puede decir que visualizar no es más que la capacidad que tenemos todas las personas para crear imágenes en nuestra mente. Dichas imágenes pueden ser de tipo visual, de tipo auditivo y de tipo kinestésico (que incluye las sensaciones táctiles, el gusto y el olfato).
Cada persona posee una mayor facilidad para generar mejor un cierto tipo de imágenes que otras, pero todos creamos dichas imágenes ya que éstas constituyen uno de los elementos básicos del funcionamiento mental.
Las imágenes forman archivos de memoria y crean los mapas mentales. Por eso no podemos comprender el mundo, ni tampoco actuar en él, si no es a través de las imágenes mentales. Esta es una de las razones por la que aprender a visualizar (a crear imágenes mentales adecuadas) tiene tanta importancia.
Las Técnicas de Visualización nos permiten desarrollar el tipo de pensamiento que está más en relación con el funcionamiento del cerebro derecho, más artístico y más creativo.
Según estudios realizados, las Técnicas de Visualización son capaces de modificar las funciones fisiológicas, lo cual tiene una gran utilidad para usar dichas técnicas en el campo de a salud.
Diferentes investigaciones en el campo de la psicología confirman que la imágenes mentales se producen más fácilmente con ojos cerrados y musculatura relajada.
No es necesario tener ninguna creencia especial o fe en ninguna doctrina para realizar estas prácticas, pero si el deseo positivo de enriquecer nuestra propia experiencia. Es por eso muy importante generar una motivación y disposición adecuada.
El uso adecuado de estas técnicas nos permiten obtener resultados notables en ciertos tipos de problemas, por lo que son muy recomendadas en diversas patologías, siendo también muy útiles en todas aquellas las profesiones que tengan un componente creativo importante, ya que se ha comprobado como producen un efecto positivo sobre la creatividad.
Las Técnicas de Visualización, también pueden ser utilizadas como métodos para preparar un acontecimiento futuro o mejorar nuestras relaciones, ya que hace que las relaciones interpersonales se vivencien de modo diferente.
Existen otras aplicaciones de las Técnicas de Visualización, tales como tratar de conseguir las metas que deseamos o aprender a profundizar en nosotros mismos por medio de la apertura de canales de comunicación con los contenidos profundos de nuestra consciencia.
Existen un gran arsenal de técnicas diferentes, aunque se distinguen dos grandes grupos, uno de ellos en el que se pueden realizar ejercicios en el que la visualización es dirigida y otros en los que se dan unas sugerencias generales y es la propia persona quien construye su historia.
Finalmente decir que suelen ser ejercicios gratificantes y con un alto contenido simbólico en el que los niveles psíquicos más profundos acceden a la consciencia gracias a dichas imágenes.
Aunque pueden practicarse de forma autodirigida, siempre es más conveniente, sobre todo para comenzar, hacerlo guiado de la mano de alguien experto en el tema.
