Editorial de junio 2014

Editorial de junio 2014

editorial de junioNos encontramos a las puertas del verano y resulta francamente extraño comenzar con lluvia los primeros días de un mes como junio.

Pero así ha sido. Cada vez el tiempo está más raro, aunque recordemos que los antiguos decían aquello de que “hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo”. ¡Por algo sería!

Supongo que estas lluvias no sean más que una cosa esporádica y a partir de ahora, previsiblemente, las temperaturas tenderán a aumentar, como es normal en esta época del año. No obstante, con aquello del cambio climático cada vez resulta más difícil realizar predicciones certeras acerca del tiempo y de las temperaturas.

Para algunas familias estos días de junio son una fechas emocionalmente intensas, pues muchos alumnos acaban el bachiller y se gradúan en sus respectivos colegios o institutos. Y casi sin solución de continuidad, comenzarán su preparación para los exámenes de selectividad que tendrán lugar a mediados de mes (más o menos).

A partir de ahí se incrementa la incertidumbre de si entrarán o no en la carrera que quieren realizar o en la facultad en la que desean estudiar.

En mis tiempos todo esto era bastante más fácil. Al menos no lo recuerdo con ese estrés con el que se vive ahora.

Cuando finalicé COU, fui al Instituto, me dieron las notas y ya está. Ni fiesta, ni ceremonia de graduación, ni nada de nada. Después te examinabas de selectividad y tenías menos nervios para elegir ya que, por un lado no había nota de corte, así que entrabas donde solicitabas, y, por otro lado, había menos carreras para elegir, así que la elección planteaba menos dificultades que ahora.

Además, la mayoría de los alumnos solían estudiar en su ciudad de origen, a menos que no existiese allí la carrera elegida o que la familia tuviese una buena posición económica y enviase a sus hijos a alguna prestigiosa facultad nacional o foránea.

Ahora, cuando hablo con chavales de segundo de bachiller siempre les pregunto, y qué quieres hacer. Hay de todo, quien lo tiene muy claro y quienes a pocos días de tener que rellenar su solicitud aún no saben qué carrera elegir.

Alguno me ha preguntado acerca de que le aconsejaba yo, por aquello de que los conocía desde pequeños. Mi respuesta es siempre la misma, “elige aquello por lo que sientas pasión”.

Porque estoy totalmente convencido de que la pasión es un ingrediente fundamental del éxito y de la felicidad, ya que aquellas personas que disfrutan con lo que hacen, más tarde o más temprano son exitosas y viven más felices.

Claro está que tendría que aclarar un poco qué es lo que entiendo yo por éxito, porque mi comprensión no es la habitual.

Para la mayoría de las personas, ser exitosos en la vida significa triunfar con un buen puesto de trabajo y, como dicen ahora los chavales jóvenes, “estar forraos a los treinta y cinco o cuarenta”.

Es posible que muchos de los que consiguen lo anterior se sientan afortunados y exitosos. Yo no tengo nada en contra de ello. Más bien tengo algunas preguntas y ciertos matices.

Desde mi punto de vista el éxito no lo mide el nivel socioeconómico alcanzado, aunque esto pueda ser importante, sino más bien el nivel de satisfacción personal que encuentras con lo que haces.

El éxito, según entiendo, tampoco tiene que ver con la fama alcanzada, sino con la coherencia interna con la que vivas y con la experiencia de estar viviendo una vida significativa para ti y para quienes te rodean.

Si además de esto, “estás forrao”, pues mejor. Pero si para conseguir más dinero has de traicionar tus ideales, enterrar tus sueños o vivir de un modo que no quisieras, pues entonces habrías de replanteártelo, a menos que quieras vivir “exitosamente infeliz”.

Porque, posiblemente, al final de nuestros días no pensemos en cuanto dinero hemos ganado o en cuantas medallas nos colgaron, sino que habremos de enfrentarnos desnudos y sin equipaje al más implacable de los jueces, nuestra propia consciencia, para dar buena cuenta de sí realmente vivimos con amor y con honor. Entonces sabremos, sin lugar a dudas, si fuimos exitosos o no.

Personalmente estoy convencido de que es difícil sentirse exitoso si no te honras a ti mismo. Y nos honramos cuando seguimos nuestras profundas convicciones, nuestros sueños e ideales, en lugar de renunciar a ellos por un puesto más seguro o por un sueldo más alto.

Tal vez para conseguir lo anterior debamos de aprender a correr algún riesgo, cosa que parece poco popular hoy día. Y también tener presente que quizás pasemos por momentos difíciles y que nos hagan dudar de si realmente mereció la pena el esfuerzo realizado y los sacrificios vividos.

En esos momentos, la esperanza, la disciplina, la perseverancia y otras muchas cualidades mentales vendrán en nuestra ayuda para confirmar que quien sigue su voz interior y lucha honestamente, con convicción, por seguir su propio camino, más tarde o más temprano, conseguirá el éxito que tanto ansía.

Por todo ello, cuando, como dije antes, me preguntan acerca de que les aconsejaría estudiar, siempre les digo “sigue tu pasión, trabaja en lo que te guste y en lo que te sientas realzado”.

Algunos ponen cara rara y me dicen, “es que me han dicho que lo que yo quiero hacer tiene pocas salidas”. Entonces les respondo, “para alguien que ama su trabajo, se apasiona con ello y enfoca su energía en hacerlo lo mejor posible, la salida siempre aparece”.

Pero has de tener presente que este no es el camino de los mediocres, sino de los guerreros.

Así que la pregunta crucial no es qué carrera has de elegir, sino si estás dispuesto a luchar por tus sueños, es decir, si quieres ser un guerrero.

Porque cuando respondas a esas preguntas, el camino se abrirá claro y nítido frente a tus ojos.

Cambiando de tema, en otro orden de cosas, recordar que este año el Solsticio de Verano caerá el 21 de junio, momento en el que debido a la posición del sol el día alcanzará su máximo de duración y la noche el mínimo, marcando el comienzo del verano.

Las fiestas solares de San Juan, con su simbología de fuego y las numerosas tradiciones y rituales en los diferentes puntos de nuestro país, nos recuerdan cada año la importancia de la purificación y de la renovación. La importancia, también, de eliminar, en este caso a través de las hogueras, lo viejo y lo caduco, para dejar espacio a lo nuevo que ha de venir.

Comenzamos un tiempo, pues, para aprender a soltar lastre y a aligerar peso, así como para volver a renovar nuestras ilusiones y proyectos.

Aprovechemos la energía de este mes para aprender a brillar como la luz del sol y poder así, iluminar nuestro camino y hacer posible que también que dicha luz ilumine a quienes nos rodean.

¡Feliz Junio!

Fluir con la vida

Fluir con la vida

El cambio es inherente a la vida. Tratamos de buscar estabilidad en un mundo que es cambiante al tiempo que tú y los demás, también cambian. Sin embargo, encontramos muchas personas que sufren porque tienen dificultad para gestionar dichos cambios, sobre todo porque les faltan recursos para hacerlo. A ellos va dedicado este post.

Piensa que la mente común, en lugar de fluir con la vida, trata de buscar la estabilidad mediante la errónea pretensión de que nada cambie, que nada se modifique. Esto nunca sucede, y el mecanismo de defensa que  estructuran suele acabar en una neurosis. La mente común  también mantiene una especie de deseo obsesivo de congelar cada instante en lugar de permitirse fluir con los acontecimientos. Esta manera de abordar los cambios genera rigidez mental y malestar emocional. Sigue leyendo

Acoger nuestros contenidos mentales

Acoger nuestros contenidos mentales

Acogida ecuanimeUna de las cosas más importantes que el alumno que ha comenzado a aproximarse al entrenamiento sofrodynámico ha de aprender es a diferenciar entre el qué y el cómo. Porque una cosa es lo “qué” uno hace y otra bien distinta es “cómo lo hace”. Esta diferencia es fundamental, pero no todo el mundo es consciente de ello.

Con mucha frecuencia tenemos más dificultades en gestionar el cómo que en  darnos cuenta de el qué. Por ejemplo, muchas personas meditan, pero cómo meditan es otro asunto.

Lo realmente importante, y lo que marca la diferencia, es la motivación y la actitud con la que realizamos cada acción.

Se dice que existen diferentes tipos de actitudes, de la misma forma que también existen diferentes tipos de motivaciones.

Desde mi propia experiencia, puedo afirmar que una de las actitudes más importantes para nuestro desarrollo personal y que a su vez es más sanadora, es la llamada actitud de Acogida Ecuánime.

Trataré de explicarla brevemente.

Normalmente nos pasamos la vida queriendo mantener cerca aquello que nos agrada y rechazando aquello otro nos molesta. Esto nos parece bastante lógico y normal, ya que pretender lo contrario sería calificado como enfermizo.

Y para ciertas cosas de la vida es útil dicho planteamiento. Preferimos sentarnos en una silla cómoda que hacerlo en una incómoda. Nos gusta llevar una ropa agradable al tacto en lugar que otra que nos oprime o molesta. Y así podríamos comentar un sin fin de situaciones cotidianas.

De entrada, no hay nada extraño en querer disfrutar de lo agradable y alejar lo que no lo es. Más bien es una tendencia normal y saludable.

El punto crucial radica en los mecanismos mentales que ponemos en juego para hacerlo, porque en lo referente a los procesos del mundo interior la cosa ya no está tan clara.

Las actitudes de apego y rechazo provocan tensión interior, para mantener lo que nos gusta y evitar lo que nos desagrada. Por tanto, mediante los extremos de apego y rechazo no generamos satisfacción sino sufrimiento.

Llamamos apego al deseo de mantener algo agradable, y aversión a querer rechazar lo que no nos gusta.

Curiosamente parece como si la vida jugase con nosotros, porque lo que deseamos se nos escapa y lo que no queremos suele aparecer, con lo cual generamos frustración y sufrimiento innecesario.

Según la doctrina que enseño Sidharta Gautama, el Buda, esta polaridad dualista de nuestra mente se encuentra en la base del sufrimiento humano.

Según las enseñanzas budistas, alcanzamos la liberación del sufrimiento cuando somos capaces de trascender dicha tendencia de la mente. Eso es algo que han demostrado, no sólo mediante la especulación filosófica, sino con numerosos ejemplos prácticos de personas que así lo han hecho.

Si se ha demostrado ampliamente que el aferramiento y la aversión nos hacen sufrir, entonces ¿por qué cultivarlos?

Para aquel que quiera dejar de sufrir inútilmente, se hace necesario aprender a gestionar los mecanismos que nos hacen apegarnos a ciertas situaciones o rechazar otras. Pero, ¿cómo hacerlo?

Pues mediante el cultivo de la actitud de Acogida Ecuánime.

El estado deseable de la mente que se conoce como ecuanimidad es aquel que se genera cuando nos situamos más allá del apego por unos objetos y de la aversión por otros.

Ecuanimidad significa no aferramiento y no rechazo. Es un dejar fluir sin agarrase a los contenidos mentales ni al diálogo interior que continuamente nos bombardean.

Algunas personas pensarán que dicho estado de ecuanimidad es algo así como la pasividad ante los acontecimientos. Hay quien ha creído erróneamente que desarrollar la ecuanimidad es sinónimo de hacerse un pasota de todo. Esto es una comprensión bastante limitada e inexacta  del asunto.

Ser pasota significa que no nos interesa nada. Sin embargo, somos ecuánimes porque nos interesa nuestra felicidad y la de los demás. La diferencia es notable entre uno y otro estado.

Ser ecuánime no significa que nos quedemos parados sin hacer nada ante las situaciones conflictivas, sino que es una actitud interior que nos libera del sufrimiento porque afrontamos dichas situaciones desde un modelo mental diferente, de tal manera que podríamos decir que desarrollar la ecuanimidad es como aprender a aplicar inteligentemente las leyes que rigen nuestros procesos mentales.

La ecuanimidad es pues el mejor método que se conoce para matar de hambre al sufrimiento.

Imaginemos que estamos en una pista de frontón y que la pelota es un contenido mental que no nos gusta. Si tratamos de rechazar la pelota para alejarla de nosotros, encontraremos que mientras más fuerte la golpeemos mas fuerte nos volverá. Si seguimos utilizando la estrategia de querer mandarla lejos, no funcionará, porque tenderá a volver con más fuerza. Si queremos que la pelota pare, simplemente, hemos de dejar de rechazarla. Si no la volvemos a golpear, seguirá botando durante un tiempo hasta que finalmente se parará sola.

De la misma manera sucede con los contenidos mentales. Si no nos aferramos ni los rechazamos, ni utilizamos el diálogo interno para alimentarlos, poco a poco, se pararán y se disolverán.

Durante el entrenamiento en Sofrodynamia® se propone al alumno que desarrolle la actitud de “Acogida Ecuánime” de los contenidos que aparecen en su consciencia, es decir, el no aferramiento y el no rechazo, tanto si los contenidos mentales nos gustan como si no.

Este es uno de los mejores mecanismos para calmar el torbellino de nuestra mente, y aunque no es sencillo, es bastante efectivo y, por supuesto, merece la pena intentarlo.

Cultivar la Acogida Ecuánime es el primer paso que se ha de dar para alcanzar la felicidad que anhelamos, porque esta actitud es una maravillosa herramienta que nos aleja de la agitación mental y nos permite alcanzar un estado de mayor serenidad y paz.

 

Vivir apasionadamente

Vivir apasionadamente

vivir con pasiónSer sabio significa que somos capaces de saborear la vida, de disfrutar de lo más profundo de su esencia, y eso sólo se consigue cuando se vive apasionadamente.

Siempre he admirado a las personas que ponen pasión en todo aquello que hacen, a quienes son unos enamorados de sus tareas, a quienes imprimen en su vida un sello tan especial que contagia a los demás sólo con mirarlos, porque transmiten su amor y su entusiasmo por todo aquello que hacen, ya sean las cosas más grandes o las más sencillas.

La pasión es aquella característica que transforma algo corriente en algo especial, porque cuando descubrimos y seguimos nuestra pasión nos transformamos en unos seres únicos y especiales.

Aunque no seamos consciente de ello, siempre podemos elegir entre vivir una vida mediocre o desarrollar nuestro potencial al máximo para dar al mundo aquello que hemos venido a aportar.

Para eso habremos de comprometernos con nuestros propios sueños, con aquello que nos permite florecer y dar frutos, y esto hará que nuestra vida posea un significado diferente.

Los apasionados son quienes luchan y persiguen sus sueños, ya que hacen lo que aman. Son personas brillantes y magnéticas porque enfocan su esfuerzo hacia aquello en lo que creen.

Hoy día la pasión se relaciona con la felicidad y se considera que es un elemento imprescindible para conseguirla.

Por tanto, en algún  momento de la vida habremos de preguntarnos si realmente hacemos lo que amamos o si, por el contrario, nos encontramos viviendo una vida rutinaria y sin apasionamiento.

Vivir con pasión es como dar un sí incondicional a la vida, pero, realmente ¿nos encontramos preparado para ello?

Poner pasión en la vida también se relaciona con alcanzar la excelencia, porque cuando nos apasionamos hacemos las cosas de la mejor manera posible y con la mejor calidad.

Con frecuencia, vivir con pasión, marca la diferencia entre quienes son exitosos y quienes no, porque también tiene mucho que ver con el entusiasmo, y gracias a ese entusiasmo somos capaces de perseverar incluso cuando las condiciones resultan adversas.

Por eso, si quieres saborear la vida en toda su profundidad y ser fiel a tu propio destino,

es importante que descubras y sigas tu pasión, porque seguir la pista de aquello que realmente nos apasiona, lo que nos hace vibrar y nos permite sentir la vida de un modo especial y único, es lo que marcará la diferencia entre vivir con plenitud o vegetar en una vida rutinaria y mediocre.

 

¿De qué trata la Sofrodynamia®?

¿De qué trata la Sofrodynamia®?

herramientas mentalesCon mucha frecuencia escucho preguntas como estas, ¿qué es eso de la Sofrodynamia®? ¿Es una especie de técnica de relajación? ¿Es algo oriental? ¿Tiene que ver con el desarrollo humano? ¿Se puede aprender?…etc.

Así que voy a tratar de aclarar algunas ideas.

Decidir arriesgarse a vivir una vida mejor que la que actualmente tenemos es algo sumamente importante, valioso y, en cierto modo, arriesgado.

Posiblemente sea ésta una de las decisiones más serias que podamos realizar en nuestra vida, ya que requiere un serio compromiso por parte de quien así lo decide. Dicho compromiso es siempre consigo mismo, nada que ver con algo o con alguien exterior o ajeno.

En el caso de que aceptes asumir el reto de vivir mejor, vas a necesitar valor, coraje, disciplina, constancia y, tal vez, algunas otras cualidades más, pero, sin lugar a dudas,  puedes confiar en que el esfuerzo que realices merecerá la pena. Al menos así lo han constatado quienes en su día decidieron emprender este camino.

En el mundo material, cuando queremos mejorar el funcionamiento de algo, parece evidente que es importante conocer la naturaleza de dicho objeto, así como las reglas que rigen su funcionamiento. Es decir, aprender acerca de lo que hace que funcione mejor, así como las posibles causas de avería y el modo de reparar el objeto cuando no funciona como es debido.

Si trasladamos esta idea al Mundo Interior, nos daremos cuenta  de que es a través del autoconocimiento que se va produciendo la progresiva transformación que nos hace más hábiles y competentes en lo referente a alcanzar nuestras metas. Es pues un asunto de autoconsciencia ligado al aprendizaje.

Un ser humano es un sistema bastante complejo sobre el que inciden simultáneamente diferentes tipos de estímulos físicos, químicos, biológicos, psicológicos y energéticos como para intentar controlarlos todos en cada instante. Sin embargo, a pesar de dicha complejidad, existen algunas reglas de funcionamiento bastante sencillas, tanto que, cuando las conoces y las aplicas, con un poco de práctica puedes mejorar tu funcionamiento.

Dicho con un ejemplo, aprender Sofrodynamia® es como descubrir de manera práctica el manual de uso de la mente, una “guía rápida” que te permitirá obtener el mejor rendimiento en un tiempo no demasiado largo.

De esto trata la Sofrodynamia®, de aprender sobre nosotros mismos y sobre las reglas que nos permiten mejorar.  En resumen, y por decirlo de una manera muy breve, la Sofrodynamia® trata de enseñarte a gestionar mejor los procesos mentales para aprender vivir más plenamente.

 

Editorial mayo 2014

Editorial mayo 2014

editorial mayo 2014¡Por fin estamos en mayo!

Y digo por fin, porque para mi es uno de los meses que más me gustan, por sus aromas florales, por sus colores alegres, por la luminosidad de sus cielos y por la posibilidad de poder disfrutar de temperaturas que nos permiten un agradable contacto con la naturaleza, sin pasar por los extremos del calor del verano ni por los fríos del invierno.

De todos modos, cada mes tiene su propio encanto, al menos para mi que me gusta disfrutar de lo que cada fecha del calendario me propone. Quiero decir con esto que no encuentro un mes que me resulte detestable o que no me guste en absoluto, aunque es verdad que tengo mis favoritos.

En el mes de mayo, tanto en España como en otros países, cada año celebramos en estas fechas el Día de la Madre. Aquí, en nuestro país, se encuentra situado el primer domingo de mayo, pero existen otros países que lo celebran en otro día del mes, incluso en otros meses.

Para los cristianos, mayo, ha venido siendo tradicionalmente el mes de la Virgen María. Un momento del año en el que abundan los actos y celebraciones de exaltación mariana, así como diversas actividades litúrgicas y ofrendas a la Virgen. Seguro que los que rondan mi edad, más o menos, han cantado alguna vez aquello de “Venid y vamos todos con flores a María…”

A propósito de estas cosas, muchas veces he escuchado aquello de que el Día de la Madre, al igual que San Valentin, el Día del Padre, etc. son inventos de los grandes almacenes, El Corte Inglés a la cabeza, para incitar a la población a comprar y a gastar, toda una conspiración del perverso capitalismo para obtener suculentos beneficios a costa del dinero de los trabajadores.

Sin embargo, recuerdo que de pequeño, aun cuando no conocía ni la existencia del Corte Inglés ni sabía lo que eran grandes almacenes, y ni siquiera tenía en casa un aparato de televisión que me influenciase con los anuncios, ni tampoco recuerdo haber sufrido los ataques propagandísticos y la nociva influencia de los ámbitos de poder capitalista para incitarme al consumo, disfrutaba de ese día haciéndole algún regalillo a mi madre. Ya veis, ¡cosas de niños!

Por supuesto, algo modesto, algo a la medida de las posibilidades de un niño en una familia con limitación de recursos. No era nada grandioso, pero lo suficiente para suscitar en ella una sonrisa y vivir esos momentos con alegría.

Y lo hacía, simplemente, porque era mi madre y la quería, sin más. Me gustaba verla sonreír, y punto. Nada que ver con las oscuras conspiraciones vaticanas, ni con las veladas tramas del capitalismo internacional.

Me alegré mucho cuando descubrí que la celebración de este día se remontaba a la época griega, es decir, mucho antes de la aparición de los susodichos almacenes. En estas fechas se rendían honores a Rea, madre de los dioses, Zeus (de los cielos), Poseidon (de los mares) y Hades (del inframundo), ¡ahí es nada!

Posteriormente, con el advenimiento del cristianismo sucedió, como en tantas otras fechas del calendario, que las celebraciones paganas se cristianizaron con la Virgen o los Santos, pero en el fondo seguían siendo momentos de celebración popular cuyas raíces se perdían en la noche de los tiempos. Un modo de religar lo mundano con lo sagrado, lo material con lo espiritual a través de un ritual concretado en el ensalzamiento de una diosa, de un dios o de un santo, como exponente arquetípico de una determinada virtud o cualidad.

Así, de la celebración en este mes de las fiestas de la Diosa Rea se pasó al mes de la Virgen María, la Madre Universal, y por analogía  se extendió a las madres en general.

Es bueno recordar, sobre todo para mis amigos progres, que en nuestra cultura occidental fueron destacadas activistas feministas las que durante el siglo XIX trabajaron por celebrar un día en el que, además de honrar a las madres, se ensalzaran los derechos de las mujeres y se realizara un llamamiento para la paz y al desarme, como fue el caso de la célebre abolicionista y activista Julia Ward Howe, quien luchó toda su vida por esta idea.

Así que, según parece, el Día de la Madre es bastante más antiguo y más rico en valores que lo que la mayoría de la gente cree.

Sea como fuere, y aunque a mis amigos progres sigan sin gustarle este día, tal vez porque prefieren mantenerse fieles a un ideario basado en máximas y soflamas que repiten y repiten en la creencia de que su continua repetición las transforma en ciertas, cuando en realidad, la mayor parte de las veces, además de ser erróneas o carecer de fundamento, se convierten en proclamas irreductibles a la argumentación lógica.

Así que seguirán pensando que el Día de La Madre es un invento reciente del Corte Inglés, en contubernio con el capitalismo salvaje y la Iglesia reaccionaria.

A mi, la verdad, me da igual lo que piensen, ya que me sigue motivando celebrar un día al año en el que se conjugan cosas tan fundamentales para los seres humanos como son el reconocimiento de la labor de las mujeres en el ámbito familiar, su relación con una cultura de paz y, por supuesto, honrar al tipo de amor más desinteresado que existe, que es el de las madres. Y en un terreno algo más esotérico, celebrar la importancia del arquetipo de la “Diosa Madre”, representado en el cuidado a la Madre Tierra, la cuál es la base del sustento de todos los seres que la habitan.

Y aunque, como dije antes, mayo es un mes bastante agradable por lo general, sin embargo para algunas personas es un mes bastante temido.

Sobre todo para quienes padecen alergias polínicas, ya que suele ser el mes más crítico para estas afecciones. Pero no sólo las alergias suelen agravarse en esta época. Sabemos también que pueden producirse brotes de ciertas patologías cutáneas, así como digestivas, circulatorias y  también mentales.

Cuando comienza este tiempo en el que el sol empieza a despertar de su letargo invernal, es conveniente advertir a quienes toman ciertos tipos de medicamentos que deberían cuidar su exposición al mismo, ya que, al incrementarse la intensidad de la radiación solar pueden producirse algunas reacciones fototóxicas o fotoalérgicas (reacción en la piel debido a la interacción del sol con un medicamento).

A pesar de lo dicho anteriormente, también esta época del año puede ser beneficiosa para otro tipo de enfermedades, como por ejemplo el acné y la psoriasis, las cuales suelen mejorar cuando se toma el sol de manera moderada y prudente.

También es típico en la primavera la aparición de la llamada Astenia Primaveral e incluso la aparición de algunos cuadros de tipo depresivo.

La psiquiatría actual reconoce la existencia de un Trastorno Afectivo Estacional que consiste en alteraciones del estado de ánimo que sufren los sujetos de manera recurrente en ciertas épocas del año, sobre todo en otoño y en invierno. Es típico de lugares con pocas horas de radiación solar. Se manifiesta como un cuadro depresivo que aparece relacionado, no con los acontecimientos vitales externos, sino con las fechas del calendario. Sin embargo, aunque lo normal es que aparezca en otoño-invierno, hay personas, aunque menos, que también lo padecen en la época de primavera o incluso en verano.

Desde el punto de vista occidental no sabemos por qué sucede esto, aunque muchos apuntan a un trastorno en la regulación de la Melatonina, pero desde el punto de vista de la Medicina Tradicional China, es posible encontrar explicaciones coherentes según la Teoría de las Cinco Transformaciones.

En cualquier caso, para ayudar a las personas, con éste o con otro tipo de trastorno afectivo, es importante evitar que se aíslen. Lo ideal es que se mantengan en contacto con las personas queridas y relevantes de su entorno. También puede ser especialmente útil la pertenencia a ciertos grupos en los que se comparten intereses comunes y se establecen lazos emocionales que sirven como soporte y apoyo.

La práctica deportiva y el contacto con la naturaleza pueden ser también dos herramientas significativas para ayudar a quienes padecen trastornos del estado de ánimo.

Obviamente,  para el mantenimiento y la recuperación de la salud, un estilo de vida apropiado, en lo que se refiere al sueño y alimentación, será necesario tanto en este proceso en particular como en cualquier otro en general.

Y para finalizar, insistir en que mayo es un mes radiante, lleno de posibilidades para disfrutar de la vida, de la naturaleza y de las buenas compañías.

Procuremos, pues, acoger los aspectos positivos que el mes de mayo nos plantea y al mismo tiempo intentemos, también, disfrutar de todas aquellas oportunidades que la estación nos ofrece.

 

¡Feliz Mayo!

No dejes que la memoria te engañe

No dejes que la memoria te engañe

memoriaEn aquellas ocasiones en las que he expuesto algunas ideas acerca de la memoria y el modo nada fidedigno en el que recordamos nuestro pasado, muchas personas se   han sentido sorprendidas, incluso me han parecido algo incrédulas al respecto.

Quizás porque hasta ese momento pensaban que sus recuerdos eran una especie de “acta notarial de su pasado”, y se desilusionan al saber que no son tan fiables como hasta entonces creían.

Veamos esto más despacio.

Hoy día sabemos que nuestro cerebro es un órgano mucho más plástico y maleable de lo que en un principio se pensaba, de tal manera que cada día se crean, modifican y destruyen numerosas conexiones neuronales, con todo lo que ello implica.

Salvo en caso de enfermedad neurológica, siempre es posible aprender nuevas destrezas, a pesar de la edad que tengamos. Y todo ello se produce gracias a la creación de nuevas redes neuronales. Para lograr esto, la repetición y la constancia, es decir, el entrenamiento, es una herramienta clave.

También es posible mejorar y modificar lo que ya sabíamos, porque nuestro cerebro está especialmente dotado para el aprendizaje.

Hasta aquí, podríamos decir que disponemos de una fantástica herramienta para tratar de entender la realidad tanto de mundo exterior como del interior.

Sin embargo, parece que “no es oro todo lo que reluce”. Porque el cerebro también es un gran experto a la hora de crear falsas interpretaciones, ya que le encanta inventar historias y, en cierto modo, podría decirse que nos manipula.

Un ejemplo claro de esto es la memoria.

Hoy día sabemos que aquello que recordamos, muchas veces no tiene nada que ver con aquello otro que sucedió realmente. Se han realizado numerosos estudios que lo confirman.

De forma coloquial y menos académica, para comprobar lo anterior, basta con tratar de evocar un evento compartido de nuestro pasado para comprobar, en una reunión de amigos o familiares, las diferentes interpretaciones y discrepancias al respecto que pueden presentarse de ese mismo recuerdo. Porque cada cual lo recordará según su “peculiar manera”. Todos creerán que la correcta es la suya y que el otro está equivocado.

Lo cual quiere decir que una cosa es lo que experimentamos en un momento dado y otra bien distinta la que aparece en nuestra consciencia cuando queremos recordarla un tiempo después.

Pudiera parecernos extraña la afirmación de que aquello que recordamos no son más que construcciones mentales realizadas a partir de nuestra experiencia pasada, pero la cosa es así, tanto si nos gusta como si no.

Por consiguiente, sería bueno que comprendiéramos que nuestros recuerdos no son, pues, evocaciones literales históricas de nuestro pasado, como mucha gente cree de forma algo ingenua, sino que son “reconstrucciones” de los acontecimientos que han sido modificadas por el paso del tiempo y por nuestro propio modelo del mundo.

Si a esto le sumamos que, como he comentado en otros artículos, lo que llamamos “nuestras experiencias” no son más que otro tipo de construcciones mentales que también realizamos a partir de los fenómenos vividos, pues no cabe duda de que la cosa se complica un poco.

Por si fuera poco, ademas de todo ello, en cada observación que realizamos también nos encontramos limitados por la perspectiva desde la que accedemos a ella. Así que, tomando como base lo anterior, tal vez deberíamos plantearnos seriamente que, puestos a hacer construcciones mentales, ¿qué tal si aprendiésemos a realizarlas de la mejor manera posible?

Editorial de abril de 2014

Editorial de abril de 2014

primaveraCasi en un abrir y cerrar de ojos nos hemos plantado en el cuarto mes del año. Llega abril como cualificado heraldo de la reciente primavera que, tímidamente introducida por marzo, va mostrando su esplendor cada día mejor.

Me gusta mucho la primavera, ya lo he dicho bastantes veces, pero habrán de perdonarme porque parece como si no me cansase de repetirlo, quizás porque me siento un poco en deuda con ella.

Opino que nos aporta muchas más cosas positivas que negativas y, sin embargo, no siempre sale bien parada en lo que a opiniones de otras personas se refiere.

De algún modo, me veo en la obligación de tratar de compensar la mala fama que otras personas le atribuyen a esta estación, haciéndola responsable de sus males y dolencias. Y no es que les falten razones para ello, como por ejemplo a los alérgicos o también a quienes padecen ciertos tipos de enfermedades cutáneas, digestivas o circulatorias, que temen que al llegar estos momentos su calidad de vida se vea mermada.

Obviamente, es normal que quienes sufren estos percances no se encuentren demasiado contentos por la llegada de la primavera, ya que, entre otras cosas, posiblemente necesiten recurrir a más medicación para controlar sus síntomas.

Pero más allá de estos achaques, primavera, al menos para  mi, es algo mucho más mágico y grandioso. Primavera es sinónimo de vida y de eclosión de la naturaleza que lucha por perpetuarse.

Por eso, cuando digo que me gusta la primavera, no me refiero solamente a lo climatológico con sus agradables y suaves temperaturas, sino también a la luminosidad de sus amaneceres y atardeceres, a la vistosidad de sus colores y a la fragancia de los diversos aromas que inundan el ambiente y que podemos percibir por doquier, porque tanto vale el perfume que nos aporta una humilde maceta en nuestro hogar como las cálidas y complejas mixturas florales que podemos percibir paseando por un elaborado y vistoso jardín de gran extensión.

Algunas personas aprovechan estas fechas para realizar excursiones que les permitan contemplar la belleza de las exuberantes floraciones de determinadas plantas. Es fácil en nuestras tierras disfrutar de la blancura y el embriagador perfume de los azahares, de los intensos contrastes con el verde de los campos salpicados por el color rojo de las amapolas, de los aromáticos jacintos o del esplendor majestuoso de las glicinias con su copiosa floración, amen de otras muchas flores.

Inspirados por la belleza de estos momentos, han alcanzado cierta fama algunas rutas para ver  floraciones especiales, como la de los rododendros en el Parque Natural de los Alcornocales o, la muy consolidada ya, ruta de los cerezos en flor del Valle del Jerte, todo un festival de luz y color para los sentidos.

No puedo negar que me encanta presenciar la mágica transformación por la que un pequeño brote, como si se desperezara después de un largo sueño, se abre al mundo dando lugar a una hermosa, nueva y efímera flor. Tal vez mañana ya no esté, el viento o la lluvia puede haberla hecho desaparecer, pero mientras dura, ¿por qué no disfrutar de su cautivadora belleza?

La primavera es también una época propicia para el apareamiento de muchas especies, así como para de la siembra de diversas semillas, una vez la tierra se ha visto libre de los fríos y los hielos del invierno. Las aves incuban sus huevos, las abejas ponen los suyos aprovechando la bonanza de las temperaturas que nos promete esta nueva estación.

¿Cómo es posible que no sintamos esta manifestación de la vida en nuestro interior?

La primavera para mi es más que una estación, es una especie de gran metáfora de la vida. Porque hablar de primavera es hablar también de renovación, de cambio, de surgimiento y de transformación.

Lo primaveral huele a fresco, a nuevo, a limpio. Decir que algo es primaveral es como destacar su inocencia, su candidez y su pureza.

Y no me refiero sólo a lo que captan los sentidos, de luz y color, sino que para mi, la primavera, posee una especie de dimensión simbólica que se encuentra mucho más allá de lo meramente sensorial.

Atribuimos la cualidad de la “primavera” a aquellas situaciones en las que surge algo nuevo y esperanzador, porque parece como si la primavera fuese una especie de encarnación en la tierra del “espíritu de la renovación”.

Tal vez debiéramos plantearnos el modo en el que podríamos llegar a encarnar dicho espíritu en nuestra vida, es decir, cómo experimentar una verdadera “renovación” en lo cotidiano.

No cabe duda que aprendiendo a desprendernos de todos aquellos lastres del pasado que frenan nuestro desarrollo, nos impiden avanzar y, además, en la mayoría de los casos no tendríamos por qué seguir llevándolos.

Por tanto, vivir según el espíritu de la primavera es como permitirse dar un sí incondicional a la vida.

Desde este punto de vista. Podríamos llamar a la primavera la estación del despertar, porque constituye el fin del del sueño invernal para abrirnos a una  nueva luz naciente.

¡Cuanto tiene que ver esto con el camino del ser humano hacia el desarrollo!

Cada año siento en mi interior la llegada de la energía renovadora de a primavera. Es como una fuerza que va creciendo en intensidad y vigor a cada día que pasa. Una energía que se encuentra en íntima conexión con los cambios que suceden en la naturaleza exterior.

Tal vez por eso, en primavera, me siento más despierto, más lúcido y creativo, surgen en mi nuevos proyectos y se renuevan ilusiones hacia el futuro.

Durante un tiempo pensé que esto era común a todo el mundo, pero los años me han hecho desistir de esta hipótesis. Me he dado cuenta de que cada persona sintoniza mejor con la energía de una determinada estación, aunque, por desgracia, los hay que no sintonizan con ninguna.

De entre todas las grandes metáforas que la primavera nos plantea, si tuviese que destacar alguna, yo elegiría la de la resurrección.

La primavera representa el triunfo de la vida sobre la muerte, y qué mejor que la resurrección puede simbolizar esto.

En nuestra cultura, justo en estos momentos, celebramos la Semana Santa, celebración lunar que coincide con la primera luna llena después del equinoccio de primavera.

Para todo el mundo católico, la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo es la celebración central de su fe.

Pero quienes no son católicos podrían también servirse de las enseñanzas que dicha conmemoración nos aporta, ya que en su esencia contiene una rotunda afirmación de la vida, de la esperanza y del amor, supremas vencedoras de todo dolor, de todo sufrimiento y de toda clase de muerte.

Pero entender este mensaje sólo está al alcance de quienes, libres de los prejuicios, son capaces de mirar más allá de lo aparente para descubrir la riqueza simbólica que la vida en cada instante nos aporta en forma de regalo de sabiduría.

¡Quien tenga ojos que vea, y quien tenga oídos que oiga!

¿Qué sucedería en nuestra vida si nos permitiésemos florecer como una nueva primavera surgida del corazón para expresar al mundo todo nuestro oculto esplendor?

 

¡Feliz abril!

Responsabilidad  y Desarrollo Humano

Responsabilidad y Desarrollo Humano

Responsabilidad Seguro que la mayoría de los que somos padres le hemos hablado alguna vez a nuestros hijos a propósito de la responsabilidad que han de tener en el desempeño de sus compromisos en la vida, instándoles, sobre todo, a que sean personas responsables.
Al mismo tiempo estoy convencido de que la mayoría de las personas que lean estas líneas también procuran ser responsables en los distintos ámbitos de sus vidas.
Mi padre era persona poco dada a los discursos, por lo general hablaba más bien poco, pero fue a través de sus ejemplo que pude aprender de él algunas cosas que a lo largo de mi vida he considerado de suma importancia, tales como el valor de la palabra dada, la honestidad o la responsabilidad en el trabajo con el que nos comprometemos.
Vemos, pues, que este asunto de la responsabilidad no es algo lejano, sino más bien cercano y práctico.
No hace falta tener demasiada formación académica para saber el significado del término responsabilidad. En castellano, la palabra responsabilidad deriva del vocablo latino “respondere”, que significa “dar correspondencia a lo prometido”, y hace alusión también al compromiso de asumir las consecuencias de nuestras propias acciones.
En términos legales, la responsabilidad, es una noción de suma importancia, ya que se encuentra relacionada con el deber de dar cuenta, tanto de nuestras acciones como de nuestras omisiones, las cuales pueden ser constitutivas de faltas o delitos cuando éstas no se ajustan a la ley. En este ámbito, el concepto de responsabilidad suele entenderse bastante bien y, por lo general, también suele ser razonable.
Podríamos decir, por tanto, que asumir la responsabilidad respecto de lo que hacemos es muy apropiado para funcionar lo mejor posible en una sociedad como la nuestra.
Pero, por otro lado, en términos de Desarrollo Humano, la noción de responsabilidad no siempre es tan clara y precisa como lo descrito anteriormente. No obstante juega un papel fundamental en dicho proceso, por lo que conviene que profundicemos un poco en ello.
Con cierta frecuencia pasamos por alto o no tenemos en cuenta que también somos responsables de lo que sucede en nuestro interior.
Sabemos que no podemos controlar muchas cosas de las que pasan fuera, pero siempre podremos modular nuestra respuesta frente aquello que nos sucede. Esta es nuestra responsabilidad.
Según parece resulta bastante más sencillo ser responsables en el trabajo o en los asuntos de la casa, por ejemplo, que asumir esa misma responsabilidad en los asuntos de nuestro Mundo Interior. Conozco numerosos ejemplos de personas que, siendo muy responsables en el ámbito de su trabajo, no lo son tanto en lo que se refiere a sus procesos metales.
Entonces, ¿qué papel juega la responsabilidad en el terreno del Desarrollo Humano?
Lo primero que hay que tener en cuenta es que hemos de comenzar aceptando que somos los responsables de nuestra propia vida.
Esto no siempre resulta sencillo de asumir, pues muchas veces preferimos atribuir a terceras personas, o a determinadas circunstancias, la causa de nuestros males, desgracias o infelicidades.
Aceptar ser responsables de nuestra vida constituye en sí mismo un reto y también una elección. Una muy importante elección, diría yo, ya que a partir de ella se derivarán significativas consecuencias para nuestra vida.
En términos generales, en cuanto al Desarrollo Humano se refiere, lo sepamos o no, siempre tenemos dos opciones: elegir seguir dormidos o elegir comenzar a despertar.
Si eliges seguir dormido, entonces no necesitas continuar leyendo. Puedes cambiar a otra lectura o tal vez a una serie de televisión, porque lo que viene a continuación está dirigido sólo al segundo grupo de personas, es decir, a aquellos que han decidido despertar.
Así que, si continúas leyendo, es porque decidiste comenzar a despertar. Entonces ¡enhorabuena!, porque este es el camino de quienes buscan la autorrealización o, dicho de otro modo, de aquellos que han decidido salir en busca de la felicidad.
Y una de las primeras creencias que deberíamos de instalar en nuestra mente es, precisamente, la de que elegir despertar conlleva una gran responsabilidad.
Pero ¿qué quiero decir exactamente con eso de que es una gran responsabilidad?
Si reflexionamos un poco, nos daremos cuenta de que la afirmación “quiero despertar”, se encuentra inseparablemente conectada con “soy responsable de mi vida”. Y si volvemos a la definición que expresé al comienzo de este artículo, es como decir “he de corresponder con lo comprometido”.
¿Y qué es lo comprometido?, pues alcanzar la autorrealización.
Quiere decir que, a partir de ahora, no podrás tratar de culpar a otros (personas, circunstancias, condiciones etc.) de tu propio destino. Y esto último suele no gustar a determinadas personas.
A partir de ahora has de saber que eres responsable de tu vida, de ser capaz de alcanzar tus metas, de poner pasión por lo que haces. Eres también responsable de buscar la excelencia y de no escatimar esfuerzo ni trabajo hasta conseguirlo, así como de muchas cosas más.
Aceptar dicha responsabilidad no es una tarea sencilla, pero si suficientemente importante y valiosa como para que lo apreciemos como un auténtico tesoro, porque esto es lo que establece la diferencia entre quienes persiguen sus sueños respecto a quienes los abandonaron hace mucho tiempo.
Por tanto, no sólo somos responsables de lo que hacemos o dejamos de hacer, sino también del modo en que nos construimos como seres humanos.
La afirmación “soy responsable de mi propio destino” resulta ser tan comprometida como poderosa, porque quienes asumen el reto de acoger y aceptar la responsabilidad como parte de su proceso de Desarrollo Humano, sentirán la energía y la fuerza necesaria como para poder superar los obstáculos que encuentren en su camino, para ser capaces de afrontar la adversidad cuando ésta les llegue y para alcanzar, finalmente, las más altas metas en su camino hacia la autorrealización.

Acontecimientos y experiencia

Acontecimientos y experiencia

acontecimientos y experienciasEn el mundo suceden cosas, y a esas cosas que suceden las llamamos acontecimientos o eventos. Podríamos decir, pues, que un acontecimiento o un evento, es un fenómeno histórico ocurrido en un tiempo y un espacio concreto.
Pero cuando un ser humano lo experimenta, entonces pasa de ser un mero suceso histórico para transformase en una “experiencia vital”.
Es en ese preciso momento cuando deja de ser algo algo sucedido y objetivo, para convertirse en una construcción mental personal y subjetiva, es decir, elaborada.
Por eso, ante cualquier acontecimiento existen tantas interpretaciones construidas como sujetos lo experimenten. Cada cual hará la suya propia y se quedará tan satisfecho. No existe, pues, una interpretación verdadera y única que haga que las demás sean falsas. Todas ellas serán subjetivas y personales, pero con la característica de que cada persona la defenderá como su “auténtica verdad”. Por tanto, lo que llamamos experiencia, es sólo una mera “interpretación de algo vivido”. Comprender esto tiene una gran importancia.
En términos de desarrollo humano, no nos interesa clasificar las experiencias en buenas o malas, sino en limitantes o en potenciadoras. Es decir, un mismo acontecimiento me servirá para sufrir o para crecer, dependiendo del modo en que procese dicha información.
Lo anterior no tendría mayor importancia si no fuese por el tremendo error que los seres humanos reiteramos contumázmente: creer que lo que sentimos como experiencia vital es igual al acontecimiento histórico. Este error constituye la base de mucho sufrimiento inútil, de discusiones e incluso de conflictos de mayor envergadura.
A lo largo de los años trabajando con muchos pacientes, he constatado con cierta frecuencia que lo que la persona siente que sucedió apenas se parece al evento acontecido.
Para salir de este error, conviene tener muy claro unas cuantas premisas:
1.- Lo que en cada momento piensas y sientes no es más que una construcción mental y personal de algo diferente.
2.- Cada persona tiene la suya propia.
3.- Esta construcciones mentales no deben clasificarse como verdaderas o falsas, sino como apropiadas (potenciadoras) o no apropiadas (limitantes), según nos hagan crecer o sufrir.
4.- La felicidad o el sufrimiento, pues, no son fruto de acontecimientos vividos sino de la forma en los que cada uno los ha experimentado.
5.- Podemos aprender a construir experiencias internas de un modo más potenciador, y eso nos ayudará a vivir mejor el presente y a reinterpretar mejor nuestro pasado.
Comprender estos cinco puntos es fundamental para aquellas personas que han tomado la decisión de sufrir menos y de vivir mejor.
Aquejados por el error que he comentado anteriormente, hay quienes sostienen la creencia de que “un niño herido será un adulto amargado o enfermo”. Esto es defendido actualmente por muchos psicólogos y terapeutas, constituyendo en muchos casos el dogma central de sus creencias, a partir del cual construyen una terapia basada en el trauma.
Pero lo curioso del caso es que las investigaciones psicológicas realizadas en los últimos diez años sobre poblaciones con condiciones vitales difíciles, demuestran justo lo contrario.
¿Qué hacer, entonces, ante estas nuevas evidencias científicas?
Pues tal vez debiéramos hacer lo que una vez escuché decir al Dalai Lama cuando le preguntaron a propósito de las contradicciones entre la ciencia y la tradición. Él respondió, “cuando la ciencia demuestra algo que es contrario a lo que siempre he creído, he de cambiar mis creencias”. Esta respuesta del Dalai Lama encierra una gran humildad, pero sobre todo contiene una gran sabiduría. Así, cuando la vida nos demuestra algo distinto de lo que hasta ahora habíamos creído, lo más apropiado debiera ser cambiar nuestras creencias.
Si asumimos esta perspectiva, muchas cosas podrían cambiar en nuestro interior y podríamos liberarnos de las terribles cadenas de nuestro pasado.
No cabe duda de que somos herederos de nuestro pasado. Cada uno arrastra su propia historia personal, lo cual en algunos casos puede ser un lastre para muchas personas que sienten que su vida presente se encuentra determinada por los acontecimientos que vivieron en el pasado. Estas personas viven como prisioneros de su propia biografía.
No debemos renunciar, ni tampoco negar, nuestra propia historia pasada, pero desde el punto de vista de la Sofrodynamia®, la clave estriba no en qué herencia has recibido sino en el modo en el que gestionas dicha herencia.
Todos conocemos casos familiares en el que dos hermanos reciben la misma herencia y al cabo del tiempo uno la ha multiplicado mientras el otro vive en la ruina. Algo parecido hacemos con nuestra historia vital, unos la usan para crecer y otros para quejarse y lamentarse durante el resto de su vida.
Cuando queremos salir del sufrimiento, quedarse estancado en la queja permanente acerca de lo mala suerte que hemos tenido o lo dura que ha sido la vida con nosotros, es de muy poca utilidad, más bien se convierte en un veneno, porque dicha actitud lo que hace es fomentar el rol de víctima que sólo nos traerá más sufrimiento.
Los estudios actuales sobre resiliencia demuestran que una cierta cantidad de dificultad en la vida puede ser muy apropiada porque nos hace más fuertes. Lo único que tenemos que hacer es aprender a bregar con las dificultades en lugar de quejarnos de ellas.
Otro interesante descubrimiento de la moderna psicología es el hecho de constatar que entre las personas que sentían haber tenido mala suerte en la vida y aquellos otros que se consideraban afortunados, en realidad no había tantas diferencias en lo que se refería a los acontecimientos vividos. Incluso en muchos casos, los que se consideraban afortunados habían tenido una vida más complicada y difícil que el otro grupo. ¿Cómo explicar esto? Pues muy fácil. Cada uno está limitado por sus propios procesamientos mentales y no por el acontecimiento histórico en sí.
Aprender a cambiar nuestros procesamientos limitantes por otros más potenciadores, tal vez sea la mejor manera de sanar nuestro presente y nuestro pasado, y, sobre todo, la mejor manera de construir un futuro mejor.