Embellecer el Espacio Interior

Embellecer el Espacio Interior

Embellecer el Espacio InteriorVivimos en un mundo en el que la belleza juega un papel importante. No cabe duda que la imagen que damos a los demás cuenta mucho, incluso de ello puede depender el acceso a ciertos puestos de trabajo, ya que existen ocupaciones en las que una determinada apariencia física va a ser determinante.

También observamos un aumento de las actividades profesionales que promueven los cuidados corporales, tales como los salones de belleza, los anuncios de ciertos productos en televisión o los centros de Medicina Estética, entre otros.

Desde el punto de vista médico-quirúrgico, se ha constatado en los últimos tiempos un incremento notable del número de operaciones a las que muchas personas se someten con el fin de mejorar su aspecto exterior.

Hay una evidente preocupación por mantener “la carrocería” en buen estado, lo cual está muy bien, pero me cabe la duda de si también nos ocupamos con el mismo afán de otros factores menos visibles de nuestro ser.

En algunos aspectos parece que sí, ya que, de algún modo, se ha incorporado también a nuestra cultura actual una importante tendencia a cuidar mejor la alimentación, así como a llevar a cabo una serie de prácticas saludables, tales como el deporte, el yoga o la meditación, las cuales ayudan a mantener en forma el cuerpo y la mente.

Ciertamente, parece que hoy día nos cuidamos más que antaño.

A pesar de ello, me sigue quedando la duda de si también cuidamos lo suficiente algunos aspectos más sutiles del ser, como por ejemplo el Espacio Interior.

Se dice que la verdadera belleza surge del interior y se manifiesta en el mundo a través de nuestras acciones. Por tanto, si consideramos que es importante mejorar nuestro entorno, parece que no sólo es deberíamos cuidar bien nuestro cuerpo, sino que también deberíamos aprender a embellecer nuestro Espacio Interior.

Embellecer el Espacio Interior no es sólo una labor de maquillaje, en el sentido de aplicar productos para ocultar ciertos defectos, sino de potenciarlo en todo su esplendor, ya que de un Espacio Interior bello surgirá una acción positiva en el mundo que permitirá armonizar y mejorar nuestro entorno.

Entonces, ¿de qué forma podríamos hacer este embellecimiento interior del que hablo?

Lo primero sería explicar que el Espacio Interior viene a ser como el contenedor en el que se expresan los fenómenos de la consciencia, es decir, los contenidos.

Es, pues, un espacio de consciencia, o lo que es lo mismo, nuestra más pura esencia. Lo que cada uno de nosotros somos no son nuestros contenidos mentales (pensamientos, emociones, etc.) sino ese espacio de consciencia. Por eso, al cuidarlo apropiadamente, es como si cuidásemos nuestra esencia más primordial y profunda.

Pero, si observamos a una persona normal, en un día normal, ¿cuánto tiempo crees que dedica a cuidar la higiene y la belleza de su mundo interior?

Entonces, ¿por qué nos extraña, a veces, estar guapos por fuera pero con un aspecto interior tan poco agraciado?

A cualquier persona normal no le extraña lavarse los dientes o las manos varias veces al día, tantas veces como sea necesario, pero cuando nos contaminamos con pensamientos, idea, emociones… ¿qué hacemos con esta suciedad?

Pues si queremos mantenernos bellos internamente, lo que deberíamos hacer es dedicar tiempo y esfuerzo para eliminar las contaminaciones mentales que nos afligen, y al mismo tiempo aplicarse en desarrollar el verdadero potencial que todos llevamos dentro.

Por tanto, si queremos brillar como seres humanos, es necesario, pues, saber embellecer nuestro Espacio Interior, convertirnos en unos grandes esteticistas de nuestro mundo interno, lo cual quiere decir que habremos de asumir la responsabilidad de trabajar en ello, evitando las excusas que nos mantienen anclados en nuestros hábitos limitantes y nuestras emociones perturbadoras.

Del mismo modo que las personas aprenden a cuidarse externamente, es posible aprender a hacer lo propio con el mundo interior.

Ser capaz de establecer pausas en nuestro habitual ritmo frenético, conectar con la respiración consciente y con nuestro Centro Vital, permitir que la consciencia habite el cuerpo, así como cultivar el desapego sobre las fluctuaciones mentales, son algunos de los aspectos que debiéramos aprender a desarrollar para poder así “embellecer nuestro Espacio Interior” y convertirnos en seres luminosos por dentro y por fuera.

Mente vieja y mente nueva

Mente vieja y mente nueva

menta vieja y mente nuevaTodos nosotros, lo sepamos o no, hemos realizados muchos cambios a lo largo de nuestras vidas. Algunos de ellos han sido conscientes, otros, en cambio, no. A estos últimos los llamamos “cambios ciegos”, y se caracterizan porque, en estos casos, nos encontramos imposibilitados para poder programarlos convenientemente en la dirección adecuada, simplemente ocurren.

Pero para alguien que quiera desarrollar su potencial, para alguien que decida poner toda la carne en el asador en lo que se refiere a crecer como ser humano, es necesario realizar los cambios de forma voluntaria, libre y programada.

Sea como fuere, lo que parece evidente es que no podemos sustraernos a los procesos de cambio en la vida, aunque no nos demos cuenta de ello.

Para los seres humanos, uno de los cambios más importante que podamos llevar a cabo es el que se produce cuando elegimos involucrarnos en un proceso de autorrealización.

Esto significa que decidimos transformar nuestra mente desde un estado limitado hacia otro más puro, armónico y feliz, algo totalmente imprescindible para cualquier persona que anhele vivir mejor. Podríamos describir este proceso como el cambio de la “mente vieja” a la “mente nueva”.

Hemos leído que en la simbología cristiana existe una metáfora similar, la del paso de “hombre viejo”, que viene representado por Adán, al “hombre nuevo”, que se refiere a los nacidos en Cristo mediante el Bautismo.

Este mismo fenómeno de transformación de la mente hacia un estado más puro se encuentra, también, simbolizado y representado de forma parecida en otras tradiciones espirituales, y siempre aparece ligado a ritos de muerte y renacimiento: morir a lo viejo y nacer a lo nuevo.

Así, el paso de “la mente vieja” a la “mente nueva”, ha de significar una especie de muerte simbólica, de renuncia a lo que nos sobra y limita, para dar lugar al nacimiento de aquello que nos desarrolla.

Por tanto, no podemos perder de vista que en dicha transformación será necesario un esfuerzo. Cambiar voluntariamente hacia las metas elegidas es algo que cuesta, al igual que también cuesta todo aquello que tiene un cierto valor en la vida.

Así que deberíamos prestar especial atención al hecho de que en todo cambio hay pérdidas, y que si eso no se tiene en cuenta o las pasamos por alto, pueden dificultar la transformación hacia el nuevo estado.

El paso, pues, de tener “mentes viejas” a tener “mentes nuevas”, lleva implícito el dolor de la pérdida de lo antiguo, y también la dificultad del “parto” hacia lo que ha de nacer.

Pero dichas dificultades se soslayan cuando nos damos cuenta de que, al mismo tiempo, nuestra transformación interior contiene implícitamente la alegría que emerge de forma espontánea cuando realizamos nuestra verdadera naturaleza y nos liberamos de nuestros miedos, incertidumbres y antiguas limitaciones.

Para Francesco Alberoni, sociólogo italiano,  este tipo de cambio es denominado “estado naciente”, a propósito del cual dice: “no es un modo de ser estable, duradero, sino como un nacimiento, un despertar, un descubrimiento de que lo posible se abre ante nosotros”.

Este estado naciente de Alberoni, que equivale a la concepción de nuestra “mente nueva”, se produce cuando rompemos las barreras de aquello que nos sujeta, los convencionalismos, las culpas, los miedos y emergemos a un estado del ser mucho más pacífico, sereno y amoroso.

Pero no olvides que todo tiene un coste, y quizás debieras preguntarte ¿cuál es tu elección, si mantenerte en el “dulce sueño de la mente vieja” o decidir correr el riesgo de nacer en la luz?

Editorial de junio 2014

Editorial de junio 2014

editorial de junioNos encontramos a las puertas del verano y resulta francamente extraño comenzar con lluvia los primeros días de un mes como junio.

Pero así ha sido. Cada vez el tiempo está más raro, aunque recordemos que los antiguos decían aquello de que “hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo”. ¡Por algo sería!

Supongo que estas lluvias no sean más que una cosa esporádica y a partir de ahora, previsiblemente, las temperaturas tenderán a aumentar, como es normal en esta época del año. No obstante, con aquello del cambio climático cada vez resulta más difícil realizar predicciones certeras acerca del tiempo y de las temperaturas.

Para algunas familias estos días de junio son una fechas emocionalmente intensas, pues muchos alumnos acaban el bachiller y se gradúan en sus respectivos colegios o institutos. Y casi sin solución de continuidad, comenzarán su preparación para los exámenes de selectividad que tendrán lugar a mediados de mes (más o menos).

A partir de ahí se incrementa la incertidumbre de si entrarán o no en la carrera que quieren realizar o en la facultad en la que desean estudiar.

En mis tiempos todo esto era bastante más fácil. Al menos no lo recuerdo con ese estrés con el que se vive ahora.

Cuando finalicé COU, fui al Instituto, me dieron las notas y ya está. Ni fiesta, ni ceremonia de graduación, ni nada de nada. Después te examinabas de selectividad y tenías menos nervios para elegir ya que, por un lado no había nota de corte, así que entrabas donde solicitabas, y, por otro lado, había menos carreras para elegir, así que la elección planteaba menos dificultades que ahora.

Además, la mayoría de los alumnos solían estudiar en su ciudad de origen, a menos que no existiese allí la carrera elegida o que la familia tuviese una buena posición económica y enviase a sus hijos a alguna prestigiosa facultad nacional o foránea.

Ahora, cuando hablo con chavales de segundo de bachiller siempre les pregunto, y qué quieres hacer. Hay de todo, quien lo tiene muy claro y quienes a pocos días de tener que rellenar su solicitud aún no saben qué carrera elegir.

Alguno me ha preguntado acerca de que le aconsejaba yo, por aquello de que los conocía desde pequeños. Mi respuesta es siempre la misma, “elige aquello por lo que sientas pasión”.

Porque estoy totalmente convencido de que la pasión es un ingrediente fundamental del éxito y de la felicidad, ya que aquellas personas que disfrutan con lo que hacen, más tarde o más temprano son exitosas y viven más felices.

Claro está que tendría que aclarar un poco qué es lo que entiendo yo por éxito, porque mi comprensión no es la habitual.

Para la mayoría de las personas, ser exitosos en la vida significa triunfar con un buen puesto de trabajo y, como dicen ahora los chavales jóvenes, “estar forraos a los treinta y cinco o cuarenta”.

Es posible que muchos de los que consiguen lo anterior se sientan afortunados y exitosos. Yo no tengo nada en contra de ello. Más bien tengo algunas preguntas y ciertos matices.

Desde mi punto de vista el éxito no lo mide el nivel socioeconómico alcanzado, aunque esto pueda ser importante, sino más bien el nivel de satisfacción personal que encuentras con lo que haces.

El éxito, según entiendo, tampoco tiene que ver con la fama alcanzada, sino con la coherencia interna con la que vivas y con la experiencia de estar viviendo una vida significativa para ti y para quienes te rodean.

Si además de esto, “estás forrao”, pues mejor. Pero si para conseguir más dinero has de traicionar tus ideales, enterrar tus sueños o vivir de un modo que no quisieras, pues entonces habrías de replanteártelo, a menos que quieras vivir “exitosamente infeliz”.

Porque, posiblemente, al final de nuestros días no pensemos en cuanto dinero hemos ganado o en cuantas medallas nos colgaron, sino que habremos de enfrentarnos desnudos y sin equipaje al más implacable de los jueces, nuestra propia consciencia, para dar buena cuenta de sí realmente vivimos con amor y con honor. Entonces sabremos, sin lugar a dudas, si fuimos exitosos o no.

Personalmente estoy convencido de que es difícil sentirse exitoso si no te honras a ti mismo. Y nos honramos cuando seguimos nuestras profundas convicciones, nuestros sueños e ideales, en lugar de renunciar a ellos por un puesto más seguro o por un sueldo más alto.

Tal vez para conseguir lo anterior debamos de aprender a correr algún riesgo, cosa que parece poco popular hoy día. Y también tener presente que quizás pasemos por momentos difíciles y que nos hagan dudar de si realmente mereció la pena el esfuerzo realizado y los sacrificios vividos.

En esos momentos, la esperanza, la disciplina, la perseverancia y otras muchas cualidades mentales vendrán en nuestra ayuda para confirmar que quien sigue su voz interior y lucha honestamente, con convicción, por seguir su propio camino, más tarde o más temprano, conseguirá el éxito que tanto ansía.

Por todo ello, cuando, como dije antes, me preguntan acerca de que les aconsejaría estudiar, siempre les digo “sigue tu pasión, trabaja en lo que te guste y en lo que te sientas realzado”.

Algunos ponen cara rara y me dicen, “es que me han dicho que lo que yo quiero hacer tiene pocas salidas”. Entonces les respondo, “para alguien que ama su trabajo, se apasiona con ello y enfoca su energía en hacerlo lo mejor posible, la salida siempre aparece”.

Pero has de tener presente que este no es el camino de los mediocres, sino de los guerreros.

Así que la pregunta crucial no es qué carrera has de elegir, sino si estás dispuesto a luchar por tus sueños, es decir, si quieres ser un guerrero.

Porque cuando respondas a esas preguntas, el camino se abrirá claro y nítido frente a tus ojos.

Cambiando de tema, en otro orden de cosas, recordar que este año el Solsticio de Verano caerá el 21 de junio, momento en el que debido a la posición del sol el día alcanzará su máximo de duración y la noche el mínimo, marcando el comienzo del verano.

Las fiestas solares de San Juan, con su simbología de fuego y las numerosas tradiciones y rituales en los diferentes puntos de nuestro país, nos recuerdan cada año la importancia de la purificación y de la renovación. La importancia, también, de eliminar, en este caso a través de las hogueras, lo viejo y lo caduco, para dejar espacio a lo nuevo que ha de venir.

Comenzamos un tiempo, pues, para aprender a soltar lastre y a aligerar peso, así como para volver a renovar nuestras ilusiones y proyectos.

Aprovechemos la energía de este mes para aprender a brillar como la luz del sol y poder así, iluminar nuestro camino y hacer posible que también que dicha luz ilumine a quienes nos rodean.

¡Feliz Junio!

Editorial de abril de 2014

Editorial de abril de 2014

primaveraCasi en un abrir y cerrar de ojos nos hemos plantado en el cuarto mes del año. Llega abril como cualificado heraldo de la reciente primavera que, tímidamente introducida por marzo, va mostrando su esplendor cada día mejor.

Me gusta mucho la primavera, ya lo he dicho bastantes veces, pero habrán de perdonarme porque parece como si no me cansase de repetirlo, quizás porque me siento un poco en deuda con ella.

Opino que nos aporta muchas más cosas positivas que negativas y, sin embargo, no siempre sale bien parada en lo que a opiniones de otras personas se refiere.

De algún modo, me veo en la obligación de tratar de compensar la mala fama que otras personas le atribuyen a esta estación, haciéndola responsable de sus males y dolencias. Y no es que les falten razones para ello, como por ejemplo a los alérgicos o también a quienes padecen ciertos tipos de enfermedades cutáneas, digestivas o circulatorias, que temen que al llegar estos momentos su calidad de vida se vea mermada.

Obviamente, es normal que quienes sufren estos percances no se encuentren demasiado contentos por la llegada de la primavera, ya que, entre otras cosas, posiblemente necesiten recurrir a más medicación para controlar sus síntomas.

Pero más allá de estos achaques, primavera, al menos para  mi, es algo mucho más mágico y grandioso. Primavera es sinónimo de vida y de eclosión de la naturaleza que lucha por perpetuarse.

Por eso, cuando digo que me gusta la primavera, no me refiero solamente a lo climatológico con sus agradables y suaves temperaturas, sino también a la luminosidad de sus amaneceres y atardeceres, a la vistosidad de sus colores y a la fragancia de los diversos aromas que inundan el ambiente y que podemos percibir por doquier, porque tanto vale el perfume que nos aporta una humilde maceta en nuestro hogar como las cálidas y complejas mixturas florales que podemos percibir paseando por un elaborado y vistoso jardín de gran extensión.

Algunas personas aprovechan estas fechas para realizar excursiones que les permitan contemplar la belleza de las exuberantes floraciones de determinadas plantas. Es fácil en nuestras tierras disfrutar de la blancura y el embriagador perfume de los azahares, de los intensos contrastes con el verde de los campos salpicados por el color rojo de las amapolas, de los aromáticos jacintos o del esplendor majestuoso de las glicinias con su copiosa floración, amen de otras muchas flores.

Inspirados por la belleza de estos momentos, han alcanzado cierta fama algunas rutas para ver  floraciones especiales, como la de los rododendros en el Parque Natural de los Alcornocales o, la muy consolidada ya, ruta de los cerezos en flor del Valle del Jerte, todo un festival de luz y color para los sentidos.

No puedo negar que me encanta presenciar la mágica transformación por la que un pequeño brote, como si se desperezara después de un largo sueño, se abre al mundo dando lugar a una hermosa, nueva y efímera flor. Tal vez mañana ya no esté, el viento o la lluvia puede haberla hecho desaparecer, pero mientras dura, ¿por qué no disfrutar de su cautivadora belleza?

La primavera es también una época propicia para el apareamiento de muchas especies, así como para de la siembra de diversas semillas, una vez la tierra se ha visto libre de los fríos y los hielos del invierno. Las aves incuban sus huevos, las abejas ponen los suyos aprovechando la bonanza de las temperaturas que nos promete esta nueva estación.

¿Cómo es posible que no sintamos esta manifestación de la vida en nuestro interior?

La primavera para mi es más que una estación, es una especie de gran metáfora de la vida. Porque hablar de primavera es hablar también de renovación, de cambio, de surgimiento y de transformación.

Lo primaveral huele a fresco, a nuevo, a limpio. Decir que algo es primaveral es como destacar su inocencia, su candidez y su pureza.

Y no me refiero sólo a lo que captan los sentidos, de luz y color, sino que para mi, la primavera, posee una especie de dimensión simbólica que se encuentra mucho más allá de lo meramente sensorial.

Atribuimos la cualidad de la “primavera” a aquellas situaciones en las que surge algo nuevo y esperanzador, porque parece como si la primavera fuese una especie de encarnación en la tierra del “espíritu de la renovación”.

Tal vez debiéramos plantearnos el modo en el que podríamos llegar a encarnar dicho espíritu en nuestra vida, es decir, cómo experimentar una verdadera “renovación” en lo cotidiano.

No cabe duda que aprendiendo a desprendernos de todos aquellos lastres del pasado que frenan nuestro desarrollo, nos impiden avanzar y, además, en la mayoría de los casos no tendríamos por qué seguir llevándolos.

Por tanto, vivir según el espíritu de la primavera es como permitirse dar un sí incondicional a la vida.

Desde este punto de vista. Podríamos llamar a la primavera la estación del despertar, porque constituye el fin del del sueño invernal para abrirnos a una  nueva luz naciente.

¡Cuanto tiene que ver esto con el camino del ser humano hacia el desarrollo!

Cada año siento en mi interior la llegada de la energía renovadora de a primavera. Es como una fuerza que va creciendo en intensidad y vigor a cada día que pasa. Una energía que se encuentra en íntima conexión con los cambios que suceden en la naturaleza exterior.

Tal vez por eso, en primavera, me siento más despierto, más lúcido y creativo, surgen en mi nuevos proyectos y se renuevan ilusiones hacia el futuro.

Durante un tiempo pensé que esto era común a todo el mundo, pero los años me han hecho desistir de esta hipótesis. Me he dado cuenta de que cada persona sintoniza mejor con la energía de una determinada estación, aunque, por desgracia, los hay que no sintonizan con ninguna.

De entre todas las grandes metáforas que la primavera nos plantea, si tuviese que destacar alguna, yo elegiría la de la resurrección.

La primavera representa el triunfo de la vida sobre la muerte, y qué mejor que la resurrección puede simbolizar esto.

En nuestra cultura, justo en estos momentos, celebramos la Semana Santa, celebración lunar que coincide con la primera luna llena después del equinoccio de primavera.

Para todo el mundo católico, la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo es la celebración central de su fe.

Pero quienes no son católicos podrían también servirse de las enseñanzas que dicha conmemoración nos aporta, ya que en su esencia contiene una rotunda afirmación de la vida, de la esperanza y del amor, supremas vencedoras de todo dolor, de todo sufrimiento y de toda clase de muerte.

Pero entender este mensaje sólo está al alcance de quienes, libres de los prejuicios, son capaces de mirar más allá de lo aparente para descubrir la riqueza simbólica que la vida en cada instante nos aporta en forma de regalo de sabiduría.

¡Quien tenga ojos que vea, y quien tenga oídos que oiga!

¿Qué sucedería en nuestra vida si nos permitiésemos florecer como una nueva primavera surgida del corazón para expresar al mundo todo nuestro oculto esplendor?

 

¡Feliz abril!

Editorial de diciembre de 2013

Editorial de diciembre de 2013

diciembre 2013Más tarde que pronto llegaron por fin los fríos propios de esta época otoñal, y pronto nos visitará un nuevo invierno que habrá de acentuar, aún un poco más, las gélidas temperaturas que se han alcanzado en algunos lugares durante estos últimos días.

Casi sin darnos cuenta, y hablo por mí, vamos acabando el año con la esperanza de que el próximo 2014 se comporte con nosotros un poco mejor de lo que lo ha estado haciendo su predecesor 2013.

He escuchado que dicen que ocurrirá eso, que 2014 será mejor, pero como nos han mentido tantas veces, ha habido tantos “brotes verdes” fallidos y tantas “luces al final del túnel” que luego no fueron más que meros espejismos, resulta difícil creerse algo de modo convincente en lo que al futuro económico se refiere.

Y es que, ya lo he comentado otras veces, la economía y la meteorología son maravillosas disciplinas que te explican lo que sucedió en el pasado, pero son bastante menos rigurosas y certeras en lo que se refiere a realizar predicciones hacia el futuro, sobre todo cuando los datos los manejan los políticos, especialistas en camuflar la realidad para que ésta se adapte a sus conveniencias.

No obstante, algunos insisten en que 2014 será el año de la recuperación de la crisis, pero lo que no me queda muy claro del todo es “¿de la recuperación para quién?” ¿Tal vez para quienes ya tienen mucho, para que así puedan incrementar su capital un poco más?

Me temo que será más raro constatar un cambio de tendencia que permita que quienes van más apurados puedan darse el respiro que se merecen. No obstante, quiero suponer que no hay que perder la esperanza y seguir trabajando para ello.

Sea como fuere, lo realmente indiscutible es que ha llegado Diciembre, un mes bastante peculiar desde su comienzo hasta su final.

Y digo esto porque nada más comenzar, a los pocos días de su inicio, tenemos uno de los puentes más largos y esperados del año, y  que, además, esta vez coincide de una de las mejores maneras posibles para quienes gustan de hacer viajes o necesitan disponer de unos días libres para asuntos personales o familiares, ya que este año nos coge de jueves a martes.

Siguiendo el mes, más tarde, llegarán los días festivos de Noche Buena, Navidad y  Fin de año, con todo lo que ello implica: fiestas, vacaciones, viajes, reuniones, etc.

Pero además, diciembre, es un momento de cambio estacional. Oficialmente comienza el invierno, independientemente de lo que digan las temperaturas, que como hemos podido comprobar últimamente andan un poco locas, cambiando del calor al frío y viceversa de un modo súbito y poco normal.

En el hemisferio norte pasaremos del otoño al invierno a partir del solsticio de invierno que astronómicamente sucede en el espacio comprendido entre el 20 y el 23 de diciembre, momento del año en el que la noche alcanzará su máxima duración y el día la menor.

Es justo a partir de ese momento, cuando la luz comienza a ganarle terreno a las tinieblas, para igualarse en la primavera y llegar a su máximo en el verano, manteniendo ese perpetuo y cíclico movimiento de los cambios estacionales.

Por eso, a partir del solsticio de invierno podríamos decir que es el momento justo en el que podemos percibir el triunfo de la luz sobre la oscuridad, acontecimiento éste que ya venía celebrándose desde la más remota antigüedad, y que quedó señalado en el calendario por la realización de diferentes celebraciones y rituales, desde los más antiguos de tipo chamánico, pasando por los de carácter druídico en las culturas céltica y germánica, hasta los más recientes en el Imperio Romano con las fiestas del Sol Invicto.

En nuestra cultura, la llegada de la luz al mundo y la victoria de ésta sobre la oscuridad, se ha venido representando mediante la celebración de la Navidad. Como sabemos, allá por el siglo III de nuestra era, se eligió la fecha del 25 de diciembre como momento para la celebración del nacimiento de Jesús con la intención de cristianizar las más antiguas celebraciones paganas, haciéndolas coincidir con el nacimiento del Niño Dios.

Estos aspectos históricos no merman la importancia real de estos días, sino que, muy al contrario, la resaltan y destacan, haciendo de la Navidad un acontecimiento cósmico que trasciende el tiempo y las culturas.

Para celebrarlo, en estas fechas, las calles y los hogares se visten de fiesta, de luces y de adornos navideños, se pueden escuchar villancicos por muchos lugares, y los comercios, los que todavía quedan después de la crisis, se dispondrán de la mejor manera posible para aprovechar este último tirón comercial y procurar vender todo lo que puedan en estos días, intentando compensar así un año no demasiado bueno para la mayoría de ellos. Tal vez, para algunos constituya el último intento de salvar la temporada.

También, tradicionalmente, es propio del mes de diciembre que las empresas de todo tipo promuevan con sus empleados una comida grupal en la que, disfrutando de un ambiente distendido y lúdico, se estrechen lazos y sirvan como punto de encuentro y celebración. Estas reuniones festivas suelen aprovecharse, además, para felicitar, para agradecer y como una forma de consolidar la sensación de grupo y desarrollar una motivación  que incentive el deseo de superación de cara al futuro.

Pero en estos últimos años, según me han comentado, parece que la cosa ha aflojado un poco, bien porque algunas empresas, literalmente, han desaparecido, o bien porque las que quedan disponen de menos recursos económicos para este tipo de celebraciones.

No puedo dejar de señalar que me gusta disfrutar de lo que la vida me va ofreciendo, y diciembre siempre  me ha proporcionado muchas oportunidades para ello. Podría decirse que diciembre es un mes generoso para quienes buscan oportunidades en lo que se refiere a retomar las amistades y los encuentros. Pero quiero matizar, en mi opinión, para disfrutar  de la vida no son necesarias grandes cosas materiales, ni deslumbrantes o complicados eventos sociales, tal vez lo más importante sea la compañía de quienes te rodean y la disposición interior de cada cual a elegir ser feliz con lo que se tiene.

Tal vez por eso, muchas veces, una modesta infusión con unos buenos amigos, o una simple tarde de charla hogareña con personas queridas, sin más, sea algo que en otros momentos del año cuesta más trabajo realizar por falta de tiempo y que, sin embargo, diciembre con sus fiestas nos permite llevar a cabo.

Pero diciembre es, también, el mes de los nostálgicos. El mes de aquellos que eligieron vivir en el pasado más que en el presente. De quienes se enfocan más en quienes les faltan que en quienes le quedan. De quienes que un mes antes andan diciendo aquello de “a mi es que la Navidad me sienta muy mal”.

Y digo esto desde la experiencia, porque a esta altura de mi vida he de decir que son muchas las ausencias. Faltan mis padres, dos de mis hermanos, la madre de dos de mis hijos y un sin fin de personas muy queridas que, aunque no se encuentran físicamente a mi lado, nunca se fueron del todo de mi corazón.

Así que puedo hablar con total propiedad de cómo gestionar las ausencias. Y mi elección es clara,  ya que elijo habitar en el presente, siendo consciente de lo que tengo en estos momentos y de lo que la vida me regala a cada instante, al tiempo que recuerdo con cariño a las personas que se fueron y doy gracias por el tiempo que me fue dado compartir con ellos.

Otros seguramente elegirán un camino diferente y otra manera de ver la vida, ¡somos tan distintos!. Si les va bien, será apropiado que lo sigan, pero si les hace sufrir más de lo necesario ¿por qué continuar fomentándolo?

Pero además de todo lo anterior, diciembre es también el mes de los regalos. Y he de decir que me gustan los regalos, tanto regalar como que me regalen. Por eso quizás me gusta tanto este mes, ya que en estos días es bastante frecuente el intercambio de presentes incluso a veces por parte de quienes menos te lo esperas.

Tradicionalmente, mucha gente elige diciembre para tener algún tipo de detalle con otras personas que han sido significativas a lo largo del año, sobre todo como muestra de cariño y agradecimiento. En este momento me acuerdo de la anécdota de un compañero, que cuando sus pacientes le decían “Ay, no sé cómo agradecérselo”, él le contestaba medio en broma medio en serio, “pues acuérdese de mí en Navidad”. Desconozco si le hacían caso o no, pero el detalle me resulta jocoso.

Así que, como dije antes, no cabe duda de que  diciembre es un mes peculiar en muchos aspectos. Un mes en el que se suele comer y beber más de lo habitual, incluso los más comedidos tiene sus extras.

Tengo pacientes que cuando vuelven en enero con unos kilos de más, me dicen como extrañados, “¿qué raro?, a mí que no me gustan los dulces de Navidad”. Pero claro, no tienen en cuenta de que además de dulces de Navidad hay otros muchos tipos de comidas y bebidas (jamón, embutidos, quesos, vinos, champán, etc.), aunque a ellos les parezca que sólo engordan los turrones, la verdad es que solemos comer más de lo habitual.

Otros comentan “¿no sé cómo he engordado, ya ves, sólo comí un mantecado…?” Me imagino entonces al paciente sentado en la mesa frente a un único mantecado de 2-3 kg de peso, puesto que eso es lo que ha aumentado en la báscula. Y es que el que no se consuela es porque no quiere.

Finalmente, me viene a la cabeza una reflexión algo más “científica”, y es que las ciencias psicológicas nos han enseñado que no percibimos el mundo de una forma objetiva, tal cual es, sino que lo vemos a través de una mirada, la nuestra, que es participante y que captamos la realidad según nuestro modelo y nuestra propia manera de concebir el mundo.

Por eso, cuando contemplo (y aquí encaja muy  apropiadamente la palabra contemplar en todas sus dimensiones) un Belén (El Misterio que dicen algunos) con sus figuras de barro, no percibo una representación escultórica más o menos edulcorada de un acontecimiento especial de hace dos mil años, y que es patrimonio exclusivo de una religión en concreto, sino que siento que estoy admirando un regalo para toda la humanidad, una forma simbólica de expresar el amor, la humildad, la fe y la esperanza; una buena noticia, un regalo de la luz que, como el sol en el solsticio, viene a iluminar nuestras tinieblas y a guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Espero que, a pesar de todas las eventualidades, y a veces sinsabores de cada día, podamos disfrutar lo más posible de este mes con el que acaba el año.

¡Feliz diciembre y Feliz Navidad!

Ejercicio físico, calidad de vida y longevidad

Ejercicio físico, calidad de vida y longevidad

ejercicio, calidad de vidaLa importante relación entre ejercicio físico, calidad de vida y longevidad es conocida desde la antigüedad. Se ha demostrado inequívocamente que quienes hacen ejercicio desde edades tempranas y lo mantienen a lo largo del tiempo, tienen tasas de mortalidad más bajas en comparación con aquellas otras personas de vida sedentaria.

A nivel de investigación se ha constatado, también, que quienes mejoraban su forma física reducían el riesgo de muerte  en un 44% en comparación con quienes no lo habían mejorado.

Otro estudio ha tratado de relacionar el ejercicio físico con la supervivencia. En dicho estudio se demostró que los varones que comenzaron a hacer alguna actividad física de intensidad moderada durante los 15 años que duró la investigación, tenían un riesgo de muerte 23% más bajo que los que no hicieron deporte.

Hay quien siente que ya es demasiado tarde para comenzar su práctica deportiva. A estas personas habría que decirles que existen suficientes pruebas que avalan lo contrario, que nunca es demasiado tarde para comenzar a hacer ejercicio. Las personas que realizaron ejercicio ganaron de 3-5.7 años de vida, dependiendo de la frecuencia con la que lo hacían, viviendo estos años extras con menos discapacidades que el resto de la población.

Hay que resaltar que el ejercicio físico no sólo ayuda a vivir más, sino también a vivir mejor, mejorando nuestra salud física, mental y emocional, incluso nuestra productividad y nuestras relaciones íntimas.

Las personas mayores que llevan una vida activa pueden mantener sus niveles cardiovasculares, musculares y de metabolismo similares a personas sedentarias más jóvenes. Las personas activas más mayores tenían el doble de posibilidades de acabar sus vidas sin discapacidades en comparación con las sedentarias.

Ciertos estudios demuestran que el ejercicio físico puede contrarrestar los efectos del envejecimiento a nivel del estado cardiovascular. Se constató que en personas que habían estado sometidas a un programa de ejercicio intenso durante 6 meses, volvían a su estado cardiovascular cuando dicho programa se repetía 30 años después.

También parece ser beneficioso tras sufrir ciertas patologías, como por ejemplo los pacientes cardiacos. Aquellos que eran sometidos a programas de ejercicios, vivían más tiempo que los que sólo habían hecho tratamiento médico.

La recomendación es realizar ejercicio moderado 5-6 veces por semana durante 30 minutos. Este nivel de ejercicio en el que se queman 1000 calorías, reduce el riesgo de muerte entre 20-30%. Parece que un nivel de esfuerzo mayor da lugar a mejores resultados, pero todavía no está claro el límite a partir del cual dejamos de beneficiarnos por hacer más ejercicio.

No obstante, he de recordar que la buena salud no se basa únicamente en la práctica del ejercicio físico, sino que hemos de tener en cuenta también los otros dos pilares básicos para una vida saludable: cuidar nuestra alimentación y el aspecto psíquico, cultivando las emociones positivas y el equilibrio mental.

Editorial de agosto 2013

agostoEl calendario corre que se las pela, al menos esa es la impresión que me da, y casi sin darnos cuenta estamos inaugurando el mes de agosto, puerta de entrada al último trimestre del año en curso.  

Por desgracia, hemos despedido julio con un lamentable y mortífero suceso ferroviario que ha conmovido a todo el país sin excepción. No hay persona que conozca que no se haya estremecido ante las imágenes de la tragedia emitidas por los diversos medios informativos. 

Ya en otros momentos hemos experimentado dramas similares en este país, y en todas las ocasiones, además del dolor y la consternación, se han vivido al mismo tiempo inequívocas señales de apoyo, cariño y solidaridad hacia las víctimas y sus familiares. De alguna manera esto constituye un valioso consuelo para aquellos que de un modo absurdo e inesperado han sido visitados por la fatalidad y por la pérdida de sus seres queridos.

Creo que sentir el calor de las personas cercanas, o incluso de las distantes, pudiera ser una especie de bálsamo reparador, aunque ni estos signos de apoyo, ni otros similares, devuelvan la vida a los fallecidos ni subsane el profundo dolor de sus familiares. 

Muchos piensan que rezar no sirve para nada. Yo soy de los que opinan lo contrario. Y no sólo es cuestión de fe, los estudios de Harold Koenig en la Universidad de Duke, dan  fundamento científico al hecho de que rezar es especialmente útil para quien lo hace y para los demás. En algunos otros artículos me he referido a ellos.

Este dramático acontecimiento nos ha hecho pensar a todos en la enorme fragilidad de la condición humana y en lo poco que controlamos nuestro destino. Un desplazamiento en uno de los medios de transporte más seguros que existen se puede convertir en tu último viaje.

Soy consciente de que la muerte no está al final de la vida, sino que más bien nos acompaña siempre a lo largo de nuestro camino, muertey que una vez llegado el momento nos abraza, nos toma de la mano, ya estemos sanos o enfermos, seamos ricos o pobres, jóvenes o viejos… para decirnos que nuestros días en este mundo han tocado a su fin.

Con frecuencia, cuando comento cosas de este tipo, observo como algunas personas se consternan y me dicen que hablar o pensar en ello les hace sentirse más inseguros y vulnerables. Yo, por el contrario, pienso que la seguridad no puede nunca sustentarse en el hecho de evitar mirar la realidad, sino que más bien debiera fundamentarse en afrontar e integrar en nuestras vidas las cosas tal como son. Y lo cierto es que somos mortales y que no sabemos el momento en el que llegará nuestra muerte. Estas dos afirmaciones constituyen de las pocas certezas vitales que podemos sostener sin la menor duda.

No querer pensar en ello no añadirá ni un sólo día más a tu vida, pero es posible que te haga vivir bastante más temeroso e inseguro de lo que lo harías si supieses afrontar cara a cara esta cuestión.

Y el que la cosa sea de este modo, lo que me lleva es a revalorizar cada instante como algo único e irrepetible, a dar gracias por todo lo que me rodea, y a desear disfrutar tanto como pueda de cada momento vivido, así como de la presencia de los seres queridos que me rodean. 

familiaMe lleva, también, a enfocar mi atención y mi energía hacia aquello que considero valioso y digno de ser vivido, a no perderme por las ramas en asuntos que ni me van ni me vienen, y a procurar con todas mis fuerzas que mi vida sea lo suficientemente significativa para que, llegado el momento, pueda despedirme con la tranquilidad y el sosiego de espíritu de haber vivido con el máximo de plenitud que haya podido lograr. No quiero decir adiós a este mundo con la sensación de tener muchos “deberes por hacer”. 

Por eso soy de los que piensan que hoy es el mejor momento, y ahora es el mejor lugar para comenzar a vivir aquello que queremos vivir. Demorarlo indefinidamente sólo nos puede hacer más infelices.

Una paciente me contaba hace poco, “mi marido ha dejado aplazada muchas cosas para la jubilación. Ibamos a ir a muchos sitios, y, ahora, antes de jubilarse, le han diagnósticado una demencia y ya no podemos hacer nada de lo que habíamos dejado pendiente”. Aunque no se trate de un caso de muerte, saque usted mismo la moraleja de este breve relato.

Opino, por tanto, que ser consciente de la muerte no es algo que nos deba entristecer sino que por el contrario nos ayuda a disfrutar del presente y nos permite iluminar nuestra vida, haciendo resaltar aquellos asuntos que son significativamente valiosos para nosotros.

El mes de agosto, mes vacacional por antonomasia, es un momento del año tendente al disfrute, al descanso, al fomento de las relaciones, a los viajes… y a tantas y tantas cosas que normalmente no podemos hacer por falta de tiempo en los momentos en los que nos encontramos sometidos a un horario laboral, y que por eso dejamos para estas fechas.

Es cierto que cada uno disfruta a su manera. Y también es cierto que como están las cosas, muchas personas habrán tenido que renunciar a lo que otros años han podido hacer. Pero sea como fuere, a lo que nunca deberíamos renunciar es a la opción de poner todos nuestros medios para tratar de ser felices aquí y ahora, para promover nuestro bienestar, para disfrutar del hecho de estar vivos y de lo que cada día la vida nos ofrece, y, sobre todo, para regocijarnos con el regalo de la presencia de nuestros seres queridos (que a veces sólo lo valoramos cuando los perdemos). 

Es un buen momento para compartir penas y alegrías con nuestros amigos, para recargar nuestra deteriorada energía y para reflexionar a cerca de cómo desarrollar el inmenso potencial que cada uno de nosotros poseemos en nuestro interior y que hemos venido a explicitar en este mundo.

A estas alturas del año, y después de unos meses que me han requerido una cierta  intensidad de esfuerzo en lo laboral, familiar y personal, y tras algunas contingencias de diverso tipo, siento que necesito descansar. 

A pesar de que tengo aguante para el esfuerzo, cuando me voy quedando dormido en el sofá a la hora de la siesta (cosa que habitualmente no tengo costumbre de dormir), es que mi cuerpo me va pidiendo descanso.

Así que dentro de unos días comenzaré mis vacaciones, de las que además de disfrutar lo máximo posible, espero que puedan servirme para seguir descubriendo y agradeciendo el maravilloso don que constituye el hecho de estar vivos.

Os invito a que también las aprovechéis al máximo.

¡Feliz Agosto! 

 

Coenzima Q-10, una fuente de energía y salud

Coenzima Q-10, una fuente de energía y salud

co.q-10La Coenzima Q-10 (Co Q-10), llamada también ubiquinona, es una substancia necesaria para el normal funcionamiento de muchos órganos y para la realización de diversas reacciones metabólicas, sobre todo en la cadena transportadora de electrones en el Ciclo de Krebs. Su misión es aportar energía a las células, ya que interviene en la producción de ATP (Adenosin trifosfato), molécula energética del organismo.

Ha llegado al gran público a través de la publicidad de los productos cosméticos que la han incorporado a gran número de cremas faciales y similares, como una substancia especialmente importante para cuidar la piel y evitar su envejecimiento.

Posee también una alta capacidad antioxidante que resulta muy útil en ciertas enfermedades, ya que evita el daño tisular producido por los radicales libres y, según parece, podría retrasar la evolución de ciertas enfermedades neurológicas tales como el Parkinson.

La Co-Q-10 se usa en el tratamiento de las miocardiopatías y de la insuficiencia cardiaca congestiva. Además puede ayudar a controlar la hipertensión, las alteraciones del ritmo cardiaco, aliviar los ataques de ángor y reducir la formación de coágulos sanguíneos. Parece, también haber aliviado los síntomas de personas con enfermedad de Raynaud.

Ayuda a conservar la Vitamina E y se cree que evita la oxidación del colesterol, aunque parecen necesarios nuevos estudios que confirmen este último punto.

Se encuentra en elevada concentración en el organismo, sobre todo en el corazón, hígado, riñones y páncreas. También se encuentra en una gran variedad de alimentos, especialmente las carnes, vísceras, algunos pescados y mariscos.

Sus niveles disminuyen con la edad, y son menores en pacientes con enfermedad cardiaca. Pero además del paso del tiempo, también el hábito de fumar y el consumo de ciertos medicamentos, como la lovastatina o el propanolol, pueden hacer que disminuya la cantidad de Co-Q-10, por lo que sería aconsejable administrar un suplemento de  Co Q-10 en estos casos.

Se suele presentar como suplementos en forma de pastillas, comprimidos o cápsulas de gelatina blanda. Las presentaciones contienen aceite que favorecen su absorción, igualmente favorecida si se toma junto con los alimentos.

La dosis recomendable en las cardiopatías oscilan entre 100-360 mg/día. No se conocen efectos secundarios.

Mantener la mente del estudiante

Mantener la mente del estudiante

Mente del estudianteLa Mente del Estudiante es una de las actitudes mentales que en Sofrodynamia® llamamos «sanadoras», porque todo aquel que quiera aprender y desarrollarse ha de procurar mantener dicha actitud mental.  Esto implica que ha de renunciar al “ya me lo sé” o “esto ya lo he dado”.

La Mente del Estudiante consiste en establecerse en  humilde actitud de reconocerse como alumnos en continuo proceso de aprendizaje, huyendo de la pretenciosidad de creerse que ya lo sabemos todo. No te importe repetir lo mismo muchas veces, porque cada una de ella te desvelará una nueva perspectiva y un significado cae vez más profundo.

Desde esta actitud que aporta la Mente del Estudiante, trataremos de acercarnos a cada materia con curiosidad y deseo de aprender, como si si todo fuese nuevo, como si lo viésemos por primera vez, y buscando descubrir lo que todavía no hemos llegado a captar.

Posiblemente todos hemos tenido la experiencia de leer el mismo texto muchas veces y, si lo hacemos desde esta actitud mental, en cada una de las diferentes lecturas descubriremos cosas diferentes, porque cada uno de nosotros vamos cambiando en cada momento y podemos comprender cosas diferentes en toda nueva ocasión.

He de recordar, también, que las enseñanzas importantes a propósito del mundo interior, poseen distintos niveles de complejidad y sólo desvelarán su secreto a quienes con constancia y respeto, a través de la Mente del Estudiante, se acerquen a ellas.

Vivir con pasión

Vivir con pasión

vivir con pasión“Si tu trabajo o tu actividad diaria no te lo proporciona, habrás de buscar algún otro quehacer en tu vida que realmente te apasione y  te haga vibrar, porque vivir apasionadamente y con profunda convicción aquello que hacemos es un ingrediente imprescindible para la felicidad y un antídoto eficaz contra la apatía y el hastío” (ANF)