Felicidad, autorrealización y trascendencia

Felicidad, autorrealización y trascendencia

trascendenteCuando le preguntamos a alguna persona que es lo que más desea en la vida, solemos encontramos con respuestas como “lo que yo más quiero es estar bien y que los míos también lo estén”; o “lo que quiero es ser feliz…” o respuestas similares.  Todos los seres humanos queremos ser felices, pero la mayoría de las veces conseguimos más sufrimiento que felicidad. Es evidente que hay algo que no hacemos del todo bien.

Evidentemente, una de las claves del asunto reside en que existen una gran cantidad de maneras diferentes de definir qué es la felicidad, según cada persona.  Sigue leyendo

Semillas de autorrealización

Semillas de autorrealización

semillas de autorrealizaciónSiempre hemos considerado al ser humano como la cúspide de la creación, sin embargo, si miramos la prensa o escuchamos las noticias, nos entran las dudas al respecto, ya que ninguna criatura sobre el planeta ha causado tanto daño a sus semejantes y al resto de los seres, incluyendo el medio ambiente, como el que hemos producido los seres humanos.

Pero, por otro lado, al mismo tiempo que manifestamos esta nefasta capacidad de destrucción, tanto personal como ajena, el ser humano posee en su interior la semilla de la bondad y del amor, siendo capaces de realizar por sus semejantes los mayores sacrificios que podamos imaginar, llegando incluso al extremo de dar la vida por ellos desinteresadamente. 

¡Realmente somos unos seres curiosos, especiales y fascinantes! 

Además, también hemos sido los artífices de la creación de verdaderas maravillas, tanto en el campo del conocimiento científico y tecnológico como en el de las artes y las letras. Esto es algo que no podemos negar, ni debemos perder de vista.

Entonces, ¿cómo entender que convivan en nosotros estas dos tendencias tan extremas?, porque parece claro que en nuestro interior tenemos lo uno y lo otro, la capacidad de odiar y la de amar, la de destruir y la de crear, etc.

Podríamos compararnos, pues, a una especie de terreno en el que se encuentran múltiples y diferentes semillas, pero en el que sólo brotarán aquellas que se cuiden y se mimen. Así que hemos de aprender a elegir con esmero aquellas semillas o tendencias  que queremos que crezcan y den fruto en el futuro.

A todo este conjunto de posibilidades que residen en nuestro interior desde el momento mismo de nuestro nacimiento, las llamamos potencial humano. Y al desarrollo de dicho potencial lo llamamos autorrealización.

Así que, por un lado, tenemos semillas de autorrealización, pero, por otro lado, todavía no somos seres plenamente realizados, de tal modo que podríamos decir que “ya somos, pero todavía no.” 

Esto es una paradoja que necesitamos resolver, y esto lo conseguimos si dedicamos tiempo y esfuerzo para ello. Esa es nuestra responsabilidad aquí y ahora, es decir, asumir el compromiso radical de poner los medios y el esfuerzo necesario para actualizar dicho potencial, porque sabemos que en cualquier ámbito de la vida, los resultados no llegan así porque si, sino como consecuencia del compromiso y del esfuerzo consciente. 

Aunque constatamos que hay personas que son capaces de realizar este proceso de manera espontánea, fluida y exitosa, los demás vamos a necesitar una cierta “Pedagogía del Mundo Interior,” es decir, una disciplina cuyas herramientas nos enseñe de manera sencilla, sistemática y asequible, de qué forma activar y poner en marcha el proceso de crecimiento y desarrollo humano.

Son muchos los que tienen buenas intenciones, pero a su vez se encuentran enredados, al igual que yo, en una vida demasiado compleja y ajetreada como para disponer de tiempo suficiente para trabajar en conseguir la famosa autorrealización.

 En realidad, a muchos les parece más urgente pagar las facturas a fin de mes, así como dedicarse con esmero a la educación de los hijos, a la vida familiar y lo social que utilizar ese tiempo en otras cosas menos urgentes y más inmateriales. 

Obviamente, negar que tenemos compromisos con la familia, con los amigos o con la sociedad, o huir de dichos compromisos, no suele traer buenas consecuencias. 

¿Entonces qué hacer?, ¿es posible hacer algo asumiendo esta realidad? 

Pues, por supuesto que habrá muchos cambios que se puedan llevar a cabo. Pero lo que no debemos permitir es que sean nuestras propias limitaciones mentales o nuestras restricciones autoimpuestas quienes nos marquen el camino.

Hace tiempo desarrollé una metodología, la Sofrodynamia®, pensando precisamente en aquellas personas de vida ocupada pero con intención de mejorar su existencia. 

He de aclarar que la Sofrodynamia®, como todo proceso de crecimiento y desarrollo, no está exenta de dedicar tiempo y esfuerzo para conseguir logros. Este imperativo es inevitable y hemos de asumirlo desde el principio, teniendo la certeza de que el resultado que obtendremos será proporcional al esfuerzo realizado y seguro que descubrimos que vale la pena. 

He de aclarar, también, que las estrategias que propone la Sofrodynamia® no están pensadas para meditadores avanzados o para quienes ya tienen su propio camino de desarrollo interior, sino para quienes tienen una vida ocupada, trabajan, estudian, tienen familia y tienen un tiempo escaso o limitado, pero quieren crecer y desarrollarse como seres humanos.

Uno de los planteamientos sofrodynámicos pasa por comprender que “todo lo que acontece en nuestra vida en cada momento forma parte del camino de desarrollo.” Por tanto, sea lo que sea lo que estés viviendo aquí y ahora, lo podemos utilizar como parte del camino de desarrollo. 

Este cambio de actitud respecto a nuestra vida ordinaria, llegará a ser el primer impulso que nos permita despegar hacia límites más elevados.

Lo primero, por tanto, es tomar consciencia de nuestra situación vital personal en estos momentos, es decir, nuestro punto de partida. A partir de ahí, podremos incorporar los cambios vitales necesarios para empezar a realizar el trabajo de transformación interior que nos llevará a desarrollar nuestro potencial. Y eso pasa por una mayor consciencia de nuestro mundo interior.

Uno de los frutos del desarrollo de nuestras potencialidades será conseguir un mayor bienestar personal, con una repercusión directa sobre nuestra salud y nuestro bienestar. Por eso, dedicarnos a desarrollar nuestro potencial, tal vez sea la mejor inversión que podamos hacer en nuestra vida.

Con esta visión y con este sentido, el entrenamiento en Sofrodynamia®, propone estrategias, enseñanzas, prácticas y modelos operativos diseñados y pensados para quienes viven en una sociedad moderna y en un mundo como el actual, combinando la sabiduría ancestral y los conocimientos científicos actuales, con el propósito de ayudar a a las personas a mejorar su vida a través del desarrollo de su potencial de autorrealización.

 

Equilibrio entre teoría y práctica

Equilibrio entre teoría y práctica

conocimiento y experienciaSiempre me ha interesado adentrarme por aquellos vericuetos del mundo interior por los que he intuido que podrían esconderse las claves de los misterios de nuestra existencia. Pero he de decir que dicha exploración no la vengo realizando al azar, sino que, por el contrario, he procurado seguir algún tipo de guía que hiciera más provechosa mi búsqueda y que, al mismo tiempo, me ayudase a no perderme por las encrucijadas y laberintos de nuestra propia mente.

Sabemos que toda disciplina acerca del ser humano que pretenda ser útil para la vida diaria, ha de contar con una adecuada proporción entre la teoría y la práctica. En términos tradicionales, lo anterior, se ha venido expresando mediante la imagen de “un perfecto equilibrio entre el método y la sabiduría.”

En lo que se refiere al proceso de crecimiento y desarrollo humano, hemos comprobado que mucha teoría desconectada de la acción práctica es tan poco útil como mucha acción que no se encuentre fundamentada por un profundo conocimiento.

Para ilustrar dicha idea, nos puede servir el siguiente relato:

“Cuentan que hace mucho tiempo, en un perdido monasterio de un lejano país, los discípulos más aventajados en la meditación discutían con aquellos otros más hábiles en el estudio y memorización de los textos sagrados, sobre la verdadera importancia de una u otra actividad de cara a conseguir sus logros en el camino que habían elegido. 

Los primeros defendían la importancia de la práctica, frente a los segundos que acentuaban la inexcusable necesidad de conocer perfectamente los fundamentos teóricos y los discursos de los sabios y eruditos.

Un día, al caer  la tarde, desde las terrazas del monasterio, mientras descansaban de sus tareas y jugaban haciendo volar sus llamativas cometas de colores a gran altura, vieron a uno de sus maestros intentando arar sobre una zona pedregosa.

– Allí no se puede plantar nada- se reían. 

– El maestro es demasiado anciano y quizás esté perdiendo la cabeza, no es la primera vez que hace cosas raras- decían otros.

Otro día, desde esas mismas terrazas, observaron como aquel anciano monje paseaba sobre unos campos fértiles recién plantados pisando los surcos mientras distraídamente leía un libro. 

Ciertamente, parecía que a este maestro le había llegado la edad en la que anciano y niño se distinguen sólo por las canas y las arrugas de la piel.

Tiempo después, cuando los discípulos se encontraban reunidos en uno de los salones del monasterio, les dijo:

– Si un campesino trata de sembrar sus campos sin saber dónde, ni cómo, ni qué  habrá de poner en cada estación del año, todo su trabajo será estéril. Pero si ese mismo campesino se dedica a estudiar sobre la agricultura  pero no planta nada, también su estudio habrá sido estéril.

– Por eso, mis queridos monjes, -continuó diciendo- un conocimiento sin práctica es sólo pura teoría inservible, del mismo modo que una práctica sin conocimiento es sólo activismo inútil.

Dicho esto, se levantó en silencio y dirigiéndose hacia la puerta, salió de la estancia. 

Ese día, todos los discípulos recibieron una gran enseñanza.

 

Consejos para entrenar Sofrodynamia®

Consejos para entrenar Sofrodynamia®

entrenar sofrodynamiaAl comenzar a entrenar en Sofrodynamia ®, debes tener presente varias cosas. Estos consejos son también aplicables a otros muchos aspectos de la vida o el trabajo.

1.- Procura que tu esfuerzo sea constante y mantenido en el tiempo, en lugar de excesivamente intenso e inconstante. Más vale entrenar 20 minutos todos los días que 3 horas un solo día

2.- Olvídate de querer hacerlo bien a la primera.  La maestría en cualquier técnica o disciplina sólo la alcanzarás a base de tiempo y repetición.

3.- Hazte amigo de la paciencia. En muchas ocasiones querer alcanzar resultados den forma rápida lo que consigue es dificultar la obtención de dichos resultados.

4.- No compares tus logros con los de otras personas. Cada cual tiene su propio ritmo de aprendizaje. Procura descubrir y respetar el tuyo propio aunque te parezca más lento.

5.- Somos seres especialmente dotados para el aprendizaje y cualquier momento del día nos puede proporcionar una buena ocasión para seguir aprendiendo.

6.- Y sobre todo, trata de disfrutar del tiempo que dedicas a tu entrenamiento. Entrenar en Sofrodynamia® ha de ser un tiempo personal en que poder disfrutar de lo que haces.

Editorial de septiembre de 2013

Editorial de septiembre de 2013

septiembreMuchas y diferentes cosas nos trae septiembre. Hay quienes dicen que los atardeceres más bellos. Otros menos poéticos dirán que un montón de problemas: madrugones, vuelta al trabajo, al cole, comprar libros, uniformes, ajustar horarios…etc.

Respecto a los atardeceres, hasta donde he podido comprobar, algo de cierto hay en ello. Rojos, violáceos, anaranjados y azules, juegan con el blanco de las nubes para formar sobrecogedores colores que cualquier pintor quisiera tener para sí en su paleta.

Aunque, en honor a la verdad, repasando en mi memoria otros atardeceres vividos, si tuviese que decidirme por alguno de ellos para elegir los que me resultasen más evocadores, no sabría muy bien con cuales quedarme. Cada uno tuvo su propia belleza y en su día me aportaron la magia de un momento o un lugar especial e irrepetible.

Pero como dije antes, septiembre, para la mayoría de las personas y actividades, también marca el reinicio de ritmo habitual que estará presente en nuestras vidas hasta las nuevas vacaciones del próximo año, asunto este con el que muchas personas han comenzado ya a fantasear y a preparar sus, todavía lejanos, planes.

Ya han pasado algunos días tras las últimas vacaciones del verano, gratificantes, reparadoras, llenas de anécdotas y siempre más cortas de lo que apetece. No obstante, en estos difíciles momentos, se agradece sobremanera el hecho de que haya esperándote un trabajo al que regresar, cosa que por desgracia muchas personas que no pueden tener todavía.

En estos días, poco a poco, vamos notando también un manifiesto y paulatino cambio en las condiciones climáticas, un cierto y agradable frescor que nos aleja de la ardiente torridez propia del pleno verano, y nos anuncia un próximo cambio de estación que en pocos días se hará presente.

Septiembre es una especie de mes bisagra con un pie en el verano y otro en el otoño. Tal vez por eso, unos años septiembre veranea y otros “otoñea”, es decir, en ocasiones parece una prolongación del mes de agosto, mientras que otras veces refresca de tal manera que no tiene nada que envidiarle a otros meses más fríos.

Tal vez por eso la Medicina Tradicional China atribuyó a este momento especial del año un elemento propio, el elemento Tierra, que expresa la energía que aparece en el momento del estío o verano tardío, también llamada “la quinta estación”. Hay quienes dicen que este tipo de energía aparece también en todo tipo de cambio entre estaciones, y no sólo en el paso de verano a otoño.

Sea como fuere, el elemento tierra representa una energía densa, una energía de estabilización, tendente a la reflexión y a una actitud mental equilibrada y estable, aunque si dicha energía se pervierte por cualquier causa, puede dar lugar al exceso de preocupaciones y a la obsesividad.

Es un momento de abundantes cosechas y, por tanto, de celebración y agradecimiento por los frutos recogidos, lo cual se manifestará en distintos ritos festivos por los diferentes pueblos con relevancia agrícola.

El Elemento Tierra constituye un punto central central que nos remite al sitio o lugar desde donde realizamos la observación de la realidad, es decir, desde dónde creamos nuestra particular perspectiva y, desde ahí, nuestra personal interpretación respecto a aquello que observamos. Es el punto de referencia y, de algún modo, también nuestro propio centro.

Además, por analogía, este elemento nos hace pensar en las raíces de un árbol que se hunden en la tierra, tanto para sostenerlo como para nutrirlo. Y eso nos lleva a preguntarnos a propósito de nuestras propias raíces, de aquello que nos  sostiene y nos nutre. ¿Son suficientemente sólidas y fuertes? Estar bien enraizados nos aportará los nutrientes necesarios para ocupar nuestro lugar en el universo y ser capaces de llevar a cabo nuestra misión en el mundo.

Porque si las raíces son de calidad, podremos mantenernos estables en los momentos de perturbación. Pero si no lo son, ni podremos dar los frutos que debiéramos, ni tampoco hacer frente de un modo suficientemente apropiado a aquellas adversidades que se  nos presenten.

Estos días de septiembre nos ofrecen, pues, la oportunidad de poder reflexionar sobre estos asuntos, para que de ese modo podamos llegar a nuestras propias conclusiones y modificar aquello que haya de ser cambiado.

Este mes sirve también como punto de partida. Porque, con mucha frecuencia, nos planteamos el año como un curso escolar y no como un año natural. Así, septiembre, constituye el comienzo de un nuevo curso, tanto en el ámbito académico como, al menos en mi caso, en lo profesional.

Yo suelo hacer planes a partir de septiembre, como si de una especie de año nuevo se tratase. Y me descubro pensando cosas del tipo de “para este año voy a hacer…”

Por eso, nuevos proyectos rondan mi mente, unos verán la luz y otros tendrán que esperar, pero me siento feliz de que después de más de treinta años en mi profesión, puede todavía seguir teniendo ilusiones y ganas de continuar avanzando por la senda del desarrollo humano.

Espero y deseo gozar de la salud suficiente y las fuerzas necesarias para ser exitoso en dichos planes, aunque si tomo como referencia la experiencia de años anteriores, habré de admitir que unos proyectos se cumplirán y otros, posiblemente, no. Al fin y al cabo así es como funciona la vida, unas veces la cosas salen de un modo y otras de otro. La clave del asunto radica en que, suceda lo que suceda, seamos capaces de gestionarlo lo mejor posible, tanto para nuestro propio desarrollo como para mejorar el medio que nos rodea.

¡Curioso mes, este, que oscila entre la nostalgia de las pasadas vacaciones y la ilusión por los nuevos propósitos!

Albergo la esperanza de que aquello que hemos vivido hasta ahora nos aporte la experiencia necesaria como para hacer frente  a los nuevos retos y afanes de cada día, y que el impulso de los nuevos planes propios de estas fechas puedan, a través del esfuerzo y la constancia, llegar a buen puerto.

¡Feliz septiembre!

Resumen de las leyes sofrodynámicas del cambio

Resumen de las leyes sofrodynámicas del cambio

resumen de las leyes sofrodynámicas del cambioEl planteamiento sofrodynámico respecto a los procesos de cambio se puede resumir en las siguientes leyes: 

1.- El cambio es posible (1ªLey) 

2.- Puede ser programado (2ª Ley) 

3.- Nuestra elección es voluntaria (3ª Ley) hacia objetivos previamente diseñados por cada uno de nosotros. 

4.- La propuesta, pues, es que realicemos un proceso de cambio libre y consciente hacia  direcciones positivas (4ª Ley).

                                          

* LEY DE LA POSIBILIDAD DEL CAMBIO: El cambio es posible

     – Porque todo en el universo cambia

     – Porque nosotros ya lo hemos hecho

 

* LEY DE LA PROGRAMABILIDAD DEL CAMBIO: El cambio puede ser programado previamente

 

* LEY DE LA VOLUNTARIEDAD DEL CAMBIO: Hay un tipo de cambio que puede hacerse voluntariamente, porque somos dueños de nuestro propio destino

 

* LEY DE LA DIRECCIONALIDAD DEL CAMBIO: El cambio tiene direcciones hacia  aspectos potenciadores o limitantes. Elegimos cambiar hacia metas potenciadoras.

 

Leyes sofrodynámicas del cambio: las direcciones

Leyes sofrodynámicas del cambio: las direcciones

4º ley del cambio4º LEY DE LA DIRECCIONALIDAD DEL CAMBIO La elecciones vitales suelen ir acompañada de una cierta incertidumbre. Nunca sabemos si acertamos plenamente o no. Esto hace que mucha gente se sienta insegura y prefiera el terrible refrán de “lo malo conocido…”

Cuando un cambio se produce puede que el resultado final sea peor que el estado inicial del que partimos. Esto nos recuerda la famosa Ley de Murphy, “La tostada tenderá a caer por el lado de la mantequilla”. Dicho de otro modo, por muy mal que te vayan las cosas recuerda que siempre se pueden empeorar.

El hecho de que debido a un cambio exista la posibilidad de que una situación empeore, es una de las justificaciones que más frecuentemente suelo escuchar. La  utilizan las personas que tienen miedo a cambiar. Es la excusa perfecta, porque les permite quedarse donde están, en el mismo lugar, sin hacer nada y con la consciencia tranquila, ya que el miedo a que puedan agravar su ya mala situación les supone una excusa bastante aceptable.

En otro apartado se comentó que cualquier cambio tiene direcciones. Las dos más importantes son: hacia lo limitante o hacia lo potenciador. Lo cual quiere decir que cada cambio que realicemos puede llevarse a cabo hacia aspectos positivos, o hacia aspectos negativos. Podemos mejorar, pero también podemos empeorar. De ambas cosas seguro que todos tenemos experiencias en la vida.

El cambio tiene direcciones, nos dice la cuarta Ley. Por eso hay que “programar el cambio” de manera correcta y hacia la dirección apropiada, si es que queremos obtener buenos resultados. Queda patente que la 3º y 4º Ley Sofrodynámica del Cambio son complementarias (la programabilidad y la direccionabilidad).

En el cuento de Alicia en el País de la Maravillas, hay un pasaje donde  la protagonista se encuentra en una encrucijada, y le pregunta al gato Cheshire:

-“Por favor, dime qué camino debo tomar para salir de aquí.”

Y el felino le responde – ¿Y hacia dónde quieres ir?,

Alicia contesta – “me da igual, sólo quiero salir de aquí”,

-“entonces te dará igual el camino que tomes”, vuelve a contestarle el gato.

Ante dicha respuesta, Alicia queda un tanto confusa, pero hemos de reconocer que la contestación del gato encierra toda una profunda reflexión: Si no sabes muy bien hacia dónde quieres ir, entonces te dará igual tomar cualquier camino. Por tanto, una consecuencia importante se deriva de lo anterior, y es que hemos de tener claro nuestros objetivos, nuestras direcciones vitales.

Así que, en la vida, más te vale saber hacia dónde quieres avanzar, no vaya a ser que si vas dando tumbos, sin saber muy bien como, llegues al sitio equivocado.

La Ley de la Direccionalidad del Cambio nos propone la toma de consciencia de nuestros objetivos y metas a corto, medio y largo plazo, con la posibilidad de verificar en cada momento que nos encontramos en el camino y la dirección apropiada para alcanzar nuestros propósitos.

Leyes sofrodynámicas del cambio: la voluntariedad

Leyes sofrodynámicas del cambio: la voluntariedad

leye de la volunytariedad del cambio3.- LEY DE LA VOLUNTARIEDAD DEL CAMBIO

Hay quienes tienen la sensación de no controlar su vida, de que ésta les pasa por encima, de que los conduce hacia donde no quieren como si fuesen veletas movidas por caprichosas ráfagas de viento. Sienten que les falta voluntad para la acción.

Pero aquellas otras personas que quieren crecer y desarrollarse, han de tener claro una cosa muy sencilla y lógica: que el lugar a dónde llegamos dependerá siempre del camino por el que hemos venido. Este fenómeno, que es verificable y por tanto no entra dentro del ámbito especulativo sino de lo que puede ser comprobado, nos indica que si queremos un cierto tipo resultado, habremos de realizar aquellas acciones que nos lleven hacia ellos.

Sabemos, pues, que si aplicamos una serie de comportamientos obtendremos unos resultados, pero si aplicamos otros diferentes, obtendremos resultados distintos. He ahí el ámbito de nuestra capacidad de decisión y el espacio en el que nuestra voluntad ha de ponerse de manifiesto, eligiendo aquellos caminos que nos conduzcan hacia nuestras metas.

He afirmado con anterioridad que “el cambio es posible” (1º Ley); y que es “programable” (2º Ley). Pero, además, en términos de desarrollo humano, el cambio que nos interesa también ha de ser voluntariamente elegido. De aquí surge la “Ley de la voluntariedad del cambio”.

Eso quiere decir que el cambio que determinemos ha de realizarse de manera libre y voluntariamente elegida, nunca impuesto. Somos nosotros quienes en última instancia hemos de decidir el tipo de cambio a realizar, en función de las metas que queramos conseguir.

Así que formulado de forma sencilla, la Ley de la Voluntariedad del Cambio, viene a decir que la dirección que establezcamos en nuestro proceso de cambio ha de ser elegida voluntaria y conscientemente.

Y para que eso ocurra hemos de poner en juego una de nuestras capacidades conscientes más importantes, la voluntad. En este tipo de proceso, nuestra voluntad juega un importante papel, ya que es la energía de la mente que nos permite actuar en el mundo como dueños de nuestro  propio destino.

La voluntad nos permite llevar a la práctica aquello que pensamos o que queremos, y aporta la energía suficiente para mantenernos en la dirección correcta a lo largo del tiempo. Está relacionada con la determinación, con la constancia y la perseverancia, y, sobre todo, con el esfuerzo para la acción.

Quizás sea el momento de ir dejando de lado el papel de víctimas que muchos se empeñan en mantener, o el rol de mártires buscado por otros.

Mas bien es tiempo de empezar a entender que somos nosotros mismos los responsables de nuestro estado actual y también del modo en el que construimos nuestro futuro. Sé que hay algunas personas a las que no les gusta escuchar esto, y prefieren seguir culpabilizando a otros o a su mala suerte de sus desgracias. Mantener esta última postura es una magnífica garantía para pasarlo mal en la vida. Por el contrario, admitir que en nuestro proceso de crecimiento y desarrollo, la voluntad juega un papel importante y actuar consecuentemente con dicho principio, sólo nos traerá beneficios.

Leyes sofrodynámicas del cambio: podemos programar el cambio

Leyes sofrodynámicas del cambio: podemos programar el cambio

ley de la programabilidad del cambio2.- LEY DE LA PROGRAMABILIDAD DEL CAMBIO

Los seres humanos somos muy eficaces cumpliendo nuestras programaciones mentales, pero la mayoría de las veces lo que sucede es que no sabemos programar adecuadamente. 

Algunas escuelas psicológicas afirman que no existe el fracaso, sino que lo que existen son conductas mal programadas. Porque nuestro cerebro es tan potente que cumple fielmente aquello que previamente disponemos sin cuestionarse si nos beneficia o nos perjudica.

Desde este punto de vista, debido a la ignorancia podemos llegar a cumplir con exactitud aquellas programaciones mentales que nos harán ser “eficientemente” infelices.

¿Cómo puede suceder esto?

Pues al igual que cuando decidimos realizar un viaje, si por error tomamos la carretera que no debemos, llegaremos a otro punto distinto del que pensábamos. Por eso, si queremos ser felices pero erróneamente avanzamos por el sendero de la infelicidad, tendremos muchas opciones de llegar a ser notablemente infelices.

Así que, en términos de desarrollo humano, hemos de aprender a programar el cambio que queremos realizar, para que éste se oriente en la dirección apropiada.

Sabemos que el cambio puede producirse espontáneamente, incluso sin hacer nada. Pero cuando nos referimos al tipo de cambio relacionado con un proceso de desarrollo humano, necesitamos que sea programado si queremos que funcione bien. 

La Ley de la Programabilidad del Cambio nos invita a que seamos nosotros mismos los dueños de nuestras propias programaciones, de nuestro propio destino, y lo hagamos orientándonos hacia nuestras metas. 

Si, por la razón que sea, no asumes tú mismo la tarea de organizar hacía dónde quieres ir en tu vida, posiblemente alguien o algo lo programará por ti. 

Y uno de los elementos a tener en cuenta a la hora de establecer nuestras programaciones internas han de ser los contenidos de nuestros pensamientos.

Lo que pensamos de nosotros mismos, no solamente crea nuestra propia autoimagen, sino que también es uno de los factores principales con los que vamos a contar a la hora de orientar nuestra dirección vital.

Un famoso pensamiento, que algunos atribuyen al Buda, dice: 

“Cultiva un pensamiento y tendrás una conducta.

Cultiva una conducta y tendrás un hábito.

Cultiva un hábito y formarás un carácter.

Cultiva un carácter y obtendrás un destino.

Por tanto, cuida tus pensamientos de hoy 

porque serán tu destino mañana”.

 

Cada uno de nosotros, aquí y ahora, estamos programando nuestro propio futuro, nuestro propio destino, mediante el tipo de pensamientos, emociones y acciones que cultivamos. 

Somos, pues, los responsables de conseguir o no el tipo de vida que queremos vivir.

 

Leyes sofrodynámicas del cambio: el cambio es posible

Leyes sofrodynámicas del cambio: el cambio es posible

el cambio es posible1º.- LEY DE LA POSIBILIDAD DEL CAMBIO: Si queremos avanzar como seres humanos, deberíamos comenzar aceptando la posibilidad de que te encuentres como te encuentres, es posible cambiar. Para algunas personas resulta difícil admitir esto, tal vez porque no lo hayan reflexionado suficientemente bien, tal vez porque dicha resistencia al cambio les sirva como excusa para no hacerlo. Sin embargo, hoy día, gracias a los conocimientos de la física moderna así como de otras ciencias complementarias, sabemos que todo el universo cambia constantemente, que nada es permanente. Todo se encuentra en continuo cambio y mutación. Desde los dominios astronómicos al plano infinitesimal de la microfísica, la vida se establece como un proceso de cambio continuo. Podemos observar que hoy día la tierra no es como lo fue antes. Sabemos que algunos desiertos fueron mares y algunos mares fueron desiertos. Sabemos que hasta las piedras más inertes cambian, porque todo el universo cambia constantemente. Pero, ¡ojo!, ¿todo? Bueno, hay personas que afirman que ellos no pueden cambiar. Es decir, que todo el universo cambia menos la persona a la que hacemos referencia. Es como si fuesen una especie de “ente inmutable”. Dicen cosas como «es que yo soy así»  o  «a mi edad, ya no puedo cambiar». ¿Curioso no? Sin embargo, la observación más simple nos demuestra que además de que todo el universo cambia, nosotros también cambiamos. ¿Acaso somos los mismos que cuando teníamos cinco años?, ¿es que nuestros glóbulos rojos, nuestras células, no cambian y no se renuevan constantemente? ¿Y nuestro comportamiento?, ¿es que no hemos ido cambiando a lo largo de toda nuestra vida hasta el momento presente? Cuando decimos: «yo soy así”, o “no puedo cambiar», lo que en realidad estamos haciendo es expresar un pensamiento que nos limita. Nos estamos poniendo barreras para hacer algo positivo, y generamos dificultades para pasar de un estado de mayor sufrimiento a otro de mayor paz. Porque las frases que nos decimos influyen en nuestra forma de estar en el mundo. Y pueden hacerlo de un modo limitante o potenciador. Así que ¡muestra cuidado con aquello que te repites! Porque sería bastante más apropiado para describir una situación decirnos «es que ahora estoy así», en lugar de “es que yo soy así”. Porque el verbo “estar” nos indica que existe la posibilidad de cambio. Las palabras que usamos diariamente tienen una gran importancia, y cuando utilizamos cualquier frase, aunque no nos demos cuenta de ello, funcionan como afirmaciones o instrucciones que impactan en lo más profundo de la mente. Nos pueden ayudar o limitar la posibilidad de cambiar. Solamente con una palabra podemos activar nuestras emociones en un sentido o en otro. Una palabra puede tener un gran impacto emocional; una palabra puede amargarnos o endulzarnos la vida. Decir «yo soy un depresivo», es bastante diferente a decir «estoy deprimido». Podemos realizar un pequeño ejercicio que consiste en repetirse estas dos frases mentalmente, y observar que sucede en la mente y en el cuerpo cuando nos decimos una u otra frase. Podrás comprobar que las sensaciones que nos producen son totalmente distintas para cada una de ellas. Si no eres capaz de percibir esa diferencia, posiblemente sea por falta de capacidad discriminativa respecto a los cambios psicofísicos. Eso puede ser normal para un sujeto no entrenado. Pero si sigues un entrenamiento sofrodynámico, dentro de un tiempo serás consciente de la diferencia. Pongamos otro ejemplo. Cuando uno se dice «yo soy un enfermo», está afirmando que su propia naturaleza es esa, la de “ser enfermo”. Pero cuando uno dice «yo estoy enfermo», dejamos entrever que hubo un tiempo en que no lo estuvo, y me permito la posibilidad de que en el futuro se produzca un cambio hacia la salud. Es como decirse “en este momento no me encuentro bien pero mañana ¿quién sabe?” Cambiar el ser por el estar es un sencillo y potente truco que podemos empezar a utilizar ya para permitirnos conectar con la posibilidad de cambiar. La gran mayoría de las personas no imaginan la importancia que todo esto tiene, ya que aquello que nos decimos contribuye a construir nuestra propia realidad. Así que una de las creencias que debemos instalar ya, si es que aun no lo hemos hecho, es que EL CAMBIO ES POSIBLE, y así sucede en todo el universo.