Editorial de Julio de 2014

Editorial de Julio de 2014

EDITORIAL JULIO 2014Comienza el mes de julio y con ello las vacaciones para una gran parte de la población española. Sin embargo muchos no podrán irse todavía, bien porque siguen trabajando o bien porque habrán encontrado, justo en estos días, el trabajo que durante los meses anteriores les había resultado esquivo.

Tanto unos como otros están de suerte. Los primeros porque tienen trabajo y ahora descansan, los segundos, justo por lo contrario, porque posiblemente estarían cansados de no trabajar y ahora lo hacen. Espero que a estos últimos les acompañe la suerte y puedan continuar su actividad, con estos o con otros trabajos, más allá de la estación veraniega.

Ahora, cuando apenas comenzamos el mes de julio, escucho algunas algunas noticias que atiendo con interés, sobre todo la del descenso del paro y el aumento del número de afiliaciones a la seguridad social que, aunque se le puedan hacer ciertas críticas razonables y se le puedan poner reparos respecto a la temporalidad y precariedad del empleo creado, no deja de ser una buena noticia.

Soy de la opinión que una de las mejores aportaciones que podríamos hacer a la sociedad  cada uno de nosotros es la de tratar de crear puestos de trabajo para otras personas, en la medida de nuestras posibilidades. Aunque vivimos bajo un régimen que, en general, a pesar de la propaganda, pone más dificultades que facilidades para ello.

En estos días todo parece prepararse ya para una de las etapas de mayor movimiento vacacional del año, tanto en lo que se refiere al turismo nacional como extranjero.

Según puede leerse en la prensa en estos días, las expectativas en el sector turístico para los meses próximos permite augurar unos buenos resultados en lo que al número de visitantes y ocupación hotelera se refiere, con las previsibles consecuencias positivas que se derivan de este hecho en un país como el nuestro que depende tanto de esta actividad.

Viajar y visitar otros lugares suele ser una de las actividades más frecuentes en estas fechas. Muchas personas me han comentando en estos últimos días sus planes de salir fuera de España o de viajar a algunos sitios concretos de nuestro país buscando relax, gastronomía, paisajes, cultura o unas temperaturas más llevaderas.

Hace un tiempo, la oferta turística de la que disponíamos era bastante más limitada que ahora. Apenas podías elegir entre ir a la playa a lo largo de toda la extensa franja litoral de la que disfrutamos, o bien hacer lo que se llamaba “turismo de interior”, en el que se buscaba el bucólico encanto de una casa rural o el de un pueblo en el que el principal atractivo era la tranquilidad o el paisaje. Y poco más.

Hoy día se han diversificado tanto las opciones turísticas que a veces resulta difícil decidir qué hacer.

A las opciones tradicionales anteriormente mencionadas se le han sumado otras muchas. Se han puesto de moda diversos tipos de turismo, como por el ejemplo el turismo de salud. Los usuarios de este tipo de turismo buscan alojamientos en centros especializados  y hoteles con Spas donde se ofertan diferentes curas depurativas, antiestrés, etc., con una amplia gama de posibilidades. Lugares con aguas termales, masajes, ayunos, dietas higienistas o prácticas corporales con instructores cualificados, han ido proliferando por toda nuestra geografía.

Otra manera de pasar las vacaciones para muchas personas consiste en hacer algún tipo de cursos, retiros, encuentros o talleres intensivos de más o menos duración, en los que se ofertan actividades como el yoga, la meditación, el Qi Gong o distintas materias de toda índole, en un amplio abanico de técnicas de autoconocimiento y desarrollo humano.

En otra línea totalmente diferente a la anterior encontramos a los partidarios del “enoturismo”, es decir, de las rutas en las que se oferta el conocimiento y disfrute de todo lo referente a la cultura del vino. Por lo general, el público visita diversas bodegas, realizan degustaciones y catas de los vinos del lugar acompañados del apropiado maridaje con distintas propuestas culinarias. Cada día aumenta el número de personas que disfrutan de este tipo de actividades.

Parecido a lo anterior son las rutas gastronómicas. Aquí es la comida y el producto local de calidad el principal atractivo turístico, aunque nunca faltan los buenos vinos o licores típicos de la zona para completar una oferta atractiva.

También los museos, catedrales y edificios emblemáticos de los distintos territorios tienen su público. Quienes disfrutan contemplando obras de arte no necesitarán salir de España para quedar totalmente satisfechos.

Finalmente, no podría olvidarme de las familias con niños que optan por los parques temáticos, o bien por las ofertas de “todo incluido” en las que unos monitores suelen encargarse de entretener al público infantil, mientras que los exhaustos padres descansan en la tumbona de la piscina acompañados de un refrescante mojito, exhibiendo en su muñeca la colorida pulsera que les identifica como uno de los usuarios de “al buffet hasta reventar”.

Y qué me dicen de los cruceros. Te garantizan entre 2 a 4 kilos de más a la vuelta.

Resumiendo, hay tantas formas de veranear que seguro que se me ha pasado alguna.

Aunque no crean que me he olvidado del veraneo de quienes, por una causa o por otra, no se mueven de su residencia habitual.

Porque hay a quienes no les gusta viajar y también existen otras muchas personas cuya economía no les da para estos extras.

Sea como fuere, tanto unos como otros, buscan la mejor manera de pasar los rigores del calor veraniego sin necesidad de realizar largos desplazamientos, ni gastar ningún dinero extra.

Recordemos que el verano resulta ser un tiempo propicio para hacer algunas cosas que no podemos realizar en otros momentos del año porque habitualmente vamos tan ajustados de tiempo que nos quedan en el tintero muchas cosas que nos gustaría llevar a cabo, como por ejemplo leer, escuchar música, atender nuestros jovis, revisar nuestras colecciones, cuidar un poco más el jardín, tocar algún instrumento, hacer algo más de deporte, etc..

Tengo un amigo que, desde hace muchos años, cada mes de vacaciones se va junto con su mujer y sus hijos, a una casa en la playa acompañado de otras parejas también con sus hijos. Un día le pregunté, – ¿qué haces en esos días?-, a lo que me contesto con un gesto facial tremendamente expresivo, -“Na”- me dijo, -¿tú sabes lo que es “na”?, pues eso-.

Entendí que era un modo fantástico para disfrutar unas vacaciones, si es que durante el resto del año has estado viviendo la marabunta de prisas y obligaciones en la que muchas veces nos vemos enredados.

Así que, tanto si eres de los que has decidido hacer algo, como si, al igual que mi amigo, eres de los que has elegido hacer “na”, te deseo que lo disfrutes y vuelvas con fuerzas renovadas.

Porque las vacaciones, tanto si las tomas en julio como en agosto, son unos momentos especiales para cargar pilas, reponerse y, sobre todo, disfrutar del modo que hayas elegido.

 

¡Feliz julio!

 

 

 

Consejos para la curación

Consejos para la curación

consejos para la curaciónHace más de treinta años que me dedico al campo de la salud y la curación. Desde mi punto de vista, salud y desarrollo humano son dos aspectos no diferenciables, ya que lo digno de sanar no es sólo el cuerpo físico, que lo es, sino sobre todo el Ser Humano completo, es decir, Cuerpo, Psique y Espacio Interior.

A lo largo de todo este tiempo he ido matizando y puliendo mi comprensión acerca del binomio salud-enfermedad, y al ser éste un proceso dinámico, no descarto que nuevas comprensiones puedan seguir emergiendo en un futuro.

De momento, me gustaría enumerar a modo de consejos para la salud, algunos de los aspectos que he experimentado y constatado. Son consejos que funcionan y sobre los que he venido trabajando a lo largo de estos años.

Espero que puedan ser de utilidad para algunos de los lectores.

Así que, si estás dispuesto a participar activamente en tu proceso de curación, deberías tener en cuenta los siguientes aspectos:

 

  • Aprende a escuchar los mensajes de tu cuerpo. La sabiduría corporal nos orienta sobre aquello que hemos de atender y aquello otro que hemos de modificar.
  • Trata de conocerte, aceptarte, respetarte y amarte. Estos cuatro aspectos son la base de una sana autoestima y del proceso de curación.
  • Permítete respirar libre y fluidamente, como si todo tú fueses respiración, porque tu respiración sabe lo que tiene que hacer.
  • Procura equilibrar tus ritmos, sobre todo la vigilia y el sueño.
  • Hazte amigo de tu parte no consciente. No está ahí para fastidiarte sino para que te descubras en todo tu esplendor.
  • Ante los acontecimientos dolorosos sitúate en la “Postura del Observador”. Crea distancia entre quien observa y el objeto observado, porque sólo así podrás gestionar la situación sin quedar prisionero de las emociones perturbadoras.
  • Recuerda que tu enfermedad también es parte de ti, por tanto, no te enfades con ella porque es como enfadarse consigo mismo. Más bien, trata de comprender cuál es su enseñanza.
  • Enfoca tu energía hacia los procesos de cambio y aprendizaje, procurando sentirte “cómodo en la incomodidad” que supone todo cambio.
  • Aléjate de la culpa, al tiempo que te acercas a la autorresponsabilidad
  • Desarrolla tu autoestima a la vez que te permites aprender de los demás como si fuesen tus más valiosos maestros.
  • Trata de desarrollar el sentido de la gratuidad y del agradecimiento porque ellos te aportarán grandes beneficios.
  • Procura distanciarte del rencor y del resentimiento hacia los demás y hacia ti mismo y desarrolla para todos, tú incluido, el hábito del perdón.
  • Acostúmbrate a fomentar los estados creativos de tu mente así como los estados en los que te percibes pleno de recursos.

 

  • Introduce el sentido lúdico de la vida en todas tus actividades y procura practicar la “sonrisa interior”.
  • No te culpes cuando el error aparece, sino que intenta aprender a disfrutar de todo el aprendizaje que cada error aporta a cambio de que lo afrontemos desde un marco de aprendizaje.
  • Es necesario que aprendas a soltar el lastre de tu pasado. No es posible avanzar en la curación si caminamos con “exceso de equipaje”.
  • Ten siempre presente tus metas y aspiraciones más altas, porque estás llamado a expresar todo tu potencial.
  • Trata de conectar con la alegría que sustenta la vida y que se expresa a nuestro alrededor. Acompásate, pues, con la vida.
  • Cuida tu Mandala, ese Espacio Sagrado en el que se desenvuelve tu existenciaY finalmente recuerda, ¡eres el responsable de tu propia salud!
Lo que nuestro cerebro necesita

Lo que nuestro cerebro necesita

Aunque todos los órganos son importantes, no cabe duda que para los seres humanos el  cerebro es uno de los que más, ya que trasciende los límites de lo meramente biológico para constituir el soporte material de nuestra vida emocional, de relación, intelectual y espiritual. No perdamos de vista que es un órgano especialmente dotado para el aprendizaje y, al contrario que otros órganos corporales, mientras más lo uses mejor funciona. Sigue leyendo →

Herederos del pasado, constructores del futuro

Herederos del pasado, constructores del futuro

Herederos del pasado contstructores del futuroLa mente común se consuela pensando que el resultado de lo que vive depende de la suerte, mala o buena, que se haya tenido en la vida, y también de las acciones u omisiones por parte de los demás que nos hayan beneficiado o perjudicado.

Para algunos, lo anterior, parece algo muy lógico pero en el fondo no revela más que la incapacidad para hacer frente a cualquier posible responsabilidad en el manejo de su propia vida.

Si embargo, cuando alguien decide recorrer la Senda del Despertar, y a través de su esfuerzo llegamos a profundizar un poco más en el propio autoconocimiento, una de las cosas que observaremos es que,sin lugar a dudas, nuestra vida presente es una consecuencia de nuestras acciones del pasado así como de las expectativas que proyectamos hacia nuestro futuro. Es decir, somos herederos de nuestro pasado y constructores de nuestro futuro.

Aunque es cierto que controlamos pocas cosas en el mundo y que la mayor parte de las veces suceden acontecimientos imprevistos sobre los que no podemos operar, nadie debería arrebatarnos la capacidad de decidir sobre nuestras propias respuestas ante cada situación, ni tampoco sobre el modo en el que queremos transitar nuestro camino.

Aceptar la responsabilidad que cada cual tenemos en nuestra vida en lo que se refiere a las elecciones que asumimos, no es algo que haya de ser valorado como fácil o difícil, sino como una necesidad imprescindible para todo aquel que se involucre en un proceso de desarrollo humano.

A propósito de la importancia de nuestras acciones y sus consecuencias, me gustaría relatar una antigua historia que me resultó especialmente inspiradora cuando la escuché por primera vez.

Esa historia dice así:

 

“Cierto día llegó un peregrino hasta el templo del Jokhang, uno de los más antiguos y respetados templos de Lhasa. 

Una vez allí, penetró hasta el interior donde tras hacer las pertinentes postraciones frente a la imagen del Jowo, una estatua muy venerada de Buda, se situó frente a ella, adoptó una postura respetuosa con sus manos unidas en el mudra de la plegaria, y en forma de oración comenzó a hablarle devotamente, diciendo:

-Oh, venerable Budha Sakyamuni, he llegado a entender que tú y yo somos iguales en esencia. 

También me he dado cuenta de que compartimos la misma naturaleza, y he descubierto que poseo en mí tu misma semilla para el despertar. 

He recordado, además, que hace miles de años, en otra vida, estuvimos juntos, pero tú decidiste esforzarte y hoy estás ahí, en cambio yo decidí no hacerlo y hoy me encuentro aquí.

Por tanto, en estos momentos, simplemente, estoy viviendo el resultado de mis acciones del pasado.”

Cada uno habrá de sacar sus propias comprensiones acerca de esta historia.

Para mi significa algo muy obvio. Y es que te encuentres como te encuentres, siempre podrás elegir entre dos opciones, quejarte de tu presente o asumir tu propia responsabilidad al respecto, así como la necesidad de esforzarte por construir un futuro mejor.

La buena noticia es que siempre es posible mejorar, y que dicha elección depende sólo de nosotros.

No dejes las riendas de tu vida en manos del azar o de los propósitos de terceras personas, y procura descubrir la gran cantidad de recursos y posibilidades que residen en tu interior.

Para ello habrás de pararte, respirar, tomar consciencia de quien eres realmente y  aceptar el reto que supone trabajar en la Senda del Despertar. Entonces, en esos momentos, habrás comenzado el camino de la transformación hacia una vida mejor.

 

El árbol como metáfora

El árbol como metáfora

arbol como metaforaUn símbolo se caracteriza por remitirnos a distintos tipos de significaciones y realidades más allá de su mera apariencia externa.

Una de las figuras simbólicas más antiguas y potentes que existe en nuestro medio cultural es la del árbol. Esta imagen ha sido utilizada desde tiempos inmemoriales para representar aspectos especialmente profundos de nuestra vida, lo cual, en definitiva, como se dijo al principio, es la función de todo símbolo.

Son muchas las culturas que sustentan la creencia de que el mundo fue formado a partir de un eje central, un árbol sagrado que sostenía los cielos.  Así, es posible encontrar relatos míticos de diferentes árboles sagrados, como el caso de Yggdrasil, el árbol sagrado de los germanos septentrionales; o también la ceiba, el de los mayas; o la encina para los celtas, etc.

En muchas y diferentes civilizaciones ha habido árboles que han sido venerados como sagrados, como por ejemplo en algunos lugares de Asia se rinde culto respetuoso al árbol del Bodhi, bajo el cual Buda alcanzó la iluminación.

Los árboles parecen encontrarse fuera del tiempo, y su larga vida les confiere una especial energía y majestuosidad. La imagen del árbol, pues, nos transmite solidez y estabilidad. Un árbol puede darnos frutos, leña, sombra… También puede acoger a las criaturas proporcionándoles cobijo y protección. Sostiene y aguanta a la propia tierra impidiendo la erosión, de tal manera que, un árbol, es algo muy beneficioso para el lugar en el que se asienta.

Si aceptamos esta imagen del árbol como una rica metáfora para la vida, nos daremos cuenta de que es posible describir nuestra propia naturaleza como si de un árbol se tratara, ya que se puede representar con bastante acierto no sólo los aspectos corporales o físicos,  sino también los aspectos psicológicos y espirituales del ser humano.

El árbol dirige sus raíces hacia la tierra y eleva sus ramas hacia el cielo, lo cual constituye una adecuada metáfora del mismo ser humano, un ser situado entre los dos mundos, el terrenal y el celeste.

Si nos fijamos en el aspecto corporal, los pies vendrían a ser como las raíces que nos sustentan y sobre las que se levanta el resto del edificio, nuestra corporalidad. Pero también, podríamos decir que las raíces del ser humano, a otro nivel más profundo, se encuentran ubicadas en nuestro Espacio Interior, en nuestro Mundo Interior, en ese núcleo del Ser que constituye la esencia profunda que nutre nuestro modo de estar en el mundo.

Siguiendo el paralelismo, diríamos que el tronco simboliza el cuerpo, y de él saldrán las ramas, nuestros brazos capaces de actuar y modificar el mundo. Un ser humano en posición vertical y con los brazos extendidos hacia el cielo, parece reclamar el encuentro con el universo y con los otros seres humanos, la búsqueda de la grupeidad y de la trascendencia a la vez.

Finalmente, diríamos que los frutos del árbol son comparables a nuestras acciones concretas en el mundo, aquellas transformaciones de nuestro medio que derivarán de la calidad o no de nuestros propios actos. Tal vez en este punto sea conveniente recordar que los frutos del árbol no son sólo para sí, sino que están destinados a beneficiar a otros muchos seres, de la misma forma que nuestras acciones debieran dejar tras de sí un mundo mejor que el que encontramos.

Así que, si hemos comprendido bien la metáfora del árbol, sería bueno preguntarse en algún momento qué significa eso de que una vida sea apropiadamente fructífera.

¿Estamos dando los frutos que hemos venido a dar y que nuestro mundo necesita de nosotros?

Me gustaría finalizar con una cita  de B.S. Rajneesh que leí hace tiempo y que creo que encaja en todo lo comentado anteriormente:

“Si una vida pudiese ser como ese árbol, extendiendo ampliamente sus ramas de modo que todos pudiesen guarecerse bajo su sombra, entonces podríamos comprender lo que es el amor. No hay escrituras, mapas o diccionarios para el amor”. 

 

Embellecer el Espacio Interior

Embellecer el Espacio Interior

Embellecer el Espacio InteriorVivimos en un mundo en el que la belleza juega un papel importante. No cabe duda que la imagen que damos a los demás cuenta mucho, incluso de ello puede depender el acceso a ciertos puestos de trabajo, ya que existen ocupaciones en las que una determinada apariencia física va a ser determinante.

También observamos un aumento de las actividades profesionales que promueven los cuidados corporales, tales como los salones de belleza, los anuncios de ciertos productos en televisión o los centros de Medicina Estética, entre otros.

Desde el punto de vista médico-quirúrgico, se ha constatado en los últimos tiempos un incremento notable del número de operaciones a las que muchas personas se someten con el fin de mejorar su aspecto exterior.

Hay una evidente preocupación por mantener “la carrocería” en buen estado, lo cual está muy bien, pero me cabe la duda de si también nos ocupamos con el mismo afán de otros factores menos visibles de nuestro ser.

En algunos aspectos parece que sí, ya que, de algún modo, se ha incorporado también a nuestra cultura actual una importante tendencia a cuidar mejor la alimentación, así como a llevar a cabo una serie de prácticas saludables, tales como el deporte, el yoga o la meditación, las cuales ayudan a mantener en forma el cuerpo y la mente.

Ciertamente, parece que hoy día nos cuidamos más que antaño.

A pesar de ello, me sigue quedando la duda de si también cuidamos lo suficiente algunos aspectos más sutiles del ser, como por ejemplo el Espacio Interior.

Se dice que la verdadera belleza surge del interior y se manifiesta en el mundo a través de nuestras acciones. Por tanto, si consideramos que es importante mejorar nuestro entorno, parece que no sólo es deberíamos cuidar bien nuestro cuerpo, sino que también deberíamos aprender a embellecer nuestro Espacio Interior.

Embellecer el Espacio Interior no es sólo una labor de maquillaje, en el sentido de aplicar productos para ocultar ciertos defectos, sino de potenciarlo en todo su esplendor, ya que de un Espacio Interior bello surgirá una acción positiva en el mundo que permitirá armonizar y mejorar nuestro entorno.

Entonces, ¿de qué forma podríamos hacer este embellecimiento interior del que hablo?

Lo primero sería explicar que el Espacio Interior viene a ser como el contenedor en el que se expresan los fenómenos de la consciencia, es decir, los contenidos.

Es, pues, un espacio de consciencia, o lo que es lo mismo, nuestra más pura esencia. Lo que cada uno de nosotros somos no son nuestros contenidos mentales (pensamientos, emociones, etc.) sino ese espacio de consciencia. Por eso, al cuidarlo apropiadamente, es como si cuidásemos nuestra esencia más primordial y profunda.

Pero, si observamos a una persona normal, en un día normal, ¿cuánto tiempo crees que dedica a cuidar la higiene y la belleza de su mundo interior?

Entonces, ¿por qué nos extraña, a veces, estar guapos por fuera pero con un aspecto interior tan poco agraciado?

A cualquier persona normal no le extraña lavarse los dientes o las manos varias veces al día, tantas veces como sea necesario, pero cuando nos contaminamos con pensamientos, idea, emociones… ¿qué hacemos con esta suciedad?

Pues si queremos mantenernos bellos internamente, lo que deberíamos hacer es dedicar tiempo y esfuerzo para eliminar las contaminaciones mentales que nos afligen, y al mismo tiempo aplicarse en desarrollar el verdadero potencial que todos llevamos dentro.

Por tanto, si queremos brillar como seres humanos, es necesario, pues, saber embellecer nuestro Espacio Interior, convertirnos en unos grandes esteticistas de nuestro mundo interno, lo cual quiere decir que habremos de asumir la responsabilidad de trabajar en ello, evitando las excusas que nos mantienen anclados en nuestros hábitos limitantes y nuestras emociones perturbadoras.

Del mismo modo que las personas aprenden a cuidarse externamente, es posible aprender a hacer lo propio con el mundo interior.

Ser capaz de establecer pausas en nuestro habitual ritmo frenético, conectar con la respiración consciente y con nuestro Centro Vital, permitir que la consciencia habite el cuerpo, así como cultivar el desapego sobre las fluctuaciones mentales, son algunos de los aspectos que debiéramos aprender a desarrollar para poder así “embellecer nuestro Espacio Interior” y convertirnos en seres luminosos por dentro y por fuera.

Ventajas de la disciplina

Ventajas de la disciplina

imagesBEZ01J9NVivimos en unos momentos ciertamente extraños. Por un lado, se escuchan y se leen diferentes voces preocupadas por la falta de disciplina de ciertos ámbitos, como la familia o la escuela. Por otro, cuando alguien trata de realizar algunas propuestas o acciones para fomentar la disciplina, es acusado con cierta frecuencia de ser autoritario, dictatorial o de falta de diálogo democrático. Entonces ¿en qué quedamos? Parece como que hablar de disciplina en nuestro medio social fuese algo trasnochado y conectado a pensamientos sociopolíticos conservadores.

Nada más alejado de la realidad. A lo mejor es necesario explicar un poco qué significa esto de la disciplina para poder comprender su gran importancia.

Primeramente habría que distinguir entre la disciplina de origen externo, que puede ser impuesta o pactada, y la de origen interno, es decir, la que nace de lo más profundo de nuestras convicciones.

Ésta es la más importante para el desarrollo interior. No se trata de cumplir con las tareas porque si no lo hacemos alguien de fuera nos castigará, sino porque entendemos desde nuestra propia concepción del mundo que es lo mejor que podemos hacer.

La disciplina es una capacidad de nuestra consciencia al servicio de la consecución de nuestras metas más valiosas. Es lo que nos permite llevar a cabo aquellas cosas que son necesarias para alcanzar nuestros objetivos a pesar de las dificultades, y también nos ayuda a seguir en la acción independientemente de que nos guste  o no dicha tarea.

Es una cualidad imprescindible para el deporte, para el trabajo, el estudio o para cualquiera que se proponga alcanzar algo que requiera un esfuerzo importante.

En términos de desarrollo humano, la disciplina más importante ha de provenir de nuestras propias convicciones internas. La llamamos autodisciplina, y es fundamental para el crecimiento personal, ya que nos permite cumplir con nuestras propias reglas, según nuestras propias convicciones, actuando independientemente de nuestro estado emocional, es decir, hacer lo que tenemos que hacer, tanto si nos apetece como si no.

Desde el punto de vista sofrodynámico, proponemos que la disciplina ha de entenderse como un esfuerzo positivo orientado a nuestras metas, y nunca como una negación de algo impuesta desde fuera.

Es, también, una importante capacidad cuando nos involucramos en la obtención de metas cuya recompensa no es inmediata, sino aplazada. Dicha capacidad, la disciplina, puede incrementarse mediante el entrenamiento, como si fuese una especie de músculo.

Ser disciplinado posee, pues, innumerables ventajas, ya que es una herramienta imprescindible para alcanzar el éxito que deseamos, porque  nos enseña a atender a nuestros propios compromisos vitales y, también, a focalizar y orientar nuestro esfuerzo evitando dispersiones inútiles.

Pero también conviene tener presente que la disciplina mal gestionada puede llegar a ser limitante y convertirse en una pesada losa más que en una liberadora cualidad. Porque, como todas las cosas, si son mal gestionadas producirán más contrariedades que beneficios, así que no es tan importante cuanta cantidad de disciplina posees sino cómo eres capaz de gestionarla.

Por último, no perdamos de vista la importancia de ser benevolentes con nosotros mismos, es decir, conocer nuestras limitaciones, aceptarlas y no exigirse más de lo que humanamente podemos llevar a cabo, pues no tenemos la obligación de cargarnos con más peso del que somos capaces de soportar.

Las relaciones nutricias

Las relaciones nutricias

relaciones nutriciasMuchas personas se sienten solas y desvalidas en el mundo, como si sus vidas no le importase a nadie. Y no me refiero a quienes que carecen de familiares, amigos o personas cercanas, sino que esta creencia muchas veces procede de gente que viven rodeados de su familia, de sus amigos y de otros muchos conocidos. Porque sentirse solos y separados, es una experiencia que puede darse incluso cuando nos encontramos inmersos en una multitud.

Pero la verdadera realidad es que dichas personas no se dan cuenta de que nunca habrían llegado a estar donde están sin la ayuda de otros. En realidad nunca han estado solos, pero ellos no lo saben.

Ningún bebé habría sobrevivido exclusivamente por sus propios medios. Hemos crecido y hemos llegado a adultos porque otras muchas personas, familiares o no, nos han cuidado y protegido para que así fuese.

Quienes son consciente de ello desarrollan un corazón agradecido, pero quienes no lo son, suelen vivir llenos frustración, amargura y victimismo.

Es evidente que los seres humanos necesitamos de los demás para desarrollarnos. Hoy día sabemos que nos nutrimos no sólo de vitaminas, minerales, etc, sino también a través de las relaciones emocionales que establecemos con los  demás.

Pero hay relaciones que son patológicas y perturbadoras y funcionan a modo de veneno mental, mientras que otras son facilitadoras, nos nutren y nos hacen crecer. Estas últimas son las “relaciones nutricias”.

Con frecuencia las personas nutricias se encuentran ahí, a nuestro lado, pero  no siempre sabemos reconocerlas. Por tanto, sería bastante conveniente aprender a identificar y promover las relaciones que son nutricias para nosotros.

Normalmente, las más importantes han de provenir de los padres o de la familia cercana, pero no siempre sucede así, sino que es posible tener unas importantes relaciones nutricias fuera del ámbito familiar, y estas pueden llegar a través de  los amigos o de alguna persona que consideremos relevante.

Pero, exactamente, ¿qué es una relación nutricia?

Una relación nutricia es aquella en la que nos sentimos queridos y aceptados plenamente, una relación en la que nos encontramos seguros y podemos mostrarnos tal y como somos sin temor a la crítica o el rechazo. Son, pues,  relaciones que nos ayudan a crecer.

Las relaciones nutricias nos permiten descubrir nuestra naturaleza más profunda, quienes somos y cuáles son nuestros talentos. De alguna manera nos ayudarán a expresar nuestra potencialidad en el mundo y a dar respuestas a nuestras necesidades como seres humanos.

Pero para establecer unas adecuadas relaciones nutricias lo primero que tendríamos que descubrir es qué es aquello que verdaderamente nos nutre emocional y espiritualmente.

También habrá otros factores que nos ayudarán a establecer este tipo de relaciones, como por ejemplo la practica de la autoaceptación. Esto es, permitirse aceptar plenamente toda nuestra humanidad, con sus virtudes y con sus defectos, al tiempo que nos liberamos del juez más implacable, es decir, nuestra propia consciencia crítica. “Liberarnos de nuestra propia condenación” evita que nos convirtamos en “mendigos afectivos”, es decir, nos libra de hacer lo que sea con tal de conseguir reconocimiento y cariño por parte de otros. Sabemos que el resultado que obtienen quienes mendigan afecto suele ser desastroso.

Otro aspecto especialmente importante para desarrollar relaciones nutricias es aprender a identificar las muestras de cariño y de aceptación que recibimos en las situaciones habituales de la vida cotidiana, cosa que habitualmente no solemos hacer. Cuando aprendemos a reconocer estos aspectos desarrollamos también el agradecimiento y la satisfacción.

Además de las relaciones nutricias individuales, tenemos las relaciones  nutricias que brindan los grupos. Los llamados “grupos nutricios” suelen ser importantes soportes emocionales, ya que en ellos compartimos experiencias significativas.

La pertenencia a grupos nutricios puede constituir un importante mecanismo de  desarrollo de la resiliencia para muchas personas, al tiempo que se ha demostrado su importancia en la evolución positiva de enfermedades graves.

Pero lo que no debemos olvidar es que no hemos de comportarnos como meros receptores pasivos de relaciones nutricias por parte de terceras personas, sino que tenemos la responsabilidad de tratar de ser nutricios para los demás.

Si somos conscientes de la importancia que tiene sentirse aceptados plenamente, deberíamos comenzar a practicarlo con quienes nos rodean, y esto tendrá unas importantes consecuencias positivas, porque se ha comprobado que ayudar a otras personas que lo necesitan, ejerce un efecto beneficioso para quienes realizan la acción de ayuda.

Así pues, para las personas que tratan de desarrollarse, es imprescindible aprender a reconocer y a agradecer todo aquello que nos es dado, al tiempo que hemos de convertirnos también en auténticos focos luminosos para nutrir a los demás.

¡Nutrir y ser nutridos, he ahí la cuestión!

Mente vieja y mente nueva

Mente vieja y mente nueva

menta vieja y mente nuevaTodos nosotros, lo sepamos o no, hemos realizados muchos cambios a lo largo de nuestras vidas. Algunos de ellos han sido conscientes, otros, en cambio, no. A estos últimos los llamamos “cambios ciegos”, y se caracterizan porque, en estos casos, nos encontramos imposibilitados para poder programarlos convenientemente en la dirección adecuada, simplemente ocurren.

Pero para alguien que quiera desarrollar su potencial, para alguien que decida poner toda la carne en el asador en lo que se refiere a crecer como ser humano, es necesario realizar los cambios de forma voluntaria, libre y programada.

Sea como fuere, lo que parece evidente es que no podemos sustraernos a los procesos de cambio en la vida, aunque no nos demos cuenta de ello.

Para los seres humanos, uno de los cambios más importante que podamos llevar a cabo es el que se produce cuando elegimos involucrarnos en un proceso de autorrealización.

Esto significa que decidimos transformar nuestra mente desde un estado limitado hacia otro más puro, armónico y feliz, algo totalmente imprescindible para cualquier persona que anhele vivir mejor. Podríamos describir este proceso como el cambio de la “mente vieja” a la “mente nueva”.

Hemos leído que en la simbología cristiana existe una metáfora similar, la del paso de “hombre viejo”, que viene representado por Adán, al “hombre nuevo”, que se refiere a los nacidos en Cristo mediante el Bautismo.

Este mismo fenómeno de transformación de la mente hacia un estado más puro se encuentra, también, simbolizado y representado de forma parecida en otras tradiciones espirituales, y siempre aparece ligado a ritos de muerte y renacimiento: morir a lo viejo y nacer a lo nuevo.

Así, el paso de “la mente vieja” a la “mente nueva”, ha de significar una especie de muerte simbólica, de renuncia a lo que nos sobra y limita, para dar lugar al nacimiento de aquello que nos desarrolla.

Por tanto, no podemos perder de vista que en dicha transformación será necesario un esfuerzo. Cambiar voluntariamente hacia las metas elegidas es algo que cuesta, al igual que también cuesta todo aquello que tiene un cierto valor en la vida.

Así que deberíamos prestar especial atención al hecho de que en todo cambio hay pérdidas, y que si eso no se tiene en cuenta o las pasamos por alto, pueden dificultar la transformación hacia el nuevo estado.

El paso, pues, de tener “mentes viejas” a tener “mentes nuevas”, lleva implícito el dolor de la pérdida de lo antiguo, y también la dificultad del “parto” hacia lo que ha de nacer.

Pero dichas dificultades se soslayan cuando nos damos cuenta de que, al mismo tiempo, nuestra transformación interior contiene implícitamente la alegría que emerge de forma espontánea cuando realizamos nuestra verdadera naturaleza y nos liberamos de nuestros miedos, incertidumbres y antiguas limitaciones.

Para Francesco Alberoni, sociólogo italiano,  este tipo de cambio es denominado “estado naciente”, a propósito del cual dice: “no es un modo de ser estable, duradero, sino como un nacimiento, un despertar, un descubrimiento de que lo posible se abre ante nosotros”.

Este estado naciente de Alberoni, que equivale a la concepción de nuestra “mente nueva”, se produce cuando rompemos las barreras de aquello que nos sujeta, los convencionalismos, las culpas, los miedos y emergemos a un estado del ser mucho más pacífico, sereno y amoroso.

Pero no olvides que todo tiene un coste, y quizás debieras preguntarte ¿cuál es tu elección, si mantenerte en el “dulce sueño de la mente vieja” o decidir correr el riesgo de nacer en la luz?

Par Biomagnético

Par Biomagnético

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPor Alejandra González de Rueda, Terapeuta colaboradora del CMI Dr. Nougués

El Par Biomagnético es un sistema terapéutico en el que se utiliza imanes con una potencia determinada, para combatir parásitos, bacterias, hongos, virus y otros gérmenes que son la causa de diversas enfermedades.

La terapia consiste en colocar imanes naturales de cargas positivas y negativas sobre el cuerpo con el fin de nivelar el Ph, para que así el organismo recupere su homeostasis, y actúa sobre el organismo de la siguiente forma.

Influyen en las células sanguíneas al magnetizar el núcleo de hierro de las moléculas de hemoglobina.

Estimulan los puntos de acupuntura y el flujo de energía por los meridianos.

Aumentan el flujo sanguíneo y eleva la temperatura corporal.

Acelera la asimilación de sales debido a la magnetización de los iones metálicos.

Influyen sobre los impulsos nerviosos y pueden, por tanto, utilizarse como anestésicos.

Propician el equilibrio entre el anabolismo y el catabolismo.

Modifican los campos magnéticos de los patógenos, hongos, virus, bacterias, parásitos, causándoles la muerte.

El  Par Biomagnético es una terapia compatible con cualquier otra, y puede utilizarse simultáneamente con tratamientos alopáticos tradicional, ya que no se contrapone con ningún otro método.