El Ácido alfa lipoico, ese desconocido

El Ácido alfa lipoico, ese desconocido

acido alfa lipoicoEs posible que la mayoría de las personas que lean este texto no haya oído hablar nunca del Ácido Alfa Lipoico (ALA), salvo si están relacionados con profesiones sanitarias o les interesa mucho el tema de los antioxidantes o de la Nutrición Ortomolecular.

No es un producto tan conocido como otros que salen en los anuncios de la tele, como cuando promocionan productos antienvejecimiento con Resveratrol o cosméticos para las arrugas con Coenzyma Q-10. Estos si suenan más y parecen más cercanos a todos.

Sin embargo, el ALA, a pesar de no ser muy famoso, es una de las substancias que conviene tener presentes en el ámbito de la salud y la prevención ya que produce múltiples beneficios para quienes lo consumen.

Químicamente podemos decir que es un compuesto organosulfurado, estructuralmente es un ácido graso con dos átomos de azufre, derivado del Ácido Caprílico. También es conocido como Ácido Tióctico.

Si les cuento un poco de su historia, podría decirles que fue aislado en 1951 por Dr. Lester Reed a partir de aproximadamente 10 toneladas de hígado de vacuno. En 1989 se encontró que el ALA poseía un gran efecto antioxidante, siendo considerado hoy día como el “Antioxidante Universal”, ya que tiene la propiedad de ser a la vez hidro y liposoluble. Ayuda a la Vitamina B en la conversión de los principios inmediatos en energía, por lo que tiene una gran importancia a nivel de la obtención de energía por las células.

Aunque es un producto que se sintetiza en el organismo, la cantidad en la que se hace es insuficiente y además declina con la edad, por lo que hay que suplementarlo.

En los últimos años se han venido realizando numerosos estudios, gracias a los cuales hoy día conocemos la importancia de dicha substancia y las funciones que realiza en el organismo.

La “Natural Medicina Comprehensive Data Base” (La base exhaustiva de datos de medicamentos naturales) indica que es probablemente eficaz para el tratamiento de la diabetes tipo II, así como para la neuropatía diabética.

También indica que es posiblemente eficaz para el tratamiento de enfermedades hepáticas, sobre todo aquellas relacionadas con el consumo de alcohol, y en los problemas cerebrales relacionados con el VIH. También en la neuropatía cardiaca autonómica.

Otros estudios han señalado evidencias que demuestran que es una substancia fundamental para la producción de la energía en las células debido a que controla la oxidación de la glucosa.

También sabemos que contribuye a la regeneración de otros antioxidantes como la Vitamina C, la Vitamina E, el Coenzyma Q-10 y el Glutatión, por lo que es una substancia fundamental para el equilibrio de la Red de antioxidantes del organismo.

Ayuda a prevenir el daño celular y mejora la conducción de las neuronas. Según parece, también puede ayudar a disminuir el nivel de azúcar en la sangre, por lo que los diabéticos que lo consuman habrán de cuidar el ajuste de la dosis de medicamento.

Se ha evidenciado, además, un efecto neuroprotector contra las patologías neurodegenerativas, por lo que puede ser de utilidad en algunas enfermedades como el Parkinson o el Alzheimer, así como otras patologías degenerativas asociadas al estrés oxidativo.

Aunque es un suplemento bastante seguro, al igual que otras tantas cosas, no es conveniente tomarlo sin un control médico adecuado, ya que, por ejemplo, los pacientes deficitarios en Tiamina podrían tener problemas de salud si ingieren ALA sin la debida suplementación.

Podemos encontrarlo en el brócoli, levadura, espinacas, algas, vísceras, aunque su cantidad no permite que podamos conseguir los niveles adecuados sólo con eso, por lo que en muchos casos estará recomendad la suplementación.

 

Éxito y fracaso

Éxito y fracaso

Exito y fracaso¿Cuántas veces las cosas no salen tal como esperamos? ¿En cuántas ocasiones los resultados son menores que el esfuerzo que hemos invertido en ello?

Decimos que hemos fracasado cuando lo que sucede no se corresponde con nuestras expectativas o, simplemente, cuando no conseguimos lo que nos habíamos planteado previamente.

Hay personas que viven esta experiencia de un modo limitante y sienten disminuida su autoestima. Otros, en cambio, lo experimentan de forma potenciadora como algo que sucede en sus vidas y que, por tanto, también forma parte de su proceso de aprendizaje.

¿Qué es lo que marca la diferencia para que un mismo acontecimiento pueda verse de  formas tan distintas?

Se dice que fracasar es no tener éxito. Y eso, en general, no nos gusta.

En el caso de las personas perfeccionistas, esta sensación de fracaso es algo que suelen llevar bastante mal. Su error consiste en intentar eliminar el fracaso en sus vidas, pensando que pueden controlar todos los factores para ser exitosos, pero no se dan cuenta de que eso no es posible.

Fracasar no tiene por qué ser agradable, pero podemos hacer que sea provechoso, si lo transformamos en una experiencia útil ligada a nuestro proceso de aprendizaje.

Por tanto, aprender a “fracasar apropiadamente”, puede ser una de las mejores estrategias que deberíamos tener disponible en nuestro menú de recursos.

Eso quiere decir que la experiencia a la que llamamos fracaso tal vez no sea tan negativa como algunos pudieran creer en un primer momento, porque fracasar en algo nos permite aprender y adquirir importantes experiencias vitales que podrán ser utilizadas más adelante, siempre que se encuadre en un modelo funcional de aprendizaje.

Hubo una frase que se me quedó grabada en una de las películas que vi de pequeño, “Cualquier fracaso también tiene su gloria. Si te equivocas, aprovéchate” (De la película Chyti Chyti Bang Bang)

Sin embargo, en nuestra sociedad suele existir un innegable miedo al fracaso, porque la mayoría de las personas se enfocan sólo en los logros, en lugar de atender también a lo que van aprendiendo durante cualquier proceso vital. Esto se debe a que vivimos en un ambiente demasiado polarizado en la consecución de metas y de notoriedad, lo cual nos condiciona fuertemente, ya que se generan sentimientos de desvalorización o de falta autoestima cuando no se consigue lo que nos habíamos propuesto.

En nuestra cultura, existe una tendencia a valorar a las personas en función de los “logros” que obtiene, cosa que tiene su lógica, pero que se puede convertir en una limitación si no se hace de forma adecuada. Porque hay personas que llegan a ser exitosos por aquello que aprenden durante el camino y no por el resultado que obtienen a final de él.

La vida nos deparará muchas situaciones en las que queremos una cosa y sucede otra. ¿Cómo estar preparados para el fracaso y para lo inesperado? ¿Cómo estar preparados para el cambio?

En general vivimos condicionados por una sociedad que propone un éxito fácil y rápido. Los jóvenes, y los no tan jóvenes, se encuentran seducidos por una propaganda que les induce a creer que todo se puede conseguir de una manera rápida y sin demasiado esfuerzo. En general, esto es falso y, además, perjudicial, porque en la vida cuenta más el esfuerzo y la constancia que otras muchas cosas.

Pero en algunos aspectos dicha tendencia parece que va cambiando. Hoy día hay empresas que valoran mucho a quienes han sido capaces de alcanzar el éxito después de haberse sobrepuesto a algunos fracasos previos. Expertos en aprendizaje han llegado a a conclusión que es el esfuerzo más que el talento lo que permite ser exitoso a largo plazo.

¿Pero qué es el éxito?

Según decía Winston Churchil, “éxito es ser capaz de ir de fracaso en fracaso sin desesperar”. 

Muy ilustrativa, también, me pareció en su día la definición que ofrecía sobre el éxito el que fue mítico entrenador de baloncesto de la universidad de UCLA, Jonh Wooden, “el éxito es la paz de la mente que es el resultado directo de la auto-satisfacción de saber que usted hizo todo el esfuerzo que pudo para conseguir lo mejor de lo que eres capaz”.

Eric Berne (el padre del Análisis Transacional), aporta también su punto de vista al respecto. Decía que “un triunfador no es al que todo le sale bien, sino quien sabe qué hacer cuando fracasa” ¿Qué te dice esta frase?

Según parece, éxito, es algo distinto de conseguir una meta. Tiene mucho más que ver en cómo gestionamos nuestros desenlaces y de qué modo conseguimos seguir aprendiendo y desarrollándonos.

El éxito o el fracaso dependen en gran medida de nuestra percepción, ya que cada uno de nosotros interpretamos la realidad según nuestro modelo.

En muchas ocasiones la línea que separa a éxito de fracaso no está tan clara. Hace unos días leía el relato de una cantante que refería “haber perdido el control de su vida”, y eso sucedió debido al enorme éxito que tuvo. Fue el éxito lo que le llevó a tener que retirarse durante siete años.

El éxito es algo que todos deseamos, pero que no se encuentra exento de numerosos peligros. También hay que aprender a gestionarlo.

Hoy día, muchas corrientes psicológicas insisten en que es necesario enseñar a los jóvenes a experimentar y gestionar el fracaso, ya que uno de los problemas de muchas personas en la actualidad es la poca capacidad para hacer frente a las frustraciones.

Nuestra biografía puede contener muchas fuentes de información acerca de cómo hemos gestionado nuestros fracasos en el pasado, y sobre las conductas que han sido más eficaces.

La palabra fracaso se encuentra cargada de muchas connotaciones negativas. Cuando una pareja se separa, se dice que el matrimonio ha fracasado. Si un negocio se cierra, se dice que el negocio ha fracasado, etc. Y todo ello se suele expresar con matices limitantes. Pero, ¿es mejor mantener lo que no funciona bien o mejor intentar cambiarlo?

Por otro lado, hay personas que sienten la sensación de fracaso porque tienen la pretensión de que las cosas que intentan le salgan a la primera.

Que las cosas salgan a la primera es posible, pero no es frecuente. Lo normal es que cuando queremos aprender algo nuevo, necesitemos realizar varios intentos para que salga aceptablemente bien. Es la repetición, la práctica y el entrenamiento lo que permite alcanzar la excelencia en una tarea.

La historia nos enseña que, con frecuencia, el éxito ha llegado después de múltiples intentos. Dichos intentos fallidos no son fracasos en sí, siempre que los gestionemos de modo apropiado.

Es el miedo al fracaso lo que impide a muchas personas que intenten algo de nuevo, quedándose con la sensación de que no pueden. Hemos de aprender a permitirnos la posibilidad de no acertar a la primera y desarrollar el coraje para intentar las veces que sena necesarias aquellas cosas por las que creemos merece la pena el esfuerzo.

Pero no quiero decir que no existan ciertos fracasos, porque desde el punto de vista de la Sofrodynamia®, sí que existen los fracasos en términos de desarrollo humano.

¿A qué me refiero?

Entendemos que fracasan aquellos que no lo intentan, quienes ante cualquier pequeño obstáculo prefieren “el sueño de la oruga” en su crisálida, en lugar del vuelo, incierto pero libre, de la mariposa.

También hablamos de fracaso cuando por el miedo a fallar abandonas tus sueños y tus metas, o cuando dejas pasar la vida sin llegar a desarrollar todo tu potencial.

Estos son los fracasos a los que deberíamos temer, ya que, como dirían los budistas, nos hacen desperdiciar el ”precioso renacimiento humano”.

Sin embargo, no deberíamos tener miedo a no estar a la altura porque otros hacen las cosas mejor. Ni tampoco a que las cosas sucedan de un modo distinto al que nos gustaría. Ni a tener que intentarlo más de una vez. No deberíamos tener miedo a luchar por aquello que merece la pena, pues todo lo valioso tiene un coste.

Las cosas son como son, pero somos nosotros quienes las transformamos en un fracasos o en una oportunidad para crecer, y a esto último bien que podríamos denominarlo como éxito.

El éxito, pues, desde el punto de vista sofrodynámico consiste no en sólo en obtener resultados, sino en aprovechar cada momento de la vida para seguir creciendo y avanzando como seres humanos.

 

Salud y enfermedad en Medicina Tibetana

Salud y enfermedad en Medicina Tibetana

medicina tibetanaLa Medicina Tibetana (MT) es una gran desconocida en occidente. Existen razones de peso para ello. La primera es que hay muy pocos médicos tibetanos si lo comparamos con los profesionales que existen en otros tipos de medicinas.

La segunda es que los medicamentos tibetanos no se encuentran homologados por las autoridades sanitarias en occidente y son difíciles de conseguir, ya que se fabrican sólo en ciertos países orientales.

Por último, la dificultad de entender una medicina que es inseparable de la espiritualidad del pueblo tibetano.

Aunque no practico este tipo de medicina si que me he acercado a sus fundamentos y he estudiado algunos de sus aspectos, llegando a la conclusión de que son sumamente interesantes y podrían aportarnos un enfoque diferente respecto a los procesos de sanar y enfermar.

Hay un aspecto que no se debe olvidar cuando hablamos de MT, y consiste en entender que para los tibetanos toda actividad vital, y con ella la medicina, no es separable del Dharma. Se conoce como Dharma a aquel conjunto de enseñanzas transmitidas desde Buda Sakyamuni y que constituyen la esencia de la práctica budista.

Por tanto Dharma y medicina, al igual que los conceptos de curación e iluminación, son aspectos inseparables desde el punto de vista de la mentalidad tibetana.

Cuando nos acercamos a la MT, lo primero que habría que considerar es que nos encontramos frente a una medicina que podríamos denominar “sagrada”. Por eso, la práctica médica puede ser considerada como una forma elevada de práctica religiosa, ya que mediante ella tratamos de beneficiar a los seres humanos y aliviarles del sufrimiento, finalidad compartida con el Dharma budista.

Según la tradición tibetana, la enseñanza de la medicina provienen del mismo Buda Sakyamuni, el cual, en forma de Bhaisajyaguru (Sam-la), enseñó dicho arte a cuatro grupos de discípulos: los rishis, los no budistas, los dioses y los budistas.

Las enseñanzas de Buda fueron recogidas en dos diferentes sistemas: los Sutras y los Tantras. En lo referente a la medicina, podemos decir que los Sutras recogen el aspecto somático o corporal del tratamiento de las enfermedades, mientras que los Tantras recogen el aspecto alquímico o transformacional del ser.

Así, desde los orígenes de su práctica, los médicos tibetanos utilizaron la medicina somática para tratar aspectos comunes de las enfermedades y el Sistéma Tántrico de curación para tratar los aspectos sutiles de las mismas.

Históricamente el aspecto técnico de la MT fue tomando cuerpo a finales del siglo VII de nuestra era, gracias al monarca tibetano Songtsen Gampo, el cual se propuso la tarea de reunir en el Tíbet lo mejor del conocimiento científico de la época en el campo de la salud.

Para ello se organizó un gran encuentro entre todos los más destacados representantes de la ciencia médica de entonces, una especie de lo que hoy sería un congreso multidisciplinar, con los mejores expertos de las diferentes culturas vecinas e incluso lejanas. Reunidos en Tíbet durante un largo periodo, compilaron todo el saber médico de la época.

La MT está formada, pues, por un complejo sistema de conocimientos diversos en los que se agrupan los elementos más destacados de las medicinas tradicionales cercanas. Es por eso que se encuentran contenidos elementos tan dispares como la anatomía y fisiología humoral de la Medicina Griega, los conocimientos del Prana de la Medicina Ayurvédica, así como descripciones sobre la circulación energética y gran cantidad de remedios de la medicina China, incluso el concepto del Yin y del Yang y una peculiar forma de moxa y acupuntura. También encontramos aportaciones de las terapias externas de la medicina Nepalí y de Mongolia.

El conjunto de las enseñanzas médicas se encuentran recogidos en los llamados Cuatro Tantras. Estos escritos se redactaron en India, aproximadamente hacia el siglo V a.C., siendo posteriormente traducidos al tibetano y corregidos en el siglo VIII d.c. por Yuthok Yonten Gompo.

Según la tradición tibetana, de la garganta de Buda Sakyamuni emanó Amithaba, uno de los Dhyani Budas, quien conociendo el sufrimiento de las personas le pidió al Buda que diera enseñanzas sobre medicina, como una forma de aliviar el sufrimiento de los seres. Cada uno de estos cuatro Tantras fue escrito por uno de los otros cuatro Dhyani Budas (Amogashidi, Ratnasambava, Aksobya y Vairochana).

La MT está formada por un conjunto de conocimientos en los que una gran parte están basados en una minuciosa observación clínica y el seguimiento empírico de los casos y, por otra, y sin que pueda diferenciarse, los elementos creenciales con los que forman una auténtica unidad.

Según la MT existen 84.000 diferentes enfermedades que pueden ser clasificadas en 404 grupos. Cada uno de esos grupos se dividen en bloques de 101 padecimientos.

La MT se basa en una concepción energética del ser humano y una fisiología de tipo humoral. Para MT existen tres humores: bilis, flema y viento, cuya correcta combinación va a permitir el estado de salud del ser humano, y cuya perturbación nos conduce a la enfermedad.

Estos humores corresponden a tres tipos de energía que al mezclarse constituyen la base de los cinco agregados en los que se compone el ser humano (el agregado de la forma, el agregado de las sensaciones, el agregado de la consciencia, el agregado   de la discriminación y el agregado de los factores composicionales).

Cada uno de los humores pueden verse afectados por la acción de los llamados “venenos raíces” (odio, Ignorancia y apego), denominados de esta manera por ser las causas básicas o raíces en las que se fundamenta el sufrimiento de la existencia humana. Así el odio afecta a la bilis, la ignorancia a la flema y el apego al viento.

Por la combinación de los anteriores aparecen los celos y el miedo, y el orgullo y avaricia. La combinación de todos ellos va a dar lugar a todos los demás venenos mentales.

Desde este punto de vista podemos resumir que por la acción de un veneno mental se produce una perturbación en uno de los humores, lo cual repercute en el equilibrio de los demás y esto da lugar a un estado de perturbación y enfermedad en el ser humano.

Por esto, desde el punto de vista de la tradición tibetana, si queremos volver a recuperar nuestra salud desde los aspectos más profundos, no es suficiente con que tratemos los síntomas correctamente, sino que hay que llegar hasta las causas últimas, es decir, hay que neutralizar los venenos mentales que van a causarnos el problema.

Sabemos que para neutralizar un veneno, lo más correcto es utilizar un antídoto. Así, según la tradición budista, disponemos de cinco antídotos principales: la compasión, la sabiduría, la satisfacción, la generosidad y el regocijo.

Es por esto que trabajar en el desarrollo de cada una de estas cualidades nos va a alejar cada vez más del veneno correspondiente.

Desarrollar cada cualidad hasta su potencialidad máxima es equivalente a desarrollar el aspecto sanador de cada uno de los cinco Budas Dhyani con los que se relaciona. En esto se basa la PANg- Autocuración-II del Sistema Ngalso.

Las cualidades que tratamos de desarrollar mediante dicha práctica son:

El desarrollo de la sabiduría que corresponde a Vairochana,

La satisfacción que corresponde a Amithaba,

La compasión que corresponde a Aksobya,

La generosidad que corresponde a Ratnasambava

El regocijo que corresponde a Amogasidhi.

 

Podemos entender que en cierto nivel, cada Dhyani Buda, representa un estado purificado de la consciencia donde predomina dicha cualidad y purifica totalmente el veneno mental correspondiente.

Llegado a este punto es muy importante advertir que debemos diferenciar entre lo que es el contenedor y el contenido, es decir, el recipiente en el que se contiene una enseñanza y la esencia de las enseñanzas en sí.

En este caso el contenedor es la tradición y la cultura tibetana, y el contenido un conjunto de preciosas enseñanzas que, sin necesidad de asumir total o parcialmente el contenedor, nos pueden ayudar al desarrollo personal y a nuestra salud, aquí, ahora, en nuestra cultura y en nuestro mundo.

Considero fundamental no caer en el error que se ha venido repitiendo a lo largo de la historia de la humanidad que por desconocer o por no compartir el recipiente se ha perdido también el contenido.

Así, en un formato ancestral y con un lenguaje que nos puede resultar extraño, ha llegado hasta nosotros una tradición médica en la que la curación física, emocional y espiritual caminan de la mano. Si somos capaces de superar las barreras culturales que nos separan, podremos encontrar en la Medicina Tibetana un profundo tesoro de sabiduría y de paz.

 

¡Coma usted de todo!

¡Coma usted de todo!

coma usted de todoCon cierta frecuencia atiendo pacientes que me comentan lo siguiente: “Me ha dicho el especialista que puedo comer de todo, pero cuando lo hago me sienta fatal, y si se lo comento, se extraña y me dice que son tonterías, que no tengo nada que me lo impida.”

Lo curioso de este caso es que hay dos cosas que son verdad. Una, que es cierto que se lo ha dicho el especialista y, la otra, que también es cierto que cuando come de todo se siente fatal. Pero respecto a que no hay nada que se lo impida, la cosa no está tan clara. Pero lo que resulta todavía más curioso es que, con frecuencia, el médico que le comenta estas cosas sea especialista en aparato digestivo, que algo debería tener en cuenta la alimentación, vamos, digo yo.

Casos como el anterior hace que me pregunte, ¿es cierto que los seres humanos podemos comer de todo sin importar el origen, la cantidad o la conveniencia o no de determinados alimentos, y todo ello hacerlo impunemente? 

Reflexionemos al respecto.

¿Hay alguna especie animal que sea capaz de comer cualquier cosa, a cualquier dosis, en cualquier momento del día y en cualquier época del año?

Pues parece que no. 

Mas bien sucede lo contrario, que cada animal come, según su propia naturaleza, lo más adecuado para su especie, y siempre en una cantidad determinada y siguiendo un cierto ritmo alimentario apropiado. Cuando no lo hace así, enferma.

¿Por qué pensamos, entonces, que nosotros, que no somos más que unos mamíferos evolucionados, hemos de ser diferentes en este aspecto?

Tal vez porque siempre nos han dicho aquello de que somos “ominvoros”, y eso se ha traducido habitualmente como la capacidad para comer cualquier cosa, en cualquier cantidad y en cualquier momento. Y eso no es así.

Frente a dicha creencia, es posible constatar que la evidencia empírica y los estudios actuales sobre dietética y nutrición nos hablan de otra cosa. Nos hablan de la trascendencia de no comer cualquier alimento sino, más bien, de la importancia de seguir una correcta alimentación tanto en calidad, como en cantidad y variedad, adaptada a las necesidades nutricionales del sujeto y considerando factores tales como la edad, el tipo de clima, la patología de base de cada persona o la clase de trabajo que desempeña. Hoy día sabemos bastantes cosas al respecto y existe literatura científica suficiente para respaldarlo de forma contundente.

Nadie dudaría en la actualidad sobre la importancia de la alimentación adecuada para el mantenimiento de la salud y para la prevención, e incluso el tratamiento, de ciertas enfermedades.

Sin embargo, ciertos “especialistas” le siguen diciendo a sus pacientes, “usted puede comer de todo”.

Lo más llamativo, al menos para mi, es cuando esta afirmación viene realizada por parte de un oncólogo. A pesar de los años, no me acostumbro a escucharla, porque me demuestra que todavía en el siglo XXI, la medicina convencional con todos su avances y evidentes ventajas, sigue manteniendo una imagen fragmentada y parcial del ser humano, de tal manera que cada especialista sabe de lo suyo y no solamente ignora sino que, en cierto modo, desprecia otras áreas del saber.

Pareciera, en este caso, como si más allá de la quimioterapia o de la radioterapia, una correcta alimentación no tuviera nada que aportar a la salud de quien padece un cáncer. Como dirían hoy día los jóvenes ¡qué fuerte!, ¿no?

Hace muy poco me comentaba un paciente oncológico: “cuando le he preguntado sobre alimentación a mi oncólogo, me ha mirado con cara rara y me ha dicho que coma lo que quiera, que la alimentación no tiene nada que ver con mi cáncer”. Y es posible que fuese así en lo que a etiología se refiere. Sin embargo, según afirman los estudios científicos actuales, existen un cierto número de cánceres relacionados con determinados hábitos dietéticos, y, por otro lado, existe evidencia científica suficiente como para fundamentar, sin lugar a dudas, la importancia de la dieta en relación con la salud. Incluso entre las recomendaciones de organismos internacionales sobre el estilo de vida como medida preventiva de la aparición de un cáncer, se preconizan bastantes puntos relacionados con la alimentación.

Por tanto, desde el punto de vista de la Medicina Integrativa, entiendo que, si ya es importante el modo de alimentarse cuando se está sano, es mucho más importante hacerlo cuando la persona se encuentra enferma, y todavía mucho más si es el caso, como sucede en los pacientes oncológicos, que le están suministrando medicamentos altamente tóxicos y que producen efectos indeseables en órganos vitales como el hígado, los riñones o el corazón, entre otros. ¿No sería importante cuidar la alimentación en estos casos y aportar al organismo una cantidad suficiente de nutrientes adecuados para cada caso?

No estoy diciendo que la comida cure el cáncer, aunque sabemos que existen alientos con un alto potencial antioncogénico, simplemente afirmo que, cuando alguien padece una enfermedad, lo más razonable es cuidar lo que ingiere, y si además podemos ayudarle a recuperar la salud utilizando una dieta apropiada, pues mucho mejor.

No hay que insistir demasiado, porque es una obviedad, que un paciente bien alimentado se recuperará mejor que otro que no lo está, y que si aportamos nutrientes que favorezcan la detoxificación o que ayuden a la integridad del sistema inmunológico, es probable que todo funcione mejor.

En el campo de la nutrición recientemente se ha desarrollado una nueva disciplina conocida como Inmunonutrición, gracias a la cual se está estudiando no sólo el aporte nutricional de los alimentos sino sus efectos sobre el sistema inmunológico.

Sabemos que el 70-80% del tejido linfoide relacionado con los procesos inmunológicos se encuentran en la luz intestinal, por lo que una buena nutrición y un buen mantenimiento del equilibrio intestinal se postula como algo bastante importante para el mantenimiento de la salud.

Frente a estas evidencias, el “coma usted de todo” no parece ser ni demasiado preciso ni demasiado acertado.

Es posible que dentro de unos años, no sé si yo lo veré, llegue el momento en que los especialistas no le digan a los pacientes aquello de “coma usted de todo, que no pasa nada”.

 

Mantener la «mente del estudiante»

Mantener la «mente del estudiante»

mente del estudianteLa Mente del Estudiante consiste en mantener la actitud de reconocerse como alumno en continuo proceso de aprendizaje, y tratar de acercarse a cada materia con curiosidad y deseo de aprender, como si si todo fuese nuevo.  Es algo así como lo opuesto a la mirada rutinaria que bloquea la capacidad para dejarse sorprender e imposibilita el aprendizaje que subyace en cada acontecimiento o en cada enseñanza, por muchas veces que la hayas escuchado.

Sabemos que es posible leer el mismo texto varias veces y descubrir en cada lectura un nuevo universo, siempre que se haga desde esta actitud mental, porque cada uno de nosotros va cambiando momento a  momento y nuestra capacidad para comprender y asimilar va, también, variando.

Por tanto, todo aquel que quiera mantenerse en continuo proceso de aprendizaje ha de mantener activa la “Mente del Estudiante”, lo cual significa renunciar renunciar al “ya me lo sé” o “esto ya lo he dado”, para acercarse a cada enseñanza desde “la mirada de la primera vez”. 

 

Jamón y colesterol

Jamón y colesterol

jamón de bellotaHay quienes añoran ya el típico jamón que por estas fechas, próximas  a las navideñas, algunas familias solían comprar. Y digo añoran, porque en vista de cómo van las cosas últimamente, habrá muchas personas que por desgracia tendrán que prescindir de esta costumbre tan navideña y tan española para sustituirla, si llega el caso, por alguna otra exquisitez menos gravosa para su economía.

Con respecto a este asunto, una de las cosas que con frecuencia se plantean, en términos de salud, es la perpetua controversia respecto a  si los pacientes con niveles altos de colesterol pueden comer jamón serrano o no.

Bien, analicemos la cuestión en función de parámetros nutricionales conocidos hoy día.

Sabemos que la carne de cerdo posee menos colesterol total por cada 100 gr. que las de ovino, caprino o bovino. Es altamente digestible y posee grasas que son beneficiosas para la salud.

La carne del jamón del cerdo contiene, aproximadamente, un 55% de agua, 30% de proteínas y un 15% de grasa. Pero posee una especial característica, y es que su grasa difiere en función del tipo de cerdo del que provenga el jamón, es decir, que su composición varía en relación con la alimentación y el tipo de crianza que haya tenido el cerdo a lo largo de su vida. No es lo mismo el que se cría en libertad y come bellotas y raíces que el que se lo hace en estabulación y se alimenta a base de piensos.

Según parece, las bellotas con las que se alimenta el cerdo ibérico de mejor calidad, proporcionan a su carne hasta un 59% de ácido oleico, el cual es muy apropiado para las personas que padecen de colesterol alto, mientras que si la alimentación del animal es de otro tipo, dicha proporción es notablemente inferior.

El ácido oleico propicia un incremento de la tasa del colesterol beneficioso (HDL) y reduce la del colesterol perjudicial (LDL). Recordemos que sólo el aceite de oliva virgen tiene un contenido de ácido oleico superior al del jamón de bellota, por lo que dicho jamón sería un alimento apropiado para estos pacientes. Pero ojo, ¡sólo el de bellota!

El hecho de que el animal, además de comer bellotas, se crie en libertad y coma también hierbas y raíces, le proporciona a la carne una serie de substancias también beneficiosas para la salud, siendo ésta rica en antioxidantes, vitamina E y vitaminas de grupo B, magnesio, fosforo y ciertos minerales como el cobre, esencial para los huesos y cartílagos, el calcio, hierro, zinc, magnesio, y selenio, este último muy ligado a procesos de prevención de patologías oncológicas y muy utilizado por parte de la Medicina Antienvejecimiento.

Como todo, la moderación es crucial y nunca se debe abusar, ni de este ni de otros muchos productos, pero tal vez, su principal inconveniente sea el elevado precio, ya que una buena ración de jamón ibérico de bellota no se encuentra al alcance de todos los bolsillos.

No obstante, llegado el caso, además de disfrutar de su incomparable sabor, podemos tranquilizarnos, también, sabiendo que ingerimos un alimento que posee propiedades beneficiosas desde el punto de vista nutricional.

Es posible que algunas personas al leer este texto, sobre todo vegetarianas  y veganas, pongan el grito en el cielo. Es comprensible, ya que si analizamos otro tipo de aspectos, como si debemos matar animales para comer o no, encontraremos que habrá quienes opinen que no se debe consumir esta ni ninguna otra carne. Respeto dicho planteamiento, pero no entro ni a valorarlo ni mucho menos a discutirlo, sólo quiero indicar que este breve comentario sólo trata de abordar el aspecto meramente dietético, sin entrar en otras consideraciones de tipo ideológico, filosófico o moral.

Consejos dietéticos para la menopausia

Consejos dietéticos para la menopausia

alimentación menopausiaEs importante resaltar que la menopausia no constituye en sí misma ninguna enfermedad, como algunos parecen entender, sino una etapa más de la vida de la mujer. Como quiera que dicha etapa coincide con una edad en torno a los cincuenta años, y con ciertas modificaciones hormonales, se produce un aumento del riesgo de padecer ciertos procesos, cosa que, por otro lado, también sucede en los varones de la misma edad como fruto del proceso propio de envejecimiento.

Es por eso que, como en cualquier otra etapa de la vida, una alimentación sana y adaptada a las circunstancias fisiológicas, será bastante conveniente para mantener una buena salud.

A continuación expondré algunas sencillas indicaciones en relación con la alimentación aconsejable en la menopausia:

  • Llevar a cabo una adecuada ingesta de fibra a través de los alimentos integrales
  • Tomar abundantes frutas y verduras frescas, unas cinco raciones al día.
  • Siempre que no estén contraindicados, es aconsejable tomar alimentos ricos en fitoestrógenos, tales como el tofu, miso, lino, dátiles, cerezas, etc.
  • Aumentar el consumo de ácidos grasos omega-3 (pescados azules, nueces)
  • Utilizar otras fuentes de calcio alternativas a los lácteos, tales como semillas de sésamo, frutos secos, nabos, salmón, almendras, algas, etc.
  • Limitar, también, la ingesta de productos que podrían desencadenar sofocos, tales como el café, los picantes, alimentos muy calientes, etc.
  • Limitar el consumo de alimentos ricos en grasas saturadas (carnes, lácteos, aceite de coco, etc.)
  • Mantener una buena hidratación
  • Limitar la ingesta de sal
  • Evitar los azúcares refinados y la bollería industrial

En realidad, si reflexionamos un poco, dichos consejos dietéticos, son aplicables también, con alguna matización, para cualquier persona que quiera mantenerse un adecuado aporte nutricional.

Reflexiones sobre la medicina oriental

Reflexiones sobre la medicina oriental

medicina orientalEl campo de la salud y el bienestar es, sin lugar a dudas, una de las áreas del conocimiento humano por la que solemos sentir una mayor curiosidad y atracción, ya que el hecho de vivir una vida suficientemente saludable y longeva no deja indiferente a la mayoría de las personas. 

Actualmente, en los albores del siglo XXI, y disponiendo de los medios de comunicación con los que contamos, cada vez nos resultan más cercanas ciertas expresiones tales como la energía Qi, la moxibustión o la Medicina Ayurvédica, términos estos que hasta hace bien poco sólo estaban al alcance de un escaso y selecto grupo de personas. Sin embargo, hoy día quién no ha escuchado hablar de cosas como la acupuntura, las bayas de Goji o el Masaje Tailandés.

Pero más allá de esta especie de fascinación por “lo oriental” que podemos percibir en ciertos ambientes, y que bien podría tratarse simplemente de una moda más, subyace una profunda curiosidad hacia este tipo de sabiduría ancestral que sustenta una sorprendente visión del ser humano, así como de la salud y la enfermedad, que al mismo tiempo seduce a los occidentales que accedemos a ellas.

Obviamente, nosotros hemos nacido y crecido en nuestro mundo occidental, y por tanto nos encontramos impregnados, consciente o inconscientemente, de toda suerte de creencias y valores que constituyen el paradigma de lo que podríamos denominar la cultura occidental, tanto para bien como para mal 

En el ámbito de la salud nos sentimos orgullosos de los magníficos avances tecnológicos conseguidos sobre todo en las últimas décadas, y que han logrado encontrar solución a muchas enfermedades, mejorar la calidad de vida de gran número de personas y permitir un incremento de la duración de la vida hasta no hace mucho impensable.

En cierto modo es lógico que sintamos un lícito orgullo, pero si esta legítima emoción se convirtiese en sensación de superioridad, y nos impidiese percibir las carencias de nuestro propio modelo, o generase un pensamiento de tipo narcisista y etnocéntrico sin más, habría que decir, entonces, que estaríamos profundamente equivocados.

Desde muy joven me han interesado las disciplinas orientales como la acupuntura, de la cual leí mi primer libro cuando tenía quince años de edad. Posteriormente profundicé en el estudio de la Medicina Tradicional China, el Qi Gong, la Medicina Tibetana, el Reiki, el Shiatsu y los principios de la Medicina Ayurvédica, el Yoga y algunas otras ciencias orientales.

En estos momentos, tras más de treinta y dos años de experiencia de ejercicio profesional en el campo de la Medicina Integrativa, mi comprensión del asunto podría resumirse fácilmente, y es que todos nos enriqueceríamos si occidente aprendiese de oriente y oriente de occidente.

Permítaseme con fines didácticos utilizar el constructo de “Medicina Oriental” sabiendo que dicha expresión es un tanto ambigua y poco “científica”, ya que en ella se incluyen un conjunto de medicinas distintas pero con un indudable tronco común, al que quiero hacer referencia. Sin embargo voy a utilizar dicha expresión, ya que no podemos obviar el aspecto eminentemente didáctico y práctico que tiene.

Dentro de esta Medicina Oriental podríamos resaltar tres sistemas médicos que superan con mucho a todos los demás de la zona: la Medicina Ayurvédica de la India, la Medicina Tradicional China y la menos conocida Medicina Tibetana. 

De estas tres grandes medicinas se han nutrido otros muchos enfoques médicos más locales y de menos difusión e influencia que los anteriores. Estimo que estas tres grandes Medicinas Orientales, por su profunda complejidad y características, así como por la influencia que hoy día tienen en el mundo occidental, bien merecerían un tratamiento particular que podría explicitarse en futuros artículos. 

He de decir, también, que cuando hablo de Medicina Occidental, me estoy refiriendo a la medicina convencional y oficial que se practica en los centros hospitalarios y de salud de los países occidentales avanzados. Pero hay que recordar que cada vez más está apareciendo en occidente una nueva corriente con una manera diferente de entender la salud, y que posee profundos vínculos con las medicina orientales, como es el caso de la Medicina Integrativa, que asume los avances de la medicina científico-técnica moderna, pero que además incluye los aspectos psicológicos y espirituales del ser humano, y, además, entre su arsenal utiliza diversas terapias provenientes de oriente como la acupuntura o el shiatsu, entre otras.

Para alguien ajeno al campo de la salud me gustaría comentar algunas de las principales diferencias existentes entre el modo de concebir la salud y de tratar la enfermedad que existen entre occidente y oriente.

Lo primero que habría que decir es que en todo sistema médico hay tres pilares fundamentales: La técnica, la visión antropológica y el criterio de aplicación.

La medicina occidental ha avanzado mucho por el camino de la técnica. Hemos conseguido grandes logros, pero hemos quedado muy atrás en otros aspectos. Mucho de los problemas con los que nos encontramos hoy día se deben a que no existe una visión antropológica clara y el criterio de aplicación de los remedios ha sido limitado a la pura estadística.

Hace tiempo que suelo hablar del “Modelo Frankenstein” para expresar el enfoque fragmentario con el que Medicina Occidental convencional (la alopatía), considera al ser humano habitualmente. Aunque en teoría todos los médicos sabemos que somos un todo y que existe una unidad inseparable entre la mente y el cuerpo, a nivel práctico, en la sanidad del día a día, se funciona bajo el esquema de las especialidades y las superespecialidades, en las que un profesional muy cualificado en un ámbito desconoce casi todo de todo lo demás. 

Pero sucede que un ser humano no es, desde mi punto de vista, un trozo de carne anexo a un ojo, o a un hígado, sino toda una unidad que enferma y sana globalmente.

A modo de diferencia, la Medicina Oriental, posee una visión antropológica mucho más holística y global. Posee un núcleo común, a pesar de las diferencias culturales entre los distintos países orientales, que podríamos denominar visión holística y energética del ser humano.

En oriente se considera que el ser humano es energía, al igual que todo lo es también todo el universo. El ser humano no se entiende, pues, como algo aislado y separado de su entorno, sino como un ser en continuo intercambio con las energías ambientales. Curiosamente esta noción está muy próxima a los postulados ecológicos occidentales actuales. Los distintos padecimientos y enfermedades, por tanto, poseen una base  de desequilibrio energético y es posible recobrar la salud mediante aquellos procedimientos que ayuden a restaurar el equilibrio perdido dentro de cada persona y a devolver el equilibrio entre ésta y el macrocosmos. 

Hace miles de años que la interrelación entre los aspectos mentales y el cuerpo físico se tiene en consideración en el mundo oriental a la hora de abordar la salud y la enfermedad.

Podríamos decir que la Medicina Oriental posee un enfoque más global del ser humano,  considerándolo tanto en sus aspectos físicos, emocionales y espirituales, mientras que el enfoque occidental es predominantemente materialista. 

Muchas de las Medicinas Orientales están inseparablemente conectadas con la dimensión espiritual, con todo lo que ello implica. También se fundamentan en los antiguos y milenarios pensamientos filosóficos de las culturas en la que se han venido expresando. Gran parte de sus conocimientos actuales han surgido de una amplia base empírica de observación a través de los tiempos de los fenómenos de la naturaleza. 

Pero lo que en estos momentos en los que la ciencia occidental ha logrado mandar sondas especiales que van más allá del sistema solar, nos resulta realmente sorprendente es que estos conocimientos empíricos ancestrales que nos muestran las medicinas orientales, puedan ser tan precisos en muchos casos, de tal manera que la ciencia occidental ha podido hoy día constatar la utilidad de muchos de estos sistemas terapéuticos y, aunque todavía desconocemos bastantes de los mecanismos en los que se sustentan ciertas curaciones, lo realmente fascinante es pensar el modo en el que los sabios de la antigüedad llegaron a desarrollar una clara comprensión de cómo ayudar a las personas de su entorno a luchar contra la enfermedad y a conservar su salud.

Ahora, las actuales generaciones de jóvenes estudiantes occidentales, poseen un escenario privilegiado para establecer una síntesis necesaria entre ambas visiones del mundo, la oriental y la occidental. Mantengo la convicción y la esperanza de que de ese nuevo conocimiento más global y comprensivo, surgirán las semillas de un mundo mejor, porque no olvidemos que la salud y el bienestar es un anhelo y una aspiración que todos los seres humanos deseamos.

Consejos para entrenar Sofrodynamia®

Consejos para entrenar Sofrodynamia®

entrenar sofrodynamiaAl comenzar a entrenar en Sofrodynamia ®, debes tener presente varias cosas. Estos consejos son también aplicables a otros muchos aspectos de la vida o el trabajo.

1.- Procura que tu esfuerzo sea constante y mantenido en el tiempo, en lugar de excesivamente intenso e inconstante. Más vale entrenar 20 minutos todos los días que 3 horas un solo día

2.- Olvídate de querer hacerlo bien a la primera.  La maestría en cualquier técnica o disciplina sólo la alcanzarás a base de tiempo y repetición.

3.- Hazte amigo de la paciencia. En muchas ocasiones querer alcanzar resultados den forma rápida lo que consigue es dificultar la obtención de dichos resultados.

4.- No compares tus logros con los de otras personas. Cada cual tiene su propio ritmo de aprendizaje. Procura descubrir y respetar el tuyo propio aunque te parezca más lento.

5.- Somos seres especialmente dotados para el aprendizaje y cualquier momento del día nos puede proporcionar una buena ocasión para seguir aprendiendo.

6.- Y sobre todo, trata de disfrutar del tiempo que dedicas a tu entrenamiento. Entrenar en Sofrodynamia® ha de ser un tiempo personal en que poder disfrutar de lo que haces.

Dieta nutracéutica

Dieta nutracéutica

dieta nutraceuticaPor DªGracia María Casado, nutricionista y colaboradora del CMI Dr. Nougués

En primer lugar debemos aclarar, a qué nos referimos con el término nutracéutico y a partir de aquí, quizás pueda resultarnos más fácil su entendimiento. El concepto de nutracéutico nace de la fusión entre “nutrición” y “farmacéutico”, es relativamente nuevo y define a todos aquellos compuestos y sustancias con acción terapéutica pero sin ser medicamentos, sino que tienen un origen biológico natural. 

Sin embargo, cuidado, pues ningún alimento ni nada en sí mismo cura, tan sólo ayuda a la prevención de enfermedades o a su tratamiento. Los alimentos funcionales podrían englobarse en este grupo, pero existen diferencias entre ambos conceptos. Igualmente los alimentos fortificados están estrechamente relacionados con ellos. Mientras que el alimento funcional tiene papel nutritivo y aporta al organismo cantidades determinadas de ciertos nutrientes, (sobre los que se han comprobado efectos beneficiosos), los alimentos nutracéuticos son productos naturales con propiedades biológicas activas beneficiosas para la salud y engloban una amplia variedad de ellos; así podrían definirse como suplementos dietéticos, presentados en una matriz no alimenticia (píldoras, cápsulas, polvo, etc.). 

La sustancia natural bioactiva concentrada en ellos, y tomada en dosis superiores a la existente en el alimento original, presumiblemente tiene un efecto favorable sobre la salud, mayor que el que podría tener el alimento normal. Por tanto, se diferencian de los medicamentos en que éstos últimos no tienen un origen biológico natural, y se diferencian de los extractos e infusiones de hierbas y similares, en la concentración de sus componentes y en que éstos últimos no tienen por qué tener una acción terapéutica. Por otro lado, alimento fortificado es aquel al que se le adiciona algún componente beneficioso para la salud. 

Y explicado todo ello, fijaos la gran confusión que suele tener la población general respecto a estos términos.

Partiendo de todo lo dicho, la dieta nutracéutica en sí misma, es definida por autores como una dieta natural, ligeramente hipocalórica, la cual permite la recuperación de la salud. Se basa fundamentalmente en vegetales (frutas, granos y verduras) lo menos procesados posibles y de preferencia crudos, y alimentos integrales (no refinados), con un alto contenido de fibra y agua. Asimismo, se privilegian los productos provenientes de cultivos orgánicos sin manipulación genética. 

Carnes rojas y blancas, así como la leche están excluidas, pero sí se acepta el consumo moderado de dos productos animales: el pescado y el huevo. Por otra parte, dicha dieta está libre de sacarosa (azúcar común) y de cualquier hidrato de carbono refinado; por esta razón, como edulcorante se utiliza la stevia o la miel de abejas. Además, promueve el consumo de un promedio diario de 40 g de fibra y en ella no hay presencia de grasas trans.

Aunque muy cercana a la Dieta Mediterránea, hay quien afirma que supone un avance mucho mayor en busca de salud y de una correcta alimentación. Hay quienes la plantean como la respuesta frente a las nuevas necesidades nutricionales de la población consecuencia de la dinámica y ritmo de vida actual; como una vía de “prevención de” enfermedades.

En materia de nutrición y alimentación, existe una incesante aparición de tendencias que crean confusión y desconcierto, sin llegar a establecer unas pautas alimenticias correctas, sanas y equilibradas para seguir durante toda la vida.