Éxito y fracaso

Éxito y fracaso

Exito y fracaso¿Cuántas veces las cosas no salen tal como esperamos? ¿En cuántas ocasiones los resultados son menores que el esfuerzo que hemos invertido en ello?

Decimos que hemos fracasado cuando lo que sucede no se corresponde con nuestras expectativas o, simplemente, cuando no conseguimos lo que nos habíamos planteado previamente.

Hay personas que viven esta experiencia de un modo limitante y sienten disminuida su autoestima. Otros, en cambio, lo experimentan de forma potenciadora como algo que sucede en sus vidas y que, por tanto, también forma parte de su proceso de aprendizaje.

¿Qué es lo que marca la diferencia para que un mismo acontecimiento pueda verse de  formas tan distintas?

Se dice que fracasar es no tener éxito. Y eso, en general, no nos gusta.

En el caso de las personas perfeccionistas, esta sensación de fracaso es algo que suelen llevar bastante mal. Su error consiste en intentar eliminar el fracaso en sus vidas, pensando que pueden controlar todos los factores para ser exitosos, pero no se dan cuenta de que eso no es posible.

Fracasar no tiene por qué ser agradable, pero podemos hacer que sea provechoso, si lo transformamos en una experiencia útil ligada a nuestro proceso de aprendizaje.

Por tanto, aprender a “fracasar apropiadamente”, puede ser una de las mejores estrategias que deberíamos tener disponible en nuestro menú de recursos.

Eso quiere decir que la experiencia a la que llamamos fracaso tal vez no sea tan negativa como algunos pudieran creer en un primer momento, porque fracasar en algo nos permite aprender y adquirir importantes experiencias vitales que podrán ser utilizadas más adelante, siempre que se encuadre en un modelo funcional de aprendizaje.

Hubo una frase que se me quedó grabada en una de las películas que vi de pequeño, “Cualquier fracaso también tiene su gloria. Si te equivocas, aprovéchate” (De la película Chyti Chyti Bang Bang)

Sin embargo, en nuestra sociedad suele existir un innegable miedo al fracaso, porque la mayoría de las personas se enfocan sólo en los logros, en lugar de atender también a lo que van aprendiendo durante cualquier proceso vital. Esto se debe a que vivimos en un ambiente demasiado polarizado en la consecución de metas y de notoriedad, lo cual nos condiciona fuertemente, ya que se generan sentimientos de desvalorización o de falta autoestima cuando no se consigue lo que nos habíamos propuesto.

En nuestra cultura, existe una tendencia a valorar a las personas en función de los “logros” que obtiene, cosa que tiene su lógica, pero que se puede convertir en una limitación si no se hace de forma adecuada. Porque hay personas que llegan a ser exitosos por aquello que aprenden durante el camino y no por el resultado que obtienen a final de él.

La vida nos deparará muchas situaciones en las que queremos una cosa y sucede otra. ¿Cómo estar preparados para el fracaso y para lo inesperado? ¿Cómo estar preparados para el cambio?

En general vivimos condicionados por una sociedad que propone un éxito fácil y rápido. Los jóvenes, y los no tan jóvenes, se encuentran seducidos por una propaganda que les induce a creer que todo se puede conseguir de una manera rápida y sin demasiado esfuerzo. En general, esto es falso y, además, perjudicial, porque en la vida cuenta más el esfuerzo y la constancia que otras muchas cosas.

Pero en algunos aspectos dicha tendencia parece que va cambiando. Hoy día hay empresas que valoran mucho a quienes han sido capaces de alcanzar el éxito después de haberse sobrepuesto a algunos fracasos previos. Expertos en aprendizaje han llegado a a conclusión que es el esfuerzo más que el talento lo que permite ser exitoso a largo plazo.

¿Pero qué es el éxito?

Según decía Winston Churchil, “éxito es ser capaz de ir de fracaso en fracaso sin desesperar”. 

Muy ilustrativa, también, me pareció en su día la definición que ofrecía sobre el éxito el que fue mítico entrenador de baloncesto de la universidad de UCLA, Jonh Wooden, “el éxito es la paz de la mente que es el resultado directo de la auto-satisfacción de saber que usted hizo todo el esfuerzo que pudo para conseguir lo mejor de lo que eres capaz”.

Eric Berne (el padre del Análisis Transacional), aporta también su punto de vista al respecto. Decía que “un triunfador no es al que todo le sale bien, sino quien sabe qué hacer cuando fracasa” ¿Qué te dice esta frase?

Según parece, éxito, es algo distinto de conseguir una meta. Tiene mucho más que ver en cómo gestionamos nuestros desenlaces y de qué modo conseguimos seguir aprendiendo y desarrollándonos.

El éxito o el fracaso dependen en gran medida de nuestra percepción, ya que cada uno de nosotros interpretamos la realidad según nuestro modelo.

En muchas ocasiones la línea que separa a éxito de fracaso no está tan clara. Hace unos días leía el relato de una cantante que refería “haber perdido el control de su vida”, y eso sucedió debido al enorme éxito que tuvo. Fue el éxito lo que le llevó a tener que retirarse durante siete años.

El éxito es algo que todos deseamos, pero que no se encuentra exento de numerosos peligros. También hay que aprender a gestionarlo.

Hoy día, muchas corrientes psicológicas insisten en que es necesario enseñar a los jóvenes a experimentar y gestionar el fracaso, ya que uno de los problemas de muchas personas en la actualidad es la poca capacidad para hacer frente a las frustraciones.

Nuestra biografía puede contener muchas fuentes de información acerca de cómo hemos gestionado nuestros fracasos en el pasado, y sobre las conductas que han sido más eficaces.

La palabra fracaso se encuentra cargada de muchas connotaciones negativas. Cuando una pareja se separa, se dice que el matrimonio ha fracasado. Si un negocio se cierra, se dice que el negocio ha fracasado, etc. Y todo ello se suele expresar con matices limitantes. Pero, ¿es mejor mantener lo que no funciona bien o mejor intentar cambiarlo?

Por otro lado, hay personas que sienten la sensación de fracaso porque tienen la pretensión de que las cosas que intentan le salgan a la primera.

Que las cosas salgan a la primera es posible, pero no es frecuente. Lo normal es que cuando queremos aprender algo nuevo, necesitemos realizar varios intentos para que salga aceptablemente bien. Es la repetición, la práctica y el entrenamiento lo que permite alcanzar la excelencia en una tarea.

La historia nos enseña que, con frecuencia, el éxito ha llegado después de múltiples intentos. Dichos intentos fallidos no son fracasos en sí, siempre que los gestionemos de modo apropiado.

Es el miedo al fracaso lo que impide a muchas personas que intenten algo de nuevo, quedándose con la sensación de que no pueden. Hemos de aprender a permitirnos la posibilidad de no acertar a la primera y desarrollar el coraje para intentar las veces que sena necesarias aquellas cosas por las que creemos merece la pena el esfuerzo.

Pero no quiero decir que no existan ciertos fracasos, porque desde el punto de vista de la Sofrodynamia®, sí que existen los fracasos en términos de desarrollo humano.

¿A qué me refiero?

Entendemos que fracasan aquellos que no lo intentan, quienes ante cualquier pequeño obstáculo prefieren “el sueño de la oruga” en su crisálida, en lugar del vuelo, incierto pero libre, de la mariposa.

También hablamos de fracaso cuando por el miedo a fallar abandonas tus sueños y tus metas, o cuando dejas pasar la vida sin llegar a desarrollar todo tu potencial.

Estos son los fracasos a los que deberíamos temer, ya que, como dirían los budistas, nos hacen desperdiciar el ”precioso renacimiento humano”.

Sin embargo, no deberíamos tener miedo a no estar a la altura porque otros hacen las cosas mejor. Ni tampoco a que las cosas sucedan de un modo distinto al que nos gustaría. Ni a tener que intentarlo más de una vez. No deberíamos tener miedo a luchar por aquello que merece la pena, pues todo lo valioso tiene un coste.

Las cosas son como son, pero somos nosotros quienes las transformamos en un fracasos o en una oportunidad para crecer, y a esto último bien que podríamos denominarlo como éxito.

El éxito, pues, desde el punto de vista sofrodynámico consiste no en sólo en obtener resultados, sino en aprovechar cada momento de la vida para seguir creciendo y avanzando como seres humanos.

 

Consejos sofrodynámicos para mejorar la autoestima

Consejos sofrodynámicos para mejorar la autoestima

autoestimaAunque muchos problemas de autoestima son fruto de lo que pensamos, no deberíamos de olvidar que la autoestima se cultiva también a través del hacer y del sentir. Por tanto, estas tres dimensiones han de estar presentes dentro de nuestro enfoque para ayudar a desarrollar una autoestima más sana basada en el propio autoconocimiento.

A continuación expongo algunos consejos sofrodynámicos para mejorar nuestra autoestima.

Dichos puntos no debieran de entenderse como una lista de recetas, sino que cada punto en realidad no e´s más que una de propuesta de trabajo, un reto al que dar respuesta mediante la práctica de una serie de estrategias, las cuales solemos trabajar en los grupos de entrenamiento. Sigue leyendo

Sofrodynamia®: los orígenes

Sofrodynamia®: los orígenes

sofrodynamia- los orígenesEn más de una ocasión me han preguntado cómo se me ocurrió crear esto de la Sofrodynamia®. La respuesta no es sencilla porque en realidad no fue ninguna ocurrencia, ni tampoco una especie de invento cualquiera, sino que tuvo y tiene mucho que ver con mi proceso personal de crecimiento y desarrollo humano y, como tal, es una cuestión larga y compleja para explicar, debido sobre todo a que a estas alturas  son ya muchos los años vividos que he dedicado a estos asuntos. Sigue leyendo

Semillas de autorrealización

Semillas de autorrealización

semillas de autorrealizaciónSiempre hemos considerado al ser humano como la cúspide de la creación, sin embargo, si miramos la prensa o escuchamos las noticias, nos entran las dudas al respecto, ya que ninguna criatura sobre el planeta ha causado tanto daño a sus semejantes y al resto de los seres, incluyendo el medio ambiente, como el que hemos producido los seres humanos.

Pero, por otro lado, al mismo tiempo que manifestamos esta nefasta capacidad de destrucción, tanto personal como ajena, el ser humano posee en su interior la semilla de la bondad y del amor, siendo capaces de realizar por sus semejantes los mayores sacrificios que podamos imaginar, llegando incluso al extremo de dar la vida por ellos desinteresadamente. 

¡Realmente somos unos seres curiosos, especiales y fascinantes! 

Además, también hemos sido los artífices de la creación de verdaderas maravillas, tanto en el campo del conocimiento científico y tecnológico como en el de las artes y las letras. Esto es algo que no podemos negar, ni debemos perder de vista.

Entonces, ¿cómo entender que convivan en nosotros estas dos tendencias tan extremas?, porque parece claro que en nuestro interior tenemos lo uno y lo otro, la capacidad de odiar y la de amar, la de destruir y la de crear, etc.

Podríamos compararnos, pues, a una especie de terreno en el que se encuentran múltiples y diferentes semillas, pero en el que sólo brotarán aquellas que se cuiden y se mimen. Así que hemos de aprender a elegir con esmero aquellas semillas o tendencias  que queremos que crezcan y den fruto en el futuro.

A todo este conjunto de posibilidades que residen en nuestro interior desde el momento mismo de nuestro nacimiento, las llamamos potencial humano. Y al desarrollo de dicho potencial lo llamamos autorrealización.

Así que, por un lado, tenemos semillas de autorrealización, pero, por otro lado, todavía no somos seres plenamente realizados, de tal modo que podríamos decir que “ya somos, pero todavía no.” 

Esto es una paradoja que necesitamos resolver, y esto lo conseguimos si dedicamos tiempo y esfuerzo para ello. Esa es nuestra responsabilidad aquí y ahora, es decir, asumir el compromiso radical de poner los medios y el esfuerzo necesario para actualizar dicho potencial, porque sabemos que en cualquier ámbito de la vida, los resultados no llegan así porque si, sino como consecuencia del compromiso y del esfuerzo consciente. 

Aunque constatamos que hay personas que son capaces de realizar este proceso de manera espontánea, fluida y exitosa, los demás vamos a necesitar una cierta “Pedagogía del Mundo Interior,” es decir, una disciplina cuyas herramientas nos enseñe de manera sencilla, sistemática y asequible, de qué forma activar y poner en marcha el proceso de crecimiento y desarrollo humano.

Son muchos los que tienen buenas intenciones, pero a su vez se encuentran enredados, al igual que yo, en una vida demasiado compleja y ajetreada como para disponer de tiempo suficiente para trabajar en conseguir la famosa autorrealización.

 En realidad, a muchos les parece más urgente pagar las facturas a fin de mes, así como dedicarse con esmero a la educación de los hijos, a la vida familiar y lo social que utilizar ese tiempo en otras cosas menos urgentes y más inmateriales. 

Obviamente, negar que tenemos compromisos con la familia, con los amigos o con la sociedad, o huir de dichos compromisos, no suele traer buenas consecuencias. 

¿Entonces qué hacer?, ¿es posible hacer algo asumiendo esta realidad? 

Pues, por supuesto que habrá muchos cambios que se puedan llevar a cabo. Pero lo que no debemos permitir es que sean nuestras propias limitaciones mentales o nuestras restricciones autoimpuestas quienes nos marquen el camino.

Hace tiempo desarrollé una metodología, la Sofrodynamia®, pensando precisamente en aquellas personas de vida ocupada pero con intención de mejorar su existencia. 

He de aclarar que la Sofrodynamia®, como todo proceso de crecimiento y desarrollo, no está exenta de dedicar tiempo y esfuerzo para conseguir logros. Este imperativo es inevitable y hemos de asumirlo desde el principio, teniendo la certeza de que el resultado que obtendremos será proporcional al esfuerzo realizado y seguro que descubrimos que vale la pena. 

He de aclarar, también, que las estrategias que propone la Sofrodynamia® no están pensadas para meditadores avanzados o para quienes ya tienen su propio camino de desarrollo interior, sino para quienes tienen una vida ocupada, trabajan, estudian, tienen familia y tienen un tiempo escaso o limitado, pero quieren crecer y desarrollarse como seres humanos.

Uno de los planteamientos sofrodynámicos pasa por comprender que “todo lo que acontece en nuestra vida en cada momento forma parte del camino de desarrollo.” Por tanto, sea lo que sea lo que estés viviendo aquí y ahora, lo podemos utilizar como parte del camino de desarrollo. 

Este cambio de actitud respecto a nuestra vida ordinaria, llegará a ser el primer impulso que nos permita despegar hacia límites más elevados.

Lo primero, por tanto, es tomar consciencia de nuestra situación vital personal en estos momentos, es decir, nuestro punto de partida. A partir de ahí, podremos incorporar los cambios vitales necesarios para empezar a realizar el trabajo de transformación interior que nos llevará a desarrollar nuestro potencial. Y eso pasa por una mayor consciencia de nuestro mundo interior.

Uno de los frutos del desarrollo de nuestras potencialidades será conseguir un mayor bienestar personal, con una repercusión directa sobre nuestra salud y nuestro bienestar. Por eso, dedicarnos a desarrollar nuestro potencial, tal vez sea la mejor inversión que podamos hacer en nuestra vida.

Con esta visión y con este sentido, el entrenamiento en Sofrodynamia®, propone estrategias, enseñanzas, prácticas y modelos operativos diseñados y pensados para quienes viven en una sociedad moderna y en un mundo como el actual, combinando la sabiduría ancestral y los conocimientos científicos actuales, con el propósito de ayudar a a las personas a mejorar su vida a través del desarrollo de su potencial de autorrealización.

 

Mantener la «mente del estudiante»

Mantener la «mente del estudiante»

mente del estudianteLa Mente del Estudiante consiste en mantener la actitud de reconocerse como alumno en continuo proceso de aprendizaje, y tratar de acercarse a cada materia con curiosidad y deseo de aprender, como si si todo fuese nuevo.  Es algo así como lo opuesto a la mirada rutinaria que bloquea la capacidad para dejarse sorprender e imposibilita el aprendizaje que subyace en cada acontecimiento o en cada enseñanza, por muchas veces que la hayas escuchado.

Sabemos que es posible leer el mismo texto varias veces y descubrir en cada lectura un nuevo universo, siempre que se haga desde esta actitud mental, porque cada uno de nosotros va cambiando momento a  momento y nuestra capacidad para comprender y asimilar va, también, variando.

Por tanto, todo aquel que quiera mantenerse en continuo proceso de aprendizaje ha de mantener activa la “Mente del Estudiante”, lo cual significa renunciar renunciar al “ya me lo sé” o “esto ya lo he dado”, para acercarse a cada enseñanza desde “la mirada de la primera vez”. 

 

Consejos para entrenar Sofrodynamia®

Consejos para entrenar Sofrodynamia®

entrenar sofrodynamiaAl comenzar a entrenar en Sofrodynamia ®, debes tener presente varias cosas. Estos consejos son también aplicables a otros muchos aspectos de la vida o el trabajo.

1.- Procura que tu esfuerzo sea constante y mantenido en el tiempo, en lugar de excesivamente intenso e inconstante. Más vale entrenar 20 minutos todos los días que 3 horas un solo día

2.- Olvídate de querer hacerlo bien a la primera.  La maestría en cualquier técnica o disciplina sólo la alcanzarás a base de tiempo y repetición.

3.- Hazte amigo de la paciencia. En muchas ocasiones querer alcanzar resultados den forma rápida lo que consigue es dificultar la obtención de dichos resultados.

4.- No compares tus logros con los de otras personas. Cada cual tiene su propio ritmo de aprendizaje. Procura descubrir y respetar el tuyo propio aunque te parezca más lento.

5.- Somos seres especialmente dotados para el aprendizaje y cualquier momento del día nos puede proporcionar una buena ocasión para seguir aprendiendo.

6.- Y sobre todo, trata de disfrutar del tiempo que dedicas a tu entrenamiento. Entrenar en Sofrodynamia® ha de ser un tiempo personal en que poder disfrutar de lo que haces.

Resumen de las leyes sofrodynámicas del cambio

Resumen de las leyes sofrodynámicas del cambio

resumen de las leyes sofrodynámicas del cambioEl planteamiento sofrodynámico respecto a los procesos de cambio se puede resumir en las siguientes leyes: 

1.- El cambio es posible (1ªLey) 

2.- Puede ser programado (2ª Ley) 

3.- Nuestra elección es voluntaria (3ª Ley) hacia objetivos previamente diseñados por cada uno de nosotros. 

4.- La propuesta, pues, es que realicemos un proceso de cambio libre y consciente hacia  direcciones positivas (4ª Ley).

                                          

* LEY DE LA POSIBILIDAD DEL CAMBIO: El cambio es posible

     – Porque todo en el universo cambia

     – Porque nosotros ya lo hemos hecho

 

* LEY DE LA PROGRAMABILIDAD DEL CAMBIO: El cambio puede ser programado previamente

 

* LEY DE LA VOLUNTARIEDAD DEL CAMBIO: Hay un tipo de cambio que puede hacerse voluntariamente, porque somos dueños de nuestro propio destino

 

* LEY DE LA DIRECCIONALIDAD DEL CAMBIO: El cambio tiene direcciones hacia  aspectos potenciadores o limitantes. Elegimos cambiar hacia metas potenciadoras.

 

Leyes sofrodynámicas del cambio: las direcciones

Leyes sofrodynámicas del cambio: las direcciones

4º ley del cambio4º LEY DE LA DIRECCIONALIDAD DEL CAMBIO La elecciones vitales suelen ir acompañada de una cierta incertidumbre. Nunca sabemos si acertamos plenamente o no. Esto hace que mucha gente se sienta insegura y prefiera el terrible refrán de “lo malo conocido…”

Cuando un cambio se produce puede que el resultado final sea peor que el estado inicial del que partimos. Esto nos recuerda la famosa Ley de Murphy, “La tostada tenderá a caer por el lado de la mantequilla”. Dicho de otro modo, por muy mal que te vayan las cosas recuerda que siempre se pueden empeorar.

El hecho de que debido a un cambio exista la posibilidad de que una situación empeore, es una de las justificaciones que más frecuentemente suelo escuchar. La  utilizan las personas que tienen miedo a cambiar. Es la excusa perfecta, porque les permite quedarse donde están, en el mismo lugar, sin hacer nada y con la consciencia tranquila, ya que el miedo a que puedan agravar su ya mala situación les supone una excusa bastante aceptable.

En otro apartado se comentó que cualquier cambio tiene direcciones. Las dos más importantes son: hacia lo limitante o hacia lo potenciador. Lo cual quiere decir que cada cambio que realicemos puede llevarse a cabo hacia aspectos positivos, o hacia aspectos negativos. Podemos mejorar, pero también podemos empeorar. De ambas cosas seguro que todos tenemos experiencias en la vida.

El cambio tiene direcciones, nos dice la cuarta Ley. Por eso hay que “programar el cambio” de manera correcta y hacia la dirección apropiada, si es que queremos obtener buenos resultados. Queda patente que la 3º y 4º Ley Sofrodynámica del Cambio son complementarias (la programabilidad y la direccionabilidad).

En el cuento de Alicia en el País de la Maravillas, hay un pasaje donde  la protagonista se encuentra en una encrucijada, y le pregunta al gato Cheshire:

-“Por favor, dime qué camino debo tomar para salir de aquí.”

Y el felino le responde – ¿Y hacia dónde quieres ir?,

Alicia contesta – “me da igual, sólo quiero salir de aquí”,

-“entonces te dará igual el camino que tomes”, vuelve a contestarle el gato.

Ante dicha respuesta, Alicia queda un tanto confusa, pero hemos de reconocer que la contestación del gato encierra toda una profunda reflexión: Si no sabes muy bien hacia dónde quieres ir, entonces te dará igual tomar cualquier camino. Por tanto, una consecuencia importante se deriva de lo anterior, y es que hemos de tener claro nuestros objetivos, nuestras direcciones vitales.

Así que, en la vida, más te vale saber hacia dónde quieres avanzar, no vaya a ser que si vas dando tumbos, sin saber muy bien como, llegues al sitio equivocado.

La Ley de la Direccionalidad del Cambio nos propone la toma de consciencia de nuestros objetivos y metas a corto, medio y largo plazo, con la posibilidad de verificar en cada momento que nos encontramos en el camino y la dirección apropiada para alcanzar nuestros propósitos.

Leyes sofrodynámicas del cambio: la voluntariedad

Leyes sofrodynámicas del cambio: la voluntariedad

leye de la volunytariedad del cambio3.- LEY DE LA VOLUNTARIEDAD DEL CAMBIO

Hay quienes tienen la sensación de no controlar su vida, de que ésta les pasa por encima, de que los conduce hacia donde no quieren como si fuesen veletas movidas por caprichosas ráfagas de viento. Sienten que les falta voluntad para la acción.

Pero aquellas otras personas que quieren crecer y desarrollarse, han de tener claro una cosa muy sencilla y lógica: que el lugar a dónde llegamos dependerá siempre del camino por el que hemos venido. Este fenómeno, que es verificable y por tanto no entra dentro del ámbito especulativo sino de lo que puede ser comprobado, nos indica que si queremos un cierto tipo resultado, habremos de realizar aquellas acciones que nos lleven hacia ellos.

Sabemos, pues, que si aplicamos una serie de comportamientos obtendremos unos resultados, pero si aplicamos otros diferentes, obtendremos resultados distintos. He ahí el ámbito de nuestra capacidad de decisión y el espacio en el que nuestra voluntad ha de ponerse de manifiesto, eligiendo aquellos caminos que nos conduzcan hacia nuestras metas.

He afirmado con anterioridad que “el cambio es posible” (1º Ley); y que es “programable” (2º Ley). Pero, además, en términos de desarrollo humano, el cambio que nos interesa también ha de ser voluntariamente elegido. De aquí surge la “Ley de la voluntariedad del cambio”.

Eso quiere decir que el cambio que determinemos ha de realizarse de manera libre y voluntariamente elegida, nunca impuesto. Somos nosotros quienes en última instancia hemos de decidir el tipo de cambio a realizar, en función de las metas que queramos conseguir.

Así que formulado de forma sencilla, la Ley de la Voluntariedad del Cambio, viene a decir que la dirección que establezcamos en nuestro proceso de cambio ha de ser elegida voluntaria y conscientemente.

Y para que eso ocurra hemos de poner en juego una de nuestras capacidades conscientes más importantes, la voluntad. En este tipo de proceso, nuestra voluntad juega un importante papel, ya que es la energía de la mente que nos permite actuar en el mundo como dueños de nuestro  propio destino.

La voluntad nos permite llevar a la práctica aquello que pensamos o que queremos, y aporta la energía suficiente para mantenernos en la dirección correcta a lo largo del tiempo. Está relacionada con la determinación, con la constancia y la perseverancia, y, sobre todo, con el esfuerzo para la acción.

Quizás sea el momento de ir dejando de lado el papel de víctimas que muchos se empeñan en mantener, o el rol de mártires buscado por otros.

Mas bien es tiempo de empezar a entender que somos nosotros mismos los responsables de nuestro estado actual y también del modo en el que construimos nuestro futuro. Sé que hay algunas personas a las que no les gusta escuchar esto, y prefieren seguir culpabilizando a otros o a su mala suerte de sus desgracias. Mantener esta última postura es una magnífica garantía para pasarlo mal en la vida. Por el contrario, admitir que en nuestro proceso de crecimiento y desarrollo, la voluntad juega un papel importante y actuar consecuentemente con dicho principio, sólo nos traerá beneficios.

Leyes sofrodynámicas del cambio: podemos programar el cambio

Leyes sofrodynámicas del cambio: podemos programar el cambio

ley de la programabilidad del cambio2.- LEY DE LA PROGRAMABILIDAD DEL CAMBIO

Los seres humanos somos muy eficaces cumpliendo nuestras programaciones mentales, pero la mayoría de las veces lo que sucede es que no sabemos programar adecuadamente. 

Algunas escuelas psicológicas afirman que no existe el fracaso, sino que lo que existen son conductas mal programadas. Porque nuestro cerebro es tan potente que cumple fielmente aquello que previamente disponemos sin cuestionarse si nos beneficia o nos perjudica.

Desde este punto de vista, debido a la ignorancia podemos llegar a cumplir con exactitud aquellas programaciones mentales que nos harán ser “eficientemente” infelices.

¿Cómo puede suceder esto?

Pues al igual que cuando decidimos realizar un viaje, si por error tomamos la carretera que no debemos, llegaremos a otro punto distinto del que pensábamos. Por eso, si queremos ser felices pero erróneamente avanzamos por el sendero de la infelicidad, tendremos muchas opciones de llegar a ser notablemente infelices.

Así que, en términos de desarrollo humano, hemos de aprender a programar el cambio que queremos realizar, para que éste se oriente en la dirección apropiada.

Sabemos que el cambio puede producirse espontáneamente, incluso sin hacer nada. Pero cuando nos referimos al tipo de cambio relacionado con un proceso de desarrollo humano, necesitamos que sea programado si queremos que funcione bien. 

La Ley de la Programabilidad del Cambio nos invita a que seamos nosotros mismos los dueños de nuestras propias programaciones, de nuestro propio destino, y lo hagamos orientándonos hacia nuestras metas. 

Si, por la razón que sea, no asumes tú mismo la tarea de organizar hacía dónde quieres ir en tu vida, posiblemente alguien o algo lo programará por ti. 

Y uno de los elementos a tener en cuenta a la hora de establecer nuestras programaciones internas han de ser los contenidos de nuestros pensamientos.

Lo que pensamos de nosotros mismos, no solamente crea nuestra propia autoimagen, sino que también es uno de los factores principales con los que vamos a contar a la hora de orientar nuestra dirección vital.

Un famoso pensamiento, que algunos atribuyen al Buda, dice: 

“Cultiva un pensamiento y tendrás una conducta.

Cultiva una conducta y tendrás un hábito.

Cultiva un hábito y formarás un carácter.

Cultiva un carácter y obtendrás un destino.

Por tanto, cuida tus pensamientos de hoy 

porque serán tu destino mañana”.

 

Cada uno de nosotros, aquí y ahora, estamos programando nuestro propio futuro, nuestro propio destino, mediante el tipo de pensamientos, emociones y acciones que cultivamos. 

Somos, pues, los responsables de conseguir o no el tipo de vida que queremos vivir.